Blogia
addendaetcorrigenda

A vueltas con la propiedad intelectual: ¿de quiénes son el saber y las ideas?

A vueltas con la propiedad intelectual: ¿de quiénes son el saber y las ideas?

Quiero ver una película en DVD y me ponen el anuncio contra el pirateo... y me dicen que no permita que roben las ideas, que no se copien ilegalmente las cosas.

Y me pongo a pensar: ¿pertenecen las ideas realmente al supuesto creador? En la cultura de la tradición oral los cuentos son obras inacabadas y la obra del autor es sólo su versión, que el siguiente narrador puede tomar y cambiar. El concepto de autor tal como se conoce en la actualidad, no sólo como creador, sino también como «poseedor y dueño» de su obra es un concepto moderno que, en realidad, como muchos otros conceptos, viene impulsado por las clases que no crean, pero que se aprovechan de la creación.

Pensando en quién se aprovecha en realidad de las obras de arte, de los libros, de la música, de las traducciones, se ve que no es, en la mayoría de los casos, el creador el que recibe las ganancias correspondientes a su obra y, si se recibe algo, es sólo una ínfima parte de lo que se ha quedado... ¿quién?: distribuidores, publicistas, etc., etc., además de aquel primo segundo al que nunca le habías caído bien, pero que es el único pariente que queda vivo.

En otras épocas había personas que arriesgaban su dinero apoyando la música (aunque en ocasiones, muchas, no se deseaba tanto apoyar la creatividad, sino controlar a la persona que podía hacer música o arte revolucionario) o la creación (los mecenas de Miguel Ángel, por ejemplo). Había editores que ponían toda la carne en el asador y apostaban por ese autor que parecía maldito... Solían recuperar apenas lo invertido o recibían honores (aunque no dinero) a cambio. Sin embargo, no se consideraba a los artistas como dueños de su creación, ni a los mecenas, sus dueños absolutos.

Hay una teoría sobre las ideas que explica que, por muy revolucionarias que parezcan, nacen porque se dieron las circunstancias adecuadas para que surgieran. Y esas circunstancias adecuadas necesitan, además del «creador», las ideas anteriores contra las que se rebelará o que modificará poco a poco, unas ideas que se gestaron durante generaciones en la sociedad.

Las ideas no son propiedad de la persona que cataliza los elementos para forjar una idea «nueva», porque las ideas de las que partió, en consecuencia, también tendrían dueño. Si no son propiedad del autor, ¿cómo es que entonces hay que pagar por ellas? ¿Acaso reciben algo los pájaros por volar o las manzanas por caerse de los árboles (¡ah, Newton y la gravedad!)?

Si las ideas pertenecen a la sociedad, que se ve enriquecida por ellas, si el arte y la ciencia pertenecen al conjunto de las personas, sería conveniente que la sociedad financiara las actividades creadoras de artistas y científicos, de matemáticos y filósofos, de modo tal que fueran avanzando y dando cuenta de lo que hacen, de qué beneficios puede derivar la sociedad de su idea, de cómo ese cuento tiene una estructura nueva, de qué sentimiento aflora con esa fotografía y cómo esa fórmula matemática cambia la manera de interpretar las cifras en ecuaciones de enésimo grado.

En lugar de ello, tenemos una sociedad en la que los pocos parecen querer quitarle a los muchos su derecho al acceso a la información, su derecho a la literatura, su derecho al teatro, su derecho a...

Para que algunos creen y otros se enriquezcan con lo creado, hay muchos levantando paredes para construir una casa y un hogar, muchos pescando, muchos arando y cosechando, otros cosiendo, otros picando en la mina... ¿Por qué ese afán de no permitir el acceso gratuito a las ideas al que consigue reunir el tiempo, el aguante y las ganas para ello? ¿Por qué ese valor añadido a lo intelectual sobre el trabajo artesanal bien hecho? Como si, de alguna manera, la «propiedad intelectual» tuviera, por necesidad, que mantener por sí sola a grupos de gente que no produce, que no crea, que simplemente juega y transforma dinero y poder en... más dinero y poder.

Luego seguiremos con la era digital... que había pasado algo desapercibida hasta ahora para quienes viven de la rapiña.

 

Mar Rodríguez (Gijón)

10 comentarios

Ana Lorenzo -

Mar, yo creo que este tema provoca preguntas a todo el mundo. Como bien dices, muchas veces no hay derecho a que haya obras acaparadas (véase el caso de Kodama con toda la obra de Borges, por ejemplo), ni es justo que a la cultura accedan unos pocos que pueden pagarla, porque hay exposiciones, libros, música, etc. que es muy cara. Y, de ese precio, ¿qué porcentaje revierte realmente en el autor y en el editor o en el productor que ha arriesgado el dinero para que eso se haya hecho posible? Pues no lo sabemos, y ese es el problema, yo creo, los abusos. Los canon que ahora están por todas partes, los préstamos de pago que denuncias en tu estupendo último artículo... Claro, frente a eso, algo nos pide reaccionar. Creo que lo que sí está quedando muy clarito es que el viejo sistema no funciona. Derechos de autor, de editor, de productor, de distribuidor... , sí, pero a lo mejor hay que revisar todo y enfocarlo de otra manera.
Yo también estoy dándole vueltas, así que no sé darte una solución.
Un beso

Mar Rodr -

Hola, Jordi:

Gracias por el comentario. La verdad es que hay autores de todos los tipos y colores... Creo que si alguien quiere crear a tiempo total debería ser posible hacerlo (sin tener que tener una paga de la familia y demás), por eso una idea es dar una dotación, no sé, quizá como la casa del traductor en Tarazona (para traducciones literarias) u otra cosa parecida.

Hay muchos tipos diferentes de creación, algunos de los cuales necesitan mucho dinero, por eso veo necesaria alguna financiación para ese tipo de creación.

Conozco a muchos creadores que se ganan la vida en otras cosas, claro, y hay creación hasta en los lugares más inverosímiles y en los más desdichados (¿hay algo más creativo que ponerse una marca específica para demostrar, cuando te lleven los esclavistas, de dónde vienes?)...
Probablemente la creación se ve muy influida por el entorno y por las circunstancias del creador, y quizá cambiándolas cambien también las obras futuras, pero nunca se sabe de qué manera :-)

Muchas gracias por tu comentario, ahora que corto el rollo, porque está provocándome preguntas...

Saludos,

Mar

Jordi Lobo -

Dices que "autor" es un concepto que ha visto ampliado su sentido, de creador a poseedor de su creación y legítimo beneficiario de la misma. Dices otras cosas, claro que sí, también, algo más arriba, que al autor que está creando la sociedad debería dotarlo del sustento necesario para que su creación siga. Yo no estoy de acuerdo.
A mí, mezclar creación con negocio o con dinero me da asco, y en esto sigo a Sábato cuando aconseja ganarse la vida en otras cosas, si quieres mantener el mundo que estas creando a salvo.

Mar Rodríguez -

Hola:

Anisótropo, de acuerdo con la idea de ser compradores con criterio. Mi problema con lo que tú dices es que los tales «derechos de autor», que, en realidad, no veo que vayan a los autores, sino a otras partes, y no veo que sean proporcionales al esfuerzo, sino a muchos otros tipos de factores...

Como me habéis dado un montón de ideas, voy a ir repasando la historia de los derechos de propiedad intelectual y os cuento lo que vaya encontrando.

Saludos y muchas gracias por los comentarios de todo el mundo, están resultándome muy enriquecedores.
Mar

Anisótropo -

Yo creo que lo que pasa es que se ha abusado durante mucho tiempo de los derechos de autor --sobre todo por parte de terceros-- y eso ha puesto a mucha gente en contra de estos.


Creo en los derechos de autor. Creo que si no fuese por estos no tendríamos remasterizaciones de grandes discos de hace muchos años que nos permiten apreciar en toda su plenitud la gran calidad de estos (por ejemplo, en el "Remasters" de Led Zeppelin, o el "Dark Side of the Moon" de Pink Foyd).


No creo que se revise una edición de una gran obra de Shakespeare, mejorando la traducción y la edición, en general, si no es por alguien que piensa ganar dinero a costa de ese gran esfuerzo.


No obstante, entiendo que la gente esté enfadada por cómo se ha abusado, durante tantos años, de la propiedad intelectual.


Creo que la solución está en el término medio... y en ser compradores con criterio (por ejemplo, nadie en este país se preocupa de la calidad de las traducciones; conclusión: las editoriales contratan a los traductores más baratos y, por tanto, más malos; y si todas las traducciones son una mierda, nuestro idioma terminará siendo un refrito de todo lo que nos llega).

Mar Rodríguez -

Hola de nuevo:

Notas a los comentarios, ya que no puedo ponerme en contacto directo:
- si alguien ha entendido que yo creo que la cultura es para ricos y que nadie tiene derecho a ganarse la vida editando libros, no. Más bien creo que la «cultura», las obras de todo tipo, son de todos. También creo que habría que mimar a las editoriales que se toman su trabajo en serio.
- el comentario de Emilio Martínez Sierra expresa muy bien una distinción que no queda clara en mi escrito, por querer resumir y por escribir desde dentro...
- no llego tan lejos con lo del reconocimiento o no de la propiedad privada... Sin embargo, si un autor escribe un libro y para ello necesita tiempo, sí habría que proporcionarle bien sustento durante ese tiempo, bien una remuneración equitativa que le permita tiempo para seguir creando sin demasiados agobios... Pero ese autor no debería poder impedir que otros tomen su obra y la utilicen para seguir avanzando.

Juan Gonzalez -

Con lo que expones, estás en contra de la propiedad privada, sea física o intelectual, material o inmaterial.

¿De quién es la tierra?, ¿Para qué existe El Corte Inglés?. Por supuesto el que cultiva lechugas puede venderlas él mismo al borde de una carretera o venderselas al Corte Inglés.

No por favor, no me vengas con el tema de que una lechuga no es un libro.. ¡Ya lo sé!, estoy exponiendo un principio de la propiedad privada, sea de ideas o de objetos físicos.

Si quieres cultura, pide buenas bibliotecas, al igual de que si quieres salud pides buenos hospitales: Pero por favor no me pidas que cree un libro que supone 10 años de mi vida y luego digas que no tengo derecho de propiedad sobre él.

Saludos. Juan

Creadora -

Con tu nota, Mar, parece que nadie tiene el derecho de ganarse la vida editando libros. Claro, que lo que tu propugnas es que solo estén en la cultura los ricos (antiguos mecesnas) que pueden permitirse perder dinero en su afición favorita.

Eugenio Martínez Sierra -

Hablaba hoy de este tema con un amigo. Hablábamos de la periodista de EFE a la que han despedido por copiar un artículo de la Wikipedia.

Me decía el amigo que si yo, tan en contra de los derechos de autor, creía que era un despido justo.

Le dije que sí: La autoría de la obra es de su autor y creo que debe ser reconocida. La obra, por suerte, es de todos.

Silvia -

Pues yo busco mecenas que no exija derecho de pernada... :-)