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«El festín de Babette»: un libro de lujo, un lujo de libro

«El festín de Babette»: un libro de lujo, un lujo de libro

Fuente de la ilustración

A muchos les sonará el título de la película que realizó Gabriel Axel en 1987. Yo no he visto aún la película (la veré, la veré), pero sí vi, en su día, el precioso vídeo de presentación del libro que Nórdica Libros utilizó para dar publicidad a esta hermosa edición del relato de Isak Dinesen (seudónimo de la escritora danesa Karen Blixen, cuya vida, reflejada en parte de su obra, conocemos especialmente por la adaptación al cine de uno de sus libros más célebres: Memorias de África).

La colección en que se edita, Ilustrados, es la colección de lujo de esta editorial:

En la colección ILUSTRADOS publicaremos relatos de grandes autores de la Literatura Universal acompañados de ilustraciones de artistas españoles y de otros países. Estamos convencidos de que realizar ediciones ilustradas en encuadernación de lujo es la mejor manera de hacer aún más atractivas e imperecederas estas obras maestras de la Literatura.
Los libros de esta colección tienen un tamaño de 19,6 × 26 cm; están compuestos en tipos Bembo e impresos sobre papel Munken Pure de 130 gramos. La encuadernación es en cartoné recubierto de tela con sobrecubierta.

Yo puedo contarles, además, que la tipografía y el papel utilizados figuran en el colofón; que no hace falta hacerse con un marcapáginas: como buen libro de lujo, viene con su señalizador. Ah, y que la maquetación corre a cargo de Diego Moreno y la corrección ortotipográfica la hace Ana María Patrón. Creo recordar que ya hablamos de lo cuidadosos que son en esta editorial con la edición formal, tanto como con el contenido.

Es un acierto elegir esta nouvelle para presentarla ilustrada. Un acierto más el que la ilustradora sea Noemí Villamuza: el mundo gris y cerrado de la congregación del deán del pueblecito de Berlevaag aparece tan bien retratado en sus dibujos como en la narración; los trazos de luces y sombras se ennegrecen o se iluminan a la par que el espíritu de los protagonistas se mantiene tercamente cerrado o se eleva con una visión, en una dicha o en un resarcimiento. Y ningún personaje se nos retrata antipático, como tampoco se nos hace antipática la hermandad hermética y simple, liderada por las hijas del deán ya fallecido, Martine y Philippa. Son siempre entrañables, incluso en su egoísmo y en su severidad a la hora de juzgar al extraño.

Los primeros extraños se nos presentan en las fallidas historias de amor del oficial Loewenhielm con Martine, y del cantante de ópera Papin con Philippa. Tanto el primero como el segundo sufren una visión cuando descubren a su correspondiente amada. Ambos podrán visitar la casa del deán, vivo entonces, pero ninguno conseguirá llevarlas a soñar con un amor carnal: «las preciosas jóvenes fueron educadas en un ideal de amor celestial; estaban totalmente imbuidas de él, y no se dejaban rozar por las llamas de este mundo» (p. 12).

La tercera extranjera será Babette: llega años después, huyendo de la guerra francoprusiana, con una carta de recomendación, de petición, de Achille Papin, el cantante, para que la acojan como sirvienta. Se queda como cocinera y ama de llaves de la casa de las hermanas, que siguen llevando adelante el rebaño de su padre. En doce años no deja de ser una extraña. Es cierto que cocina lo que le enseñan Martine y Philippa, que ahorra aún más que ellas en la compra, que les quita de encima esos pequeños problemas domésticos..., que, en suma, viene a facilitar la relación de toda la comunidad de la congregación y todos así lo reconocen. Pero a veces a las hermanas se les antoja reservada y enigmática, «[e]n esos momentos se daban cuenta de que Babette era profunda; y en los sondeos que hacían de su ser notaban pasiones, y que había recuerdos y anhelos de los que no sabían nada en absoluto» (p. 31).

Babette mantiene un lazo con Francia: sigue recibiendo de allí un billete de lotería, a la que juega durante esos años. Un día, por fin, la suerte le concede diez mil francos. Martine y Philippa creen que volverá a Francia y no pueden evitar lamentarlo. ¿Se quedará al menos hasta el día 15 de diciembre, en que celebran el centenario del nacimiento del deán? Babette sigue siendo una extraña para sus amas, que no son capaces de prever sus acciones ni sus deseos.

El día de la celebración, Babette prepara un festín y obtiene el permiso de las hermanas para organizarlo todo. La humilde y puritana congregación empieza a saborear verdaderas delicias, cuya exquisitez no se atreve a señalar, tan reprobable le resulta el placer sensorial. Llegados a este punto, vuelve nuestro oficial, hecho ya general y hombre de mundo, cuya capacidad de explícito deleite y cuyo savoir faire permitirán que todos los paladares se despierten y que el goce de los sentidos que estimulan manjares tan refinados rompa los rígidos moldes sociales de la comunidad. De no ser por ello, y salvo que el narrador se hiciera omnisciente —y no lo ha sido hasta ahora en la narración—, no nos enteraríamos del lujo de que están disfrutando estos humildes habitantes de Berlevaag.

Babette no va a volver nunca a Francia. Babette ha conseguido, por un regalo del azar, recuperar lo que otro azar le había robado: un arte culinario que, antes de la guerra y de nuevo ahora, mana de su ser con un genio sobrenatural. «—¿Pobre? —dijo Babette. Sonrió como para sí—. No, nunca seré pobre. Ya les he dicho que soy una gran artista. Una gran artista, Mesdames, jamás es pobre. Tenemos algo, Mesdames, sobre lo que los demás no saben nada» (p. 72).

Ana Lorenzo, Rivas Vaciamadrid (Madrid)

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1 comentario

Bàrbara -

He visto tu espléndido post sobre libros ilustrados y novela gráfica en el blog "Mala hierba" me preguntaba si conoces alguna publicación en inglés que se pueda encontrar el mercado español. Gracias.
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