Carencias graves de las bitácoras sobre libros y edición

20060206120248-cajista2.gifHay una cuestión que siempre echo de menos en los blogs sobre edición, libros y lectura que suelo visitar, y es la habitual omisión de cualquier aspecto de la realización y fabricación de los libros, una laguna que no deja de traslucir un cierto desconocimiento de su historia y una falta de reflexión sobre su esencia.

El libro no es un producto industrializado; no es una media que haya pasado de tejerse en casa para uso propio o manufacturarse y venderse en mercadillos, a tejerse mecánicamente y a comercializarse en volúmenes industriales por vías diversas y con apoyo de nuevas técnicas de mercado. El libro, tal como lo conocemos, nació con la imprenta, se desarrolló gracias al ingenio y el arte de impresores y tipógrafos, permitió (y permite) fijar el lenguaje escrito por medio de los códigos que contribuyeron a establecer regentes y cajistas correctores, y perfeccionó y diversificó sus contenidos de la mano del editor moderno, mediante el engrase de procesos de edición extraordinariamente afinados y eficaces y la participación de profesionales muy especializados. El libro, como objeto cultural y vehículo de pensamiento, no es obra exclusiva de un autor, de sus promotores ni de sus mercaderes, sino de todos aquellos que lo crearon, que lo desarrollaron y que siguen construyéndolo; de especialistas mucho más vinculados al libro que los propios editores, de los que probablemente un autor autoeditor podrá acabar prescindiendo. ¿Qué sentido tiene, entonces, que sólo se dé voz a autores, promotores y mercaderes, cuando la relación de estos dos últimos con el libro es más bien coyuntural?

Parecido olvido de los profesionales del libro (asesores científicos o literarios –lectores–, ilustradores, fotógrafos, traductores, redactores, escritores por encargo, editores de texto, revisores de traducción y técnicos, correctores de estilo y tipográficos, grafistas, diseñadores y componedores, responsables de producción, impresores, encuadernadores...) se observa en los medios de comunicación tradicionales, por no mencionar el que manifiestan los editores más ajenos al oficio de editar (la mayoría de ellos, hoy en día, independientes o no), cuya política más habitual (siempre omitida) suele ser la de explotación o marginación de muchos de estos especialistas.

Debería empezar a recordarse que, sin todos ellos, sin su participación en condiciones dignas en el trabajo de edición, ya no es que no haya libros: es que no hay buenos libros.

Silvia Senz Bueno (Sabadell, Cataluña, España)

06/02/2006 12:06Enlace a esta entrada.

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gravatar.comAutor: Braulio

Totalmente de acuerdo. Sin pretender oscurecer la labor de los autores (de los cuales vivimos), verdaderamente se ha de lograr que se reconozca el trabajo de todos los que estamos en "la mitad del sendero" entre los escritores y los lectores. Creo que la mejor forma es dar a conocer el oficio, sus "buenas maneras" y el empobrecimiento que –desgraciadamente– se está extendiendo en la labor editorial. Yo hago mi pequeña contribución desde mi bitácora http://paginasenfrentadas.bitacoras.com/

Fecha: 06/02/2006 13:29.


gravatar.comAutor: Ana

Tienes toda la razón, Silvia. No obstante, en vista de la orientación que se está dando cada vez más a la publicación de libros (hace algún tiempo una editora que hablaba de los libros que publica la editorial en que trabaja, no dijo "libro" ni una sola vez, solamente dijo "producto")soy bastante pesimista con respecto a todo esto.
Un abrazo.

Fecha: 06/02/2006 14:49.


gravatar.comAutor: Carol

Tal vez uno de los mayores problemas sea que en estos últimos años se está poniendo de moda la lamentable práctica de reducir a todos los profesionales del libro que mencionas en padre, hijo y espíritu santo, o lo que es lo mismo, en una especie de editor que crea, edita, corrige y a veces maqueta. Todo por ahorrar dinero y tiempo. De ahí las chapuzas con ISBN que pululan por todos sitios :(

Fecha: 07/02/2006 09:31.


gravatar.comAutor: Ana Lorenzo

Con el invento de la imprenta el libro se democratizó, dejó de ser tan caro y estuvo al alcance de muchos más. En cierta manera, pasó a ser un producto, pero los editores, casi siempre tipógrafos o impresores, cuidaban la edición de los textos en forma y contenido. Hoy en día, los editores quieren forrarse a toda costa —siempre hay excepciones— y ni cuidan la selección del contenido de los libros ni la calidad en que éstos se editan: habrá que hacer que la calidad dé dinero ya que parece ser lo único que importa.

Fecha: 09/02/2006 10:19.


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