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Malas prácticas/Mala praxi

La impudorosa ansia de expansión del español

La impudorosa ansia de expansión del español

Este mes, el excelente portal informativo sobre la lengua española Unidad en la Diversidad publica un artículo de Maite Celada (docente e investigadora argentina en la Universidad de São Paulo desde 1992) titulado «De prisa, de prisa, oye, Brasil». En él, Maite Celada denuncia un hecho que venimos advirtiendo en esta bitácora casi desde el inicio de su recorrido (véanse especialmente los artículos relacionados con la política lingüística panhispánica de los apartados «Malas prácticas» y «Lengua y cultura»): la forma tan políticamente incorrecta como, en diversas instancias de la sociedad española, se trata el ansia de la expansión del español por el mundo.

Citamos aquí los primeros párrafos de este interesante texto, del que habría que tomar buena nota en estos días en que se celebra en Montevideo la XVI Cumbre Iberoamericana, que tiene, supuestamente, el desarrollo social como uno de sus temas centrales:

Hace un buen tiempo que a los que integramos la comunidad académica latinoamericana en el campo de las letras nos viene dejando alelados un hecho: que, en diversas instancias de la sociedad española, se trate de forma tan políticamente incorrecta el ansia de la expansión del español por el mundo. Esta viene vinculada, por el lado de las causas y argumentos o por el vies de los objetivos, a distintas cifras: número de hablantes del español, de países que tienen esa lengua como oficial, de ejemplares que las editoriales pueden colocar en determinado mercado; valores todos relativos a una perspectiva económica.

Los nombres de dos eventos realizados entre el 23 y el 29 de octubre confirman esta perspectiva. El Seminario “Valor económico del español: una empresa multinacional”, celebrado en Montevideo y la “I Acta Internacional de la lengua española. Activo cultural y valor económico creciente”, en San Millán de la Cogolla.

Nos asombra la falta del pudor que esperaríamos como efecto de la revisión de una memoria y del asumir una actitud responsable frente a la especificidad histórica que marca la relación España-América Latina. Reconocemos ese pudor en parte del pueblo español y en muchos colegas que trabajan en la academia.

En Brasil, el 6 de setiembre pasado se firmó un convenio o acuerdo entre el Banco Santander y la Secretaría de Educación del Estado de São Paulo para calificar docentes en ejercicio en las escuelas medias, independientemente de la asignatura que dictan, y así atender a la legislación que determina la oferta obligatoria de español a partir de 2010, en ese nivel. El curso, enteramente a distancia, utilizará la metodología del Instituto Cervantes para impartir 480 horas de español y 120 de metodología; todo en un máximo de 2 años. El proyecto “Oye, español para profesores”, según dicen los medios, sería implementado en colaboración con las tres universidades públicas del estado de São Paulo.

En el contexto de la ambición generada por las cifras, tratar la lengua española como un “tesoro” —término usado por el presidente del Santander durante la firma del referido convenio—, y tratar a Brasil y a sus 170 millones de habitantes como un mercado promisorio a consolidar es algo que nos pega fuerte a muchos latinoamericanos, que tenemos una memoria no metálica y en la que el pasado hizo mella.

 

 

 

[Sigue en: «El expolio del oro de las palabras. La rebelión brasileña contra los corsarios del idioma, y otros acontecimientos de la mercantilización del español, a pie de página»]

 

Silvia Senz (Sabadell)

Bibliotecas «abierradas», o los libros de ni mírame ni me toques

«Abierrada» es una palabra rara, que podría venir de «aberración», aunque en realidad viene de «ni abierta ni cerrada». En España estamos en época de exámenes y en muchos pueblos y ciudades los ayuntamientos y diversas entidades públicas intentan ofrecer espacios para que los estudiantes se den el último atracón de esperanza. A veces se abren salas de estudio, y a veces, por ahorrar, se abren las bibliotecas pero sin personal bibliotecario. Hay casos en los que uno, por un lado, se alegra: ¿qué hacía la biblioteca cerrada en las tardes de agosto? ¿Dificultamos que los chavales lean justo cuando más tiempo libre tienen? Está el préstamo, de acuerdo; pero la biblioteca es más que una máquina expendedora de libros: es un lugar para mirar, abrir al azar, consultar los fondos no prestables, etc.

Pero hay casos en los que, por ahorrarse el sueldo de unas pocas tardes de bibliotecario, como decía, se «abierran» las bibliotecas, abiertas pero cerradas, abiertas para sentarse pero no para consultar los libros, que no se pueden tocar. ¿Digo tocar? Ni mirar siquiera. Esta muestra de indignación ha llegado al foro IWETEL, y merece la reflexión de los responsables.

Ayer por la tarde acudí a la Biblioteca Municipal Julián Besteiro de Leganés, que en época de exámenes abre sus puertas hasta las 21:45, aunque su horario habitual es de mañana. Mi intención era echar un vistazo a los fondos y, de encontrar lo que buscaba, volver en el horario normal, que es cuando hacen los préstamos. Me dirigí hacia las estanterías que me interesaban, cuando una celadora se acercó para recordarme que no podía llevarme ningún libro porque por la tarde no estaban las bibliotecarias. Respondí que mi única intención era buscar algo de interés, a lo que me contestó que tampoco podía realizar consultas… Sonreí incrédula y repliqué que entonces me limitaría a echar un vistazo, por lo que me advirtió de que ni siquiera podía tocar los libros… Atónita respondí que no tocaría nada, limitándome a mirar los lomos. Desconcertada, comencé a pasear por las estanterías, cuando me percaté de que la celadora, desconfiada, no me quitaba el ojo de encima… Decidí acabar con tan incómoda situación, por lo que me dirigí a los catálogos (de fichas manuales) para realizar mi búsqueda de un modo más profesional, pero inmediatamente la mujer se acercó hasta donde yo estaba para informarme de que tampoco podía tocar los catálogos… No me lo podía creer, así que me acerqué a leer detenidamente los carteles de avisos, los cuales informan de que en agosto el horario habitual de la biblioteca es de mañana, y que en época de exámenes por las tardes se abre como sala de estudio, no existiendo el servicio de préstamo ni consulta de libros más que en el horario habitual. Alegué que los avisos no mencionaban la utilización del catálogo, aunque la mujer, apurada, contestó que ella hacía lo que le ordenaban… La biblioteca se llena a diario hasta los topes con gente preparando sus exámenes y nadie puede tocar los libros, ¡ni siquiera un diccionario, como apoyo al estudio! Me fui perpleja y con una bonita copia de mi reclamación en vez de la signatura que buscaba.

Gonzalo García, Moratalla (Murcia, España)

El azote de la Academia

El azote de la Academia

Hace ya casi un mes, la revista española de actualidad La Clave de la Opinión Pública, dirigida por José Luis Balbín, publicó en el número correspondiente a la semana del 26 de mayo al 1 de junio, en su sección de «Cultura», un reportaje-entrevista a José Martínez de Sousa, que abría con este contundente titular: «El azote de la RAE» y esta sensacionalista entradilla:

José Martínez de Sousa es implacable con los deslices de la Academia. Este teórico de la Lengua, que ha rechazado en tres ocasiones entrar en la Real Academia Española, considera la crítica como el mejor antídoto para que la institución no se duerma en los laureles.

Que José Martínez de Sousa ha rechazado tres veces entrar en la Real Academia no es una información muy exacta. Pero el campo de la lingüística y la lengua española no es lo que se dice «de interés general», y en cierto modo resulta comprensible usar semejantes señuelos para hacer más apetecible al lector profano la lectura de un reportaje en torno a una de las principales figuras del medio. De hecho, la imprecisión con la que arranca el reportaje queda aclarada más adelante por el propio Martínez de Sousa:

«A mí me propusieron ser académico correspondiente en Cataluña, que es algo así como un nombramiento de segunda, un cargo que tiene obligaciones pero que no tiene honores. Yo tengo una obra escrita y respetada, y desde el punto de vista académico, si merece algo, es un sillón con toda la dignidad, y si sólo merece un nombramiento de segunda, como ser académico correspondiente en Cataluña, sinceramente no me interesa. Esto ya se lo expliqué a ellos: si yo merezco pertenecer a la Academia, pues que sea con todas las consecuencias y con todos los honores. Todo el mundo sabe que yo soy muy crítico con la Academia y, si uno piensa mal, sería una forma de quitarme de encima, pero por ese precio no.» Y reconoce que sí aceptaría en el caso de un nombramiento «de primera».

Lo que no nos parece tan comprensible —resulta incluso insólito— es que, por mucho que esta semblanza de la figura de M. de S. se centre mucho menos en su perfil de autor prolífico de obras de innegable peso y valía, que en su papel de «Pepito Grillo de la Academia» y en su censura del proceso de nombramiento de los académicos, la dirección de este semanario sienta la necesidad de contrarrestar la carga crítica del autor contra la Española —un enfoque que la propia dirección de La Clave, y no el entrevistado, ha elegido—, insertando en el reportaje estas declaraciones «desde dentro» del vicedirector de la RAE, Gregorio Salvador (el subrayado es nuestro):

«Sousa tiene un sentido muy preciso de lo que es el error, de lo que es el fallo; toma el error como bandera, lo cual es admirable. Pero lo que ocurre es que los puristas como Sousa a veces tienen una actitud afectada, excesiva. Los lingüistas de verdad lo vemos todo de otro modo. Tenemos menos fe en la rigidez de la norma porque las lenguas son algo vivo, que van evolucionando.» En cuanto al rechazo de Sousa de entrar en la RAE [?], Salvador cuenta que su caso no es único. «Yo conozco al menos tres casos en los que los candidatos rechazaron el nombramiento por distintos motivos.»

Sobran los comentarios. Sin duda, el trabajo periodístico de José Luis Balbín vivió tiempos mejores.

Silvia Senz Bueno

El español, una lengua multinacional. («Por la norma mediática, hacia una unidad de mercado en lo panhispánico»)

El español, una lengua multinacional. («Por la norma mediática, hacia una unidad de mercado en lo panhispánico»)

Hace unos días, un colaborador del boletín Infoeditexto nos envió la noticia de una entrevista realizada por el diario Clarín al secretario de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), Humberto López Morales, a raíz de la presentación de su último libro, La globalización del léxico hispánico.

 

En esta obra, López Morales analiza «de qué modo el paso de lo local a lo global en los medios de comunicación, y por tanto en la lengua que estos utilizan, está propiciando la aparición de una norma panhispánica, un español general», cuya supuesta pobreza se propone desmentir.

Lo sorprendente de esta entrevista no son los postulados de López Morales sobre el lenguaje periodístico, ni el hecho de la reciente redenominación del español común, o estándar, como español global (lógica en estos tiempos de mundialización de las comunicaciones y los mercados), ni la sensacionalista declaración que la encabeza: «Las normas del idioma las dictan los medios, no las academias». No nos cabe duda de que López Morales no cree en realidad que la norma la dicten los medios, porque, en ese caso, lo que les correspondería hacer a las instituciones encargadas de normativizar el español es decir aquello de «Apaga y vámonos» y cerrar el chiringuito. Suponemos que lo que quiere decir el ilustre académico es que el papel unificador de la lengua —principal objetivo del trabajo académico desde que sustituyó el lema «Limpia, fija y da esplendor» por el de «Unidad en la diversidad»— lo cumplen hoy mucho más eficazmente los medios de comunicación en español (especialmente las agencias de prensa internacionales y los medios estadounidenses), por su capacidad de irradiación de usos y de sutil penetración lingüística en toda la población, que el antiguo modelo de norma española ejemplar, basada en la variedad del castellano culto (la de la prestigiosa élite de sabios y escritores), que se imponía desde arriba mediante la doctrina académica impartida en las escuelas españolas y latinoamericanas, y cuya imagen etnocentrista y clasista conviene enterrar.

Sobre ese lenguaje de los medios —nuevos aliados cuya «mala prensa» se encargan las academias de corregir convenientemente con argumentos como los que presenta López Morales en su obra, a pesar de la memoria que dejaron los «dardos» de Fernando Lázaro Carreter y de las discrepancias internas— siguen actuando de hecho las academias, bien directamente, por medio de sus obras normativas (especialmente el reciente DPD), bien mediante la labor de instituciones colaboradoras en las que participan académicos, como la Fundéu (con sede central en Madrid y nuevas filiales en Latinoamérica), que se ocupa de velar por el buen uso del español en los medios —con la necesaria adhesión de los medios a estos objetivos— y orientarlo con recomendaciones diarias divulgadas en notas de prensa de la Agencia EFE, mediante su servicio de asesoría y consultas lingüísticas, con libros de estilo y con formación específica, según los criterios que juzga pertinentes. (De los criterios que estas instituciones normativizadoras juzgan pertinente, es decir, sobre los principios en que se basan, los objetivos lingüísticos que persiguen y, especialmente, el modo en que se aplican hablaremos con detenimiento en fecha próxima.)

Lo que nos sorprende —o al menos nos parece destacable— de esta entrevista es el afán de Humberto López Morales por negar, tergiversando el sentido de la pregunta final del entrevistador, lo que salta a la vista del que tenga ojos para leer y entendimiento para comprender: el evidente neocolonialismo de las industrias culturales y los grupos de (tele)comunicación españoles que propicia la política lingüístico-económica española.

Ya hemos comentado en esta bitácora en otras ocasiones por qué caminos discurre la actual planificación lingüística del español, y la importancia que tiene —muy especialmente para España y muy especialmente para la consolidación del mercado hispano de Estados Unidos— la conformación de un español internacional y de prestigio en esta nueva política económico-cultural de alcance panhispánico. Pero como se diría que este asunto es todavía demasiado opaco para la opinión pública, recomendamos echar un vistazo a los objetivos y conclusiones de los congresos y seminarios que suelen organizar las academias e instituciones lingüísticas y culturales afines y sus patrocinadores.

O a repasar las declaraciones que de estas instituciones y empresas recoge Jaime Otero en su artículo «De Bogotá a Rosario. La lengua española y la política regional de España en América Latina», y que reproducimos aquí para comodidad del lector:

«La presencia hispánica, actual y futura, en el concierto o desconcierto del mundo, depende decisivamente de la unidad idiomática«, decía el entonces director de la Real Academia, Fernando Lázaro Carreter, en la inauguración del Congreso de la Lengua de Sevilla de 1992. Para el actual director, Víctor García de la Concha, «nuestra fuerza, nuestra riqueza y nuestro futuro es América Latina, y por eso la política lingüística debe ser panhispánica» (declaraciones a El País, 3 de mayo de 2004). La globalización tiende a reducir el número de lenguas internacionales de comunicación. Y al igual las empresas que invirtieron en América Latina: para sobrevivir hay que crecer, «hay que ser una lengua de uso de gran número de personas, tener un idioma unitario, estar muy presente en las tecnologías y ser una lengua importante en la diplomacia y los foros internacionales».

O a leer estos extractos del demoledor análisis de uno de los principales estudiosos de la actual glotopolítica española, el sociolingüista José del Valle («La lengua, patria común. Política lingüística, política exterior y el post-nacionalismo hispánico», en Roger Wright y Peter Ricketts (eds.): Studies on Ibero-Romance Linguistics Dedicated to Ralph Penny, Newark [Delaware], Juan de la Cuesta Monographs (Estudios Lingüísticos n.º 7), 2005, pp. 391-416), recientemente también publicado en la Red, que ilustramos con enlaces a noticias recientes y documentos que guardan relación con sus comentarios:

[...] desde las agencias a cargo de la política lingüística española se ha ido mucho más allá de la simple elaboración de la norma culta del español. La preservación de la unidad del idioma, es decir, la garantía de la lealtad de los hispanohablantes a la norma culta y a sus guardianes, y la promoción del español internacionalmente [...] han sido declarados objetivos prioritarios por la Academia y el Cervantes respectivamente. Se ha desarrollado [...] una visión del español y de su relación con España, con la comunidad hispánica y con el mundo; y se han puesto en marcha medidas para alcanzar su aceptación y extensión. Se ha producido, en suma, un sistema de ideas formado por nociones lingüísticas y visiones de la identidad colectiva (española o hispánica) cuyo funcionamiento ha de ser entendido en el contexto del desarrollo político y económico de la España contemporánea.

[...] hay que señalar que la expansión del idioma se suele justificar más bien invocando los valores universales que se le atribuyen, tanto político-culturales [...] como económicos, [...]. Las virtudes conquistadoras de la lengua son buenas compañeras de la tercera y muy valiosa propiedad que se le asigna: su condición de recurso económico. [...] el Instituto Cervantes, a través de sus anuarios, ha mostrado igualmente enorme interés por analizar y enfatizar la relación entre la lengua española y la actividad económica. Algunos de los títulos incluidos en el Anuario 2001 resultan indicativos [...].Aunque no faltan en estos ensayos concesiones retóricas a la lengua como depósito de un legado histórico y cultural y a su condición de lazo unificador de la comunidad hispánica, su objetivo primario es la identificación y ordenamiento de los factores que inciden sobre el potencial productivo del español: el español como producto anhelado por extranjeros ansiosos de aprenderlo y con ello incrementar su capital cultural; el español como instrumento publicitario, como imagen de marca que hace un producto más apetecible; y el español como basamento de la identidad panhispánica que invita y legitima las inversiones e intervenciones españolas en las Américas.

Mención especial merece la discusión de la presencia del español en Estados Unidos. En líneas generales, el tratamiento del asunto que en estos textos encontramos parte de tres hechos: el creciente número y porcentaje de estudiantes de español a todos los niveles de enseñanza, el creciente número y porcentaje de hispanos que forman parte de la población del país norteamericano, y la moda de «lo latino». [...]Vemos, pues, que prima el interés por el hispano estadounidense como consumidor, en tanto que constituye un mercado en cuya configuración y explotación la lengua española desempeña un papel central. La misión de las agencias e instituciones que articulan y financian la política lingüística aquí discutida la dejaba clara Óscar Berdugo (director de la Asociación Español Recurso Económico) en la comunicación por él presentada en Valladolid («El español como recurso económico: anatomía de un sector»): «Si España se consigue colocar como referente de identidad o como proveedor de señas de identidad culturales con respecto a la comunidad hispanohablante de Estados Unidos, estaremos en una inmejorable situación para mejorar nuestras posiciones en aquel país» (énfasis mío). En otras palabras, España debe pugnar por convertirse en una fuente de identidad para los hispanos estadounidenses y así crear un vínculo comunitario, una lealtad al colectivo, que sólo puede ser beneficiosa para las compañías españolas que aspiran a acceder y a seducir al mercado hispano.

(Sobre el desembarco de las empresas editoriales españolas en Estados Unidos, el plan trazado para «seducir» a su prometedor mercado hispano y el marco de desarrollo español en el que se inscribe hablaremos también próximamente.)

A riesgo de ser farragosos, invitamos también al lector a tomar nota de las acciones diplomáticas y políticas propuestas para asentar internacionalmente la marca «España», una imagen-país única, sólida, coherente y bien definida que, según palabras de Rafael Aguilar (director de la División de Inversiones y Cooperación Empresarial del ICEX) en El Exportador Digital, «actúa como garantía de calidad, fiabilidad y prestigio; aporta confianza al consumidor y apoya el posicionamiento de la marca comercial a la que da cobertura» y favorece los flujos exportadores e inversores españoles de la forma en que lo hacen las imágenes corporativas de las empresas líderes:

La imagen de España en el exterior ha pasado por diversas fases a lo largo de los últimos siglos, pero ha mejorado significativamente durante los últimos años y se ha ido reafirmando. A esta nueva imagen ha contribuido de manera muy especial la ejemplar transición política a la democracia, tomada como referencia en muchos países que están accediendo a ella recientemente. Por otra parte, la lengua española es uno de los más importantes activos, tanto económicos como sociales y culturales, con el que se cuenta para la nueva imagen de España. Es evidente, por otra parte, que la realidad de España es todavía mejor que la imagen que se transmite al exterior, lo que sugiere que los españoles tienen que convencerse primero de esa nueva realidad, para luego poder transmitirla. [...]

La proyección cultural. Desde la perspectiva de los representantes diplomáticos, ésta es el área que más prestigio ofrece al país. Lo que más prestigio produce a largo plazo es la cultura. Hay que buscar la esencia y la realidad de un país y comunicarla. Es decir, crear la identidad de la marca a partir de su propia esencia. Esta idea es defendida, también, por otras instituciones como el Instituto Cervantes e incluso por el ICEX, al centrarse en el idioma español, como uno de los principales activos para posicionar la marca España en los mercados internacionales. En este sentido, también se amplía la idea de la lengua española más allá del concepto de España. El español y la cultura en español es el activo más importante para el prestigio de una imagen de España en el mundo, teniendo en consideración que el español se diluye a escala internacional en el concepto más genérico de hispánico. La creación de la marca España es inseparable de la relación cultural que nos liga a Iberoamérica y, por tanto, la creación de una marca España debe dejar una puerta abierta a la asociación de una marca hispánica. Por ejemplo, la imagen en Estados Unidos del español está más ligada a lo hispánico que a España. Como idioma, el español es el gran competidor del inglés. El inglés es hegemónico pero ligado a uno o dos países. El español se encuentra ligado a dos continentes y está convirtiéndose en una gran lengua internacional de comunicación. Va acotando distancias frente al inglés, gracias a su relativa homogeneidad y unidad de normas entre países. También la concentración del idioma (Latinoamérica, España, California y Florida) son factores que favorecen el español frente a la fragmentación del inglés, tanto geográfica como lingüística. En estos momentos, la percepción de la imagen de la lengua y cultural del español es muy buena, por no decir excelente.

El problema subyace en que no existe una estrategia definida y coordinada para aprovechar esta coyuntura propicia. Esta estrategia no existe, aunque sí la voluntad de coordinar esfuerzos. En este sentido, se hace de nuevo énfasis en la necesidad de una mayor coordinación con otros organismos afines, como por ejemplo el Ministerio de Educación. [...]

Teniendo en cuenta que una de las deficiencias tradicionales ha venido siendo la falta de coordinación de las acciones de imagen exterior, en el citado Comité, además de las cuatro entidades promotoras arriba citadas [el Proyecto Marca España nace por iniciativa de la Asociación de Directivos de Comunicación (Dircom), el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX), el Foro de Marcas Renombradas Españolas (FMRE) y el Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos, con la participación del Ministerio de Asuntos Exteriores], deberían estar representadas las instituciones, tanto públicas como privadas, más activas en la construcción de la imagen exterior de España, como el Ministerio de Asuntos Exteriores, Turespaña, el Instituto Cervantes, la Fundación Carolina, la Sociedad Estatal de Exposiciones Internacionales, la Sociedad Estatal para la Acción Cultural en el Exterior, o la Sociedad Estatal para las Conmemoraciones Culturales, RNE-TVE, CEOE, etc., pero también empresas privadas como Iberia y entidades como las Cámaras de Comercio o la SGAE. Finalmente, el Comité pondría en marcha mecanismos de coordinación eficientes con los organismos competentes de las distintas Comunidades Autónomas. El Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos como institución pluralista, no partidista y que combina a los sectores público y privado, podría asumir la secretaría técnica del Comité. [...]

Cualquier programa de marca-país debe, en primer lugar, focalizar los esfuerzos dentro del país en cuestión. Pongamos el caso de España. Los cambios de los últimos años son significativos. Primer país inversor en América Latina. Una de las diez potencias económicas del mundo, con un crecimiento y vitalidad económica por encima de nuestros socios europeos y con un número creciente de empresas en posiciones de liderazgo internacional en sus respectivos sectores. Primera potencia mundial en cuanto a sensibilidad social: número de ONG, donantes de órganos y misioneros. Uno de los países mejor percibidos en cuanto a calidad de vida y libertad social en las encuestas de directivos internacionales, con un estilo de vida envidiable [...] y con un idioma, el español, que es la cuarta lengua del mundo en número de hablantes (tras el chino, el inglés y el hindi), y muy probablemente será, detrás del inglés, la gran lengua de comunicación internacional en la nueva era de la información. Primero hay que creer en la vitalidad probada de la nueva marca España. Si la sociedad española en su conjunto no cree en la marca España, difícilmente las instituciones públicas, empresas y directivos podrán venderla en el exterior. Cuanto más orgullosos y confiados estemos del país, con más vigorosidad y fuerza el mensaje de la marca España calará en los mercados internacionales. [...]

Las cosas han mejorado desde el comienzo de la democracia: las infraestructuras y sobre todo la libertad de expresión. El español y «lo español» se ha puesto de moda en el mundo. El español por ser la lengua de 400 millones de personas y la segunda en Estados Unidos, y «lo español» por el ejemplo de la transición de la dictadura a la democracia, con figuras como S. M. Don Juan Carlos I o Adolfo Suárez.

Para convertir un producto tan complejo como es un país en una marca es preciso segmentar a quién nos dirigimos, para captar los matices relevantes para los públicos interesantes:

– La clase política mundial.

– Grandes multinacionales con capacidad de inversión.

– El europeo que hoy puede trabajar exactamente igual en España que en su país de origen.

– Los turistas.

Aunque la imagen de España es plural, es preciso encontrar un denominador común que la convierta en singular. Es necesario concentrar el mensaje. No se puede intentar vender todo a todos. Al igual que se dice respecto de los médicos, el que tiene una imagen, tiene una imagen. Quien tiene dos imágenes, tiene media imagen. Y quien tiene tres imágenes no tiene ninguna. [...]

Deseamos igualmente resaltar que la cultura y la lengua españolas son activos de primer orden que están infrautilizados. Es urgente reforzar y coordinar la acción cultural exterior, en especial las instituciones públicas y los programas de apoyo a la enseñanza privada de la lengua y cultura españolas. Cuando sea necesario, porque no haya los suficientes recursos propios, habrá que fortalecer la acción del Instituto Cervantes con alianzas estratégicas, como la lograda con México en Estados Unidos.

Una medida a tener en cuenta son los programas de subvención a traducciones y libros de texto de español o en español (sobre historia, etc.), que cumplan unos requisitos de imagen, por ejemplo que recojan aspectos positivos de la cultura e historia españolas. [...]

Una recomendación interesante, muy relacionada con el potencial de enseñanza de la lengua y cultura españolas, es la de que España debe promocionar más sus universidades y otros centros formativos y conseguir que los estudiantes extranjeros se conviertan en verdaderos «adictos» y embajadores de España en sus países de origen. En este ámbito, está cobrando especial importancia en nuestro país el sector emergente de las escuelas de negocios. [...].

Y finalmente, en contraposición con esta política de potenciación de la marca «España», deténgase el lector en las dificultades de los países latinoamericanos para proyectar una imagen de marca de país positiva, equiparable a la española, que se enumeran en el estudio «América Latina: del riesgo país a la marca país y más allá»:

En definitiva, los países latinoamericanos tienen un problema común de imagen que no es sólo económico, sino fundamentalmente político, de desconfianza generada por la corrupción y la inseguridad de las instituciones. Un problema que por lo tanto no se puede paliar sólo con políticas de Marca País, sino que va a requerir una iniciativa de diplomacia pública y una comunicación política centrada en valores, normas e instituciones. Con lo cual cada país puede y debe seguir desarrollando sus propias marcas, en el sector turístico o comercial, como es lógico, pero al final deberá cooperar con los otros para poner fin a ese problema común del que no puede escapar su imagen individual, porque es un «mal colectivo«, atribuido al conjunto de la región.

Esta diplomacia pública, de carácter más político que las acciones de Marca País, podría ser una de las líneas de acción de la SEGIB. Dado que el problema que hay que combatir es de desconfianza, no deberá recurrir a grandes campañas de imagen, sino a la creación de redes internacionales en las que políticos, empresarios y ONG, y también estudiantes, artistas y deportistas de América Latina, se puedan implicar con sus equivalentes europeos, asiáticos y norteamericanos en objetivos y tareas comunes a través de foros, fundaciones o competiciones siempre transparentes. Sólo así, en el día a día, se vence el problema de imagen de América Latina.

Por lo tanto, es necesaria una diplomacia pública común de los países latinoamericanos que combata el déficit de capital social –la desconfianza generalizada– que tiñe la imagen del conjunto de países de la región. En el trabajo hemos abordado las oportunidades que ofrece la puesta en marcha de numerosos proyectos de Marca País aunque, como acabamos de ver, otro problema de desconfianza generalizada, ahora entre los países de la región, sin duda va a ser el principal escollo.

Silvia Senz Bueno (Sabadell, Cataluña, España)

¿Qué fuentes usaron Elena Hernández y su equipo para redactar el Panhispánico?

¿Qué fuentes usaron Elena Hernández y su equipo para redactar el Panhispánico?

 

 

¿Es el Diccionario panhispánico de dudas (DPD) una obra exclusivamente creada a partir del conocimiento filológico de sus redactores, aplicado a las dudas que enviaban los hispanohablantes de todo el mundo al Departamento de Español al Día de la RAE, o bebe ampliamente de fuentes bien identificables?

 Por de pronto, en los minutos 04:06 al 04:16 del vídeo promocional del DPD se descubren sobre la mesa de Elena Hernández (coordinadora y redactora jefe de la obra) la Ortografía de Martínez de Sousa publicada por Paraninfo y el Diccionario del español actual de Manuel Seco, publicado por Aguilar.

¿Por qué esas obras, realizadas independientemente, con esfuerzos meritorios, producidas por empresas privadas y —por su calidad— más prestigiosas y de uso mucho más extendido que las académicas, no quedan recogidas (y reconocidas) como fuentes del Panhispánico en una bibliografía, como corresponde a un trabajo intelectual honesto?

A la hora de manejar fuentes ajenas en la confección de sus obras ¿gozan la RAE y las academias de la lengua asociadas de alguna prerrogativa especial que les permite acogerse a los límites del derecho de autor cuya finalidad es facilitar el acceso a la cultura y a la educación? Y si la tuvieran ¿es lícito que disfruten de ella mientras explotan comercialmente sus obras?

Hábiles tácticas para vender el propio concepto del buen editar

Hábiles tácticas para vender el propio concepto del buen editar

El País traduce hoy al español este artículo, sin previa verificación de datos, de Gerry McGovern, columnista del diario desde el 2005, en el que proclama: «Es hora de que los profesionales del contenido (editores) se coloquen al frente de las páginas web. La dictadura del autor conduce a la publicación de contenido vanidoso y de relleno. Las organizaciones que tienen éxito en Internet son aquellas que admiten que escribir y editar bien son habilidades de especialistas».

La idea es excelente. En esta bitácora solemos defender eso mismo: que, por bien del propio texto y de la imagen del autor o promotor de una publicación, se deje la edición de textos en manos de profesionales. Hasta ahí, perfecto. Lo malo es que, como pone de manifiesto Candyman en Barrapunto, recogiendo un artículo de Pepe Cervera, «todo el artículo usa como metáfora un supuesto Heart Surgery for Dummies, supuesto superventas de Amazon que ... no existe. Al menos no en Amazon ni tampoco en el catálogo de la colección For Dummies».

Gerry McGovern sí es el autor, en cambio, de un manual de estilo para escritores, editores y gestores de páginas web, The Web Content Style Guide: An Essential Reference for Online Writers, Editors and Managers. Si su falso libro no es sencillamente una broma mal calculada, sin duda habrá logrado con él dar gato por liebre a un medio de la difusión de El País, colarles sus ideas sobre la edición de contenidos en la Red y lograr una excelente promoción para su libro real.

Curiosamente, hace pocos días El País mismo entrevistaba a Josu Mezo (al que agradezco, de paso, la información sobre McGovern), de Malaprensa, una bitácora de la que ya hemos hablado aquí. No debieron de sacar grandes enseñanzas de esa entrevista, a tenor del gazapo que se les ha colado.

Silvia Senz Bueno (Sabadell, Cataluña, España)

Lo que sea por vender

Los grupos editoriales han de vender libros, y cuantos más, mejor. Los comerciales son espoleados para vender, vender y vender, y es necesario ingeniárselas todas para saciar las ansias del director comercial, ahora sales manager, que, por lo visto, con el cargo en inglés se cobra más.

Ha caducado ya el vendedor de enciclopedias que arriesgaba cada día varias veces su pie dejándolo casualmente entre el quicio y la hoja de la puerta que el ama de casa de los setenta cerraba con rabia, porque se le quemaban los calamares. No son ya originales las reuniones en hoteles céntricos de las grandes ciudades, en las que si compras la enciclopedia, te regalan el mueble para colocarla —de una madera que combina que es una delicia con la encuadernación de la obra—, un juego de whisky —porque con unas copitas de más cualquier dato ya te parece bien— y los diez últimos premios concedidos por la editorial en el concurso literario de rigor —que probablemente ya tengas a base de coleccionar cupones del periódico del mismo grupo—.

Es de sobras sabido que el público objetivo de cada vez más campañas de venta es el de los niños. A los adultos ya nos han sobresaturado de todo y más; a los jóvenes les han dado las nuevas tecnologías y van que se salen. ¿Qué queda? Niños, solo niños.

Y ahora, además de venderles vídeos, revistas, cuentos, pegatinas, tatuajes, gominolas y cualquier muñecote que nos podamos llegar a imaginar, hay quienes han llegado a asaltarlos mientras estaban en el colegio.

El Diario de Ibiza en su edición de hoy, sábado 25 de febrero, recoge el siguiente titular: «Vendedores de enciclopedias se cuelan en un colegio para recoger datos de las familias». Los vendedores eran de la Editorial Salvat y entraron en el colegio sin invitación; por lo que, obviamente, la directora los puso de patitas en la calle. Pero ellos, comerciales donde los haya y para sacar tajada de sus merodeos en días anteriores por los alrededores del colegio, lograron enjaretarles a los alumnos unos folletos en los que se hablaba de un premio por comprar la enciclopedia, que incluían un cuestionario de nueve preguntas, algunas tan complejas como qué vocal falta en la serie «A-I-O-U». Y no contentos con esto, consiguieron que los alumnos dieran sus datos: nombre y apellidos, edad, número de hermanos, dirección, teléfono y nombre de uno de sus progenitores.

Los niños, muy susceptibles a las tretas comerciales, no dudaron en rogarles a sus padres que les compraran la enciclopedia esa. Un alumno del centro le aseguró a su padre que le regalarían una videoconsola, y otro argumentaba que el vendedor le había dicho que la enciclopedia la subvencionaba el Gobierno balear con el objetivo de frenar el fracaso escolar. La enciclopedia cuesta 1300 euros. Tal subvención no existe.

Cabe preguntarse qué opina a todo esto la Editorial Salvat. Pues poca cosa. Según otro titular del mismo periódico, son varios los padres que, tras haber contactado con el servicio de atención al cliente de la editorial, siguen esperando la prometida llamada de respuesta por parte de Salvat.

Será interesante seguir la noticia, quizá algún día nos encontremos a un comercial ansioso de vender enciclopedias en la sala de partos, alerta a la coronación de nuestro hijo, presto a enseñarle la elegante encuadernación del último refrito enciclopédico que tendrá en casa antes de que salga de la maternidad, junto con la completa canastilla que todo bebé que se precie debe tener.

Violeta Nadal (Ibiza, España)

Hacernos pagar lo que ya está pagado: la RAE y el DPD (2.ª parte)

Hacernos pagar lo que ya está pagado: la RAE y el DPD (2.ª parte)

(Viene de aquí: http://tinyurl.com/zlagv )


La tarta, bien decorada y servida en bandeja: la campaña promocional del DPD

En cuanto a las posibilidades de negocio que ofrecían los posibles socios editoriales de la RAE, visto está que si el pastel que tradicionalmente preparaba Espasa ya era tremendamente apetecible, la tarta que les cocina y sirve Grupo Santillana es de varios pisos.

Pero, por prometedoras que sean las expectativas de distribución con GS, ningún proceso de comercialización a gran escala puede dar todos los réditos necesarios si se da margen a algún tipo de competencia (publicar en línea y gratuitamente el DPD podía serlo) y si no se despliegan todas las estrategias de difusión que una operación de esta envergadura requiere. En este sentido, la Academia —a la que sólo le ha faltado vestir a sus representantes con la correspondiente camiseta DPD, al estilo Santiago Segura—, no ha ahorrado los necesarios despliegues mediáticos para proclamar las excelencias de su «impresdindible» obra. El bombardeo promocional ha sido apabullante, y no ha habido reseña en prensa que no pueda calificarse de puramente promocional. Es más, a pesar de que otras obras anteriores, como la Ortografía de la lengua española y la edición del 2001 del Diccionario de la lengua española, recibieron múltiples y severas críticas por parte de la prensa, de numerosos lingüistas y especialistas, en el caso del Diccionario panhispánico de dudas la recepción de los medios ha sido generalmente entusiasta, hasta el punto de que muchos de ellos, en todo el ámbito hispanohablante, se han comprometido con la Academia a adoptarlo como norma básica de referencia —aunque el propio García de la Concha niegue al DPD esta condición, al declarar que el DRAE sigue siendo el instrumento normativo por excelencia—. Las críticas a esta obra en la prensa han sido anecdóticas y la única reseña crítica, tan amplia y rigurosa como certera, ha salido de la pluma de un especialista de cuya obra bebe en buena parte el Panhispánico, entre otras fuentes bibliográficas (fuentes de las que el DPD, por cierto, se apropia sin citarlas y cuyo uso la RAE no reconoce oficialmente, pero que casualmente resultan visibles en el vídeo promocional del DPD, «DPD en imágenes»).


La necesidad de adquirir el DPD

Esta misma actitud crítica mantienen en España muchos de los principales destinatarios del DPD, que, contrariamente a lo que quiere hacer creer la campaña publicitaria de venta del Panhispánico, no está destinado a cualquier hablante de español. El Diccionario panhispánico de dudas es, por su contenido, registro léxico, construcción y redacción —e incluso por su incongruencia con diversos criterios expresados en el resto de obras académicas, incluido el recientísimo Diccionario del estudiante—, un texto cuya consulta requiere un buen nivel de formación lingüística y de conocimiento de las fuentes descriptivas y normativas de la lengua, y por ello resulta útil más bien a las personas capacitadas para descifrarlo y ponerlo incluso en cuarentena: los profesionales de la lengua (traductores, correctores, profesores de español, lexicógrafos, filólogos y lingüistas), la escritura (autores y redactores), la comunicación y la edición, de los que precisamente se recoge una variada muestra en el vídeo promocional del DPD (donde no aparece, por cierto, ningún hablante de a pie).
Sin embargo, entre algunos de estos especialistas españoles (editores de libros, correctores, lingüistas y lexicógrafos, particularmente), tanto la obra académica como sus trabajos lexicográficos (CREA y CORDE) están ya muy desprestigiados, y no es de extrañar que no cunda su uso.

En América, en cambio, a falta de otros recursos y autoridades más eminentes y de una corriente más crítica con el papel y la labor de la RAE, la obra académica sigue siendo la principal fuente de consulta lingüística y lexicográfica. Esta situación aboca a muchos profesionales hispanoamericanos de la educación, la edición, la comunicación y el lenguaje a una situación paradójica: pese a disponer de menos recursos que sus colegas españoles para acceder a cualquier material formativo, cultural y documental comercializado, se ven en la obligación de adquirir el DPD de inmediato.

 

Corolario y reflexión final

 
El artículo primero de los estatutos de la RAE dice:
 

La Academia es una institución con personalidad jurídica propia que tiene como misión principal velar por que los cambios que experimente la Lengua Española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico. Debe cuidar igualmente de que esta evolución conserve el genio propio de la lengua, tal como ha ido consolidándose con el correr de los siglos, así como de establecer y difundir los criterios de propiedad y corrección, y de contribuir a su esplendor.

Para alcanzar dichos fines, estudiará e impulsará los estudios sobre la historia y sobre el presente del español, divulgará los escritos literarios, especialmente clásicos, y no literarios, que juzgue importantes para el conocimiento de tales cuestiones [...].


Como entidad sin ánimo de lucro, además, ha de procurar perseguir fines de interés general en lugar de dar prioridad al interés propio.

Por desgracia, la ley no es ni lo bastante restrictiva ni lo suficientemente clara sobre el alcance lucrativo de las actividades que pueden desplegar este tipo de entidades, y la RAE puede permitirse, sin contravenir ninguna disposición legal, explotar como quiera y con quien quiera el DPD.
Aun así, la Academia podría al menos haber mostrado un poco más de perspicacia y seguir una política que salvaguardara su imagen sin poner en peligro sus arcas. Podría haber negociado con Santillana una reserva parcial de derechos de reproducción, que permitiera la publicación simultánea para uso no comercial de su versión electrónica en línea; probablemente podrían haberse valido para ello de algún tipo de licencia Creative Commons; no serían los primeros autores ni editores en hacerlo, pero habrían sido un magnífico ejemplo de aplicación. Subir el DPD a la Red, como material de libre acceso a todos los usuarios, a la vez que publicaba y comercializaba su versión impresa no tenía por qué significar renunciar a cualquier posibilidad de negocio. Hay mucha gente que seguiría adquiriendo el DPD impreso, entre otras razones porque un diccionario en papel le permite husmear entre sus páginas, adquirir una idea global de la obra y sus directrices, y descubrir aspectos y planteamientos que en una consulta por línea le pasarían desapercibidos. Pero, claro, renunciar por las buenas al suculentísimo negocio que supone la venta del Panhispánico a toda España y América es regalar una tajada que bien merece un poco más de desprestigio.
Si la Academia aprecia en algo su imagen pública, debería empezar ya a acometer la labor de armonizar el alcance de los márgenes legales de negocio que la ley le permite con el cumplimiento de los deberes morales y culturales que tiene con el hablante.


Silvia Senz Bueno (Sabadell, Cataluña, España)