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La nueva RAE, un espejismo de representatividad, neutralidad ideológica, laboriosidad y modernidad, 13: De leales servidores de Franco a caballeros del rey

La nueva RAE, un espejismo de representatividad, neutralidad ideológica, laboriosidad y modernidad, 13: De leales servidores de Franco a caballeros del rey

[Entrada precedente de esta serie: aquí.]

Si se lee lo que la Academia dice de sí misma en relación con su papel en el periodo franquista cualquiera diría que ejerció una resistencia heroica que, de haber sido cierta, sin duda habría enviado a sus miembros al presidio o al exilio, o los hubiese, cuando menos, condenado al ostracismo. De este jaez es la versión oficial sobre la destitución de Ramón Menéndez Pidal como director de la RAE tras la contienda civil española, en 1939 (cargo que no recuperaría hasta 1947), y su sustitución por el escritor José María Pemán, que ocupaba el cargo de facto desde 1937; cese forzado que en la historia de la institución escrita por Alonso Zamora Vicente se califica de "voluntario apartamiento" (p. 464).

Pero más engañosa aún fue la versión que, de este y otros hechos, dio el director de la RAE, Pedro Laín Entralgo, en un artículo titulado "La Academia y las dos Españas", publicado en El País el 01/12/1983, donde afirmaba lo siguiente:


[...] la Academia por antonomasia ha sido la única institución de la vida pública española que en su régimen propio ha sabido desconocer la diferencia entre españoles vencedores y españoles vencidos. Que canten los hechos. Como consecuencia de la guerra civil, cuatro académicos de número, el político Niceto Alcalá Zamora, el naturalista Ignacio Bolívar, el físico Blas Cabrera y el filólogo Tomás Navarro Tomás, y tres académicos electos, Antonio Machado, Ramón Pérez de Ayala y Salvador de Madariaga, españoles vencidos todos ellos, tuvieron que optar por el exilio; a los cuales pueden ser añadidos Ramón Menéndez Pidal y Gregorio Marañón, que, voluntariamente evadidos de la zona republicana durante la contienda, sólo años más tarde juzgaron prudente volver a España. Pues bien: ninguno perdió su derecho en el seno de la Academia, ninguno produjo vacante en sus listas. Los sillones ocupados de hecho por los que no pudieron o no quisieron volver [...] los siguieron hasta su muerte, y a ellos sucedieron y de ellos hicieron el elogio reglamentario, en sus respectivos discursos de ingreso, los que sólo a su muerte fueron elegidos [...]. La misma actitud ha mantenido la Academia en la provisión de vacantes a partir de 1939. Distantes todos de los españoles vencedores, inequívocamente fieles, algunos, a su nunca ocultada condición de españoles vencidos, sucesivamente han ingresado en su recinto Gómez Moreno, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Julio Rey Pastor, Rafael Lapesa, Julián Marías, Antonio Rodríguez Moñino, Antonio Buero Vallejo... Más nombres podrían añadirse. Y mientras siga viva en nuestra sociedad la huella de la contienda fratricida, nunca la aceptará en su conducta la Real Academia Española. En esa misma línea debe verse la renuncia de Pemán a la dirección de ella, cuando Menéndez Pidal regresó a España; porque esa decisión no fue solamente motivada por los méritos insuperables de don Ramón, también porque había sido la guerra civil la que impidió a éste, la permanencia en el desempeño del cargo. No será inoportuno mencionar aquí que don Ramón, a quien tanto parecía venerarse, fue vejado en más de una ocasión por el Gobierno de Franco. [...]


La vergonzosa falta a la verdad de las palabras de Pedro Laín motivaron, por alusiones, la siguiente y contundente réplica del nieto de don Ramón, el filólogo Diego Catalán Menéndez Pidal, publicada el 17/01/1984 en el mismo periódico con el elocuente título "Depuración en la Real Academia Española":



Un reciente artículo de Pedro Laín sobre la tolerancia de la Real Academia Española durante los tiempos menos tolerantes de la España franquista, junto con afirmaciones difundidas por Julio Rodríguez Puértolas en un manual de literatura de amplia difusión, me obligan a recordar un pequeño hecho histórico sobre las relaciones de Ramón Menéndez Pidal, mi abuelo, con la media España que venció a la otra media en 1939. Cuando regresó de un temporal y disimulado exilio a reunirse con su familia (que había quedado en España, en parte forzadamente, en parte voluntariamente), perdió su centro de trabajo -el Centro de Estudios Históricos, que fue suprimido y sustituido por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas- y se refugió en su actividad de investigador en su casa de Chamartín. Los tribunales de depuración por los que pasó (llegó a tener su cuenta de banco intervenida) no le quitaron, es cierto, su puesto de académico; pero una comisión de la Academia, presidida por don Julio Casares, fue a San Rafael (Segovia) para pedirle su dimisión como presidente de la misma. La carta que en esa ocasión escribió a sus colegas de la Academia no fue siquiera leída públicamente en la corporación, como él había pedido. Sólo años después, cuando el régimen fue evolucionando hacia una mayor aceptación de los disidentes, volvería a ocupar la presidencia de la Academia (diciembre de 1947) y a asistir a las reuniones de la misma.


Valga recordar, además, que José María Pemán, el académico que ocupó la presidencia de la RAE durante casi todo el periodo comprendido entre 1937 y 1947 (año en que Menéndez Pidal recuperó el cargo), había participado activamente en las purgas académicas que había sufrido, entre muchos otros, Menéndez Pidal. Vale la pena leer lo que se dice al respecto en las páginas 60 y siguientes de La destrucción de la ciencia en España: depuración universitaria en el franquismo (Luis E. Otero Carvajal, Mirta Núñez Díaz-Balart; Editorial Complutense, 2006). Pero habla por sí misma la Circular de 7 de diciembre de 1936 (publicada en BOE n.º 52, Burgos, 10/12/1936) emitida por el propio Pemán en calidad de Presidente de la Comisión de Cultura y Enseñanza y dirigida a los Vocales de las Comisiones Depuradoras de Instrucción Pública, en la que se los arenga y se les da consignas sobre la forma de llevar a cabo la depuración del personal docente, poniendo como ejemplo de institución de la máxima peligrosidad a la Institución Libre de Enseñanza:


Innecesario resulta hacer presente a los señores Vocales de las Comisiones depuradoras de personal docente la trascendencia de la sagrada misión que hoy tienen en sus manos. Con pensar que la perspectiva del resurgir de una España mejor de la que hemos venido contemplando estos años, está en razón directa de la justicia y escrupulosidad que pongan en la depuración del Magisterio en todos sus grados, está dicho todo.

El carácter de la depuración que hoy se persigue no es solo punitivo, sino también preventivo. Es necesario garantizar a a los españoles, que con las armas en la mano y sin regateos de sacrificios y sangre salvan la causa de la civilización, que no se volverá a tolerar, ni menos a proteger y subvencionar a los envenenadores del alma popular, primeros y mayores responsables de todos los crímenes y destrucciones que sobrecogen al mundo y han sembrado de duelo la mayoría de los hogares honrados de España. No compete a las Comisiones depuradoras el aplicar las penas que los Códigos señalan a los autores por inducción, por estar reservada esta facultad a los tribunales de justicia, pero sí proponer la separación inexorable de sus funciones magistrales de cuantos directa o indirectamente han contribuido a sostener y propagar a los partidos, ideario e instituciones del llamado «Frente Popular». Los individuos que integran esas hordas revolucionarias, cuyos desmanes tanto espanto causan, son sencillamente los hijos espirituales de catedráticos y profesores que, a través de instituciones como la llamada «Libre de Enseñanza», forjaron generaciones incrédulas y anárquicas. Si se quiere hacer fructífera la sangre de nuestros mártires es preciso combatir resueltamente el sistema seguido desde hace más de un siglo de honrar y enaltecer a los inspiradores del mal, mientras se reservaban los castigos para las masas víctimas de sus engaños.
Tres propuestas pueden formular las Comisiones depuradoras, conforme a la Orden de 10 de noviembre; a saber: l.º Libre absolución para aquellos que puestos en entredicho hayan desvanecido los cargos de haber cooperado directa o indirectamente a la formación del ambiente revolucionario. 2.º Traslado para aquellos que, siendo profesional y moralmente intachables, hayan simpatizado con los titulados partidos nacionalistas vasco, catalán, navarro, gallego, etc., sin haber tenido participación directa ni indirecta con la subversión comunista-separatista, y 3.º Separación definitiva del servicio para todos los que hayan militado en los partidos del «Frente Popular» o Sociedades secretas, muy especialmente con posterioridad a la revolución de octubre y de un modo general, los que perteneciendo o no o esas agrupaciones hayan simpatizado con ellas u orientado su enseñanza o actuación profesional en el mismo sentido disolvente que las informa.


A este Pemán le concedió el rey Juan Carlos en 1981 el título de Caballero de la Insigne Orden del Toisón de Oro, que suena a título de Tintín pero que en realidad es la máxima distinción que concede la corona. Este mismo año ha sido también ortorgada, por "su servicio a España y a la Corona y, sobre todo, su labor a favor de la unidad de la lengua española", a otro director de la RAE: Víctor García de la Concha (cf. Real Decreto 47/2010, de 22 de enero), gran impulsor del neopanhispanismo académico por encomienda real; un galardón que los lingüistas José del Valle y Luis Gabriel-Steeman profetizaron así:


La Real Academia de la Lengua parece haber entendido a la perfección el poder legitimador y simbólico del Rey. Es ahora más “Real” que nunca. Víctor García de la Concha no ha dejado de invocar a Su Majestad para justificar la misión de su institución y para fortalecer la imagen del compromiso de España con la armonía panhispánica: “Desde diciembre de 1998, la RAE no hace nada sin consultar con las restantes academias, tal y como me encargó el rey Juan Carlos cuando fui elegido director” (El País 07/09/2000). La relación de don Víctor con el Rey parece discurrir por productivas sendas. Recientemente, en una entrevista concedida a El País, el Director de la RAE hizo un sugerente comentario humorístico: “Hasta comienzos de siglo todos los directores de la Academia fueron Toisón de Oro. Le he dicho al Rey que a ver si restaura la tradición” (El País 04/06/2000). El Toisón, antigua orden de caballería presidida por el Rey de España, evoca reveladoramente las estructuras de poder y la distribución de legitimidad lingüística tal como han sido imaginadas por las instituciones culturales. La unidad del reino, salvaguardada por la figura del Rey, refleja la unidad de la cultura hispánica que la lengua encarna. Del mismo modo que el monarca, haciendo uso de sus prerrogativas, cumpliendo con su responsabilidad, arma caballeros a los más honrados, valientes y diestros de entre sus súbditos, así la Corona española arma a los miembros de la nobleza lingüística que quedan declarados verdaderos campeones de la causa. Se materializa así, literalmente, la “aristocracia en la plazuela” que Ortega reclamaba metafóricamente y que García de la Concha invoca con tanto fervor. Como los caballeros en la corte del Rey Arturo, la nobleza lingüística se sienta en torno a una tabla redonda. La Real Academia Española y las academias latinoamericanas, revestidas del reconocimiento Real, también se sientan en círculo, “codo con codo”, posando para un retrato de perfecta igualdad y armonioso diálogo. [José del Valle y Luis Gabriel-Steeman: «“Codo con codo”: la comunidad hispánica», en José del Valle y Luis Gabriel-Steeman (eds.): La batalla del idioma. La intelectualidad hispánica ante la lengua, Vervuert-Iberoamericana, 2004, p. 251.]




Silvia Senz



De ministro a editor: Manuel Pimentel, genio y figura

De ministro a editor: Manuel Pimentel, genio y figura

Sobre el antiguo ministro de Trabajo del primer gobierno del Partido Popular, el andaluz Manuel Pimentel, han corrido recientemente ríos de tinta a raíz de las denuncias por venta ilícita de derechos e impago de muchos de sus autores, traductores, trabajadores y colaboradores, reunidos algunos de ellos en el grupo de Facebook "Manuel Pimentel no me paga".

No voy a añadir nada sobre el tema laboral, en el que Pimentel no es, por desgracia, ninguna excepción, por paradójico que resulte para un ex-ministro de Trabajo alabado en su día por los sindicatos. Lo que sí quiero señalar es la osadía que empuja a muchos como él a emprender un negocio editorial sin saber sustentarlo en ningún sentido, por falta de oficio y conocimiento del sector o por pura cara dura, y la megalomanía que supone hacerlo además sin privarse de dar lecciones de edición, como hizo en su día Pimentel con su Manual del editor. Cómo funciona la moderna industria editorial (Córdoba: Editorial Berenice, 2007, ISBN 978-84-96756-08-3). Sobre todo cuando lo que uno edita son espantajos como este (localizado por Paco Arias; gracias):

 

 

La imagen vale, en este caso, más que todas las palabras. Y créanme que lo que sigue a la cubierta, empezando por la misma portada, no mejora en absoluto.


Silvia Senz

Las guías de estilo editorial

Las guías de estilo editorial

 

A fin de optimizar la labor de todos los que intervienen en la elaboración y edición de un texto, las editoriales se valen en muchos casos de guías internas de trabajo, destinadas a orientar al propio autor (escritor o traductor) y al personal editorial.

 

1. Tipos de guías de estilo

 

Tradicionalmente, se han acuñado los textos que compilan la normativa editorial (general o específica) con muy variados nombres: normas editoriales, prontuarios editoriales, cartillas tipográficas, códigos tipográficos, libros de estilo, manuales de estilo... Esta caótica terminología ha dado pie a algún intento de uniformación en la nomenclatura y de categorización tipológica, en función de:

su contenido (norma lingüística, norma tipográfica, norma ortotécnica, norma documental, deontología profesional, legislación, estilo redaccional, etc.);

su campo de conocimiento (ciencia, técnica, humanidades, etc.),

su ámbito de aplicación (general, administración, prensa, editoriales de libros, imprentas, comunidad científica, etc.);

su estilo normativo (sólo prescripción o combinación de contenido descriptivo y normativo).

 

1.1. Los códigos tipográficos

 

Los códigos tipográficos son publicaciones normativas, que recogen las reglas para la realización de un impreso, particularmente las de grafía tipográfica.

Empleados en las imprentas y en las editoriales bibliológicas desde el siglo xvii, los códigos tipográficos surgen por en Francia de la mano del impresor y librero Pierre_François Didot (1732_1793), que publicó el Code des corrections typographiques. Modernamente, en la misma Francia se publicó el Code typographique, con múltiples reediciones (17.a ed., 1993) y una reciente modernización en la obra de nueva planta Nouveau code typographique (1997), heredera de la anterior. Este texto se considera en el país vecino como la biblia de los tipógrafos y de los escritores en lo relativo a grafía tipográfica.

En España, las normas de ortotipografía y ortografía técnica se hallan dispersas en infinidad de fuentes, algunas de ellas oficiales, emitidas por organismos normalizadores nacionales (como las normas UNE de la Asociación Española de Normalización, AENOR), que a su vez son reflejo de normas internacionales (las normas ISO), pero la mayoría de origen particular. Hasta ahora, lo más parecido a un código tipográfico de uso general que existe en el ámbito hispanohablante es el Diccionario de ortografía técnica, de José Martínez de Sousa (Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 1987, reimpr. 1999), refundido en su Ortografía y ortotipografía del español actual (2.ª ed., Gijón, Trea, 2008), parte de la cual se refleja también en su Manual de estilo de la lengua española (3.ª ed., Gijón, Trea, 2008).

El contenido de un código tipográfico se limita a norma tipográfica, ortográfica y ortotipográfica.

 

1.2. Los libros de estilo periodísticos

 

Los libros de estilo de prensa y revistas son prontuarios (obras de tipo normativo) de estilo periodístico para uso interno de una publicación periódica, nacidos en la prensa estadounidense en la primera mitad del siglo xx (1931, primera edición del libro de estilo del Daily News) con el fin de establecer cánones deontológicos y retóricos específicamente periodísticos y soluciones unificadas a problemas de grafía.

Aunque nacieron en los Estados Unidos, hoy se hallan extendidos por todo el mundo. Todo periódico que se precie tiene el suyo (o sigue, en líneas generales, uno establecido por otro periódico). Entre los libros de estilo periodísticos sobresalen el del grupo Vocento, el de La Voz de Galicia, el de El País, el de El Periódico, el de La Vanguardia y el de Abc. Lo tienen, asimismo, ciertas emisoras de radio y televisiones. La radio cuenta con el Manual de estilo de RNE; las agencias de prensa, con el excelente Manual de español urgente, y la televisión, con el Manual de estilo de TVE, entre otros.

En España tampoco en este terreno existe todavía unidad de criterio con relación a las normas lingüísticas comúnmente aceptadas, lo que explica la diversidad de grafías entre unos y otros periódicos y revistas. Es posible que esta situación se modifique próximamente: según convenio establecido entre la Academia, la Fundación de Español Urgente y diversas cabeceras de prensa y grupos de comunicación, los medios suscriptores del convenio adoptarán en sus respectivos libros de estilo las pautas establecidas en el Diccionario panhispánico de dudas, aun cuando no son adecuadas ni suficientes para atender a las necesidades de un medio masivo.

En el ámbito anglosajón existe una obra de consulta común de los medios, que sirve de modelo para la redacción de los libros de estilo particulares; se trata del The Oxford Dictionary for Writers and Editors (Oxford: Oxford University Press, 2000, 2.ª ed.).

 

1.3. Los libros de estilo bibliológicos

 

Los libros de estilo bibliológicos son textos normativos, editados por y para las editoriales de libros, que tienen su precedente histórico en los códigos tipográficos y las normas ortotipográficas recogidas en los libros sobre técnica tipográfica.

 

1.4. Los manuales de estilo

 

Los manuales de estilo son obras de carácter descriptivo y explicativo, además de normativo, editadas para un público amplio, que recogen tanto el contenido de los códigos tipográficos como las normas para la redacción y edición de obras académicas o científicas.

 

En el mundo anglosajón son obras de común referencia en el ámbito de las humanidades el Copy_Editing: The Cambridge Handbook for Editors, Authors and Publishers (de Judith Butcher; Cambridge University Press, 1992), el The Oxford Guide to Style (de Horace Hart; Oxford University Press, 2002), el MLA Handbook for Writers of Research Papers (de Joseph Gibaldi y Phyllis Franklin; Nueva York: Modern Language Association, 2003, 6.ª ed.) y el The Chicago Manual of Style (Chicago: University of Chicago Press, 2003, 15.ª ed.); en el ámbito de las ciencias sociales, el Publication Manual of the American Psychological Association (Washington: APA, 2001, 5.ª ed.); en el de las ciencias biomédicas, el Scientific Style and Format: The CBE Manual for Authors, Editors, and Publishers (University of Wisconsin_Madison Writing Center, 1994, 6.ª ed.).

De este tipo de obras, en España sólo disponemos, en el campo de la medicina, del Manual para la redacción, traducción y publicación de textos médicos, de José Luis Puerta López-Cózar y Assumpta Mauri Mas (Barcelona: Masson, 1994) y del Manual de estilo de publicaciones biomédicas, de la revista Medicina Clínica (Madrid, Mosby/Doyma Libros, 1993), que ofrece, este último, de forma rigurosa y coherente, amplios criterios sobre el proceso de elaboración y publicación de artículos científicos, sobre aspectos lingüísticos relacionados con la expresión técnica y sobre convenciones tipográficas del texto científico-médico.

El único manual de estilo de tipo general, especialmente aplicable para las humanidades, que existe en España es el Manual de estilo de la lengua española (2.ª ed., Gijón: Trea, 2001), de Martínez de Sousa.

 

2. Contenidos habituales de las guías de estilo

 

2.1. Normas que afectan especialmente al editor de textos y a los correctores

 

Obras y normas de referencia en la editorial.

Aspectos de la ley de Propiedad Intelectual relativos al derecho del autor a la integridad de su obra y al derecho a corregir pruebas.

Pautas generales para unificar criterios.

Normas de alfabetización.

Formación y grafía de abreviaciones (abreviaturas, siglas y acrónimos).

Empleo de mayúsculas y minúsculas.

Grafía de las citas textuales.

Sistema de cita bibliográfica.

Grafía de los lemas.

Grafía de los poemas.

Grafía de los diversos tipos de notas.

Grafía de los diversos tipos de índices.

Grafía de las bibliografías.

Grafía de las cronologías.

Mecanismos de las remisiones.

Grafía de las firmas.

Grafía de los folios explicativos.

Grafía de párrafos, apartados y subapartados.

Grafía y empleo de los símbolos.

Grafía y empleo de signos.

Empleo de los signos de puntuación en tipografía.

Grafía de las cifras y cantidades.

Normas de división y separación de palabras a final de línea en las pruebas tipográficas.

Normas de partición de títulos en las pruebas tipográficas.

Aplicación de las variantes de letra con valor diacrítico: cursiva, negrita, versalita, redonda y redonda entrecomillada.

Lista de errores morfosintácticos habituales (género, número, concordancia, valores verbales, uso de determinantes, uso de preposiciones, uso de formas verbales...).

Criterios unificados en cuestiones que pueden grafiarse y disponerse de más de una manera (con o sin acento; junto y separado; con dos grafías posibles [yerba/hierba]; con o sin inicial mayúscula, con cifra o con letra...).

Lista de palabras habitualmente mal empleadas (impropiedades, anglicismos, barbarismos, galicismos, etc.).

Lista de homófonos y parónimos.

Lista de siglas, acrónimos, abreviaturas y símbolos habituales.

Listas de antropónimos y topónimos dudosos o habituales.

Lista de gentilicios dudosos o poco habituales.

Signos de corrección de estilo y de corrección tipográfica.

Método de la corrección de estilo y de la corrección tipográfica.

Recursos en la red para el trabajo del editor de textos y del corrector.

 

2.2. Normas que afectan especialmente a los redactores y autores

 

En medios de comunicación: fundamentos y objetivos de la labor periodística.

Criterios de deontología (conducta ética y socialmente responsable):

a) periodística,

b) científica;

c) documental (reconocimiento e identificación de la bibliografía consultada, e identificación y reproducción de las citas textuales).

Estándares propios de las disciplinas de que traten las obras que habitualmente publica una editorial.

Aspectos controvertidos de la disciplina sobre la que tratan las obras que habitualmente publica una editorial.

Instrucciones para la correcta presentación de los originales:

a) uso del programa de procesamiento de textos;

b) formateo de la página (tipo y cuerpo de letra, interlineado, medidas, márgenes y numeración);

c) identificación y presentación de las partes de la obra;

d) formato de presentación de los documentos;

e) organización del texto en partes;

f) tratamiento y disposición de los diversos tipos de texto (texto general, notas, pies de figuras, rotulados de figuras, recuadros de texto, citas intercaladas, remisiones internas, índices y cuadros);

g) sistema y grafía que debe utilizar para las citas textuales, para la manipulación de las citas, para la elaboración de la referencia bibliográfica y para la confección de bibliografías;

h) tratamiento y presentación de las imágenes;

i) grafía de signos y símbolos.

Estilo, tono y estructura de textos específicos:

a) destinados a una sección (si se trata de publicaciones periódicas),

b) destinados a una obra o colección determinadas (si se trata de publicaciones bibliológicas).

Normas de transcripción al español de diacríticos y signos especiales de otras lenguas con alfabeto latino (alemán, checo, danés, finlandés, húngaro, polaco, rumano, etc.).

Normas de transcripción al español de idiomas con alfabetos no latinos (árabe, búlgaro, griego, hebreo, serbio, ruso, etc.).

Normas de transcripción al español de idiomas con escrituras ideográficas (chino y japonés principalmente).

Normas de adaptación al español de transcripciones (de lenguas en alfabeto no latino o con escritura ideográfica) hechas para el inglés o el francés.

Normas de lenguaje no sexista.

 

2.3. Normas que afectan especialmente a los traductores

 

Criterios generales para resolver problemas de transferencia cultural de difícil solución o para los que existen diversas opciones sobre las que el traductor no acaba de decidirse (p. ej., supresión de la referencia cultural, aclaración por medio de nota a pie del traductor o adaptación mediante equivalencia en la cultura de la lengua fuente).

Criterios de traducción/transcripción/adaptación:

de abreviaturas;

de citas e inscripciones;

de siglas;

de locuciones latinas;

de nombres de acontecimientos históricos, guerras y batallas;

de antenombres y títulos de dignidad;

de títulos y gradis académicos

de rangos militares;

de antropónimos y de sobrenombres;

de nombres propios de religiosos (frailes y monjas), reyes, emperadores, príncipes, cardenales y papas;

de nombres de personajes de ficción;

de nombres de asambleas políticas;

de nombres de partidos políticos;

de nombres de asociaciones, entidades, establecimientos comerciales, instituciones, organismos, organizaciones y sociedades;

de nombres de modelos y marcas registrados;

de nombres de eventos: campeonatos, competiciones, ferias, exposiciones, salones, congresos, jornadas...;

de nombres de equipos deportivos;

de nombres de deportes y juegos;

de nombres de estilos y movimientos artísticos, políticos y culturales;

de nombres científicos de animales o plantas;

de nombres propios de animales;

de nombres propios de aviones, embarcaciones, satélites artificiales, trenes y zepelines;

de nombres propios de fenómenos naturales;

de nombres de fiestas, conmemoraciones y celebraciones;

de nombres de grupos musicales o teatrales;

de sistemas de notación musicales;

de nombres de premios o condecoraciones;

de nombres de órdenes y congregaciones religiosas y de sectas;

de topónimos geográficos (físicos y políticos) y de topónimos urbanos;

de títulos de conferencias, cursos, tratados y encíclicas;

de títulos de obras creadas, publicadas o no (artículos, danzas y ballets, diarios, discos, documentos en línea, esculturas, folletos, canciones, libros, obras teatrales, óperas, películas, pinturas, poesías, programas y series de televisión o radio, revistas, sinfonías y otras composiciones musicales clásicas, tebeos, vídeos, etc.);

de títulos de páginas electrónicas y sus partes;

de títulos de programas de investigación.

 

Normas de transcripción de nombres propios y topónimos de lenguas con alfabeto no latinos.

Normas de transcripción de nombres propios y topónimos de lenguas con alfabeto latino.

Normas de transcripción al español de diacríticos y signos especiales de otras lenguas con alfabeto latino (alemán, checo, danés, finlandés, húngaro, polaco, rumano, etc.)

Normas de adaptación al español de transcripciones (de lenguas en alfabeto no latino o con escritura ideográfica) hechas para el inglés o el francés.

Lista de extranjerismos ortográficos y ortotipográficos.

Lista de extranjerismos léxicos.

Lista de falsos amigos.

Sistemas de medidas no normalizados y equivalencias en el SI.

Instrucciones para la correcta presentación de los originales:

a) uso del programa de procesamiento de textos;

b) formateo de la página (tipo y cuerpo de letra, interlineado, medidas, márgenes y numeración);

c) identificación y presentación de las partes de la obra;

d) formato de presentación de los documentos;

e) transcripción y tratamiento en la traducción de los blancos del diseño de la obra original;

f) tratamiento y disposición de los diversos tipos y estilos de texto (texto general, notas, pies de figuras, rotulados de figuras, recuadros de texto, citas intercaladas, remisiones internas, índices y cuadros).

Recursos en la red para el trabajo del traductor.

 

 

Silvia Senz

 

Errores sobre el voseo costarricense en la "Nueva gramática de la lengua española"

Errores sobre el voseo costarricense en la "Nueva gramática de la lengua española"

[Reproducido a petición del autor, Cristian Fallas Alvarado (CR), que participó en la revisión de la NGLE:]


Voseo costarricense en la "Nueva gramática" y en el "Manual"

Cuando nos enviaron desde la RAE el capítulo correspondiente a la flexión verbal, se nos consultó si en Costa Rica existía el voseo en presente de subjuntivo y si se empleaban formas como Quiero que vos cantés (con este ejemplo).

En nuestro país se emplea comúnmente el voseo en presente de subjuntivo y, además, tiene la forma correspondiente a cantés (con monoptongo), tomada del ejemplo que nos envió la RAE. Esta fue nuestra respuesta a la consulta de la RAE. Lógicamente, las formas pertenecientes a las otras dos conjugaciones son iguales (con monoptongo): temás, partás. También se emplean solo las formas monoptongadas en indicativo: amás, temés, partís. Además, estas formas del presente de ambos modos verbales siempre conservan la s final.

En la Nueva gramática se ejemplifica correctamente el voseo nuestro en indicativo con una cita tomada del diario costarricense La Nación, en la cual se usa pensás (párrafo 4.7a).

En el párrafo 4.7d se describen las formas diptongadas (amái, teméi) en indicativo, y se aclara: "Frente a la forma monoptongada general, en el presente de indicativo se usan las variantes diptongadas (-ái- para la primera conjugación y -éi- para la segunda) fundamentalmente en las zonas montañosas del área andina". También se dice lo siguiente: "No está tan extendido el voseo en las formas de subjuntivo como en las correspondientes del indicativo. Se exceptúan el español de parte de la Sierra andina y el de la región meridional de Centroamérica (especialmente en las áreas rurales), donde se emplean las formas diptongadas sin -s (améi, temái, partái) [...]".

En el párrafo 4.7e se explica lo siguiente con respecto al subjuntivo: "[...] Las formas del subjuntivo correspondientes al paradigma amás / temés / partís siguen la pauta amés / temás / partás y son comunes en las áreas voseantes centroamericanas. [...]".

A pesar de que las descripciones anteriores son correctas, en los párrafos siguientes de la Nueva gramática se mezclaron los datos y, por consiguiente, se produjo una confusión importante.

En el cuadro del párrafo 4.7i se explica que el voseo costarricense presenta diptongo en subjuntivo: améi(s), temái(s), partái(s); y en la descripción del párrafo 4.7v se explica que en Costa Rica se documentan las variantes con diptongo en indicativo: amái(s), teméi(s), lo cual no se ajusta a la realidad ni tampoco a lo explicado en los párrafos anteriores.

Cuando notamos que esos datos no eran correctos, se lo comunicamos a los encargados de la obra en la RAE y se acordó que en el Manual no aparecerían las explicaciones de los párrafos 4.7i y 4.7v de la Nueva gramática.

Efectivamente, en el Manual, que muestra menos detalles de las variantes de cada país por ser una obra compendiada, no se incluyeron los datos mencionados.

El voseo se explica de la siguiente manera en el Manual:


Párrafo 4.3.2c: "El voseo flexivo se caracteriza por formas verbales específicas en el presente de indicativo y en el de subjuntivo, en el pretérito perfecto simple y en el imperativo. Algunos países cuentan con formas de voseo para el futuro de indicativo. En el presente de indicativo se usa la forma monoptongada (¿Qué pensás vos?), sobre todo en las regiones rioplatense y centroamericana, aunque también se registra en algunas zonas de Colombia y del Ecuador. En el área chilena existen desinencias específicas para el voseo flexivo en todos los tiempos, con la excepción del imperativo, a menudo con aspiración de la -s final o con reducción de esa consonante. Así, para el presente de subjuntivo se emplean las formas amí(s), temái(s), partái(s). [...]".

Párrafo 4.3.2e: "El uso del voseo en las formas de subjuntivo no está tan extendido como el correspondiente a las de indicativo, salvo en la Sierra andina y en la región meridional de Centroamérica, donde se emplea la forma diptongada sin -s (améi, temái, partái). Las formas de voseo monoptongadas (hablés, sepás, subás) se usan en las áreas voseantes centroamericana y rioplatense [...]".

Con lo explicado en estos dos párrafos del Manual queda claro que las formas diptongadas del voseo no se emplean en Costa Rica.

Razones de la norma mediática para la divergencia

Razones de la norma mediática para la divergencia

[Avance de una publicación en curso.]

A finales de la década de 1970, en los medios de comunicación de masas españoles empezaron a proliferar libros de estilo que no siempre seguían las pautas académicas. En aquel momento, resultaba difícil hacerlo: la labor de la RAE estaba (aún más que hoy) francamente desfasada, presentaba clamorosos huecos y evidentes inconsistencias, estaba muy alejada de la conducta lingüística de una sociedad democratizada, y resultaba por todo ello inadecuada para muchos campos de expresión. Así lo reconocía el académico Fernando Lázaro Carreter en su discurso «Los medios de comunicación y la lengua española», pronunciado durante la Primera Reunión de Academias de la Lengua Española sobre el Lenguaje y los Medios de Comunicación (Madrid, 1985):


[...] nuestro Diccionario [...] tiene rasgos heredados de la tradicción establecida por la Academia misma. [...] es selectivo por naturaleza [pero] tampoco realiza un determinado modelo de selección, sino que es confeccionado según criterios de consenso, el cual depende de la cambiante composición de las Academias, y de circunstancias aleatorias que conocemos bien. Reducimos el caudal léxico circulante a un promedio de aquel que los académicos nos formamos individualmente de nuestro particular ideal de lengua, aunque sea controlado por los datos objetivos que proporcionan nuestros insuficientes ficheros. El impulso casticista sigue moviéndose, cuando para otorgar plaza a una palabra nueva o a una nueva acepción, pedimos que sea acreditado su empleo por textos solventes, o aplazamos su introducción hasta que obtenga ese crédito. Por su parte, el purismo nos impide ceder ante vocablos extranjeros comúnmente empleados e insustituibles —de hecho, insustituidos— porque su catadura gráfica o fónica proclama ostensiblemente su extranjería. Pero, a la vez, mantenemos centenares de vocablos no usados ni usables, arcaicos, sólo presentes en viejos textos a cuyo desentrañamiento, pensamos, debe contribuir el Diccionario; o conservamos dialectalismos o localismos causalmente allegados. No es firme [...] el criterio para inventariar términos técnicos y científicos, y definimos, por ejemplo, el ácido múriático, pero no el lisérgico, de terrible presencia en las lenguas actuales. La fundamental aportación de voces americanas tampoco es fruto de una actividad sistemática. Por esta y otras razones, nuestro Diccionario representa una extraña idealización del léxico hispano, en el que conviven sincronía y diacronía, voces comunes y extravagantes, modalidades diastráticas y diatópicas que no se justifican más que otras ausentes; y en la que pueden producirse omisiones asombrosas, por el modo del trabajo lexicogáfico, que no procede a revisiones y rastreos metódicos. El resultado es que la lengua reflejada en el Diccionario no se ha usado nunca, ni se usa, en parte alguna; y que la lengua que se usa sólo parcialmente está en él. [P. 30.]

[...]

Hasta hace poco, el Diccionario académico era testimonio de una cultura, dirigido a los participantes, actores o receptores, en esa cultura. Su simple posesión constituía una señal de aceptación, y hasta cualificaba a su posesor como miembro efectivo o desiderativo de aquella determinada comunidad cultural representada por el código académico. Este era, y aún sigue siendo, rasgo de identidad de un grupo, todo lo extenso que se quiera, pero ya no el más influyente en los destinos de la lengua. Por lamentable que resulte, hay que reconocerlo. = Esa nueva sociedad es mucho menos literaria que la de antaño; sus modelos lingüísticos no suelen ser, o no lo son tanto, los grandes escritores, multitudinariamente desconocidos, sino la prensa y los programas de radio y televisión. Y, por tanto, también hemos de prestar atención a esos modelos, si nos importa describir la lengua real. Es bien sabido que una gran parte del lenguaje periodístico, o es oral, o tiende a la oralidad. En la misma medida, se aparta de los estilos formales o literarios anteriomente dominantes. [P. 32.]

[...]

La situacion [idiomática] ha cambiado espectacularmente: la comunicación entre los distintos niveles de lengua es ahora absoluta. Se han disuelto los sólidos muros que mantenían jerarquizado el léxico en virtud de méritos sociales y culturales. Y ese abatimiento de barreras no se ha producido sólo entre las «clases» internas de la lengua, sino también entre lenguas distintas [...] es causa, si no determinante, sí coadyuvante en grado máximo, ese agente mediado de formidable eficacia que son los medios de comunicación. Actúan con diligencia extrema transportando léxico —y otras cosas, pero a él me limito— de lengua a lengua, y de estrato social a estrato social. El cambio lingüístico, antes tan despacioso, puede ser hoy casi instantáneo [...]. La historia de las lenguas ha adquirido un dinamismo nunca conocido, cuyo motor más enérgico es el transistor [...]. [
Pp. 31-32.]

 

Ya desde mediados del siglo XIX, la ideología panhispanista había ido colocando en la misma posición de prioridad que el casticismo y el purismo  (principales desvelos diecicochescos de la institución) el mantenimiento de un determinado ideal de unidad lingüística y cultural de los «pueblos hispánicos», cuya guarda y custodia estaba en manos exclusivas de la RAE. Pero ese ideal, según se ve en las palabras de Fernando Lázaro Carreter, no siempre correspondía con las orientaciones que parecían guiar a la prensa, la radio y la televisión en el siglo XX. Con preferencia sobre el unitarismo, entre los medios escritos y audiovisuales primaban criterios específicos del lenguaje, la comunicación y el negocio periodísticos que no siempre convergían (y siguen si hacerlo) con la norma académica:

1. Los criterios de inmediatez comunicativa (propia de las publicaciones diarias) y de eficacia (propia de todo tipo de medio productivo), que exigen:

  • dar rápida respuesta a aquellas cuestiones de lenguaje escrito y formal que se plantean con frecuencia en los medios y sobre las que no existe referencia suficiente o adecuada, mediante la confección de un prontuario (repertorio normativo) de fácil consulta, desprovisto de aparato teórico-explicativo;
  • agilizar y optimizar, con ello, el trabajo de los redactores, los editores de texto y los (ya casi extintos) correctores.

2. Los criterios de actualidad informativa y especialización, que requieren tomar decisiones sobre usos neológicos y terminológicos a los que la academia no atiende (o no en debida forma).

3. Los criterios estilísticos de:

  • claridad del discurso, que supone una escritura tendente a la concisión y que evite toda grafía o construcción que pueda resultar ambigua o difícilmente inteligible para el público al que el medio se dirige;
  • expresividad, que implica el uso de recursos de captación de la atención del receptor;
  • rigor, que exige usos coherentes e implica asentar criterios de escritura unificados;

4. El criterio de identidad corporativa, que requiere el establecimiento de opciones de grafía propias, que confieran al medio un sello distintivo.

5. Los criterios de proximidad (en los medios no internacionales) y sincronía, que conllevan:

  • De un lado, la adecuación del lenguaje empleado al momento y al lugar, es decir, al uso idiomático contemporáneo que, a juicio del medio, el receptor comparte y considera aceptable, y a la variedad local con la que este se identifica.
  • En zonas bilingües o plurilingües, la inclusión de elementos de otras lenguas que el receptor entiende y reconoce como propias.

6. El criterio de corrección política, que incorpora al tratamiento textual una conducta no discriminatoria, contraria a la que presentaban —y lo siguen haciendo— la Gramática y el Diccionario académicos.

Por mucho que la RAE pretenda ampliar su influencia en los medios, con la participación de académicos en los libros de estilo de prensa (el propio Fernando Lázaro Carreter fue, en este sentido, pionero), en el Departamento de Español Urgente de Efe (hoy, Fundéu) o por medio de convenios como el que convertía el Diccionario panhispánico de dudas en obra de referencia para diversos medios españoles e hispanoamericanos, lo cierto es que la especificidad e independencia de criterio de estos, las limitaciones e incongruencias que la norma académica sigue relevando y la constatada ausencia de guardianes idiomáticos en los medios de comunicación siempre los llevarán por líneas divergentes de la norma académica.


Silvia Senz

La nueva RAE, un espejismo de representatividad, neutralidad ideológica, laboriosidad y modernidad, 12: El Diccionario de ¿Americanismos?

La nueva RAE, un espejismo de representatividad, neutralidad ideológica, laboriosidad y modernidad, 12: El Diccionario de ¿Americanismos?

(Entrega anterior de la serie.)

En esta ocasión, no nos ha sido preciso escribir ni una sola línea crítica. Al momento de publicarse en Perú el largamente esperado Diccionario de Americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española, los propios académicos nos han hecho el trabajo de revisión:


Presentan en Lima Diccionario de Americanismos con críticas a peruanismos

Lima, 11 mayo (EFE).- El Diccionario de Americanismos, una primicia en la historia del español, fue presentado hoy en Lima por varios especialistas que resaltaron su carácter necesario pero abundaron más en los defectos que contiene en la parte correspondiente a los peruanismos.

Con 2400 páginas, elaborado por las 22 academias de la lengua española y editado por Santillana, el libro se pone desde mañana a la venta en las principales librerías de Perú, país donde se ha editado para abaratar los costos de impresión y de donde se va a distribuir al resto del mundo.

Esta magna obra, que ha supuesto diez años de trabajo y ha tomado en cuenta 150 diccionarios parciales de americanismos existentes desde 1975 en todo el mundo hispanohablante, contiene más de 120 000 acepciones aportadas por las distintas academias de la lengua española.

Sin embargo, el presidente de la Academia Peruana de la Lengua, Marco Martos, fue quien primero criticó las "distorsiones" detectadas en los peruanismos registrados en el diccionario y los distintos niveles de consenso con que se ha trabajado en la elaboración de la obra.

Pese a todo, Martos resaltó el carácter colectivo de una obra "que por primera vez, como pasó con la Gramática, pone de acuerdo a 22 países", y concluyó que cuantos más diccionarios así, mejor podremos entendernos.

Más implacable se mostró Rodolfo Cerrón Palomino, gramático experto en lenguas andinas, al criticar las abundantes omisiones entre los peruanismos, la "colecta indiscriminada, engañosamente rica" de vocablos autóctonos que en realidad son muy restringidos, la etimología errática o incompleta y el caos ortográfico observado en las acepciones peruanas.

Para Cerrón, la obra "es un portento de trabajo lexicográfico pero de carácter todavía experimental (pues) dista de ser la obra acabada que todos esperábamos", por lo que expresó su deseo de una segunda edición más depurada.

El lexicógrafo español Julio Calvo, que por su parte está coordinando un próximo diccionario de peruanismos, fue el más benévolo al admitir sus carencias "pues no hay diccionario ilimitado o infinito", y subrayó que hay errores mínimos frente a los muchísimos aciertos.

Admitió que las etimologías en la obra son a veces aproximativas y otras no aparecen, así como la discutible extensión de un vocablo, pero justificó este último aspecto porque "las palabras vuelan más rápido que las mariposas y no hay nada más arduo que establecer la extensión de un americanismo".

Tradiciones onomásticas

También de Laura Rodríguez, que me confirma así lo que ya sabía por mi cuñada dominicana. Luego de leerlo, una maldice su suerte por haber nacido en España y no poder llamarse Lara Croft Senz.

 

Intentan prohibir en Dominicana los nombres raros

Juez busca evitar que se usen nombres despectivos, extravagantes o vulgares

Por The Associated Press

SANTO DOMINGO 

 


Un juez electoral dominicano sometió ante un tribunal civil la prohibición de nombres que sean despectivos, extravagantes o vulgares y combinaciones que dificulten identificar su sexo.

José Ángel Aquino, de la Junta Central Electoral, planteó también que los oficiales del Estado Civil no inscriban más de tres nombres a una persona ni apellidos como nombres.

“Nombres que sean despectivos, extravagantes o vulgares, como resultan aquellos que se refieren a partes del cuerpo, marcas de fábrica, nombre comerciales, personajes de ciencia ficción, palabras popularmente utilizadas de manera ofensiva, entre otros (se prohíben)”, indicó el proyecto.

 También se objetarían “nombres que sean de difícil pronunciación, con excepción de aquellos pertenecientes a hijos o hijas de extranjeros”.

En las oficialías dominicanas están inscritos nombres como Bobona Guerrero de los Santos, Tontón Ruiz, Adicto de los Santos, Seno Jiménez, Ernesto Che Pérez, Winston Churchill de la Cruz, John F. Kennedy Santana, Rambo Mota.

Por igual, Kalimán Sosa, Bruce Lee Antonio Félix, Nat King Cole Martínez, Elton John Herrera, Querido Familia Pérez, Deseado de Oleo, Teamo Amador, Querida Piña, Mazda Altagracia Ramírez, Datsun del Carmen Ureña, Nisan de la Cruz, Toshiba Fidelina Gómez, Daweoo Radhamés García, Cuca Féliz Segura, Popolón Rosario, Chocha Colón, Totón Melitón Pérez, Guebín Rondón.

 La jueza Aura Celeste Fernández rechazó hoy la propuesta, argumentando que no está acorde con las costumbres dominicanas e irrespeta el derecho de los padres a la libre elección del nombre de sus hijos.

“Entendemos que no es prudente que se creen las condiciones para que, avalado en una resolución, un funcionario, en este caso el oficial del estado civil, se tome la facultad de ser el que decida si se declara o no a un niño con el nombre que el padre, o la madre, o ambos ya han elegido”, consideró Fernández en una carta pública.

La ley que regula los actos del estado civil data del 1944, que solo establece requisitos básicos y no tiene objeciones a nombres.

Fernández comentó que lo oportuno sería la aprobación de un instructivo dirigido a los oficiales civiles para que agoten una fase de orientación sobre los efectos que podrían tener los nombres vulgares, extravagantes y otros.

Esto es una librería librería. Por si cabían dudas

Esto es una librería librería. Por si cabían dudas

(De Laura Rodríguez, Puerto Rico.)

Parecerá redundante, pero al menos así no ocurre como cuando, en un pueblo de la Terra Alta, pregunté por una tienda donde poder comprar unos guantes de lana y me mandaron a la librería. «Voldrà dir la merceria...» [Querrá usted decir la mercería...], repliqué yo. Pero no: era, en efecto, la librería del pueblo, que funcionaba como tal, y también como corsetería, y como tienda de ultramarinos, y como quiosco, y...