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Malas prácticas/Mala praxi

Hacernos pagar lo que ya está pagado: la RAE y el DPD (1.ª parte)

Hacernos pagar lo que ya está pagado: la RAE y el DPD (1.ª parte)

Hace poco me llegó a través de la lista Iwetel, que a su vez recogía la información de Barrapunto, la noticia de una directiva europea que está en su fase final de elaboración, cuya aplicación, según su redactado actual, conllevaría la sujeción a copyright de la información geográfica pública, lo que implica cobrar a los ciudadanos por una información que ellos mismos han costeado con sus impuestos.

Hablando de información pública por la que quieren hacernos pagar, uno de los casos que más de cerca nos toca a los profesionales de esta ciberbitácora es la más que sospechosa decisión de la Real Academia Española de bajar de su página de Internet el avance del Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD), hasta entonces de acceso gratuito por línea, pocos meses antes de su publicación, y sus increíbles excusas técnicas para justificar que, una vez a la venta la versión impresa del DPD, no se haya subido inmediatamente su versión electrónica a la Red, para su consulta gratuita.

Probablemente mucha gente cree que la Academia está en su derecho de permitirse un margen de explotación comercial de sus obras, aun siendo hoy posible ponerlas a libre disposición de los hablantes. De hecho, como fundación sin ánimo de lucro, la RAE puede, según la ley 49/2002, del 23 de diciembre, de Régimen Fiscal de las Entidades sin Fines Lucrativos y de los Incentivos Fiscales al Mecenazgo, realizar explotaciones económicas de acuerdo con las actividades propias de su objeto o finalidad estatutaria e incluso explotaciones económicas ajenas a su objeto o finalidad estatutaria, siempre que su volumen de negocio no supere el 40 % de los ingresos totales de la entidad.

La explotación comercial del DPD entra dentro de la primera prerrogativa. El problema es que, cuando hablamos de fundaciones sin ánimo de lucro, patrocinio y labor cultural panhispánica, existe otra dimensión, la moral, que no debe perderse de vista. Veamos a continuación hasta qué punto la política académica de publicación y difusión de su obra hace caso omiso de esta dimensión.

Financiación y margen de negocio de la RAE como entidad sin ánimo de lucro

La Academia, como entidad sin ánimo de lucro con fines culturales y educativos (véase La fiscalidad en las entidades sin ánimo de lucro: estímulo público y acción privada, pp. 25-27), es beneficiaria de mecenazgo (o. cit., pp. 173-174), en virtud de lo cual se financia parcialmente, a través de la Fundación pro Real Academia Española (cuyo patronato preside el rey Juan Carlos I), mediante las aportaciones de donantes y patrocinadores como Telefónica (que sufragó el coste del Panhispánico), el Grupo Vocento, el Grupo Prisa, Caja Duero, IberCaja, Caja Madrid, Santander Central Hispano, Repsol YPF, Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, Fundación Endesa, El Corte Inglés, IBM, Iberdrola, Grupo Leche Pascual, Endesa, Fundación La Caixa, Espasa Calpe, Editorial Castalia, SM Ediciones, Fundación Santillana o Círculo de Lectores. Estas empresas, a su vez, se benefician de la aplicación de beneficios fiscales por estas donaciones. El resto de los fondos que recibe la RAE proceden, al menos en un 50 %, del Estado (es decir, de los contribuyentes).

Así pues, podemos decir que, cuando estas ven la luz, el coste de todas las obras académicas está ya cubierto, bien mediante donaciones de sus patrocinadores, bien con fondos públicos. ¿Por qué, entonces, no permitir inmediatamente su acceso gratuito a los hablantes? (Y cuando hablamos de acceso gratuito nos referimos sólo a su consulta en línea. Ya ni se espera de la Academia una postura de liberación como la que está llevando a la práctica el Termcat, que permita al usuario descargar gratuitamente el DPD.) ¿Tan grave es la merma de los ingresos que percibe la Docta Casa y las empresas editoriales que publican la versión impresa de los textos académicos, que no pueda contemplarse una publicación paralela de ambas versiones? Probablemente sí; las cifras hablan por sí solas.


Beneficios y beneficiarios de la explotación comercial de la obra académica

Como entidad financiada con fondos públicos, podría esperarse que las adjudicaciones de contratos de la RAE a empresas privadas tuvieran que realizarse a partir de la convocatoria de concursos públicos. Pero, legalmente, las ocho reales academias son «corporaciones científicas de derecho público», lo que las exime de cumplir la legislación de contratos de las administraciones públicas. Por tanto, la RAE elige directamente a las empresas que más pueden convenirle para publicar sus obras y acuerda con ellas las condiciones de explotación libremente.

Según un artículo publicado por El Mundo el 23 de noviembre del 2004, durante casi ochenta años la Academia publicó en Espasa Calpe (Grupo Planeta) sus obras, la venta de las cuales llegó a generar hasta el 40 % de la facturación anual de esta editorial en un año de lanzamiento. En el 2004, la RAE rompió esta larga relación para otorgar el derecho de publicación de la edición popular de El Quijote, del Diccionario del estudiante (DE) y del Diccionario panhispánico de dudas (DPD) al Grupo Santillana (propiedad del Grupo Prisa).

Curiosamente, el actual director de la Docta Casa, Víctor García de la Concha —que acaba, por cierto, de lograr que se modifiquen los estatutos de la Academia para garantizarse un tercer mandato—, compaginaba hasta el 2003 su cargo académico con los de director de la colección Austral y de la revista Ínsula (ambas de Espasa), que ejercía ya antes de ingresar en la institución. También el actual director de Ediciones Generales del Grupo Santillana (GS), Juan González Álvaro, fue director editorial de Espasa Calpe desde 1996 hasta 2000. Y recientemente contrató a la antigua responsable del Área de Referencia y Educación de Espasa y más tarde codirectora editorial de Espasa Calpe, Marisol Palés Castro, con quien trabajó en la histórica editorial. Es decir, tanto el director de la Academia como algunos de los principales ejecutivos de Espasa Calpe abandonaron la empresa poco antes de la concesión a Santillana de los derechos de publicación de las nuevas obras citadas, en algunos casos para pasar a ocupar cargos en el propio Grupo Santillana. Sin embargo, y aunque este trasvase de directivos de Espasa a Santillana pueda haber propiciado la nueva relación contractual de la RAE con Santillana, parece ser que la principal razón de que la RAE publique sus obras con este grupo es la red estructural y comercial que GS tiene en Latinoamérica (20 países de Latinoamérica, incluidos Brasil y Estados Unidos ), que ofrece excelentes perspectivas para la explotación de la obra académica más reciente, regida por la oportunamente aireada política panhispánica que sigue hoy la RAE, con su director como principal abanderado. Una política de unidad y de hegemonía lingüística compartida que parece servir sólo para vender libros. Cuando se trata de explotar el negocio de la enseñanza del español a extranjeros con la creación del Centro Internacional de Estudios Superiores del Español, (v. tb. la noticia publicada por la Fundéu el 22/02/2006 ) o de la Fundación de la Lengua Española, los académicos de uno y otro lado del charco se apresuran a dejar claro qué territorio es el propietario de la lengua castellana.

(Continúa aquí: http://tinyurl.com/pxubu)

 

Silvia Senz Bueno (Sabadell, Cataluña, España)

La doble vida (o doble moral) d’alguns editors independents

La doble vida (o doble moral) d’alguns editors independents

El 19 de gener va tenir lloc la presentació del llibre Sóc convergent, i què? del més que polèmic articulista de l’Avui Salvador Sostres. Ja no el llibre, sinó el preludi a la presentació que en Sostres va fer en un article («Parlar del meu llibre») publicat per aquest diari, va generar-ne curiositat i tota mena d’expectatives per una obra que l’autor presentava com «un recull d’articles publicats a l’Avui [...]» editat per Proa (Grup Enciclopèdia Catalana), per la portada del qual —coberta, s’entén, que Sostres trobava espantosa i d’origen incert («vés a saber qui l’ha fet»)— demanava disculpes al lector. Del llibre parlava en termes de pur interès mercantil, gens acostumats en el mitjà literari i editorial, dient-ne sense cap mena d’embuts: «aquest llibre l’he publicat per guanyar la molta pasta que l’editor Cònsul ha tingut la gentilesa de pagar-me. Hi ha dos tipus de llibres: els bons i els ben pagats. I quan no treballes a la tele i vas fluix de diners has de fer 1 i 1. Un llibre que no t’importi gaire el dónes per guanyar pasta i que surti com Déu vulgui, fins i tot amb aquesta merda de portada, i laltre, el que m’importa i que publicaré a la primavera amb l’Ernest Folch, a Ara Llibres, la millor editorial per publicar llibres de no-ficció en català. Entre d’altres coses, saben fer portades».

En Sostres fa un gran favor a l’Ernest Folch promovent una imatge idíl·lica d’un editor que, com el propi Sostres, practica una política de publicació de doble joc, tot i que, a diferència d’en Sostres, se’n guarda molt de fer-la pública en tot el seu abast.

Creador al 2002 del segell independent Ara Llibres, posat com un dels exemples del creiexent i prestigiat cercle d’editors independents de llibre en català, que pretesament opten per la selecció, l’especialització i la qualitat com a línia editorial, crític ell mateix amb l’estil productiu de «fàbrica de xurros» dels grans grups («Un llibre no és una llauna de conserves, ni un ordinador, ni una torradora. Un llibre no es pot fer a l’engròs, ni es pot pensar com una part d’una cadena gegant de producció. Cada llibre és diferent, cada llibre s’ha de pensar i s’ha de mimar») i defensor d’una política editorial de cura del llibre i el lector, basada en la figura de l’editor tradicional («ha arribat l’hora dels segells editorials petits i independents. Perquè no n’hi ha prou amb ser petit per sortir amb èxit de la situació actual. És necessari no estar en cap gran estructura, ser autònoms, ser independents. El nostre paper és el de sempre, però amb una diferència: del moment actual en sortirem necessàriament reforçats, perquè s’ha demostrat que la manera d’entendre l’edició dels petits segells és ara més adequada que mai. [...] després d’uns quants anys de bogeria col·lectiva, amb les grans editorials plenes d’executius i buides d’editors, ha passat el que molts ja havíem pronosticat i més d’un no tenia ganes d’escoltar»), l’Ernest Folch és alhora, des del maig del 2003, el director editorial de Grup 62, ara com ara un exemple clar de com la lògica financera i les polítiques productives desfermades de les grans editorials que en Folch critica poden diluir i àdhuc pervertir completament l’essència d’una editorial senyera de la cultura en català com ho va ser Edicions 62. Entre d’altres meravelles, Grup 62 ha comencat a desplaçar la seva prou minvada plantilla d’edició i redacció de llibres al taller de composició Víctor Igual, on els pocs supervivents de l’antiga Edicions 62 han hagut de renunciar fins a 30 anys d’antiguitat com a treballadors per tal de garantir el seu lloc de treball, i on tot el personal d’edició ha de treballar en condicions de precarietat i sota pressions productives encara més fortes de l’habitual, sense el contacte directe i permanent amb els editors que garanteixi la necessària comunicació bidireccional dels criteris i les incidències de l’edició de cada obra, i amb un molt deficient sistema, doncs, de control de qualitat de les edicions.

¿Com lliga la descura del procès de realització d’un llibre amb aquesta filosofia de l’editor vocacional que predica en Folch?

¿Potser creuen els anomenats editors independents que «l’edició AMB editors» consisteix només a fer retornar els editors a les editorials, sense que hi tornin els professionals d’edició i producció més imprescindibles o, fins i tot —quin cinisme— deslligant-se d’ells, bé desempallegant-se’n, bé desplaçant-los i arraconant-los com fa Grup 62?

¿Hem de creure, davant exemples com el seu, que l’edició independent serà la panacea de l’edició de qualitat, o potser haurem de pensar que sovint es fa servir el terme edició independent com una marca que permet deslligar-se de la mala imatge que comença a anar associada als grans grups d’edició, i adquirir automàticament un prestigi que difícilment es posarà en dubte mentre la crítica no valori els llibres —suposant d’antuvi que se’ls llegeixi— segons criteris globals de qualitat?

Per dir-ho clar i català: ¿l’Ernest Folch creu sincerament en allò que defensa per Ara Llibres, amb totes les conseqüències, o Ara Llibres és només una manera de garantir-se la pervivència en el sector, aixoplugant-se sota un segell personal a recer de les tempestes del sector?

[Per obtenir una traducció aproximada d’aquest text: http://traductor.gencat.net/]

Silvia Senz (Sabadell, Catalunya, Espanya)

 

Prensa sin correctores, mala prensa

A la sección de deslices y errores lingüísticos en los medios Morderse la lengua, del Centro Virtual Cervantes, y a los blogs Patada al Diccionario, sobre burradas oídas en los medios de comunicación audiovisuales, y Malaprensa, dedicado a señalar las chapuzas y errores de la prensa española más reveladores de la falta de profesionalidad y de controles internos de calidad que muestran hoy en día los periódicos españoles, se añade este crítico artículo de Arsenio Escolar, «No son erratas, son errores» (Cuadernos de Periodistas, diciembre del 2005), donde se denuncia la mala preparación de las nuevas hornadas de periodistas españoles en el uso del idioma y la negligente política de muchos editores y directores de prensa, que han prescindido de los correctores de textos y los han sustituido por programas informáticos de corrección automática. Una situación que en ocasiones da lugar a Erratas morrocotudas, como las que recopila el profesor de lengua y literatura Jesús Sáiz.

Superventas, fraudes y honestidad editorial

Superventas, fraudes y honestidad editorial

De La Vanguardia de hoy, una muestra más del «todo vale» para alcanzar el éxito editorial:

Un libro de memorias falsas sacude la industria editorial estadounidense
La web de investigación periodística Smoking Gun destapó las mentiras que escondía un superventas firmado por James Frey


LA VANGUARDIA - 30/01/2006
Efe. NUEVA YORK

Tras convertirlo en un superventas con su apoyo, la diva televisiva Oprah Winfrey se siente "estafada" por James Frey, el autor que publicó unas falsas memorias. El libro se convirtió en Estados Unidos en un superéxito de la noche a la mañana (fue el segundo libro más vendido el año pasado en el país) y ha provocado una tormenta de amplias repercusiones en la industria editorial.

Tras apoyarlo inicialmente, Oprah Winfrey, quizás el personaje más popular de la televisión de EE.UU. y, en gran medida, responsable del éxito del autor tras la inclusión de su obra en el Club de Libros de la presentadora, le echó en cara el gran fiasco. "Me siento estafada y, lo que es más importante, creo que has engañado a millones de lectores", dijo Winfrey a Frey en un programa lleno de melodrama que dejó temblando a las casas editoriales que se nutren del empuje que da la diva a autores poco conocidos.

La pesadilla de Frey comenzó cuando la web de investigación periodística Smoking Gun destapó hace un par de semanas las mentiras que escondía su superventas titulado A million little pieces (Un millón de pequeñas piezas). Entre otras cosas, la investigación concluyó que Frey no fue condenado por ningún delito serio ni estuvo en la cárcel, dos de los principales alicientes de unas tormentosas memorias en las que narra el vía crucis de un drogadicto y su posterior recuperación.

El novelista, que inicialmente sostuvo la veracidad de su relato, ya ha reconocido que había cometido un error y abandonó la fachada de tipo duro que hasta ahora había cosechado -comparándose incluso con Ernest Hemingway- para, esta vez sí, redimirse.

El caso ha desatado un torbellino en el mundo editorial de la no ficción, hasta ahora dispuesto a mirar hacia otro lado con tal de publicar material prometedor. Frey, de hecho, intentó primero vender su libro como novela y, ante el rechazo de los editores, finalmente lo camufló en autobiografía, al parecer sin cambiar una coma del texto.

Observadores como Laurence Kirshbaum, ex directivo del Time Warner Book Group, creen que ahora los agentes, editoriales y autores tendrán que ser mucho más cuidadosos a la hora de aproximarse al mercado de no ficción. Esto significa que, además de descartar posibles plagios, las editoriales tendrán que investigar la veracidad de las memorias, algo que hasta ahora no ocurría. La influyente crítica literaria Michiko Kakutani, de The New York Times, pedía una reflexión "sobre cuánto valor da la cultura contemporánea a la idea de la verdad".

Terror en las pizarras

Imagen procedente de: http://www.ilhn.com/datos/saber/archives/cat_virtualartificial.php

Hace algún tiempo me encontré con esta imagen en la página de una empresa que comercializaba equipos informáticos para la educación, quise entonces escribir un comentario y, por distintas razones, no pude hacerlo. Ahora casualmente he vuelto a encontrarla en la página citada. Ni en la primera (si alguien la pudiera localizar, yo no he podido) ni el segunda encontraremos un solo comentario que haga referencia a los errores que contiene la imagen. Sorprende que su destino inicial fuese educativo, ¿para que alguien “utilize” los ordenadores o para que los “uzen”?

Al buscar en Internet aquella primera página perdida me encuentro con otras pizarras curiosas. Observen con atención la primera pizarra de esta serie de hallazgos:

Imagen procedente de: http://www.artesaniaiberica.com/maquetas/

No comentaré el uso de infinitivo dar, hoy me interesan los acentos, porque en la página que contiene la imagen se indica: «Todas nuestras webs son sencillas, prácticas y austeras "lo que falte lo pone ud."»

Es decir, que usted deberá empezar a poner acentos donde falten, y va a tener mucho trabajo, porque las ausencias no son sistemáticas: la frase «Esta información la encontrara en nuestra guía» me hace pensar en la lágrima que Peret perdió en la arena, ¡ay!, si yo la encontrara, si la pudiera encontrar…

Y buscando en la Red me encuentro con el «PROYECTO JÓVENES LIMA - PERU», ¿Lima qué?, mientras observo otra bonita pizarra:

Imagen procedente de: http://proyectojovenes.tripod.com/programa.htm

No veo signos de interrogación, no veo acento que me ayude en ese «Que» tan mayúsculo como el «Hay» o el «Nuevo» y no sé si debo pensar en que ya se está inventando un nuevo idioma basado en la suposición de entendimiento, donde lo convencional está dejando paso a la abstracción total.


En mi perplejidad alcanzo a descubrir una solución para mis males, vean:

Imagen procedente de: http://www.todoart.com/rotuladores_para_pizarra.htm

Todo empieza ya con esas letras mutiladas, ¿habrá que poner los puntos, ya no digo acentos, sobre las íes? Pero descubro que esta página anuncia «Rotuladores para pizarra de tiza liquida fluorescentes» y ahora lo entiendo todo, se trata de tizas asesinas, tizas que liquidan fluorescentes, luz, sabiduría, inteligencia…


Resignado a suicidarme con una tiza doy un paso más y encuentro la última pizarra a la que asirme con desesperación:

Imagen procedente de: http://usuarios.lycos.es/ChispitaYNano/profes.html


«Rincon» mutilado y mayúsculo de (o por) minúsculos «profes» en una pizarra, a cuyo pie descansan dos tizas criminales y un borrador inmóvil, posiblemente muerto. Bajo la imagen, una leyenda reza: «Entra a nuestra clase y echale un vistacillo, quizas algo te sirva para tu clase o hasta para tu vida.. ¡¡¡ animate y entra !!!».

Miro a mi alrededor, los acentos, convertidos en fantasmas son puñales, los puntos y las comas me persiguen, las tizas empiezan a levantarse como espadas sedientas de sangre contra las letras, tomo un cuaderno de mi infancia como escudo, pero temo que no pueda protegerme y salgo corriendo hasta llegar a este cuaderno de bitácora donde busco ayuda y grito: «¡Socorro!».

Francisco Javier Cubero