Ignacio Bosque, sobre la NGLE
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ADVERTENCIA AL LECTOR: Las dos noticias que incluimos en esta entrada (que debemos agradecer a Alberto Ballestero y a José del Valle) son tan disparatadas que nos han parecido perfectas para proponer un juego. El lector tendrá que adivinar si ambas son ciertas, si una lo es y la otra no (y cuál de ellas sí y cuál no) o si ambas son falsas. (Con la Red a mano, es fácil.) Aviso: no hay premio; las risas bastan.
Publicado el 24 de Mayo de 2010 por Gabriel Salvadó y Xavi Puig
Lisandro Rojas es portavoz de la Real Academia Española y está harto de que la institución para la que trabaja sea tildada de inmovilista y anquilosada. “Muchos de nosotros somos gente joven, vamos al gimnasio y escuchamos a Miguel Ríos”, me dice en la terraza del Café Gijón, lugar emblemático en Madrid “que no es muy moderno pero es que si hubiéramos quedado en el Nasti la música tampoco nos dejaría charlar”. Rojas promete que la RAE aceptará pronto “esas palabras que han traído las computadoras, como ‘Mensaje’ o ‘Bandeja de entrada’”.
El entrevistado aprendió a amar el lenguaje “cuando mi madre me dijo que me arrancaría los sesos de un lengüetazo. Tenía apenas siete años pero ya me di cuenta de la potencia expresiva que puede tener una frase con las palabras justas”. Estudió filología, como no podría ser de otra manera, e ingresó en la RAE encargándose inicialmente de calzar las sillas de los académicos. “No es tarea fácil. Te dicen que baila la letra ese y tienes que localizarla en pocos minutos. Por suerte, las butacas están ordenadas alfabéticamente, lo cual ayuda. Pero a veces los académicos se ponen a charlar en corrillo, mueven las sillas y luego no hay quien se aclare”, explica.
Mientras sorbe con contención su café irlandés —”Me gusta porque me gusta Irlanda, no por el alcohol”, matiza— reconoce que el lenguaje es algo vivo “y nuestra institución a veces tarda en amoldarse, igual que pasa con las leyes y los nuevos delitos tecnológicos”. Sus superiores le han encargado que transmita a la ciudadanía la imagen de modernidad y cercanía que la RAE quiere ofrecer. “Yo siempre les digo lo mismo: hay que hacer cambios reales, efectivos, porque si no nada de lo que comuniquemos será tomado en serio por muy modernos que aparentemos ser”.
La insistencia de Lisandro Rojas va dando sus frutos y, finalmente, la Real Academia parece que está dispuesta a abrirse al lenguaje actual. “Ha costado. Hay quien piensa que ese sistema de computadoras interconectadas por vía telemática es una moda pasajera que ni siquiera ha llegado, ni llegará, a Sudamérica. Pero es ya imposible ir por la calle y no oír expresiones como ‘Instantánea’, ‘Xerocopia’, ‘Télex’ o incluso ‘Plástico’. Los jóvenes no paran de decir: ‘¡El busca, el busca!’. Y resulta que es un dispositivo que recibe mensajes. El lenguaje está vivo, no nos podemos quedar atrás”, exclama con pasión el portavoz. Anuncia también que la nueva edición de la RAE “estará disponible en varios ‘disquetes’ que ‘enviaremos’ por ‘correo’ a los ‘usuarios’”, dice marcando gestualmente las comillas de los supuestos neologismos que utiliza.

Acabado ya el café, Rojas saca una fotografía del bolsillo haciendo grandes aspavientos. “Es un secreto, esto. Un prototipo. Te enseño la foto pero no te la puedo dar”, me dice. Al verla, compruebo que es la fotografía de una butaca que luce el símbolo del anarquismo grabado con ribetes dorados. Me comenta el entrevistado que se trata de la nueva silla de la Academia, y que aún tiene que aprobarse. “¿Una silla para el anarquismo?”, le pregunto intrigadísimo. “No, hombre, la palabra ‘Anarquismo’ ya la admitimos en 2009. Esto es la arroba. La silla de la arroba”, me aclara emocionado. Y añade: “Queremos que se siente en ella un representante de la juventud computerizada. Buscamos, con total modestia, al Stephen Hawking español”.
- Tortilla de patatas.
- Pimientos rellenos.
- Café irlandés.
- Café solo.
Total: cortesía de la Real Academia.
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La Fundación Aula Escénika presenta una conferencia teatral de Enrique y Yeray Bazo a partir de El dardo en la palabra y El nuevo dardo en la palabra de Fernando Lázaro Carreter.
Dirigido por el director de los dos últimos éxitos teatrales en España (La Mujer de Negro y Los 39 escalones) Eduardo Bazo, e interpretada por el prestigioso actor y productor español, Jorge de Juan, El dardo en la palabra representa, con la lucidez y sentido del humor del maestro Lázaro Carreter, un texto imprescindible para los estudiantes de español de cualquier país del mundo.
Reconocidos por la Real Academia Española de la Lengua y por el Instituto Cervantes, la Fundación Aula Escénika dentro de su programa de actividades, les propone esta conferencia teatral.
Esta adaptación de El dardo en la palabra sorprende por su manera de escenificar los textos de Lázaro Carreter, por su puesta en escena y por el trabajo interpretativo de su actor principal, y se hace imprescindible para todo aquel que quiera aprender español, con uno de los textos claves de la enseñanza y cultura de la lengua española, de una manera divertida y original.
[Entrada precedente de esta serie: aquí.]
Si se lee lo que la Academia dice de sí misma en relación con su papel en el periodo franquista cualquiera diría que ejerció una resistencia heroica que, de haber sido cierta, sin duda habría enviado a sus miembros al presidio o al exilio, o los hubiese, cuando menos, condenado al ostracismo. De este jaez es la versión oficial sobre la destitución de Ramón Menéndez Pidal como director de la RAE tras la contienda civil española, en 1939 (cargo que no recuperaría hasta 1947), y su sustitución por el escritor José María Pemán, que ocupaba el cargo de facto desde 1937; cese forzado que en la historia de la institución escrita por Alonso Zamora Vicente se califica de "voluntario apartamiento" (p. 464).
Pero más engañosa aún fue la versión que, de este y otros hechos, dio el director de la RAE, Pedro Laín Entralgo, en un artículo titulado "La Academia y las dos Españas", publicado en El País el 01/12/1983, donde afirmaba lo siguiente:
[...] la Academia por antonomasia ha sido la única institución de la vida pública española que en su régimen propio ha sabido desconocer la diferencia entre españoles vencedores y españoles vencidos. Que canten los hechos. Como consecuencia de la guerra civil, cuatro académicos de número, el político Niceto Alcalá Zamora, el naturalista Ignacio Bolívar, el físico Blas Cabrera y el filólogo Tomás Navarro Tomás, y tres académicos electos, Antonio Machado, Ramón Pérez de Ayala y Salvador de Madariaga, españoles vencidos todos ellos, tuvieron que optar por el exilio; a los cuales pueden ser añadidos Ramón Menéndez Pidal y Gregorio Marañón, que, voluntariamente evadidos de la zona republicana durante la contienda, sólo años más tarde juzgaron prudente volver a España. Pues bien: ninguno perdió su derecho en el seno de la Academia, ninguno produjo vacante en sus listas. Los sillones ocupados de hecho por los que no pudieron o no quisieron volver [...] los siguieron hasta su muerte, y a ellos sucedieron y de ellos hicieron el elogio reglamentario, en sus respectivos discursos de ingreso, los que sólo a su muerte fueron elegidos [...]. La misma actitud ha mantenido la Academia en la provisión de vacantes a partir de 1939. Distantes todos de los españoles vencedores, inequívocamente fieles, algunos, a su nunca ocultada condición de españoles vencidos, sucesivamente han ingresado en su recinto Gómez Moreno, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Julio Rey Pastor, Rafael Lapesa, Julián Marías, Antonio Rodríguez Moñino, Antonio Buero Vallejo... Más nombres podrían añadirse. Y mientras siga viva en nuestra sociedad la huella de la contienda fratricida, nunca la aceptará en su conducta la Real Academia Española. En esa misma línea debe verse la renuncia de Pemán a la dirección de ella, cuando Menéndez Pidal regresó a España; porque esa decisión no fue solamente motivada por los méritos insuperables de don Ramón, también porque había sido la guerra civil la que impidió a éste, la permanencia en el desempeño del cargo. No será inoportuno mencionar aquí que don Ramón, a quien tanto parecía venerarse, fue vejado en más de una ocasión por el Gobierno de Franco. [...]
La vergonzosa falta a la verdad de las palabras de Pedro Laín motivaron, por alusiones, la siguiente y contundente réplica del nieto de don Ramón, el filólogo Diego Catalán Menéndez Pidal, publicada el 17/01/1984 en el mismo periódico con el elocuente título "Depuración en la Real Academia Española":
Un reciente artículo de Pedro Laín sobre la tolerancia de la Real Academia Española durante los tiempos menos tolerantes de la España franquista, junto con afirmaciones difundidas por Julio Rodríguez Puértolas en un manual de literatura de amplia difusión, me obligan a recordar un pequeño hecho histórico sobre las relaciones de Ramón Menéndez Pidal, mi abuelo, con la media España que venció a la otra media en 1939. Cuando regresó de un temporal y disimulado exilio a reunirse con su familia (que había quedado en España, en parte forzadamente, en parte voluntariamente), perdió su centro de trabajo -el Centro de Estudios Históricos, que fue suprimido y sustituido por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas- y se refugió en su actividad de investigador en su casa de Chamartín. Los tribunales de depuración por los que pasó (llegó a tener su cuenta de banco intervenida) no le quitaron, es cierto, su puesto de académico; pero una comisión de la Academia, presidida por don Julio Casares, fue a San Rafael (Segovia) para pedirle su dimisión como presidente de la misma. La carta que en esa ocasión escribió a sus colegas de la Academia no fue siquiera leída públicamente en la corporación, como él había pedido. Sólo años después, cuando el régimen fue evolucionando hacia una mayor aceptación de los disidentes, volvería a ocupar la presidencia de la Academia (diciembre de 1947) y a asistir a las reuniones de la misma.
Valga recordar, además, que José María Pemán, el académico que ocupó la presidencia de la RAE durante casi todo el periodo comprendido entre 1937 y 1947 (año en que Menéndez Pidal recuperó el cargo), había participado activamente en las purgas académicas que había sufrido, entre muchos otros, Menéndez Pidal. Vale la pena leer lo que se dice al respecto en las páginas 60 y siguientes de La destrucción de la ciencia en España: depuración universitaria en el franquismo (Luis E. Otero Carvajal, Mirta Núñez Díaz-Balart; Editorial Complutense, 2006). Pero habla por sí misma la Circular de 7 de diciembre de 1936 (publicada en BOE n.º 52, Burgos, 10/12/1936) emitida por el propio Pemán en calidad de Presidente de la Comisión de Cultura y Enseñanza y dirigida a los Vocales de las Comisiones Depuradoras de Instrucción Pública, en la que se los arenga y se les da consignas sobre la forma de llevar a cabo la depuración del personal docente, poniendo como ejemplo de institución de la máxima peligrosidad a la Institución Libre de Enseñanza:
Innecesario resulta hacer presente a los señores Vocales de las Comisiones depuradoras de personal docente la trascendencia de la sagrada misión que hoy tienen en sus manos. Con pensar que la perspectiva del resurgir de una España mejor de la que hemos venido contemplando estos años, está en razón directa de la justicia y escrupulosidad que pongan en la depuración del Magisterio en todos sus grados, está dicho todo.
El carácter de la depuración que hoy se persigue no es solo punitivo, sino también preventivo. Es necesario garantizar a a los españoles, que con las armas en la mano y sin regateos de sacrificios y sangre salvan la causa de la civilización, que no se volverá a tolerar, ni menos a proteger y subvencionar a los envenenadores del alma popular, primeros y mayores responsables de todos los crímenes y destrucciones que sobrecogen al mundo y han sembrado de duelo la mayoría de los hogares honrados de España. No compete a las Comisiones depuradoras el aplicar las penas que los Códigos señalan a los autores por inducción, por estar reservada esta facultad a los tribunales de justicia, pero sí proponer la separación inexorable de sus funciones magistrales de cuantos directa o indirectamente han contribuido a sostener y propagar a los partidos, ideario e instituciones del llamado «Frente Popular». Los individuos que integran esas hordas revolucionarias, cuyos desmanes tanto espanto causan, son sencillamente los hijos espirituales de catedráticos y profesores que, a través de instituciones como la llamada «Libre de Enseñanza», forjaron generaciones incrédulas y anárquicas. Si se quiere hacer fructífera la sangre de nuestros mártires es preciso combatir resueltamente el sistema seguido desde hace más de un siglo de honrar y enaltecer a los inspiradores del mal, mientras se reservaban los castigos para las masas víctimas de sus engaños.
Tres propuestas pueden formular las Comisiones depuradoras, conforme a la Orden de 10 de noviembre; a saber: l.º Libre absolución para aquellos que puestos en entredicho hayan desvanecido los cargos de haber cooperado directa o indirectamente a la formación del ambiente revolucionario. 2.º Traslado para aquellos que, siendo profesional y moralmente intachables, hayan simpatizado con los titulados partidos nacionalistas vasco, catalán, navarro, gallego, etc., sin haber tenido participación directa ni indirecta con la subversión comunista-separatista, y 3.º Separación definitiva del servicio para todos los que hayan militado en los partidos del «Frente Popular» o Sociedades secretas, muy especialmente con posterioridad a la revolución de octubre y de un modo general, los que perteneciendo o no o esas agrupaciones hayan simpatizado con ellas u orientado su enseñanza o actuación profesional en el mismo sentido disolvente que las informa.
A este Pemán le concedió el rey Juan Carlos en 1981 el título de Caballero de la Insigne Orden del Toisón de Oro, que suena a título de Tintín pero que en realidad es la máxima distinción que concede la corona. Este mismo año ha sido también ortorgada, por "su servicio a España y a la Corona y, sobre todo, su labor a favor de la unidad de la lengua española", a otro director de la RAE: Víctor García de la Concha (cf. Real Decreto 47/2010, de 22 de enero), gran impulsor del neopanhispanismo académico por encomienda real; un galardón que los lingüistas José del Valle y Luis Gabriel-Steeman profetizaron así:
La Real Academia de la Lengua parece haber entendido a la perfección el poder legitimador y simbólico del Rey. Es ahora más “Real” que nunca. Víctor García de la Concha no ha dejado de invocar a Su Majestad para justificar la misión de su institución y para fortalecer la imagen del compromiso de España con la armonía panhispánica: “Desde diciembre de 1998, la RAE no hace nada sin consultar con las restantes academias, tal y como me encargó el rey Juan Carlos cuando fui elegido director” (El País 07/09/2000). La relación de don Víctor con el Rey parece discurrir por productivas sendas. Recientemente, en una entrevista concedida a El País, el Director de la RAE hizo un sugerente comentario humorístico: “Hasta comienzos de siglo todos los directores de la Academia fueron Toisón de Oro. Le he dicho al Rey que a ver si restaura la tradición” (El País 04/06/2000). El Toisón, antigua orden de caballería presidida por el Rey de España, evoca reveladoramente las estructuras de poder y la distribución de legitimidad lingüística tal como han sido imaginadas por las instituciones culturales. La unidad del reino, salvaguardada por la figura del Rey, refleja la unidad de la cultura hispánica que la lengua encarna. Del mismo modo que el monarca, haciendo uso de sus prerrogativas, cumpliendo con su responsabilidad, arma caballeros a los más honrados, valientes y diestros de entre sus súbditos, así la Corona española arma a los miembros de la nobleza lingüística que quedan declarados verdaderos campeones de la causa. Se materializa así, literalmente, la “aristocracia en la plazuela” que Ortega reclamaba metafóricamente y que García de la Concha invoca con tanto fervor. Como los caballeros en la corte del Rey Arturo, la nobleza lingüística se sienta en torno a una tabla redonda. La Real Academia Española y las academias latinoamericanas, revestidas del reconocimiento Real, también se sientan en círculo, “codo con codo”, posando para un retrato de perfecta igualdad y armonioso diálogo. [José del Valle y Luis Gabriel-Steeman: «“Codo con codo”: la comunidad hispánica», en José del Valle y Luis Gabriel-Steeman (eds.): La batalla del idioma. La intelectualidad hispánica ante la lengua, Vervuert-Iberoamericana, 2004, p. 251.]

Silvia Senz
Párrafo 4.3.2c: "El voseo flexivo se caracteriza por formas verbales específicas en el presente de indicativo y en el de subjuntivo, en el pretérito perfecto simple y en el imperativo. Algunos países cuentan con formas de voseo para el futuro de indicativo. En el presente de indicativo se usa la forma monoptongada (¿Qué pensás vos?), sobre todo en las regiones rioplatense y centroamericana, aunque también se registra en algunas zonas de Colombia y del Ecuador. En el área chilena existen desinencias específicas para el voseo flexivo en todos los tiempos, con la excepción del imperativo, a menudo con aspiración de la -s final o con reducción de esa consonante. Así, para el presente de subjuntivo se emplean las formas amí(s), temái(s), partái(s). [...]".
Párrafo 4.3.2e: "El uso del voseo en las formas de subjuntivo no está tan extendido como el correspondiente a las de indicativo, salvo en la Sierra andina y en la región meridional de Centroamérica, donde se emplea la forma diptongada sin -s (améi, temái, partái). Las formas de voseo monoptongadas (hablés, sepás, subás) se usan en las áreas voseantes centroamericana y rioplatense [...]".
Con lo explicado en estos dos párrafos del Manual queda claro que las formas diptongadas del voseo no se emplean en Costa Rica.
(Entrega anterior de la serie.)
En esta ocasión, no nos ha sido preciso escribir ni una sola línea crítica. Al momento de publicarse en Perú el largamente esperado Diccionario de Americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española, los propios académicos nos han hecho el trabajo de revisión:
Presentan en Lima Diccionario de Americanismos con críticas a peruanismos
Lima, 11 mayo (EFE).- El Diccionario de Americanismos, una primicia en la historia del español, fue presentado hoy en Lima por varios especialistas que resaltaron su carácter necesario pero abundaron más en los defectos que contiene en la parte correspondiente a los peruanismos.
Con 2400 páginas, elaborado por las 22 academias de la lengua española y editado por Santillana, el libro se pone desde mañana a la venta en las principales librerías de Perú, país donde se ha editado para abaratar los costos de impresión y de donde se va a distribuir al resto del mundo.
Esta magna obra, que ha supuesto diez años de trabajo y ha tomado en cuenta 150 diccionarios parciales de americanismos existentes desde 1975 en todo el mundo hispanohablante, contiene más de 120 000 acepciones aportadas por las distintas academias de la lengua española.
Sin embargo, el presidente de la Academia Peruana de la Lengua, Marco Martos, fue quien primero criticó las "distorsiones" detectadas en los peruanismos registrados en el diccionario y los distintos niveles de consenso con que se ha trabajado en la elaboración de la obra.
Pese a todo, Martos resaltó el carácter colectivo de una obra "que por primera vez, como pasó con la Gramática, pone de acuerdo a 22 países", y concluyó que cuantos más diccionarios así, mejor podremos entendernos.
Más implacable se mostró Rodolfo Cerrón Palomino, gramático experto en lenguas andinas, al criticar las abundantes omisiones entre los peruanismos, la "colecta indiscriminada, engañosamente rica" de vocablos autóctonos que en realidad son muy restringidos, la etimología errática o incompleta y el caos ortográfico observado en las acepciones peruanas.
Para Cerrón, la obra "es un portento de trabajo lexicográfico pero de carácter todavía experimental (pues) dista de ser la obra acabada que todos esperábamos", por lo que expresó su deseo de una segunda edición más depurada.
El lexicógrafo español Julio Calvo, que por su parte está coordinando un próximo diccionario de peruanismos, fue el más benévolo al admitir sus carencias "pues no hay diccionario ilimitado o infinito", y subrayó que hay errores mínimos frente a los muchísimos aciertos.
Admitió que las etimologías en la obra son a veces aproximativas y otras no aparecen, así como la discutible extensión de un vocablo, pero justificó este último aspecto porque "las palabras vuelan más rápido que las mariposas y no hay nada más arduo que establecer la extensión de un americanismo".
De entre los muchos ejemplos que podrían ilustrar la tendencia académica a la improvisación, a la descoordinación y a la arbitrariedad en su obra lexicográfica, tal vez uno de los más divertidos y recientes sea el caso de la llamada bolaspa, el simbolito (⊗) introducido en el Diccionario panhispánico de dudas (DPD; RAE y Asale, 2005) como marca de incorrección.
Según manifestó el actual director de la RAE, Víctor García de la Concha, en entrevista concedida al Magazine dominical del diario El Mundo (14/11/2004), este símbolo y su denominación son, ambos, una creación académica:
Nosotros, para el Panhispánico, hemos inventado un “palabro” que es bolaspa. [...] el aspa es la prohibición, y para remarcarlo lo metemos en un círculo. ¿Y esto cómo lo llamamos? Pues bolaspa. Y empezamos a usarlo de una manera convencional, como herramienta de trabajo, y ahí está: es un signo.
Y así, por arte de birlibirloque, los usuarios nos encontramos con un signo desconocido y un nuevo vocablo, y la RAE se estrenó en una nueva faceta: la de inventora de palabras; y eso que, como suele decir don Víctor, «la Academia nunca crea palabras».
Pese a esta atribución creadora, lo cierto es que la figura de este signo (⊗) no es en absoluto un invento académico, puesto que, como recoge Martínez de Sousa en su Manual de estilo de la lengua española (Trea, 2007, p. 581), ya simbolizaba el concepto matemático de producto directo. Pero sí son novedosos, en cambio, la adjudicación del valor de incorrección y el término neológico con el que se denomina: bolaspa (resultado, según la entrevista citada, de la adición de las palabras bola y aspa, cuando habría sido más apropiado componerlo a partir de círculo y aspa, dada la forma bidimensional del signo).
En cuanto neologismo especializado, en el apartado del DPD «Uso de los símbolos ⊗ y * ante citas y ejemplos» (pp. XXVIII y XXIX), la RAE justifica su creación para enfatizar la censura de aquellos usos tautológicamente denominados «incorrectos o desaconsejados» por no atender a la norma culta, y lo emplea como complemento del asterisco (*) en su uso tradicional en filología para indicar que cierta voz o construcción es hipotética o agramatical. Lo curioso, paradójico y hasta cómico es que, aunque este símbolo se (re)creó para su uso en el DPD, el término bolaspa no aparece mencionado en este diccionario en ninguno de los casos en los que se hace alusión metalingüística a él («Uso de los símbolos ⊗ y * ante citas y ejemplos», en pp. XXVIII y XXIX, y «Signos [usados en el diccionario]», en p. XXXV) ni tiene tampoco entrada propia. Es decir, se nos presenta el símbolo, se describe su uso en el DPD, pero jamás de los jamases se nos dice cómo diantre se llama.
Esta anomalía resulta muy desconcertante para el usuario del DPD, quien muy probablemente —dada la especificidad del símbolo ⊗ (hasta este diccionario, equivalente sólo al término producto directo)— nunca antes lo habrá visto y menos aún se habrá encontrado en el trance de tener que interpretarlo y, por lo tanto, asignarle un nombre. En realidad, si hemos llegado a conocer el nombre con el que las Academias rebautizaron este signo para su propio uso lexicográfico es por declaraciones públicas como la citada anteriormente, no porque se explicite en las obras académicas que lo emplean (el Diccionario panhispánico de dudas [2005] y, posteriormente, el Diccionario esencial de la lengua española [2006]), ni tampoco porque se haya creado un artículo para la voz bolaspa e incorporado como adición para la próxima edición del DRAE. De hecho, si buscamos dicha voz en el DRAE digital, obtenemos el mensaje siguiente: «La palabra bolaspa no está en el Diccionario».
Por otra parte, y para mayor inri, este signo, en su nuevo uso académico, no es unívoco, sino que se le adjudican dos valores distintos dentro de una misma escala: el de incorrecto (y tajantemente evitable) y el de desaconsejado (o utilizable con menor preferencia):
Los juicios normativos admiten, pues, una amplia gradación, que va desde la censura de lo claramente incorrecto por ser fruto del error, del descuido o del desconocimiento de las normas gramaticales, hasta la recomendación de lo que es simplemente preferible por estar de acuerdo con el uso mayoritario de los hablantes cultos de hoy, preferencia que pueden mantener, o variar, los hablantes cultos de mañana. [(RAE y Asale: DPD, 2005, p. XV.]
El símbolo ⊗ se antepone a las citas y ejemplos que ilustran usos incorrectos o desaconsejados. Es, pues, una marca de “incorrección”, entendida esta como inadecuación a la norma culta. [RAE y Asale: DPD, 2005, pp. XXVIII y XXIX.]
De su ambivalencia se desprende, pues, la equivocidad y el potencial desorientador de este signo académico, bien poco adecuado para resolver dudas. Es por esto, entre otras muchas razones, que al Diccionario panhispánico se lo ha llamado de dudas: porque las crea sin cesar.
Montse Alberte y Silvia Senz
Los lectores más fieles de esta bitácora recordarán aquella nota en la que reproducíamos una carta al director de El País, firmada con pseudónimo, donde se denunciaba la política laboral de la RAE para con sus equipos contratados, a la que añadíamos jugosos datos sobre la sobrada capacidad financiera de la institución: «Rae rica, trabajadores pobres».
La misma persona u otra utilizando idéntico alias (también los trabajadores explotados por el Instituto Cervantes usan, cual Fuenteovejuna, un pseudónimo común en su denuncia en la red) nos ha escrito este comentario al artículo de Luis Carlos Díaz «Los secundarios de la Real Academia». En él pone al descubierto, de un lado, qué caminos sigue la política científica de la RAE y, de otro, que tras la categoría de secundarios que ostentan los pocos lingüistas con sillón en la corporación académica, hay aún una categoría inferior, completamente anónima y laboralmente maltratada: la de los «figurantes». Lean:
Autor: Miguel Moore
No solo eso sino que los lingüistas y gramáticos contratados para elaborar la Nueva Gramática fueron despedidos casi el mismo día en que la obra salía a la calle, como pago a los servicios prestados. ¿Qué sucede si pasado mañana se publica un artículo con datos o con una teoría que entra en contradicción con algún apartado de la Nueva Gramática? ¿Acaso el equipo que la elaboró tendrá oportunidad de modificar su redacción? No amigos, el equipo que la elaboró engrosó las filas del paro, o si acaso volvieron a sus ocupaciones anteriores con una buena patadita en... su situación laboral. Cortesía de la política laboral y científica de la RAE. Además a la RAE le da igual que la Nueva Gramática pueda quedarse obsoleta en algunos aspectos a los meses de su publicación. ¡Tiene otros trescientos años para preparar otra Nueva Nueva Gramática!
Sólo tenemos lo siguiente que añadir: Miguel Moore, seas quien seas, contáctanos, por favor. El correo del blog figura en el menú «Acerca de».