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Contrastes culturales de la idea de editar

Contrastes culturales de la idea de editar

Ya comentamos aquí de qué modo contrastaba el concepto de la edición como una cadena de procesos y profesionales, que promueven activamente los editores independientes franceses, con la escasa defensa de esta idea que hallamos entre los editores españoles.

Más allá de la edición independiente, la simple comparación de los contenidos de la página web de la Federación de Gremios de Editores de España con los contenidos de la del Sindicat National de l’Édition habla por sí sola: en la una, propiedad intelectual, fomento de libro y la lectura, noticias y estudios sectoriales, y estos objetivos:

La Federación desarrolla su actividad en siete grandes áreas de actuación:

1. Promoción exterior.

2. Derechos del autor y del editor.

3. Promoción del libro y de la lectura.

4. Comercio interior.

5. Formación continua.

6. Representación nacional e internacional de los editores.

7. Servicios a los editores.

En la otra, un apartado completo, bien desarrollado, dedicado al oficio de editar, que incluye esta declaración de principios:

Decir, como se afirma a menudo, que la función del editor consiste en hacer llegar una obra preexistente al público supone una visión muy reducida de su oficio. Más allá del riesgo económico que asume el editor publicando una obra está su aportación real y constante a lo largo del proceso, desde la concepción a la venta, con particularidades según los diversos sectores editoriales.

De nuevo, me descubro ante la grandeur de la France.

Silvia Senz (Sabadell, Cataluña, España)

Hábiles tácticas para vender el propio concepto del buen editar

Hábiles tácticas para vender el propio concepto del buen editar

El País traduce hoy al español este artículo, sin previa verificación de datos, de Gerry McGovern, columnista del diario desde el 2005, en el que proclama: «Es hora de que los profesionales del contenido (editores) se coloquen al frente de las páginas web. La dictadura del autor conduce a la publicación de contenido vanidoso y de relleno. Las organizaciones que tienen éxito en Internet son aquellas que admiten que escribir y editar bien son habilidades de especialistas».

La idea es excelente. En esta bitácora solemos defender eso mismo: que, por bien del propio texto y de la imagen del autor o promotor de una publicación, se deje la edición de textos en manos de profesionales. Hasta ahí, perfecto. Lo malo es que, como pone de manifiesto Candyman en Barrapunto, recogiendo un artículo de Pepe Cervera, «todo el artículo usa como metáfora un supuesto Heart Surgery for Dummies, supuesto superventas de Amazon que ... no existe. Al menos no en Amazon ni tampoco en el catálogo de la colección For Dummies».

Gerry McGovern sí es el autor, en cambio, de un manual de estilo para escritores, editores y gestores de páginas web, The Web Content Style Guide: An Essential Reference for Online Writers, Editors and Managers. Si su falso libro no es sencillamente una broma mal calculada, sin duda habrá logrado con él dar gato por liebre a un medio de la difusión de El País, colarles sus ideas sobre la edición de contenidos en la Red y lograr una excelente promoción para su libro real.

Curiosamente, hace pocos días El País mismo entrevistaba a Josu Mezo (al que agradezco, de paso, la información sobre McGovern), de Malaprensa, una bitácora de la que ya hemos hablado aquí. No debieron de sacar grandes enseñanzas de esa entrevista, a tenor del gazapo que se les ha colado.

Silvia Senz Bueno (Sabadell, Cataluña, España)

Lecciones de corrección «on the rocks»

Lecciones de corrección «on the rocks»

El pasado miércoles, 29 de marzo, leí en El Periódico una noticia (procedente de un despacho de Efe) en la que se anunciaba, presentándolo como «un nuevo espacio en Internet destinado a proteger el buen uso del español», otro servicio de corrección y certificación de calidad lingüística con presencia en la Red, la Oficina de Corrección del Español, dirigida por Antonio Machín García y coordinada por Pedro García Domínguez y por Alberto Gómez Font (filólogo, escritor, corrector de Efe y coordinador de la Fundéu).

 

Precisamente leo hoy en la página de la Fundéu una reseña de la presentación en Buenos Aires del libro de este último, Donde dice... Debiera decir..., y extraigo de una y otra noticia tres máximas, útiles para incorporar al decálogo profesional de todo corrector de textos:

1) Sobre purismo: Ama los préstamos como a ti mismo: son el futuro de la lengua española y consustanciales a su idiosincrasia. (Lo que no sé es si seguir repudiando los calcos...)

2) Sobre cuitas socioprofesionales: Si nos quejábamos de las bajísimas tarifas que cobra un corrector (de cualquier lengua; más aún un corrector editorial) y de sus precarias condiciones laborales, desechemos ya mismo la idea de pasarnos al gremio de la hostelería (rama coctelería): los bármanes (¿o barmans?) aún cobran menos.

3) Sobre certificaciones: Ya no hay corrección (o servicio de corrección) que se precie si no ofrece un sello de calidad lingüística. (Me voy ahora mismo a encargar un tampón resultón.)

Silvia Senz (Sabadell, Cataluña, España)

 

Noticias relacionadas:

 

«El español, una lengua multinacional. (“Por la norma mediática, hacia una unidad de mercado en lo panhispánico”)» 

«Sobre el mercado del español en EUA, el prestigio social de la lengua, la calidad lingüística de los medios y la capacitación profesional»

«Norma, libros de estilo, cultura escrita y monopolios lingüísticos»

 

«Manda huevos»: malsonancias, lenguas y culturas en contacto, y publicidad

«Manda huevos»: malsonancias, lenguas y culturas en contacto, y publicidad

Conocidos son ya los casos de adaptación de otros nombres de modelos automovilísticos que sonaban de fábula en otros lares, pero que ningún hispanohablante habría tenido narices de conducir (¿quién no recuerda el Nissan Moco, el Mazda Laputa o el Mitsubishi Pajero?). Pero lo de tener que retirar un eslogan publicitario por la desnaturalización de un préstamo lingüístico entre lenguas en contacto (inglés y español) es algo nuevo...

Las quejas obligan a Volkswagen a retirar un anuncio destinado a los hispanos de EE. UU.

LA VANGUARDIA - 22/03/2006
Agencias. MIAMI

Volkswagen se ha visto obligada a retirar en Estados Unidos un anuncio publicitario de su nuevo Golf GTI tras recibir quejas de la comunidad hispana por el eslogan escogido en español: "Turbo-Cojones". El anuncio, que podía verse en vallas publicitarias de Nueva York, Los Ángeles y Miami, mostraba una foto del nuevo Golf, acompañada del lema "Turbo-Cojones", en un intento de sublimar la virilidad de los conductores hispanos.

Cojones se ha convertido en un término usado por los anglohablantes de Estados Unidos con la connotación de valiente o visceral, pero para los que tienen el español como lengua materna sigue siendo una palabra malsonante. El diccionario de la Real Academia Española (RAE) define el término en sus páginas como malsonante en su primera acepción

cojón. (Del lat. colĕo). 1. m. malson. testículo. cojones. 1. interj. U. para expresar diversos estados de ánimo, especialmente extrañeza o enfado.


Por eso, cuando en uno de los barrios hispano del país, la Pequeña Habana de Miami, aparecieron en las vallas publicitarias carteles con el lema de marras, la empresa automovilística alemana empezó a recibir llamadas y cartas de protesta.

La corrección y la edición: una senda desconocida hacia el lector

Hace algunos días tuve la oportunidad de hojear un nuevo libro de arqueología. A simple vista, y sin ir más lejos, encontré algunos «horrores» que no habrían pasado desapercibidos para cualquier corrector: errores ortográficos, ortotipográficos, líneas sin justificar, entre otras. Le digo a uno de los involucrados en las ediciones de estos libros: «Oye, consigan al menos un corrector de pruebas» y, evidentemente, recibí como respuesta una mirada de esas que matan y la frase: «No hay dinero para eso».

«Eso»… La palabrita me quedó dando vueltas en la cabeza desde entonces. ¿«Eso» no es parte imprescindible de cualquier proceso de producción de libros? En mi país, resulta muy caro producir libros según los caminos tradicionales; por eso, algunas personas han optado por la producción informal, entendiéndose esta por «me convierto en editor, diagramador (maquetador), corrector, compaginador, distribuidor y vendedor de mis libros». ¿Y el control de calidad de la producción? Tener educación universitaria y leer libros no es sinónimo de saber hacerlos. Ya es bastante tedioso leer largas descripciones sobre arquitectura, tipos de cerámica, componentes de basurales, etc. como para tener que sobrellevar otros elementos que restan méritos a los trabajos que se publican y dificultan su lectura.

Tal vez esto se deba a que la profesión de corrector no existe en el Perú… y, por tanto, se desconoce su papel en la producción de libros en círculos más amplios que los medios editoriales.

Mi primera reacción fue indignarme, la segunda fue el asombro y la tercera es… ¿cómo revertir esto?

Glenda Escajadillo (Lima, Perú)

Nórdica: compromiso con la calidad

Nórdica: compromiso con la calidad

Llegó a la redacción de esta bitácora la noticia de la creación de una nueva editorial, Nórdica, especializada, como su nombre ya indica, en la edición de autores de los países nórdicos.

Su cuidada página principal, de una sencillez y elegancia exquisitas, ya anuncia un gusto por el buen hacer que su carta de presentación se encarga de confirmar:

Nórdica Libros quiere ser la editorial de referencia en España de las diferentes literaturas de los países nórdicos. En su catálogo irán apareciendo autores clásicos y autores menos conocidos, escogidos por su calidad literaria. Intentaremos editar las obras fundamentales de estos países, algunas editadas antes en España pero que por criterios comerciales han ido desapareciendo de los catálogos actuales. Somos conscientes de la aportación fundamental de los autores nórdicos a la literatura universal y por ello intentaremos, en la medida de nuestras posibilidades, elegir los títulos guiándonos por criterios de excelencia literaria más que por su rentabilidad en términos económicos.

Las obras serán editadas con el mayor cuidado. Creemos que la aportación de las nuevas tecnologías no supone, obligatoriamente, la pérdida de los oficios que hacen que el libro sea el mayor elemento de transmisión cultural tanto por su contenido como por su presencia. Cuidaremos la elección de los textos y las traducciones pero también su rigurosa corrección, la selección de los papeles y tipografías más adecuadas (por su legibilidad y belleza), así como de las mejores encuadernaciones que aseguren la conservación del libro.

En Addenda et Corrigenda siempre hemos pensado que la calidad literaria no puede disociarse de la calidad formal y lingüística y del compromiso del editor con su papel de difusor de cultura, y que ningún editor que pretenda la una puede soslayar lo demás. En Nórdica parecen entenderlo también así.

Esperemos que su declaración de principios se refleje en sus obras y se conviertan no sólo en la editorial de referencia en literaturas nórdicas que quieren ser, sino en una editorial de referencia, sencillamente.

Ediciones, sorpresas y carreras

Ediciones, sorpresas y carreras

El uno de febrero, esta misma bitácora se hacía eco de las palabras de Jesús Badenes , director general de librerías del grupo Planeta, sobre lo desconocidos que eran los escritores de best-sellers de ahora y lo conocidos que eran los de antes. Bueno, señores, yo no sé si es que antes nacían, no con el pan, sino con el contrato bajo el brazo o si su relación desde pequeños con el mundo de la cultura era, según Badenes, determinante; la verdad es que nunca se me había ocurrido. Lo cierto es que los desconocidos tampoco lo son tanto, al menos a mi entender.

El fenómeno boca-oreja, andar de boca en boca o como se quiera llamar existe y existió, pero es como en todo: primero va la moda y luego los amigos que nos lo recomiendan. Aunque es cierto que siempre hay —gracias al cielo no somos tan previsibles— algo que se escapa a toda regla y triunfa o fracasa sin que nadie de márquetin o mercadotecnia, de sociología, de riesgo económico ni de psicología de masas logre explicarlo.

La sombra del viento bien pudo ser una sorpresa para sus editores, que quizá a pesar del premio no esperaban tantas ventas ni que el libro se vendiera en el extranjero —y es que hoy en día hablar de un best-seller o un superventas es hablar de cifras millonarias de ventas, en una competición de cien metros lisos, y no de fondo, entre millones de aspirantes, porque se publica todo—. El libro tiene un comienzo precioso y ensoñador; si uno ama los libros, además, no puede evitar enamorarse de ese muchacho y de ese mundo en donde un libro te elige en una biblioteca con la que todos hemos soñado y ambos os pertenecéis el uno al otro hasta que la muerte os separe. Pero ni el libro se mantiene en este estilo ni esto es una crítica de libros. El caso es que en 1993 Ruiz Zafón fue ganador del premio Edebé con El príncipe de la niebla, novela destinada a un público juvenil. Escribió, dirigidos al mismo público, El palacio de la media noche, Las luces de septiembre y Marina. Por cierto, todas de intriga y un amor no muy típico. Ah, y mucha maldad. Léanlos, o lean alguno de ellos; si eligen El palacio de la media noche encontrarán un cierto personaje inmortal y pirómano, ¿les recuerda a alguien? Bueno, a lo que íbamos; en el 2001, Carlos Ruiz Zafón queda finalista del premio Fernando Lara con La sombra del viento. Vaya, no me parece que hablemos de un desconocido que publica su primera obra en una pequeña editorial.

Conste que he elegido a este autor porque me he leído su best-seller y sus libros, que saqué para mi hija de la biblioteca municipal, a la que por cierto le han encantado. No sé si será así con los demás desconocidos, me figuro que sí. Si no recuerdo mal, antes de que La hermandad de la Sábana Santa o La biblia de barro hicieran de Julia Navarro una superventas o bestsellariana —¿se puede, al estilo de la redonda de pizzería?—, ya había publicado libros como Nosotros, la transición, Entre Felipe y Aznar, 1982-1996, Señora Presidenta...

Digo todo esto para que no piensen los pobres autores inéditos que tener un libro circulando gracias a una gran editorial y llegar a tan extenso público es así de fácil: España es ahora la tierra de las oportunidades; uno llega, escribe, manda el original y hala, a otro libro, mariposa. Bueno, pues no. De esos sueños que nos intentan vender, uno entre un millón (a lo mejor Dan Brown es ese uno), pero no creo yo que a Carlos Ruiz Zafón, a Julia Navarro y a tantos más que se quedan por el camino, o que no se quedan, que simplemente llegan a otro público, haya que quitarles el mérito de su trabajo y su persistencia.

El último premio Ramon Llull lo ha ganado Màrius Serra —¿conocen Verbalia?— con Farsa, que ya está en catalán, pero que no aparecerá en castellano hasta septiembre. El pasado veintidós de marzo, en La Vanguardia, Jordi Galves reseñaba el libro y resumía así el tema de la novela:

Intentaré resumir lo que esta novela quiere decir. En plena celebración de los fastos del denominado Fòrum de les Cultures se quiere agasajar a un grupo incontrolado de inmigrantes sin papeles que pretendía encerrarse en el museo del Barça hasta lograr regularizar su situación. Uno de ellos, significativamente «un moro», acabará tras una rocambolesca peripecia formando parte de un número de prestidigitación de un mago henchido de vanidad, el Gran Morelli, quien le transformará en la quintaesencia del cliché del buen inmigrante: catalanohablante, con acento de Osona, que conoce el Virolai y Els segadors, viste como un empleado de La Caixa, posee Visa y Mastercard, carnets del RACC, del Caprabo, del Barça y de Amics del Zoo. El lector percibe de inmediato que lo que se nos cuenta es una astracanada, una exageración a partir de una realidad muy concreta.

No sé ustedes, pero yo estoy deseando que se publique en castellano. Lo publicará Planeta, la misma editorial que publicó La sombra del viento. A lo mejor se llevan una sorpresa, a pesar del premio; a lo mejor no, quién sabe. Quizá digan que era un desconocido.

Si los editores tuvieran más tiempo para leer, cribar, elegir... para ser editores y no sólo empresarios, que también, quizá no se llevarían tantas sorpresas porque de la línea de meta no partirían tantísimos y la carrera sería de fondo, como venía siendo y como algunos editores independientes intentan mantener. Y claro, así no haría falta dopaje.

Ana Lorenzo (Rivas Vaciamadrid, España)

El dígrafo ortográfico italiano zz y su transliteración en las obras de la RAE

El dígrafo ortográfico italiano zz y su transliteración en las obras de la RAE

Este dígrafo representa en italiano dos sonidos: el africado dental sonoro (como el dígrafo tz en la palabra catalana tretze) y el africado dental sordo (que se obtiene pronunciando en una sola emisión los sonidos representados en castellano por la t y por la s).

Representaré el sonido africado dental sonoro con /dz/, y el africado dental sordo, con /ts/. Representaré las vocales abiertas con acento grave (por ejemplo, è, ò) y las cerradas, con acento agudo (por ejemplo, é, ó). Indicaré la sílaba tónica con un apóstrofo que la preceda.

Han penetrado en el español algunas palabras italianas que se escriben con zz. Las obras académicas las recogen sin atenerse a un criterio sistemático y no explican el porqué. Es acaso probable que esta ensalada no responda a una decisión científica, sino a los criterios distintos de los distintos redactores.

Tomo en consideración las indicaciones del DRAE 2001 y del DPD.

MOZZARELLA. Esta palabra italiana suena /mó-tsa-‘rèl-la/. El DRAE 2001 la escribe con cursiva por considerarla voz extranjera, pero sin indicar su pronunciación. El DPD propone mozarela como adaptación gráfica.

Mal servicio se ha hecho al italiano: el hablante español, al ver esta grafía, pronunciará la típica z española; el hablante latinoamericano, una sibilante sorda. Desaparecen la /ts/, la /è/ y la geminación de la l del italiano, con lo que se produce un monstruito fonético.

PIZZA. Esta palabra italiana suena /’pi-tsa/. El DRAE 2001 la escribe con cursiva como palabra extranjera, sin indicar su pronunciación. La misma obra registra en redondo pizzería, como voz castellana.

Aquí se hace buen servicio al italiano y mal servicio al castellano, puesto de que una palabra extranjera (pizza) se hace derivar una palabra castellana (pizzería). ¿Habrá que pronunciar la primera a la italiana y la segunda a la hispana o a la latinoamericana? Si pizza es palabra extranjera que debe escribirse en cursiva, ¿qué sucede cuando se escribe pizzas? Porque el caso es que pizzas es un monstruito: un plural castellano de una palabra extranjera. Propongo escribir pizzas (s de redonda). EL DPD, taimadísimo, no registra ni la una ni la otra. Ahora bien, si el DPD propone mozarela, ¿por qué no ha de proponer piza y pizería? Se habrán olvidado o no se habrán atrevido con dos palabras de difusión mundial.

ATTREZZO. Esta palabra italiana suena /at-‘tré-tso/. El DRAE 2001 registra atrezo y dice, erróneamente, que deriva del italiano atrezzo (en italiano, se escribe attrezzo). El DPD corrige la etimología errónea del DRAE 2001 y preceptúa: «Es inadmisible la grafía atrezzo, que no es italiana ni española».

Es verdad, pero esto debía tenerse en cuenta al redactar el DRAE 2001. Con la castellanización de attrezzo se pierden la geminación de la t y la /ts/ y se imponen pronunciaciones lejanísimas del original.

MEZZO. Esta palabra italiana se pronuncia /’mè-dzo/. El DRAE 2001 la registra en cursiva como palabra extranjera, sin indicar su pronunciación. Remite a mezzosoprano. El DPD no registra mezzo.

MEZZOSOPRANO. Esta palabra italiana es de género masculino y se pronuncia /‘mè-dzo-so-prà-no/. El DRAE 2001 la registra en cursiva como palabra extranjera, sin indicar su pronunciación. El DPD dice que es «extranjerismo crudo», pero señala que, si bien esta forma está «asentada en uso internacional, se puede adaptar al español en la forma mesosoprano, puesto que el elemento compositivo meso- significa, precisamente ‘medio o intermedio’».

Esta propuesta es de lo más chusco, ya que el elemento compositivo meso- es exclusivo de la terminología científica. Naturalmente, el DPD no introduce meso como sinónimo de mezzosoprano. Parecería lógico que lo hiciera, puesto que el DRAE 2001 da mezo como sinónimo de mezzosoprano.

PAPARAZZI. Esta palabra es el plural italiano de paparazzo, nombre inventado por Federico Fellini para un fotógrafo de su La dolce vita. En italiano se pronuncia /’pa-pa-‘ra-tsi/. El DRAE 2001 no la registra. El DPD propone paparazi, lo que, como en los casos anteriores, impone pronunciar de modo muy distinto del original. No es anormal que un plural entre en castellano como singular. Sin entrar en detalles, puede decirse que al fenómeno se remonta a la época de la formación de la lengua. Ahora bien, acaso pueda decirse que los sustantivos masculinos singulares terminado en –o suenan mejor que los terminados en –i.

PIZZICATO. El DRAE 2001 y el DPD registran la palabra en cursiva. Contrariamente a lo que hace con las palabras italianas de las cuales no indica la pronunciación, en este caso el DPD siente el deber de explicarse: «Por tratarse de un extranjerismo crudo, conserva su pronunciación originaria [pitsikáto]».

JACUZZI. Así aparece registrada en el DRAE 2001. Los académicos dicen que es voz inglesa. No, señora: es palabra italianísima registrada como marca comercial en los Estados Unidos. Dejemos de lado cómo se pronuncia esta palabra en italiano y consideremos cómo se hace en inglés: la j representa el sonido que esta letra representa en inglés; las zz representan una sibilante sonora (como, por ejemplo, la z en la palabra francesa azimut).

El DPD pone las cosas en su sitio proponiendo yacusi. Se ve que los académicos no osaron proponer yacuzi ateniéndose a lo hecho con las otras palabras italianas, ya que la z pronunciada a la española es muy lejana de la sibilante sonora de los ingleses. Ahora bien, la z pronunciada a la española en una palabra como mozarela también está muy lejos del sonido representado en la palabra italiana mozzarella con zz.

RAZIA. El DRAE 2001 y el DPD dicen que esta palabra deriva del francés razzia. Naturalmente, para los franceses esta palabra es aguda y zz representa el sonido sibilante sonoro (el mismo que en la palabra azimut) o bien la africada dental sonora /dz/.

La z de la palabra castellanizada razia conduce muy lejos de la pronunciación original a los hablantes de España. Digamos que el uso castellano ha convertido la palabra en llana. Ahora bien, ¿por qué la sibilante sonora de la palabra francesa razzia se representa con z en la castellanización y la misma sibilante de jacuzzi se representa con s al castellanizar la palabra en yacusi?

No he intentado pedir explicaciones a la RAE sobre su incoherencia. A mí me basta observarlas y actuar en consecuencia. O sea: tomando poco en serio a la RAE.

Jordi Minguell Roselló, periodista (Roma, Italia)