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Las crisis del panhispanismo, 1: Peronismo, lengua nacional argentina, independencia lingüística y academias

Las crisis del panhispanismo, 1: Peronismo, lengua nacional argentina, independencia lingüística y academias

De Mara R. Glozman (Universidad de Buenos Aires / CONICET): «La cuestión idiomática como objeto de debate. Aportes para un análisis retórico de los discursos sobre la lengua», Rhêtorikê, revista digital de retórica, núm. 1, octubre del 2008:
 

El discurso gubernamental peronista respecto de la lengua participa en todos sus aspectos del género político, no solamente por el marco institucional en el que se debate (el Congreso de la Nación) sino principalmente porque arrojó a la escena pública una proposición polémica respecto de la tradición político-lingüística legitimada en y por el aparato estatal durante la primera mitad del siglo XX.
El objetivo idiomático general para el segundo mandato presidencial de Perón consistía, como ya mencionamos, en la configuración nacional de la lengua. Los medios para realizarlo se explicitaban en el objetivo especial: la creación de la Academia Nacional de la Lengua, que debería preparar el Diccionario Nacional, incluyendo “las voces peculiares de nuestro país en sus diferentes regiones y las usadas corrientemente en Latinoamérica” (Segundo Plan Quinquenal 1953: 104). Los principales argumentos con los cuales el gobierno legitimó el nuevo objetivo respecto de la lengua se orientaban a sostener la necesidad de producir instrumentoslingüísticos nacionales, que pudieran competir con el Diccionario de la Real Academia Española. El modo específico de razonamiento es aquel que caracteriza, en términos aristotélicos, el género deliberativo: la ejemplificación. Los ejemplos presentados resultan elocuentes:

 

“En el diccionario de la Real Academia Española se define la palabra pejerrey diciendo que es un pez que tiene siete centímetros de largo por dos de ancho, y los pejerreyes argentinos tienen más de cincuenta centímetros de largo.” (Segundo Plan Quinquenal 1953: 102.)

 

“La palabra Justicialismo, por ejemplo, definida y expuesta por primera vez por el general Perón el 1.o de mayo de 1947 en este mismo recinto, que importa toda una definición de una nueva cultura en el mundo, no ha sido todavía incorporada al diccionario de la Real Academia Española.” (Segundo Plan Quinquenal, 1953: 102.)

 

De esta manera, el discurso gubernamental no solamente aconseja respecto de las decisiones futuras sino también desaconseja e insta a rechazar toda una tradición discursiva que había sido predominante en el discurso oficial argentino durante las décadas precedentes. Para la posición gubernamental, los ejemplos presentados bastaban para legitimar su posición: con la  Inadecuación en sus definiciones y la ausencia en el Diccionario académico del concepto de Justicialismo –esto es, la doctrina propia del peronismo– los instrumentos producidos por la institución española devenían inapropiados para su uso por parte de los ciudadanos argentinos. Era necesario, por lo tanto, que el gobierno emprendiera la producción de nuevos instrumentos lingüísticos que reflejaran las condiciones políticas, históricas y geográficas de la Argentina.
De esta forma, la lengua era caracterizada como un elemento constitutivo de la unidad cultural e identitaria nacional; el propósito del Diccionario Nacional, instrumento que el gobierno se proponía confeccionar, era, pues, fijar los sentidos del vocabulario que tenían y tendrían en común los ciudadanos de la nación argentina. Con la inclusión de estos ejemplos se pone de manifiesto una concepción de los instrumentos lingüísticos que difería de aquella sostenida por las academias de la lengua. Esto implicaba también una concepción diferente de la norma lingüística, según la cual esta no debía sostenerse ni en la gramática ni en la tradición literaria. Por el contrario, la norma lingüística para la esfera del léxico debía ser aquella que está legitimada en la realidad nacional y en el habla del pueblo argentino.
En este sentido, se plantea una revalorización de la lengua popular, tradicionalmente subordinada a la norma escrita y literaria.
De este modo, a lo largo del Capítulo V del Segundo Plan Quinquenal –destinado a las políticas culturales– y, en particular, en el objetivo lingüístico citado se puso de manifiesto el fin del idilio peronista con la Madre Patria; España, en efecto, era excluida de la unidad idiomática y cultural: que del Diccionario “oficial” se ocupara la Real Academia Española, el Diccionario Nacional se abocaría a construir la unidad nacional y latinoamericana. Atrás quedaba el lugar privilegiado concedido a España en materia cultural durante los primeros años de gobierno de Juan D. Perón, lugar materializado fundamentalmente en dos acontecimientos discursivos: el texto del Plan de Gobierno 1947-1951 –presentado en octubre de 1946 y luego conocido como PrimerPlan Quinquenal de la Nación (Glozman 2008)– y el homenaje a Miguel de Cervantes llevado a cabo en la Academia Argentina de Letras el 12 de octubre de 1947, en el cual Perón pronunció, ante representantes de la España franquista y académicos nacionales, uno de sus discursos sobre la identidad nacional más recordados: “La fortaleza de nuestra raigambre hispánica” (Academia Argentina de Letras, 1947).
Dislocando, pues, la propia tradición hispanista en la que se insertaban los discursos político-lingüísticos del primer gobierno de Perón, el Segundo Plan Quinquenal –a través de su objetivo idiomático y de la glosa oficial del Ministro Mendé– introducía una nueva matriz discursiva para interpretar la vinculación entre lengua, cultura y nación, relación triangular de la cual España era tan ajena como era la palabra Justicialismo para la Real Academia Española. Era, por lo tanto, el Estado nacional, soberano y autónomo, quien podía intervenir en la configuración de la lengua, rechazando toda injerencia extranjera, foránea, como era la de la Real Academia Española. El Estado argentino devenía, así, un firme competidor de la corporación madrileña, extendiendo el principio de soberanía nacional –que el peronismo reivindicaba enlos campos político, económico y cultural– también a las cuestiones idiomáticas.

 

Un any de l’Infoedicat

Un any de l’Infoedicat

M’ha passat volant, però avui fa ja un any que, amb el suport inicial d’en Xavier Rull, vaig endegar el butlletí Infoedicat a Grups de Google. Excepte en Xavier, la Montse Alberte i jo mateixa, ningú no coneix la seva història, o sigui que potser seria bon moment per fer-la pública.

L’any 2006, per raons que no vénen al cas, la Montse Alberte i jo vam reconvertir la llista de debat i consulta (Editexto) sobre llengua castellana, lexicografia i món editorial, que administràvem al servei de llistes de la RedIris, en un butlletí informatiu sobre els mateixos temes: Infoeditexto, que va començar a caminar heretant els subscriptors de la llista precedent. En comparació amb el que va ser Editexto (un maldecap), Infoeditexto es va anar convertint en una font d’informació i un banc documental certament útil i enriquidor, que va anar creixent de manera sostinguda. Malgrat que tant la Montse com jo som llicenciades en filologia hispànica, tot i que cadascuna amb especialitats de postgrau diferents (lingüística aplicada i edició), pel fet de ser catalanes tenim una especial sensibilitat pel que fa a la diversitat lingüística, que també es reflecteix en la filosofia editorial que sempre hem volgut promoure des del nostre butlletí: la bibliodiversitat. Per aquesta raó, de tant en tant anàvem enviant a Infoeditexto notícies i documents relacionats amb les llengües que conviuen amb la poderosa llengua espanyola i amb la potent indústria editorial en castellà.

Quan fas això en una llista on, pel seu propi tarannà, de segur hi ha subscriptors amb poca tolerància per la diversitat, et trobes, de tant en tant, amb respostes privades de rebuig força violentes, especialment —i no ho dic per fer demagògia; és així— quan el que difons té a veure amb el català. Prou sabem que la gent d’aquesta mena no és molta, però sí molt sorollosa i molt emprenyadora. La darrera etzibada virtual que vaig rebre va ser, de fet, la que em va motivar a endegar un butlletí semblant a Infoeditexto, però centrat exclusivament en el futur mundial dels mitjans escrits, en la llengua catalana i en l’edició en català (i això, no hauria ni de dir-ho, no exclou cap racó del seu territori de parla, cap estàndard, ni cap gremi).

El primer que vaig fer és mirar d’esbrinar quina acollida podria tenir-hi, de manera que vaig enviar una consulta al propi Infoeditexto i a d’altres llistes sobre llengua catalana i traducció per copsar-ne l’interès dels subscriptors per un butlletí de les característiques que he descrit. Va ser en Xavier Rull qui em va fer el favor de difondre la consulta a l’Infozèfir (la mare de tots els butlletins de la RedIris que tenen a veure amb la llengua), i així va ser com vam acordar que, si de cas el meu projecte tenia prou quòrum i tirava endavant, ell em faria un cop de mà, malgrat anar de bòlit.

Els resultats van ser claríssims: només un 5 % dels subscriptors d’Infoeditexto —dels quals gairebé la meitat eren argentins!!!— es va mostrar interessat per una llista bessona per al català, mentre que, per exemple, un bon nombre de subscriptors d’Infozèfir van respondre que, si es duia a terme la idea, s’hi apuntarien sens dubte. Bé, la decisió estava presa: faríem l’Infoedicat.

El primer pas que vaig donar va ser comunicar el projecte al coordinador de llistes de RedIris, que de seguida em va respondre que potser no calia obrir un nou butlletí, i que amb crear un canal en català dins el propi Infoeditexto n’hi havia prou. Vaig quedar glaçada, i en Xavier... més aviat una altra cosa. Li vam replicar que havíem fet un tast entre els subscriptors d’Infoeditexto i gairebé no hi havia interès per una llista en català, que el potencial de subscriptors venia d’altres bandes, i que si algú cercava un butlletí sobre llengua i edició en català, potser que Infoeditexto no era el nom més identificatiu.

No va haver-hi manera. La resposta definitiva va ser: o agafeu el canal en català dins d’Infoeditexto (i demà mateix l’endeguem), o ja podeu iniciar el procediment administratiu establert per obrir llistes a la RedIris; un procediment que, per cert, jo ni tan sols havia hagut de seguir per obrir la meva primera llista a la RedIris, que la vaig obrir per apadrinament d’altre administrador, i que, a més,  venint la proposta de l’Infoedicat d’una gestora i un editor de llistes RedIris, potser que no calia. Aquesta anècdota —i la incomprensió que palesa de les diferents realitats culturals, identitàries i fins i tot comunicatives que coexisteixen a Espanya— no és gens difícil d’extrapolar a situacions polítiques de més transcendència.

Per sort, el perfeccionament dels grups desenvolupats pels cercadors Yahoo i Google ens varen permetre tirar pel dret i posar en marxa el butlletí allà on podíem triar una interfície en català: Google.

El 10 de febrer del 2007 vaig obrir l’Infoedicat, el Xavier i jo el vam començar a promocionar i en un sol dia ja vam tenir 100 subscripcions, una xifra que en la llista en castellà (que després de molts anys ha arribat gairebé als 500) vam trigar setmanes a atènyer. Hores d’ara passem dels 200 subscriptors, i anem creixent, la qual cosa demostra que en un territori ben petit hi ha un interès per qüestions de llengua i cultura escrita francament notable.

Bé, qui hi sou ja sabeu que l’Infoedicat el meno (ara que camino soleta i el Xavier ja ha pogut tornar a les seves ocupacions habituals) de manera força intuïtiva, seleccionant continguts a partir dels meus propis interessos i difonent-los de manera tan ordenada com puc. Si més no, de moment no n’hem tingut cap queixa; més aviat hem fet colla i tenim molt bon rotllo, raó per la qual puc dir que si bé l’Infoedicat és el meu fill virtual més petit i tardà, també és el que, intel·lectualment i personalment, més alegries em dóna. I això també ho he d’agrair al tarannà dels seus membres, que són sempre afables i col·laboradors. Espero que seguim així molt de temps.

Ah! I gràcies de tot cor, Xavier.

 

 

Silvia (sense accent) Senz, cofundadora i administradora de l’Infoedicat

 

 

La riqueza de las lenguas, 8: la diversidad, filón para el estudio científico de la facultad del lenguaje y de la evolución de la especie humana

La riqueza de las lenguas, 8: la diversidad, filón para el estudio científico de la facultad del lenguaje y de la evolución de la especie humana

Conclusiones generales del estudio de José Luis Mendívil Giró (Universidad de Zaragoza) «¿Qué nos dice la diversidad de las lenguas sobre la facultad del lenguaje? Apuntes para una teoría paramétrica minimalista», un enfoque al que ya se refirió, citando a Kayne, Juan Carlos Moreno Cabrera en su artículo «Gramáticas y academias. Para una sociología del conocimiento de las lenguas» (Arbor, CLXXXIV, 731 mayo-junio 2008), resumido aquí:

Hemos concluido pues que la diversidad lingüística, especialmente la diversidad estructural, nos enseña que la FL de cada persona es distinta (aunque serán muy semejantes en personas que hablan la misma lengua). El hecho de que dicha FL varíe sistemáticamente nos habla de un sistema constreñido, esto es, nos habla de un número finito de posibles configuraciones entre sus componentes. Es por ello que hemos propuesto que el estudio de la diversidad estructural de las lenguas es una vía de acceso privilegiada para desentrañar los componentes, factores y propiedades que integran esa facultad humana.

El modelo presentado sería compatible con el escenario evolutivo planteado por Piatelli-Palmarini y Uriagereka (2004), quienes relacionan la propia diversidad lingüística no sólo con el surgimiento evolutivo de la morfología (flexiva), sino con el propio surgimiento de la sintaxis humana moderna. De ser correcto su especulativo planteamiento, la diversidad de las lenguas no sólo sería, como hemos concluido, una puerta de acceso privilegiada a la FL humana, sino también la clave de su propia evolución en la especie.108

Al margen de esa conclusión general, lo que realmente es relevante de esa propuesta para la que hemos esbozado en estas páginas es la vinculación que estos autores establecen entre la variación lingüística (más bien habría que decir protolingüística) y el surgimiento de la morfología.109

 

[NOTAS:]

108. Incluso sugieren que el mero hecho de la existencia de la diversidad de las lenguas indica que, frente a otras propuestas, la FL y más concretamente la FLN [facultad del lenguaje en sentido estricto, según sus siglas inglesas] sería el resultado de un proceso evolutivo reciente en la historia de la humanidad: “The fact that variation exists, in itself, is a strong argument for the recent evolution of FLN. It would appear that variation in something which is used (even if partially) for communication purposes should have been weeded out by evolution, assuming it doesn’t aid communication. However, if FLN has emerged very recently and core variation is tied up to it, evolution hasn’t had the time to eliminate it” (Piatelli-Palmarini y Uriagereka 2004: 367).

109. El término protolingüístico del texto no se refiere al uso estándar en lingüística histórica de protolengua, sino a la noción evolutiva de protolenguaje (véase Bickerton 1990) que designa la FL anterior a los humanos (según el modelo de Bickerton, un sistema consistente esencialmente en un léxico y una pragmática rudimentaria, pero sin sintaxis).

 

Inefable DPD. Abajo: ¿dónde y respecto a qué?

Inefable DPD. Abajo: ¿dónde y respecto a qué?

[Reanudamos hoy la serie de notas críticas al académico Diccionario panhispánico de dudas, iniciada hace ya dos años por Jordi Minguell, que en adelante se publicará semanalmente en esta bitácora.]

 

Siguiendo un orden alfabético, que no excluye la necesaria consulta a las voces relacionadas con las entradas citadas, empezaremos analizando el lema abajo:

 

abajo. 1. Adverbio de lugar que, con verbos de movimiento explícito o implícito, significa ‘hacia lugar o parte inferior’: «Camina arriba y abajo manteniendo el mismo ritmo» (Belbel Elsa [Esp. 1991]); «No mires abajo» (Delibes Madera [Esp. 1987]). Suele ir precedido de las preposiciones de, desde, hacia, para o por, nunca de la preposición a, ya incluida en la forma de este adverbio: Le miró de arriba abajo (y no  ×de arriba a abajo). Puede indicar también estado o situación, con el significado de ‘en lugar o parte inferior’: «Te espero abajo» (Santiago Sueño [P. Rico 1996]); «Las doncellas estaban abajo, en la cocina» (Caso Peso [Esp. 1994]).

2. Indicando estado o situación, abajo puede referirse a cualquier lugar situado en el plano inferior: Mis padres duermen abajo (‘en un lugar indeterminado de la planta inferior’); mientras que debajo alude al lugar del plano inferior inmediatamente en contacto con el superior, o situado en la misma vertical: Mis padres duermen debajo (‘en el lugar de la planta inferior situado en la misma vertical del punto desde el que se habla’). Esto explica que debajo lleve siempre, implícito o explícito, un complemento con de que expresa el lugar de referencia: Mis padres duermen debajo de mi habitación.

3. En el español de América, en registros coloquiales o populares, no es infrecuente que abajo vaya seguido de un complemento con de: ׫El puente peatonal [...] se incendió cuando el avión pasó por abajo de él» (Expreso [Perú] 1.8.87). Pero, en general, es uso rechazado por los hablantes cultos y se recomienda evitarlo en el habla esmerada; en esos casos debe emplearse debajo.

4. Por su condición de adverbio, no se considera correcto su empleo con posesivos: ×abajo mío, ×abajo suyo, etc. (debe decirse debajo de mí, debajo de él, etc.).

 

Dos comentarios, que muestran algunos de los males que aquejan al trabajo de la institución normativa del español que, hoy panhispanizada, tiene sus obras en condominio con las correspondientes academias latinoamericanas y con sus patrocinadores:

1) Nótese la inadecuada selección del ejemplo: Mis padres duermen abajo no indica, como se dice, en un lugar indeterminado de la planta inferior’, sino en un lugar indeterminado bajo la planta en que nos encontramos, que puede ser o no ser la planta inferior.

2) Ya en los inicios del DPD se nos da prueba de la —como veremos en esta serie— frecuente asistematicidad normativa de esta obra académica. Se dice de abajo: «Por su condición de adverbio, no se considera correcto su empleo con posesivos: ×abajo mío, ×abajo suyo, etc. (debe decirse debajo de mí, de él, etc.)» (uso × en lugar del signo con que el DPD indica las formas inaceptables).

Sin embargo, en el lema alrededor se dice que «es legítimo el uso del adverbio seguido de los posesivos plenos mío, tuyo, suyo, etc. [...] Se justifica este uso porque el adverbio alrededor está formado por la contracción al seguida del sustantivo rededor». Pese a esto, en los lemas encima, enfrente, arriba, compuestos con un sustantivo (cima, frente, riba), se dirá de cada uno que «por su condición de adverbio, no se considera correcto su empleo con posesivos».

Seguiremos con otro de los deslices habituales de esta obrita: los étimos.

 

Jordi Minguell (Roma, Italia)

 

Abusos laborales nada “Inéditos”: el caso de Miquel Salarich y sus traductores

Abusos laborales nada “Inéditos”: el caso de Miquel Salarich y sus traductores

Hace un par de días, en el boletín Infoeditexto que administramos en la RedIris, divulgamos entre nuestro ya casi medio millar de suscriptores esta entrevista con el editor de Inédita, Miquel Salarich, titulada «Los editores cargamos con la peor fama, pero arriesgamos más que nadie», en la que el entrevistado declaraba:

El editor carga con la peor fama pero arriesga más que nadie: gastos de informática, de local, de personal... pero tiene un producto que si no lo vende te lo devuelven y tan anchos. El editor pone la pasta, pone el libro en la calle, pero si no se vende el librero te lo devuelve, y pasa a un almacén donde de cara a Hacienda es un bien con valor que realmente tras seis meses no tiene. A menos que al autor le den el Nobel o se muera y se haga famoso... Este es un sector de buenos y malos, pobre autor, pobre traductor machacado por el editor que lo explota... Claro, no se ve cuando te pasan una traducción que es una piltrafa, y quieren cobrarla. Llevas el coche al taller y si no te lo arreglan reclamas. Pero si te niegas a pagar una traducción pésima, te quedas más negro que el betún.

 

Como reacción casi inmediata a las declaraciones de Salarich, la siempre activa y eficiente Sección Autónoma de Traductores de Libros de la Asociación Colegial de Escritores de España, ACE Traductores, nos ha hecho llegar este breve comunicado —que publicamos gustosamente—, firmado por los miembros de su junta en representación de sus socios, que arroja luz diáfana sobre las anteriores declaraciones del dueño de Inédita:

En respuesta a la entrevista al editor de Inédita, Miquel Salarich, publicada digitalmente en La Nueva España y enviada a los suscriptores de Infoeditexto, ACE Traductores desea manifestar que varios de sus asociados han tenido extraordinarias dificultades para cobrar su trabajo; algunos incluso tuvieron que reclamar con proceso monitorio. Otros, en cambio, todavía no han conseguido percibir lo que les correspondería por contrato (si este editor cumpliera la Ley de Propiedad Intelectual e hiciera contrato) meses después de la entrega de la traducción.
De modo que suscribimos parcialmente el titular, que debería reescribirse así: «Algunos editores cargan con la peor fama (merecida a pulso), pero deberán seguir buscando líneas de crédito en los bancos, no en los traductores».

 
Junta de ACE Traductores

El abecé elemental de todo editor con oficio dice que la primera y última responsabilidad de una obra es de quien la contrata y la publica, razón por la cual quien se mete en estos vericuetos sabe que ha de apechugar con ello y cubrirse las espaldas amparándose en la ley y en los propios controles procedimentales de calidad; Salarich no debería ignorarlo y seguramente no lo ignora. Pero se comprende que quien establece un acuerdo de coedición con la crême de la crême de la anticalidad editorial material (por «independiente» que sea) manifieste ese grado de cinismo.

Sólo un editor completamente bisoño, o que se haya topado con alguno de esos extra-rarísimos (y cotizados) traductores estrella que de vez en cuando echan mano de algún «negro» para mantener su volumen de producción, o que haya tenido la desgracia de confiar en una recomendación directa y aparentemente fiable, puede encontrarse con traducciones que no son de recibo ni de pago... y aun así tener que pagarlas si no media contrato o proceso judicial alguno que establezca lo contrario. Si no es el caso, cuando un trabajo de traducción no llega en las debidas condiciones —apreciación que requeriría la evaluación de un perito especializado en traducciones o un traductor jurado— generalmente se debe a que el editor ha encargado el trabajo sin pasar por el debido proceso de selección, ha impuesto condiciones laborales (plazos, tarifas...) draconianas, y, por supuesto, no ha redactado un contrato de traducción que reconozca y proteja los derechos de ambas partes (también los del editor a rechazar una traducción infame), no fuera a ser que con ello tuviera que pagar regalías al traductor; y parece que por ahí van los tiros en Inédita.

A este editor especializado en el género bélico le han salido, con toda justicia, unos colaboradores guerreros, que no están para cinismos cuando la precariedad de su colectivo es ya tan evidente y preocupante (pese a que mayoritariamente se sigue ignorando en la red sectorial, lo cual resulta igualmente deplorable).

 

Hacia el colapso de los oficios del libro, II: la sintomatología de la decadencia de la corrección editorial

Hacia el colapso de los oficios del libro, II: la sintomatología de la decadencia de la corrección editorial

Una de las muchas maneras de diagnosticar el estado de salud de una profesión es fijarse en la terminología sectorial que usan «los profesionales». Cuando, por ejemplo, ves que un autodenominado corrector habla de «abreviaturas sin puntos» para referirse a los símbolos o que se ofrece como «corrector ortotipográfico» [sic] y de estilo, y no digamos ya cuando esta terminología la emplean importantes portales del sector en sus clasificaciones profesionales, te das perfecta cuenta de que quienes se dicen representantes de este colectivo profesional no se han planteado un minuto la razón de ser de su oficio en cada una de sus especializaciones, y, por consiguiente, no tienen ni idea de a qué se dedican.

Que no la tengan es en buena medida consecuencia de que, durante más de una década de progresiva externalización profesional, los gremios —al menos en España y en español—  no se hayan encargado de capacitarlos; de que las empresas de formación que han ido ocupando el vacío gremial no hayan exigido niveles mínimos de acceso a los estudios de corrección; de que los másteres y posgrados de edición que han ido floreciendo dieran escasísima importancia a los procesos editoriales; y de que muchos aspirantes a correctores o editores de mesa no se hayan preocupado de ampliar debidamente su experiencia y formación básica, lo que significa leer y estudiar, hincar los codos, mantener una actualización continua, dirigida o autodidacta, pero siempre perseverante y bien orientada.

Que los interesados no quieran hacer ese esfuerzo se entiende, también: las fuentes dignas de estudio y consulta son costosas, y su densidad exige muchísimas horas de lectura y asimilación. Y además, en su carrera profesional —y la palabra carrera cobra todo el sentido en el aceleradísimo sector de la edición—, se las tendrán que ver con muchos superiores o clientes incapaces de entender, valorar y controlar la calidad y adecuación de su trabajo. Así que ¿qué más les da saber más o menos, llamarles ajos a las cebollas y pepinillos a los calabacines, poner el punto aquí o allá, consultar esta u otra fuente, si de lo que se trata es de producir a toda prisa? Sólo el pundonor (o la neurosis) personal y el más puro amor al arte justifican prácticas de estricto respeto al texto, al lector, al autor y, claro, a una profesión de larga tradición y perfecta vigencia.

La negligencia y la vacuidad profesional se comprenden perfectamente, pues. Pero no se sostiene que, en este caso, uno se llame a sí mismo «corrector». A esta categoría de nuevos correctores sempiternamente noveles habrá que ir buscándoles un nuevo nombre.

 

Encuesta para los trabajadores de los grandes grupos editoriales en español

Encuesta para los trabajadores de los grandes grupos editoriales en español

Hace ya un tiempo, enviamos esta encuesta a uno de los boletines que parte del equipo de A&C administramos en la red: Infoeditexto.

Enlazando con el asunto que venimos tratando en los últimos días, hemos decidido ampliar la consulta a todo lector que se acerque a esta bitácora y que tenga experiencia profesional en el sector del libro en español (especialmente en grandes grupos de edición). Nuestra intención es conocer de primera mano, por los relatos directos de sus protagonistas:

1)  las condiciones laborales de los profesionales de la edición (diseñadores gráficos, componedores [maquetistas], ilustradores, redactores, lexicógrafos, traductores, correctores, técnicos editoriales...) que trabajan para grandes grupos editoriales asentados en España o en Latinoamérica (fundamentalmente Grupo Planeta, Grupo Anaya, Grupo Santillana y Grupo Bertelsmann),

2) y las tendencias productivas en el tratamiento editorial del texto, en estos grandes conglomerados de la edición.

 

Los resultados se publicarán a finales de este mismo año en un estudio sobre la lengua española, donde se analizará, entre otros temas, la deriva de las prácticas productivas y situaciones socioprofesionales en el sector hispanoamericano del libro en los últimos 20 años, un centro de atención que el propio informe del CERLALC El espacio iberoamericano del libro 2007 (p. 21)  reconocía como una enorme laguna en los estudios sectoriales; laguna incomprensible si se tiene en cuenta que tanto esta edición del informe como la más reciente del 2008 ponen énfasis en el papel clave que tienen a) la reasociación de los conceptos de selección y calidad al papel del editor y b) la  reprofesionalización del sector, para hacer frente a la competencia en esta era de avalancha de contenidos digitales e impresos accesibles:

«Debido a la enorme cantidad de producción escrita, cuya difusión es posible gracias a las nuevas tecnologías, el editor tendrá un rol cada vez más importante como seleccionador de aquellos títulos que conformen su catálogo para convertirse en garante de calidad frente a la masa de lectores que recibe un bombardeo continuo de propuestas de material escrito en la red, como los blogs de autores, además de la infinidad de información de publicaciones digitales, y los libros impresos, cuyo número de novedades sigue creciendo.»

«El reto del enorme mercado potencial, la competencia intensificada desde el mismo sector y desde los nuevos medios, la revolución tecnológica y la amplia diferenciación del mercado en cuanto a calidades, gustos y tendencias exigen una preparación cada vez mayor de cada uno de los agentes de nuestra cadena productiva.

Desde nuestra perspectiva de empresarios, el tema pasa por la capacitación gerencial y de mercadeo, hasta la formación de traductores, diseñadores y editores. Pero, en una perspectiva más amplia, involucra a todos los actores de la cadena del libro y la lectura.»

Todo aquel que quiera participar puede descargarse el pdf del cuestionario, bien pinchando en la siguiente imagen del documento, bien entrando aquí.

 

Una vez descargado, deberá copiarlo y responderlo en un documento de texto (formato rtf), y enviarlo a esta dirección: <infoeditexto.encuestas@gmail.com>, añadiendo su nombre y primer apellido al final del nombre del documento (p. ej.: Encuesta trabajadores sector hispaoamericano del libro-Mónica Salas.rtf).

En la publicación de los datos obtenidos mediante esta encuesta, el anonimato de los participantes está garantizado.

Puede responderse al cuestionario con tanto detalle como se desee.

 

Gracias por vuestra colaboración,

 

S. Senz y M. Alberte (A&C e Infoeditexto)

 

 

Hacia el colapso de los oficios del libro (y contra la pacatería de la biblioblogosfera)

Hacia el colapso de los oficios del libro (y contra la pacatería de la biblioblogosfera)

Para muestra de lo que decíamos ayer, este botón, del informe La traducción editorial en España publicado en diciembre del 2008 por el Centro de Documentación del Libro (Ministerio de Cultura de España), que «oficializaba» las conclusiones a las que ya había llegado el último estudio socioprofesional de ACETt.

Que esta situación —como la de otros trabajadores, aún más desprotegidos, que siguen a los traductores en la cadena de producción y control de calidad del libro— es insostenible no deberíamos decirlo tan a menudo. Tampoco habría que cansarse repitiendo que la responsabilidad es fundamentalmente de una deficiente legislación de consumo, que no facilita en nada al lector de libros la reclamación por productos mal elaborados y defectuosos —algo a lo que contribuye la precariedad laboral de los que los elaboran— y que permite al editor sin escrúpulos campar a sus anchas en el vacío legal. Y que quien necesita un código deontológico son los grandes conglomerados editoriales, y no los traductores, es una obviedad de tal tamaño que tener que subrayarlo nos deja ya sin aliento.

Pero habrá que llegar a un verdadero colapso (la edición sin oficios) —un colapso que permitirá a las improvisadas editoriales digitales y de autopublicación competir en superioridad de condiciones con las editoras tradicionales— para que este rumbo se rectifique, vista la indiferencia con que este asunto se trata en el sector y también en la tecnológicamente alucinada —y cada vez más insufriblemente pacata— biblioblogosfera.

 

PROBLEMÁTICA ACTUAL

Como se refleja en páginas anteriores, muchos de los derechos patrimoniales y, aunque en menor medida, de los derechos morales del traductor recogidos en la Ley, son objeto de importantes irregularidades:

►Por un lado, el escaso respeto al porcentaje de concesión en concepto de derechos de autor: sólo un 65 % de los encuestados en el estudio manifestaron la existencia de esta estipulación en contrato. Este dato refleja cierta mejoría respecto a al arrojado en el estudio anterior, que situaba en un 45 % los casos en que esto está estipulado. No obstante, aun existiendo este respaldo, el colectivo de traductores se queja de su frecuente incumplimiento y del impago de estos derechos, al establecerse en ocasiones un mínimo de ejemplares para que dicha remuneración se haga efectiva.

►En relación con este problema, se produce otro que afecta gravemente a este colectivo: la transgresión de su derecho a la información. La Ley de Propiedad Intelectual introduce algunas medidas para proteger su derecho a conocer cuáles son las cifras de venta, de tirada y de cesión a terceros; a pesar de que la situación ha ido mejorando (sobre todo en lo que respecta a los dos primeros apartados):

● Un 48 % declara no haber recibido nunca información sobre las ventas de la obra, frente al 6 % que afirma recibirla siempre.

● Un 38 % declara no haber recibido nunca información de tirada por parte de la editorial, frente al 19 % que dice haberla recibido siempre. Consideran por tanto muy necesario establecer medios que permitan un control de tirada.

● Finalmente, en lo que respecta a la cesión a terceros, es donde se plantean las mayores dificultades ya que, en muchos casos, el editor ejerce su derecho a cesión sin el consentimiento del traductor y, en consecuencia, sin liquidar al traductor las cantidades que le corresponden como titular de dichos derechos. En otros, aunque el editor comunique la cesión al traductor, se limita a retribuirle un porcentaje establecido por contrato pero sin realizar la liquidación anual a la que teóricamente tienen derecho también por este concepto. De los encuestados, sólo el 57 % reconoce haber tenido conocimiento de esta situación. Pero además, cuando no se respeta este derecho, muy pocos se atreven a reclamar a las editoriales (sólo un 10 % lo hace siempre que esto ocurre); en general  el porcentaje de reclamaciones ha ido disminuyendo por la habitual respuesta de las editoriales a prescindir del traductor.

►Aunque cada vez ocurre con menor frecuencia, muchos traductores se ven obligados a trabajar sin una relación contractual con las editoriales (en el año 2001 un 8 % se encontraban en esta situación), realizando trabajos “a tanto alzado” (un 28 % ha traducido siempre bajo este tipo de contrato); a esto hay que sumarle la desproporción entre la cantidad percibida y los datos de beneficio editorial (datos a los que, por otro lado, difícilmente tienen un acceso directo).

En este sentido, el establecimiento en 1999 de modelos de contrato tras las negociaciones mantenidas entre la Federación de Gremios de Editores de España y la Sección Autónoma de Traductores de libros de la Asociación Colegial de Escritores (ACEtt) ha supuesto un importante avance. Básicamente se determina un contrato tipo que se completa con cláusulas adicionales para el contrato a tanto alzado y el contrato mixto y que sirve de referencia a este colectivo.

►En cuanto a su derecho la integridad de la obra traducida, los datos reflejan cierta mejoría: un 63 % manifiesta que siempre se ha respetado este derecho.

►Otra de las quejas comunes es la escasa consideración del traductor en todos los ámbitos. En este sentido, reclaman su derecho a aparecer en la cubierta o en la portadilla del libro, algo que ya ocurre en un 85 % de los casos y que refleja cierta mejoría frente a años anteriores; indicar también la existencia actual de 6 editoriales que reflejan el nombre del traductor en la portada e incluso en similar tamaño que el autor. En general, a pesar de estos avances, se consideran una figura prácticamente invisible a escala social, hecho al que también contribuye especialmente la escasez de críticas relativas a la calidad de su trabajo en los medios de comunicación. Consideran que hay una tendencia manifiesta a creer que “los libros se traducen solos”. En este sentido, ACEtt lleva mucho tiempo solicitando a los críticos la inclusión del nombre del traductor, al menos en la ficha; ya lo hacen en los principales suplementos literarios de los periódicos. En cambio, no es habitual que se acuerden del traductor en la reseña.

►También consideran muy necesario el establecimiento de criterios equilibrados a la hora de definir la remuneración en cada caso, según el tipo de documento y el idioma original. En este sentido, desde distintas asociaciones se establecen recomendaciones relativas a las tarifas mínimas.

►En relación también con la remuneración, es muy controvertida la determinación del criterio que define la cuantía: lo normal es cobrar por página traducida, pero es muy común que las editoriales no respeten la “plantilla imaginaria” y computen únicamente caracteres escritos sin contar espacios en blanco. Esta práctica, además de repercutir en una importante disminución de ingresos, va en aumento. Sólo un 59 % de los encuestados ha visto siempre respetada la plantilla imaginaria.

►También consideran que es necesario revisar las tarifas actuales que, en muchos casos, se encuentran congeladas desde hace más de diez años y que están por debajo de la mayoría de países europeos. Según el citado estudio, la tarifa media por página traducida ha evolucionado desde los 7,75 € de los años 1995-1996 hasta los 10,19 € en 2001. Esta cifra supone una subida del 31,4 %, porcentaje que en comparación con la subida del IPC (30,2 %) representa sólo un ligero aumento. Los datos respecto a la renta media anual reiteran e incluso empeoran dicha situación: si en los años 1995-1996 la renta media anual era de 9875 €, en 2001 disminuyó hasta los 9315, lo que supone una reducción de 541 € sin tener en cuenta otros factores.

►Finalmente, también es importante la falta de aplicación de la Ley con carácter retroactivo; esto ha supuesto que muchos traductores no perciban ninguna remuneración (y en muchas ocasiones ninguna notificación) de obras traducidas con anterioridad a la entrada de la Ley. Cerca de tres cuartas partes de los consultados en el citado estudio (el 72 %) traducían con anterioridad a la Ley de Propiedad Intelectual de 1996.

 

Todos estos problemas son, a juicio de este colectivo, los principales causantes de que el traductor literario no pueda vivir de forma exclusiva de su profesión y se vea empujado a realizar otro tipo de traducciones (como las técnicas o jurídicas que están mejor retribuidas) o a compaginarlo con profesiones que le aporten cierta estabilidad. En este sentido, el Consejo Europeo de Asociaciones de Traductores Literarios (CEATL) ha redactado un Código Deontológico Europeo del Traductor Literario, donde se recomienda que el traductor debe, además de afrontar trabajos para los que esté realmente preparado, respetar las ideas o formas de expresarse del autor, guardar secreto profesional en caso necesario y conocer la legislación relativa a derechos de autor, velar por el respeto a sus derechos en contrato y no menoscabar la profesión rechazando aquellas ofertas cuyas condiciones no garanticen un trabajo de calidad.

Tras este breve repaso a los principales problemas manifestados por el traductor en España, pasamos a mencionar algunas de las propuestas realizadas por este colectivo con el fin de superar la situación en la que se encuentran:

►Contar con el asesoramiento legal y jurídico necesario y especializado que les permita enfrentarse con mayor conocimiento, seguridad y apoyo a estas dificultades.

►Agilizar las relaciones, comunicación y colaboración entre éstos y el mundo editorial.

►El establecimiento y actualización de unas tarifas de referencia.

►La unificación de datos e información especializada sobre y para este colectivo en una única entidad de referencia (Oficina del Traductor).

►La adecuación de los programas de estudio universitarios a las necesidades reales y la posibilidad de acceder a una formación especializada.

►La actualización de estudios e informes relativos a la situación del traductor en España.

►La creación de un Colegio de Traductores.

►El acceso a subvenciones para la adquisición de software, hardware y documentación.

►El acceso a bibliotecas de centros especializados a través de acuerdos.

►El establecimiento de bonificaciones en las cotizaciones del Régimen de Autónomos durante los primeros años de actividad. Otros proponen la creación de un régimen fiscal especial adecuado a la realidad del profesional de la traducción.

►El establecimiento de acuerdos con empresas de mensajería.

►El establecimiento de medios dirigidos al control de tirada.