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Màrius Serra y los correctores (historia de un desamor)

Màrius Serra y los correctores (historia de un desamor)

En La Vanguardia de hoy, el articulista, escritor premiado y verbívoro Màrius Serra reseña la muestra de deslices y errores lingüísticos en los medios Morderse la lengua, del Centro Virtual Cervantes, recurriendo a lo meramente anecdótico (la evocación de los programas televisivos sobre lengua española que él mismo solía ver de niño y joven —ya que Morderse la lengua surge de un programa de estas características— y la enumeración temática de los gazapos) y evitando analizar el problema de fondo que revela este catálogo de errores en los medios escritos: la deplorable y cada vez más generalizada calidad lingüística de las producciones escritas, estrechamente vinculada al desplazamiento de las redacciones hemerológicas y bibliológicas que han sufrido en los últimos veinte años figuras tan puntales de la edición como los correctores y los editores de mesa.

Desde hace ya unos meses, algunas de las personas que componemos el grupo Addenda et Corrigenda mantenemos una correspondencia más o menos fluida con Màrius, al que procuramos tener bien informado sobre las vicisitudes de los profesionales de la cadena del impreso, particularmente de los avatares de aquellos que nos ocupamos de procesos de edición y corrección. Nos consta, por ello, que Màrius conoce perfectamente la situación de los editores y correctores de texto españoles (de cualquier lengua de España: español, gallego o catalán al menos) y americanos. Probablemente también conozca la dura realidad de otros editores y correctores (de la cercana Francia, por ejemplo, o de EE.UU.).

Màrius Serra sabe bien en qué condiciones trabajan (o, lo que es peor, no trabajan) los correctores y editores de texto de prensa y libros. Lo sabe, y por esta razón resulta especialmente decepcionante que haya desaprovechado una ocasión de oro (y no es la primera) para enlazar la profusión de erratas descomunales en los medios con este vaciado de profesionales del cuidado del texto de las redacciones, y para hablar por fin, en un diario de gran prestigio y difusión, de estos temas sobre los cuales «oficialmente» se mantiene la ley del silencio.

Màrius sabe también que en este cuaderno de bitácora no nos duelen prendas a la hora de decir las cosas por su nombre, con apellidos incluso. Así que esta crítica directa no le sorprenderá a él tanto como a nosotros su omisión.

Silvia Senz Bueno (Sabadell, Cataluña, España)

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2 comentarios

floren -

yo tambien estoy enamorada, y no lo consigo, que puedo hacer? porfavor si sabes alguna tencica llamemen 972658923

Reverberum -

Me surge algo. Todavía en la adaptación sugerida encuentro las raíces de traducción al inglés. Seguramente por haber sido al primer idioma que se tradujo. Si yo la quisiera castellanizar o españolizar sería "gueicha", pues como bien dicen, la sh no ha sido incorporada en el uso de nuestro idioma. Me surge también, dada la libertad que promueven los blogs, opinar que incluyéramos en uso de la sh, esto es como una diferencia de la fuerza del sonido de la ch contra la suavidad del sonido de la sh anglosajona. Opino que enriqueceríamos el idioma. Entonces el "gueisha" sugerido me hace sentido. Mi experiencia es nula en japonés; no sé como suena el "sha" en ese idioma, por la guturalidad de esos idiomas es posible que tenga la fuerza del "cha" del español.
Mis saludos,
Rever.
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