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El dardo en la Academia (Melusina): descripción, historia y guía de lectura

El dardo en la Academia (Melusina): descripción, historia y guía de lectura

 

Ficha bibliográfica y contenido

 

Silvia Senz y Montserrat Alberte (eds.): El dardo en la Academia. Esencia y vigencia de las academias de la lengua española, 2 vols. (vol. I: 736 pp.; vol. II: 640 pp.), Barcelona: Melusina, 2011. ISBN: 978-84-96614-97-0; ISBN vol. 1: 978-84-96614-98-7; ISBN vol. 2: 978-84-96614-99-4.

Nómina de autores, extractos, prensa y documentación adicional

 

 

Índice

 

Volumen I

Advertencia al lector

Màrius Serra: «¿A quién engaña la RAE?»

Silvia Senz y Montserrat Alberte: «El dardo en la Academia, un proyecto editorial de fondo. (A modo de introducción)»

1. Luis Carlos Díaz Salgado: «Historia crítica y rosa de la Real Academia Española»

2. Juan Carlos Moreno Cabrera: «“Unifica, limpia y fija.” La RAE y los mitos del nacionalismo lingüístico español»

3. Luis Fernando Lara: «El símbolo, el poder y la lengua»

4. Gianluigi Esposito: «Accademia della Crusca, Académie Française y Real Academia Española: paralelismos y divergencias»

5. Silvia Senz, Jordi Minguell y Montserrat Alberte: «Las academias de la lengua española, organismos de planificación lingüística»

6. José del Valle: «Política del lenguaje y geopolítica: España, la RAE y la población latina de Estados Unidos»

7. Graciela Barrios: «La regulación política de la diversidad: academias de lenguas y prescripción idiomática»

8. José Martínez de Sousa: «La obra académica a lo largo de tres siglos»

Notas

 

Volumen II

9. Silvia Senz: «Una, grande y (esencialmente) uniforme. La RAE en la conformación y expansión de la “lengua común”»

10. María Pozzi: «Terminología y normalización en las academias de la lengua española»

11. Montserrat Alberte: «La “laboriosa colmena”: los diccionarios hipotéticos de la RAE»

12. Esther Forgas: «El compromiso académico y su reflejo en el DRAE: los sesgos ideológicos (sexismo, racismo, moralismo) del Diccionario»

13. Susana Rodríguez Barcia: «Un mundo a su medida. La construcción de la realidad en los últimos diccionarios de la RAE»

14. Maria Antònia Martí y Mariona Taulé: «La Academia y la investigación universitaria en las tecnologías de la lengua»

15. Silvia Ramírez Gelbes: «Correctores, periodistas y la Academia Argentina de Letras: amores y desamores»

Notas

Nómina de autores


 

Historia y guía de lectura

La idea de El dardo en la Academia surgió de la manera más casual hace cinco años, en una conversación con José Pons, editor de Melusina, durante la que salió a colación un tema recurrente entre profesionales del sector editorial español con una cierta trayectoria: el bajo perfil de la Real Academia Española como organismo estandarizador. Partiendo de este juicio crítico previo, contribuir a explicar cómo una institución normalizadora semipública, con una producción menos abundante de lo que aparenta y mucho menos consistente, actualizada y disponible de lo que es exigible, puede haber llegado a ejercer una influencia social sostenida sobre los hablantes de español de ambos lados del Atlántico fue el reto que José Pons nos lanzó; un reto que decidimos asumir con esta obra y que trasladamos al resto de autores, algunos de ellos también miembros de esta bitácora.

La obra que hoy tenemos ya en nuestras manos es el fruto de cinco años de duro trabajo autoral y editorial, de la apuesta sostenida y arriesgada de un editor de fuste, y de una conciencia viva, compartida por todo el equipo de darderos, de la necesidad de ofrecer a la sociedad de habla castellana una imagen lo más fidedigna, completa y rigurosa posible de lo que son y representan las academias de la lengua para el hablante común, para los estudiantes y enseñantes, para los profesionales de los medios escritos, y para la comunidad de lingüistas, terminólogos, lexicógrafos y desarrolladores de tecnologías de la lengua, a fin de que cada cual pueda evaluar, a partir de los exhaustivos ensayos que El dardo en la Academia incluye, los perjuicios (mayoritarios) y beneficios (escasos) que se derivan de estas instituciones. Valga este adelanto como muestra de los análisis que la obra realiza y de las diversas conclusiones que de ellos pueden desprenderse:

 

Análisis de las diversas facetas académicas y de su interrelación 

Conclusiones

1. Institucional

 

• Estructura, histórica y actual (organigrama, recursos humanos, sistema de elección/exclusión de miembros, perfil de su membresía, composición, subestructuras...), de la RAE:

caps. 1, 4, 8, 9 y 11.

 

• Fines estatutarios (históricos y actuales) de la RAE y de diversas academias americanas:

caps. 1, 2, 4, 8, 9, 11, 15.

 

• Funcionamiento (reglamento interno y sistema y medios de trabajo) de la RAE:

caps. 1, 4, 5, 8, 9, 10 y 11.

 

• Naturaleza jurídico-administrativa y fiscal de la RAE:

caps. 1, 4, 9.

 

• Finanzas (recursos financieros, balance ingresos/gastos y control del Estado) de la RAE y de la Asociación de Academias de la Lengua Española:

caps. 4, 9, 11.

 

• Inserción en estructuras del Estado (Consejo de Estado, Instituto de España, Ministerio de Educación, Casa de Su Majestad el Rey...) y grado de autonomía operativa de la RAE y de diversas academias americanas:

caps. 3, 4, 6, 7, 9, 15.

 

• Relaciones públicas (con prensa y usuarios) de la RAE y de la Asociación de Academias de la Lengua Española:

caps. 1, 4, 5, 9, 11.

 

• Discurso público de la RAE y de la Asociación de Academias de la Lengua Española:

caps. 1, 2, 3, 5, 6, 9, 11, 12.

 

• Política de publicaciones y relación con sus editoras:

caps. 5, 8, 9.

 

• Ideario: evolución y permanencia de rasgos ideológicos idiosincrásicos de la RAE y de algunas academias americanas:

caps. 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 9, 12, 13, 15.

 

1. Del estudio de la dimensión institucional de la RAE, de la Asociación de Academias de la Lengua Española, de diversas academias americanas y del perfil de sus integrantes se concluye que:


• La RAE es una entidad tradicionalmente endogámica, nepótica, machista, elitista, clasista, conservadora, hermética, nacionalista y católica, carente de transparencia, en exceso autónoma del control administrativo, en exceso supeditada a los intereses del poder político y económico, con un desmesurado afán de lucro, beneficiaria de una cantidad desproporcionada de caudales públicos y promotora de una imagen pública ilusoria.

 

• Las academias filipina y americanas son organismos de poca entidad y escasa autonomía, con un ideario parecido al de la RAE, en su mayoría supeditadas históricamente a la Academia Española por razones estatutarias y hoy subordinadas a ella por razones financieras, logísticas y tecnológicas.

 

• La Asale es un organismo financieramente dependiente del Gobierno de España y de los patronos privados de la RAE (benefactores corporativos de la Fundación pro RAE y la Fundación Carolina, como Repsol, Telefónica, Grupo Prisa, Grupo Planeta, Grupo Santander, etc.).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2. Agente de política lingüística

 

• Políticas del lenguaje en las que ha participado y participa la RAE, directamente o por medio de sus filiales:

caps. 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 9.

 

• Caracterización y objetivos de la actual Política Lingüística Panhispánica (PLP) de la RAE y de la Asociación de Academias de la Lengua Española:

caps. 2, 3, 4, 5, 6, 7, 9.

 

• Articulación de la PLP con políticas de continuidad en los gobiernos de la España democrática (comercio exterior, asuntos exteriores, política cultural exterior, orden constitucional...):

caps. 2, 5, 6, 7, 9.

 

• Articulación de la RAE con otras estructuras (públicas o no) españolas de política lingüística, y de fomento y proyección cultural (Agencia Efe, Instituto Cervantes, Seacex, Icex...):

caps. 5, 6, 7, 9.

 

• Articulación de la RAE y de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale) con estructuras políticas supranacionales (Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado):

caps. 6, 9.

 

2. Del estudio del papel de la RAE y de la Asale como agentes de política lingüística se concluye que:


• Ambas son entidades al servicio de la unidad normativa del español, objetivo que interesa y beneficia muy en particular a las estrategias geopolítica y económica de España.

 

• Ambas son entidades que promueven el mantenimiento de la hegemonía constitucional y social del español en los países donde es lengua de uso, así como su consideración como lengua internacional o como lengua de trabajo de organismos internacionales o de integraciones regionales, en detrimento de otras lenguas con las que convive.

3. Agente de planificación del español

 

• Objetivos principales de la RAE (y hoy también de la Asale) como agente de planificación: codificación y estandarización del español (elaboración de una ortografía, una gramática y un léxico normativos, según un determinado modelo ideal de lengua):

caps. 1, 2, 3, 4, 5, 8, 9, 11.

 

• Objetivos secundarios de planificación en los que participa la RAE y grado de implicación en ellos:

caps. 5, 9, 10.

 

• Articulación de la RAE con otras entidades de normalización del castellano (Fundéu, filiales de Fundéu, Aeterm, academias asociadas, otras reales academias de España...):

caps. 1, 3, 5, 6, 7, 9, 10, 15.

 

• Articulación de la RAE con investigadores de la lengua y desarrolladores de tecnologías lingüísticas:

caps. 2, 3, 5, 10, 14.

 

3. Del estudio de su labor como agente de planificación del castellano/español se concluye que la RAE tiene un espíritu omnipresente y hegemonista, dado que siempre se ha postulado y posicionado como la institución a la que corresponde dirigir, coordinar y controlar todos los procesos de planificación y normalización del castellano, incluso los que superan claramente sus competencias y la preparación de sus especialistas.

 

Del análisis de su relación actual con las academias asociadas se concluye que el sistema de colaboración interacadémica en la realización de la nueva norma panhispánica no es tan horizontal y equitativo como pretende el discurso oficial de la RAE.

 

Del análisis de su papel y labor en la mayor parte de los campos de planificación y normalización del castellano se concluye que la RAE:


• obstaculiza el desarrollo de la planificación y estandarización en el campo de la terminología y en el de la simplificación del lenguaje jurídico-administrativo;

 

• interviene, con poco acierto y conocimiento de causa, en la regulación de la escritura de exotopónimos, e intenta interferir en la legislación de la toponimia y la onomástica de aquellos territorios donde el castellano es oficial o cooficial, competencia que corresponde a otros organismos;

 

• interfiere en la regulación de la escritura científico-técnica, estableciendo normas contrarias a las promulgadas por organismos competentes;

 

• no promueve sinergias con los investigadores del mundo universitario y de las industrias de la lengua.

 

4. Organismo oficial de codificación y estandarización del español (función principal)

 

• Modelos normativos y criterios de corrección (características, valores y objetivos de la norma del español, histórica y presente):

caps. 1, 2, 3, 5, 7, 8, 15.

 

• Estilos normativos históricos y actuales:

caps. 2, 3, 5, 8, 9.

 

• Cientifismo y modernidad en la labor académica (ideas sobre el lenguaje, modelos teóricos de referencia, grado de conocimiento descriptivo de la diversidad lingüística, manejo y desarrollo de recursos tecnológicos, aplicación de metodologías adecuadas, rigor y ética científicos, y grado de arbitrariedad y subjetividad en la norma):

caps. 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14.

 

• Productividad (histórica y actual) de obra normativa y de recursos lingüísticos:

caps. 1, 3, 4, 5, 9, 10, 11, 14.

 

• Calidad y fiabilidad de la norma (consistencia, compleción, transparencia, rigor) y de los recursos lingüísticos académicos:

caps. 2, 3, 5, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14.

 

• Disponibilidad de las obras normativas y de los recursos lingüísticos académicos:

caps. 5, 8, 9, 10, 11, 14.

 

• Difusión de la norma (a través de los medios escritos y de las instituciones educativas):

caps. 1, 3, 5, 9.

 

• Adecuación de la norma y del modelo de lengua a los objetivos y al ideario de la institución:

caps. 2, 3, 5, 7, 8, 9, 11, 12, 13.

 

• Adecuación de la norma a las necesidades de normalización del castellano y de los profesionales de la lengua:

caps. 1, 2, 3, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 15.

 

• Permeabilidad de la obra académica a la ideología característica de la institución (v. § 1):

caps. 1, 2, 3, 5, 6, 7, 9, 10, 11, 12, 13, 15.

 

4. Del análisis de los modelos de lengua, históricos y presente, que elabora, y de sus códigos normativos se concluye:


• que la RAE selecciona y privilegia en su modelo de lengua tres variedades de referencia: variedad social culta (en exclusiva) + variedades geográficas centro-norteñas de España (hoy sin exclusividad: se admiten algunas formas de las variedades americanas) + variedades funcionales escrita y literaria (hoy sin exclusividad: se admite la lengua de los medios de comunicación);


• que la RAE no ha acabado de fijar su actual modelo de lengua, que oscila entre el unitarismo, el monocentrismo y el polimorfismo, para desorientación del usuario;

 

• que la RAE mantiene su papel prescriptivo y proscriptivo, en una versión blanda en la actual norma panhispánica;

 

• que resulta imposible saber en qué conocimiento idiomático fundamenta sus obras;

 

• que las obras académicas actuales mantienen concepciones del lenguaje obsoletas;

 

• que, pese a los medios de que dispone, en la realización de las obras académicas actuales se siguen aplicando metodologías obsoletas;

 

• que mantiene un comportamiento antiético al omitir sistemáticamente sus fuentes teóricas, no tanto por tradición como por cultivar una imagen social de omnisciencia;

 

• que su capacidad productiva pasada y presente está en desproporción con los medios humanos y financieros de los que ha gozado y goza;

 

• que la mayor parte de su obra y de los recursos que produce son inconsistentes y tienen una calidad deficiente;

 

• que, debido a los errores, deficiencias e inconsistencias y arbitrariedades de su obra, da un mal servicio a los usuarios y particularmente desorienta a los profesionales del lenguaje;

 

• que la mayor parte de su obra y de los recursos que hoy produce no están disponibles para los usuarios de manera libre y gratuita, y los que lo están, no son accesibles y consultables en las debidas y factibles condiciones;

 

• que el ideario idiosincrásico de la institución (v. § 1) impregna buena parte de su obra, condicionando con ello en el usuario una determinada visión del mundo y de la sociedad;

 

• que la RAE siempre ha querido ejercer un poder directo sobre los medios de difusión de su obra normativa (medios escritos y medio escolar), cosa que logró por decreto en diversos momentos de su historia en lo que se refiere a la institución escolar, y que ha conseguido en el presente en lo relativo a los medios de comunicación, gracias a la colaboración de la Agencia Efe y de la Fundación del Español Urgente;

 

• que, a pesar de esto último, sus códigos normativos y las ideas sobre el lenguaje que emanan de ellos no congenian con las necesidades de las instituciones educativas ni de los medios escritos actuales.

 

5. Ascendiente (poder)

 

• Relación (histórica y presente) de la RAE y de algunas academias americanas con estructuras del poder político, social y económico:

caps. 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 11, 15.

 

• La RAE como coartífice y símbolo de una determinada identidad de la lengua (responsabilidad en la conformación de las representaciones del castellano/español a lo largo de su historia y en el presente, en colaboración con otros agentes ideológicos):

caps. 1, 2, 3, 5, 6, 7, 9, 11, 12, 13, 15.

 

• La RAE como autoridad idiomática (grado de influencia, histórica y presente, en los países donde el castellano es lengua de uso o lengua hegemónica):

caps. 1, 2, 3, 5, 6, 7, 8, 9, 15.

5. Del análisis de su grado de autoridad e influencia concluimos que:


• La RAE tiene sobre la sociedad castellanohablante, en cualquier país, un ascendiente que no se corresponde con la eficacia de su labor normativa, y que más bien se deriva de su incrustación en las estructuras de poder político, social y, hoy, también económico.


• Dada su sostenida influencia en el mundo hispánico a lo largo del tiempo, favorecida por la subordinación histórica de las academias filiales filipina y americanas, la RAE es además responsable principal de la difusión social de una determinada visión del castellano, de las demás lenguas y del lenguaje, que margina visiones alternativas del español, que favorece la minorización de las lenguas con las que convive y que obstaculiza la difusión social de los avances de la lingüística moderna.


• En los momentos que goza de mayor autoridad, gracias al apoyo político, suele obstaculizar el desarrollo de aquellos trabajos normativos y producciones de obras de referencia sobre la lengua que podrían representar un reto a su doctrina y autoridad, aun cuando también supongan un estímulo para el trabajo académico.

 

 

 

Silvia Senz y Montserrat Alberte

Ortotipografía, tipografía y corrección. Para aclarar conceptos

Ortotipografía, tipografía y corrección. Para aclarar conceptos

Tiempo atrás comentamos lo triste que resulta ver cómo muchos correctores advenedizos (traductores en no pocos casos) o mal formados que se dedican a corregir pruebas tipográficas se llaman a sí mismos correctores ortotipográficos, dejando atrás el término que, con toda justificación, designa desde hace siglos a este profesional: corrector tipográfico.

Como el error terminológico campa por sus respetos, vamos a aclarar conceptos.

 

 

1. Qué es la tipografía

 

La tipografía es el conjunto de principios y conocimientos tradicionales sobre diseño de grafismos, composición tipográfica, y disposición y compaginación (puesta en página) de los diversos elementos que conforman un texto en combinación con elementos espaciales (blancos) e icónicos.

La tipografía es un saber forjado durante siglos de práctica en las imprentas y las editoriales, y remodelado y perfeccionado gracias a los avances tecnológicos y a la aplicación sistemática de criterios de estética, proporcionalidad y funcionalidad tipográficas, y de eficacia comunicativa.
Grosso modo, comprende los siguientes aspectos: 

 

Tipología:

Los tipos de letra: anatomía del tipo y variedades (estilos, familias y series o clases).

Anatomía y variedades de otros tipos de grafismos (signos especiales, cifras, filetes, tramas y ornamentos).

Factores de legibilidad.

Principios de estética y armonía tipográficas.

Principios de funcionalidad tipográfica.

 

Tipometría:

Sistemas de medida y cálculo tipográfico.

Formatos de papel.

 

Composición y disposición tipográficas:

Principios de proporcionalidad y funcionalidad tipográficas aplicados a:

a) el cálculo de las medidas de la caja del texto y los márgenes;

b) el cálculo de las medidas de las columnas y los medianiles;

c) la aplicación y medidas de las sangrías y de las líneas de blanco;

d) los cuerpos y la interlínea de los elementos textuales y extratextuales (según jerarquía interna, formato, legibilidad de la letra y tipo de lector);

e) la medida de las capitulares.

 

Principios de funcionalidad, legibilidad y estética tipográficas aplicados a la selección de:

a) los tipos de párrafo (según tipo de obra, legibilidad del párrafo y tipo de elemento textual y extratextual);

b) los signos que establecen la jerarquía tipográfica de apartados y subapartados;

c) los tipos y disposición de las capitulares;

d) los tipos de cifras empleados (en cuadros, texto general, títulos, folios numéricos...);

e) la distribución de grafismos y contragrafismos en la página;

f) la composición (tipográfica) y disposición de los lemas;

g) la composición y disposición de los sumarios;

h) la composición y disposición de los poemas;

i) la composición y disposición de los textos de obras teatrales;

j) la composición y disposición de las fórmulas;

k) la composición y disposición de los intercalados;

l) la composición y disposición de los cuadros;

m) la composición y disposición de los diversos tipos de títulos;

n) la composición y disposición de rotulados y pies de figura;

ñ) la composición y disposición de los diversos tipos de notas;

o) la composición y disposición de los diversos tipos de índices;

p) la composición y disposición de las bibliografías;

q) la composición y disposición de las cronologías;

r) la composición y disposición de las firmas;

s) el tipo de folio explicativo y su composición y disposición;

t) el tipo de folio numérico y su composición y disposición;

u) los símbolos y ornamentos;

v) las ligaduras;

w) las tramas;

x) los colores.


Compaginación:

Cálculo de las páginas de una obra.

Orden y disposición de las partes de una obra en la compaginación.

 

Obras útiles sobre tipografía:
BUEN, JORGE DE:
Manual de diseño editorial, 3.ª edición, corregida y aumentada, Gijón: Trea, 2008.

MARTÍNEZ DE SOUSA, J.: Manual de edición y autoedición, Madrid: Pirámide, 1994.
— «La diacrisis tipográfica», Español actual: Revista de español vivo: monográfico sobre ortografía y ortotipografía, núm. 88 (2007), pp. 63-80.

ZAVALA RUIZ, ROBERTO: El libro y sus orillas: tipografía, originales, redacción, corrección de estilo y de pruebas, 6a. reimp. de la 3a. ed. corregida, México: UNAM, 2005.

 

 

2. Qué es la ortotipografía y qué es la corrección ortotipográfica

 

La ortotipografía es la parte de la ortografía técnica que se ocupa del estudio y aplicación de los principios tipográficos de estética, funcionalidad, legibilidad y eficacia comunicativa en la escritura de un texto con caracteres tipográficos. Como la tipografía, se estableció en el mundo del impreso.

La corrección ortotipográfica se realiza en diversas fases:

1) en el original de un texto (antes de que se componga), y

2) en las pruebas tipográficas de ese mismo texto (ya compuesto).

 

La ortotipografía comprende los siguientes aspectos:

grafía y aplicación de las variantes de letra: redonda, cursiva, negrita, versalita, ancha y estrecha, superíndice (voladita) y subíndice, etcétera;

normas de alineación;

el mecanismo y grafía de las remisiones;

 

grafía, disposición (a párrafo seguido o aparte) y puntuación de las citas;

puntuación de todos los elementos textuales y extratextuales (textos de pies de figura, cuadros, gráficas, etc.);

signos empleados en los diversos tipos de notas (llamadas y notación) y puntuación que les afecta;

blancos incorrectos (sangrías, espaciado, prosa, líneas de blanco, corondeles...);

grafía, composición y disposición de apartados y subapartados;

normas de división y separación de palabras a final de línea en las pruebas tipográficas.

líneas incorrectas;

páginas incorrectas;

normas de partición de títulos en los textos compuestos tipográficamente.


La normativa ortotipográfica NO es competencia de las academias de la lengua. Como todo saber tipográfico, se desarrolló en el mundo del impreso y se halla dispersa en infinidad de fuentes, algunas oficiales e internacionales (como las que afectan a los signos de corrección), pero la mayoría de origen particular y uso restringido (libros de estilo y códigos tipográficos), lo que supone una gran disparidad de criterios en los usos que dictan unas editoriales y otras.

 

El principal compilador y sistematizador de esta normativa, y a la vez analista crítico y optimizador de la ortografía académica, es José Martínez de Sousa, y por ello sus obras constituyen la principal referencia en materia ortográfica y ortotipográfica:

MARTÍNEZ DE SOUSA, J.: Diccionario de uso de las mayúsculas y minúsculas, Gijón: Trea, 2007. [En proceso de revisión para una 2.ª edición.]
Manual de estilo de la lengua española, 3.ª ed., Gijón: Trea, 2007.
Ortografía y ortotipografía del español actual, Gijón: Trea, 2008, 2.ª ed.

Para la lengua catalana son referencia habitual:
MESTRES, J. M., J. COSTA, M. OLIVA Y R. FITÉ: Manual d’estil: la redacció i edició de textos (libro + CD), 4.ª ed., Barcelona: Eumo Editorial/Universitat de Barcelona /Associació de Mestres Rosa Sensat/Universitat Pompeu Fabra, 2009. [Si se tiene la 3.ª ed. (2007), aquí se pueden descargar gratuitamente las actualizaciones de esta edición: http://www.eumoeditorial.com/recursos_ident.php ]

PUJOL, J. M., Y J. SOLÀ: Ortotipografia: manual de l’autor, l’autoeditor i el dissenyador gràfic, 2.ª ed., Barcelona: Columna, 2001. El Tractat de puntuació de Solà que incorpora es, sencillamente, una joya igualmente válida para el castellano.

 

Para textos científicos es bastante útil:

BEZOS LÓPEZ, Javier: Tipografía y notaciones científicas, Gijón: Trea, 2009.

 

 

3. El corrector tipográfico, la ortotipografía y la tipografía

 

El corrector tipográfico es aquel profesional del control de calidad del texto en la edición que se ocupa de corregir sucesivas pruebas tipográficas, es decir, obras ya compuestas tipográficamente según un diseño y compaginación determinados.

En lo relativo a la ortotipografía y la tipografía, se encarga de:
– Verificar la aplicación de todas las correcciones ortotipográficas realizadas en el texto original y de llevar a cabo las que se hayan omitido debido a algún lapsus del corrector y del preparador del original.

 

Comprobar la aplicación de las siguientes señalizaciones tipográficas marcadas en el original:
a) orden de la compaginación;
b) tipos de párrafos,
c) líneas de blanco,
d) sangrías,
e) folios explicativos y numéricos,
f) situación de las notas,
g) alineaciones,
h) jerarquía de títulos,
i) espaciados.

 

Corregir:

a) la aplicación incorrecta de los distintos tipos de folios numéricos;

b) blancos incorrectos (sangrías, espaciado, prosa, líneas de blanco, corondeles...);

c) la división y separación de palabras a final de línea en las pruebas tipográficas;

d) las líneas incorrectas;

e) las páginas incorrectas;

f) la partición incorrecta de títulos en los textos compuestos tipográficamente;

g) la repetición en líneas seguidas y en el mismo lugar de texto idéntico (más de dos caracteres).

 

 

Silvia Senz Bueno

 


 


#finsaqueoRAE: Los porqués de la campaña para que RAE y Asale publiquen bibliografías de las fuentes de sus obras

#finsaqueoRAE: Los porqués de la campaña para que RAE y Asale publiquen bibliografías de las fuentes de sus obras

Después del DRAE, destaca de manera definitiva la oferta del Diccionario panhispánico de dudas, obra la más completa en su especie, lograda, por cierto con el aporte de tantas obras precedentes, algunas nutricias de varias generaciones y a las que debemos nuestra gratitud: los manuales de don Manuel Seco (todos hemos «manuelsaqueado»), de don José Martínez de Sousa, de Manuel Rafael Aragó, y otros más. [...] Y, a partir de ellos, el trabajo elogiable y paciente del equipo de «Español al Día», de la Real Academia Española, encabezado por Elena Hernández. Y, luego, el análisis y comentario de las propuestas del mencionado equipo, los aportes de todas las Academias de la Lengua, a través de sus delegados a la Comisión específica, y la revisión y discusión de cada lema. Y, por fin, la aprobación de los plenos.

Pedro Luis Barcia (dir. Academia Argentina de Letras): «La lengua en los medios orales de comunicación».

 

La denuncia del saqueo —reconocido, como se ve en la cita precedente— que la Real Academia Española realiza de la obra ajena, hoy en connivencia con la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale), es un tema ya recurrente en este blog. Que en sus obras normativas, incluso en las más recientes, sólo aparecen referenciadas las fuentes de los ejemplos citados (las otrora llamadas «autoridades», hoy sin valor canónico), pero no el aparato crítico que todo trabajo intelectual que se precie de científico —como últimamente dicen ser las obras académicas— debe incluir, es un hecho que hemos constatado y documentado en diversas ocasiones:

21/09/2010 - La nueva Ortografía académica, o cómo seguir saqueando impunemente

26/02/2010 - La nueva RAE, un espejismo de representatividad, neutralidad ideológica, laboriosidad y modernidad, 8: del inconsenso al expolio

08/05/2006 - ¿Qué fuentes usaron Elena Hernández y su equipo para redactar el Panhispánico?

Y no sólo se ha constatado aquí: es también una práctica subrayada en muchas de las reseñas que se han hecho de las últimas obras académicas, y denunciada públicamente incluso por uno de los afectados, el académico Manuel Seco, sin que ni la que RAE ni la Asale se den por enteradas (las negritas de lo que sigue son mías):


En la introducción, este lexicógrafo critica a «una venerable institución» (en clara alusión a la Real Academia Española) por no citar la obra de Seco como fuente del Diccionario panhispánico de dudas, aunque haya coincidencias entre ambas. = «Me hubiera gustado que hubieran sido más discretos en la imitación», pero «se consideran con derecho a saquear a los demás», afirma. [Manuel Seco, en declaraciones a la prensa a raíz de la publicación de la nueva edición de su Diccionario de dudas; Ana Mendoza: «El Diccionario de Dudas celebra su 50 aniversario con una edición actualizada», La Información, 20 de octubre del 2011, en línea.]

 

El libro, de LI + 745 páginas, consta de una introducción a la representación gráfica del lenguaje, a la ortografía y a la ortografía del español. Su primera parte, 549 páginas, se dedica a la exposición y razonamiento del sistema ortográfico; la segunda, de 106 páginas, a la “ortografía de expresiones que
plantean dificultades específicas”; las siguientes 30 contienen cuatro apéndices sobre abreviaturas, símbolos alfabetizables, símbolos o signos no alfabetizables, países y capitales con sus gentilicios. Termina con una nómina de textos citados. Lo notable de esta nómina es que sólo se refiere a autores de citas incluidas; no hay ninguna referencia a los autores y obras que habrán consultado la Real Academia Española y sus correspondientes americanas para mejorar sus ideas y organizar sus pensamientos; como si todo saliera de
la mente académica, un rasgo de soberbia que no corresponde a un trabajo y una ética “científicos”, como dicen buscar reiteradamente. [Luis Fernando Lara Ramos:   «La nueva ortografía, ¿imprescindible? Sí, pero...», Gaceta del FCE, julio del 2011, pp. 19-21.]


Sin embargo, toda obra que presume de científica debe venir acompañada de referencias y de estudios técnicos complementarios, y esta ortografía carece de ambos: ¿se han hecho estudios de comprensión en diferentes grupos de población?, ¿se han analizado los movimientos oculares en la lectura?, ¿se han tenido en cuenta los interesantes estudios hechos al amparo de SIL International?, ¿se han preparado estadísticas sobre errores ortográficos frecuentes? = Especialmente la introducción y las notas históricas de varios capítulos piden a gritos la mención de fuentes; por ejemplo, ¿cuáles son las «investigaciones recientes» citadas en la página 26 y otras?, ¿qué estudios avalan que las escrituras alfabéticas «exigen mucho menos esfuerzo» para su aprendizaje que las silábicas?, ¿es acaso original todo el estudio histórico?, ¿la exposición, esencialmente eurocéntrica y decimonónica, sobre la evolución de las escrituras es una toma de partido o es que no han consultado fuentes modernas?, ¿de dónde sale el dato (erróneo) de que en las otras lenguas de escritura alfabética solo se consideran letras los signos simples? = Son solo unas pocas preguntas a las que una obra científica debería dar respuesta con una bibliografía. [Javier Bezos: «La Ortografía académica del 2010. Comentarios sobre la última edición de la obra», versión: 1.1. 2011-09-21., Text y tipografía,  en línea.]

 

La obra no reconoce sus fuentes
La RAE y la Asale no reconocen el mérito de las obras en que se ha basado: no incluyen los nombres de los autores cuyos textos se han utilizado como fuentes de esta Ortografía. Esta ausencia injustificable, que ya es tradición en las publicaciones de esas instituciones, parece querer hacer creer al lector que un ángel dictó a los redactores del texto todo el evangelio ortográfico. La ausencia es más grave en este caso que en otros libros académicos, como la Ortografía de 1999, pues no solamente ofrece normas y recomendaciones, sino todo un trasfondo teórico e histórico que de algún lado tiene que haber salido. Quizá esta ausencia tendría sentido si las academias se hubieran basado solo en obras de académicos, pero, como dice Martínez de Sousa (2011: 5) «ni la forma, ni la distribución del texto, ni el contenido pueden evitar que se adivinen al trasluz otras obras de autores no académicos». Pedro Luis Barcia director de la Academia Argentina de Letras, admite (2005) que la Academia, para el Diccionario panhispánico de dudas, utilizó libros de Manuel Seco, Rafael Aragó y Martínez de Sousa, entre otros, a quienes se debe gratitud, pero esa obra tampoco cita sus fuentes. [José Antonio de la Riva Fort: «Utilidad de la nueva Ortografía de la lengua española para el profesional del lenguaje», Panace@ 33 (junio del 2011).]

 

También se echa en falta en el volumen una bibliografía temática en la que se recogieran las obras que se han manejado para elaborar la Ortografía, en particular las del maestro José Martínez de Sousa y otros especialistas en ortografía y ortotipografía, la cual representaría el reconocimiento de la deuda intelectual contraída con ellos por las Academias. [Alberto Rivas Yanes (Comisión Europea): «La nueva Ortografía de la lengua española. Reseña», Puntoycoma, 112 (marzo-abril 2011).]

 

[...] una vez más, también ha omitido la Academia la nómina de los autores y obras que los académicos y redactores han tenido a la vista a la hora de componer la presente. Hace mucho que pasaron los tiempos en que la Academia presentaba sus textos como si los hubiera recibido directamente del cielo y los hubiera trascrito por inspiración divina. Hoy sabemos que la sabiduría es fruto del esfuerzo personal y que nada se nos da gratuitamente. Somos cada uno, autores personales o instituciones, quienes debemos responder de nuestro propio trabajo. Esto es aplicable a la obra que criticamos, porque ni la forma, ni la distribución del texto, ni el contenido pueden evitar que se adivinen al trasluz otras obras de autores no académicos. Estas dos omi­siones son tanto más graves cuanto que la involucrada en ellas es la mismísima Real Academia Española. [José Martínez de Sousa: «La ortografía académica del 2010: cara y dorso. (Reseña)», 2011.]


La nueva gramática académica no rehuye señalar que hay temas debatidos: en ese sentido no habla ex cátedra, sino como una obra científica (aunque este aspecto quede lamentablemente mermado por no incluir bibliografía). [...] Por cierto: es básico que la Nueva gramática esté disponible lo más pronto posible en Internet, aunque carezca de entrada de todas las mejoras de indización y referencia de las que sin duda puede dotarse. La obra es tan rica e importante que su simple texto buscable prestaría un valioso servicio a consultantes de todo el mundo. La versión electrónica debería incluir urgentemente las numerosísimas referencias bibliográficas que han debido de servir para su redacción, [...]. [José Antonio Millán: «Ante la Gramática», El País, 03/01/2010.]

 

De fet, la NGLE queda adscrita entre les darreres gramàtiques redactades de les llengües modernes, i, amb tot, presenta característiques d’una gramàtica de corporació acadèmica: composició unitària de la teoria que l’anima, tradició i prudència en la terminologia emprada –malgrat algunes novetats inexcusables– i absència total de bibliografia de referència. [...]   = Quan les teories gramaticals actuals presenten explicacions diferents del mateix fenomen s’exposen en aquesta obra sumàriament atribuint a morfòlegs, sintactistes, gramàtics en general, les dues o més posicions presentades; i després s’opta per una, sense cap argument en contra de les que s’han deixat de banda. Per això l’ús freqüent de “se postula” en la redacció, que evita la tria teòrica de l’enfocament. = Aquest estil allunya la redacció de la NGLE dels estils propis dels estudis lingüístics de recerca i universitaris, com ara la gramàtica italiana, GGIC (1988-1995), la GDLE (1999) o la GCC (2002), en les quals les posicions teòriques dels autors i les referències bibliogràfiques són sempre presents en l’exposició. [Paz Batanner (UPF): «Nueva gramática de la lengua española» (Vol. 1: Morfología y Sintaxis I. Vol. 2: Sintaxis II). Ressenya", Llengua i Ús, 47 (2010).]

 

Finalmente, permítaseme lamentar que la Academia no se sienta obligada a proporcionar al lector la nómina de autores que han sido consultados para realizar la presente. Todos los autores serios de diccionarios de dudas como este añaden su correspondiente bibliografía, indicadora de que en este mundo hay más personas que han tenido la misma idea y han realizado obras semejantes con anterioridad. No hacerlo así es hacerse merecedor de una mala nota, que es la que aquí queda explícita. [José Martínez de Sousa: «El Diccionario panhispánico de dudas ¿cumple con su deber?», 2005.]


Tendencia, pues, a las mayúsculas de ornato, a las mayúsculas que establecen jerarquías, a las mayúsculas que individualizan sin criterio ni sistema. Tendencia que ya fue advertida por José Polo en 1974, en Ortografía y ciencia del lenguaje, y en 1990, en Manifiesto ortográfico de la lengua española. Para otro artículo y revista que lo acoja, queda demostrar cuánto debe la ortografía académica nueva a autores, ya citados, como Ángel Rosenblat, y José Polo; y a Manuel Seco, José Martínez de Sousa, Hilda Basulto, Lidia Contreras, Jesús Mosterín, Francisco Marcos Marín, etc., que, constructivamente, han escrito para mejorar la ortografía académica; pero no publican, para provecho propio, "ortografías comerciales" que la parafrasean y engordan embrollándola (empleado este verbo en todas las acepciones del último Diccionario académico). [Juan Crespo (UMA): «Formas de prescripción en la Ortografía de la RAE. De la prescripción a la descripción: la nueva tendencia», Estudios de lingüística, Universidad de Alicante (ELUA), 17 (2003), pp. 223-245.]

Y en la blogosfera:  

También echo de menos dos secciones que, bajo mi punto de vista, deberían aparecer en cualquier publicación a la que se le pretenda otorgar el carácter de científica y que, generalmente, se colocan al final de la obra: un índice alfabético y una lista de bibliografía consultada, herramientas que son de gran utilidad para el lector que desee consultar un tema concreto o para aquel que desee ampliar conocimientos sobre cualquier asunto. 

[Paco Aljama: «Ortografía de la lengua española_, 2010: comedia, auto y loa. 3.ª parte: loa», El blog del Atisbador, 14/01/2011.]

Recientemente, un lector de esta bitácora me dio a conocer (gracias, Jesús) un nuevo caso de expolio del esfuerzo ajeno tan grave y vergonzoso como todos los que hasta ahora han cometido las autoridades académicas. Roxana Fitch, autora de la página colaborativa Jergas de Habla Hispana y del diccionario homónimo, detectó que alguien de la RAE entraba frecuentemente en su web y su curiosidad la llevó a ponerse en contacto con la institución, iniciativa que le permitió obtener esta explicación del director de la Asale, Humberto López Morales:

Muy estimada Sra. Roxana Fitch:

Ante todo, mil gracias por su interés en nuestros trabajos. Se lo agradecemos muy de veras. El proyecto que dirijo es el del Diccionario Académico de Americanismos (DAA), que lleva unos tres años y que deberá terminarse a finales de 2009, puesto que su presentación se hará en el marco del V Congreso Internacional de la Lengua Española que se celebrará en Valparaíso, Chile, en marzo de 2010. Nuestro equipo de trabajo en Madrid, integrado por lexicógrafos españoles e hispanoamericanos, prepara primeros borradores, en parte, utilizando fuentes librescas, materiales que después son enviados a las 20 Academias americanas, que enmiendan, suprimen, añaden, etc., puesto que son ellas las verdaderas autoras de nuestro Diccionario.

En efecto, en esa primera parte de acopio de materiales, nuestros colaboradores han acudido con frecuencia al diccionario de usted, y eso se ha debido a que es de lo mejor que existe en la bibliografía lexicográfica de Hispanoamérica. Me complace decirle que todos sentimos un profundo respeto y una gran admiración por su estupendo trabajo sobre las jergas. Desde aquí le agradezco -en nombre de todos- que haya elaborado materiales tan ricos y, en su mayoría, exactos, lo que sin duda ha ayudado no poco a nuestras tareas iniciales.
Mucho nos complacerá, desde luego, dar a su trabajo los créditos necesarios en la publicación de nuestro DAA.
Quedo a su disposición para mayor información, si así lo desea.

Suyo, muy cordialmente,

Humberto López Morales

Coordinador del DAA
Secretario General de la Asociación de Academias de la Lengua Española

[Pulsa aquí para ver el original.]

 

Agradecida y esperanzada por esta respuesta, la autora tijuanense envió esta petición al director de la Asale:

Le escribí de nuevo a don Humberto López Morales preguntándole si podía apoyarme de alguna manera (tal vez una recomendación) para encontrar una editorial que se encargue de publicar la segunda edición del diccionario de papel. Aparte de ser un recurso útil para quien no tiene computadora o conexión a la red, o simplemente para quien, como yo, se entretiene leyendo páginas enteras de un diccionario por simple curiosidad, me sirve para financiar el proyecto ya que no cuento con fondos académicos para este trabajo de investigacíón lingüística. Para mí el proyecto de JHH es un compromiso de por vida porque todos sabemos que los hispanohablantes continuarán a acuñar vocabulario nuevo como siempre lo han hecho.

Ésta entonces es una carta abierta para don Humberto porque todavía no me responde.

 

Pues bien, a día de hoy, ni en el Diccionario de Americanismos académico que tanto debe al trabajo de Fitch se han publicado los créditos prometidos, ni por boca de ella tengo tampoco constancia de que haya recibido jamás el apoyo que solicitó de las academias para publicar por mejores cauces que los actuales la segunda edición de la obra. Así lo afirmaba la lexicógrafa tijuanense en una entrevista:

“Sigo teniendo problemas para encontrar una editorial que se quiera encargar de publicarme la segunda edición del diccionario, porque esta vez no quiero tener problemas de distribución en América Latina, como las broncas que actualmente tengo. 

Con que la Real Academia Española recomendara mi diccionario ya sería suficiente, creo yo, como para que una editorial se animara a publicar la siguiente edición del diccionario, que esta vez superaría las 600 páginas”, confiesa a ZETA la orgullosa tijuanense, a propósito, traductora de profesión y profesora por convicción de diversos idiomas como inglés, italiano, japonés y español.

Por el momento, la joya de “Jergas de Habla Hispana” sólo puede conseguirse en Libro Club.

La mención de fuentes es también obligada en las obras lexicográficas que las usen, más aún cuando se ha prometido dar esos créditos. A fin de cuentas, «el trabajo científico, y la lexicografía es ciencia aplicada, requiere la constante consulta de fuentes y el reconocimiento honesto de los autores que transitaron previamente el camino» (K. Coral:«El Diccionario panhispánico de dudas: unidad y corrección idiomáticas», Coiné, año VI, núm. 4, 2006). Por tanto, que se omitan con semejante alevosía es simplemente vergonzoso e inexcusable. Y en mi opinión,  una sociedad que consiente esta clase de abusos de sus mismas autoridades lingüísticas debería empezar a reaccionar.

Así pues, y para facilitar algún cauce de protesta, he decidido emprender en Facebook y Twitter (hashtag #finsaqueoRAE) una campaña de adhesiones a la siguiente causa: Queremos que la RAE incluya la bibliografía de las fuentes de sus obras.

En el menú marginal de este blog encontraréis un widget que os permitirá sumaros a la causa y que podéis incluir en vuestra propia web o en vuestro blog, copiando este código en la plantilla html:  

iframe src=’http://widgets.causes.com/badges/cause?cause_id=599973&width=300&height=210&tagline=Support+Our+Cause&faces=1&awareness=0’ style=’width: 300px; height: 210px; overflow: hidden; border: none;’ allowTransparency=’true’ scrolling=’no’ frameborder=’0’

Ya se han adherido usuarios diversos, con una especial movilización por parte de especialistas del lenguaje y miembros de la comunidad universitaria. Para ampliar las adhesiones, os rogamos la máxima difusión.

Pasado un tiempo, la campaña se dará a conocer a los responsables académicos. Esperemos que logre el eco suficiente para ejercer la presión necesaria sobre estas instituciones y conseguir así que modifiquen el rumbo de su política hacia caminos más éticos.

Actualizaciones: la lista de distribución sobre lingüística hispánica Infoling se ha hecho eco de la causa y nos ha prestado su apoyo: Campaña por la defensa de la ética científica en la lingüística hispánica.  

Dado que no tienen cuenta en Facebook, el lingüista y lexicógrafo Luis Fernando Lara (El Colegio de México), el hispanista y romanista Klaus Zimmermann  (Universidad de Bremen), el lingüista Juan Carlos Moreno Cabrera (Universidad Autónoma de Madrid), la romanista e hispanista Sabine Schlickers (Univ. de Bremen) y el ortógrafo, ortotipógrafo y lexicógrafo José Martínez de Sousa se han adherido personalmente a esta campaña, y nos han autorizado a publicar aquí su adhesión. Viniendo de personalidades de su talla, este gesto de solidaridad es particularmente destacable, y su actitud, modélica para la comunidad de hispanistas.

 En La Página del Idioma Español, Ricardo Soca hace pública su adhesión a esta causa con el artículo «¿Por qué las academias de la lengua no citan fuentes?».

Barrapunto se ha hecho también eco de esta campaña (gracias, Javier Candeira): «La RAE plagia investigaciones ajenas», de donde ha saltado a Menéame.

José Antonio Millán tilda la falta de bibliografía de asunto sangrante en esta entrada de su blog El candidato melancólico.]


Silvia Senz

 

Todo sobre mi RAE®. La larga cola del asunto Ricardo Soca

Todo sobre mi RAE®. La larga cola del asunto Ricardo Soca

[Fuente de la imagen: Emblema de la protesta contra la privatización de la lengua española, creado por Studio SCH.]

 

A petición de algunos periodistas que nos han contactado, ofrecemos una compilación (in progress), organizada temáticamente, de las informaciones más relevantes (y reveladoras) sobre la intimación realizada por Planeta y la Real Academia Española al periodista e internauta uruguayo Ricardo Soca para que retirara de su web, elcastellano.org, contenidos que ambas entidades consideran de su exclusiva propiedad, así como enlaces profundos a la página de la RAE:

 

1. Publicación original del caso, en la página de Ricardo Soca:

La RAE nos obliga a retirar servicios del portal
http://www.elcastellano.org/ns/edicion/2011/septiembre/planeta.html



2. Primeros análisis del asunto Soca-RAE/Planeta:


La RAE contra elcastellano.org, o la máquina de hacer dinero del Grupo Planeta
http://addendaetcorrigenda.blogia.com/2011/092601-la-rae-contra-elcastellano.org-o-la-maquina-de-hacer-dinero-del-grupo-planeta.php

Planeta y RAE: la perversión de la protección del copyright
http://jamillan.com/librosybitios/2011/09/planeta-y-rae-la-perversion-de-la-proteccion-del-copyright/

¿Tienen copyright las palabras de la RAE?

El Dr. Luis Fernando Lara [El Colegio de México) sobre el maridaje Planeta-RAE

http://www.elcastellano.org/ns/edicion/2011/septiembre/lara.html


RAE S.L.

Imposiciones públicas, beneficios privados: la RAE contra la utilización de sus recursos en la red [Infoling-RedIris]
http://infoling.org/informacion/IG24.html

 
Análisis geo y glotopolítico del caso: José del Valle (Universidad de Nueva York): "Un ataque obsceno de la RAE a elcastellano.org"
http://www.elcastellano.org/ns/edicion/2011/septiembre/delvalle.html

Implicaciones éticas y legales del asunto: "La RAE ha perdido el rumbo"

http://molinodeideas.wordpress.com/2011/10/10/la-rae-ha-perdido-el-rumbo/

3. Primeras declaraciones de Ricardo Soca, de Planeta y de la RAE y sus miembros a los medios de comunicación:

Entrevistas radiofónicas a Ricardo Soca:
 http://tontosconpoder.com.ar/archives/456
http://www.goear.com/listen/d7d7c0a/ricardo-soca-jaime-clara

Primera entrevista a Ricardo Soca en prensa (Perú):

Ricardo Soca: la RAE no debería ser una empresa comercial, sino académica

http://www.larepublica.pe/29-09-2011/ricardo-soca-la-rae-deberia-ser-una-empresa-academica

Primera entrevista a Ricardo Soca en TV (Uruguay):
Sin peros en la lengua

Primeras declaraciones de Planeta a la prensa (Uruguay):

Palabras en español, leyes e internet
http://www.elobservador.com.uy/noticia/210488/palabras-en-espanol-leyes-e-internet/

Comunicado oficial de la RAE sobre sus recursos en internet:

El Diccionario y otros recursos académicos son de acceso libre y gratuito en Internet

http://www.rae.es/rae/gestores/gespub000011.nsf/voTodosporId/6DEB8D915537D89EC1257920005E6A01?OpenDocument&i=6

 

Declaraciones de los académicos Ignacio Bosque, Artuto Pérez Reverte y Javier Marías (que no tiene ni ordenador):

Contenidos de la RAE: sigue la polémica

http://www.clarin.com/sociedad/Contenidos-RAE-sigue-polemica_0_570543055.html

http://javiermariasblog.wordpress.com/2011/10/11/contenidos-de-la-rae-sigue-la-polemica/

http://www.elcultural.es/noticias/ESCENARIOS/2212/Ignacio_Bosque

 

Declaraciones de Darío Villanueva, secretario de la RAE, manipulando datos y falseando el asunto:

El Diccionario de la RAE recibió en octubre casi 50 millones de consultas

http://www.fundeu.es/noticias-articulos-el-diccionario-de-la-rae-recibio-en-octubre-casi-50-millones-de-consultas-6781.html

 

Réplica de Ricardo Soca a Darío Villanueva: 

Nuevo ataque de la RAE a elcastellano.org

http://www.elcastellano.org/ns/edicion/2011/noviembre/villanueva.html

 

Noticias más recientes, con nuevos datos:

Compartir enlaces de la RAE "viola los derechos de propiedad intelectual"

http://ecodiario.eleconomista.es/espana/noticias/3428472/10/11/Compartir-enlaces-de-la-RAE-viola-los-derechos-de-propiedad-intelectual.html

La RAE quiso controlar el uso de sus contenidos y hay polémica

http://www.clarin.com/sociedad/RAE-quiso-controlar-contenidos-polemica_0_567543344.html

 

La RAE pide a una página web sobre el idioma español que no use sus definiciones

http://www.20minutos.es/noticia/1179795/0/planeta/web/rae/

 

 

4. Reacciones en las redes sociales y entre algunos colectivos de profesionales de la lengua: 

Petición de firmas para exigir a la RAE una norma de dominio público

To:  Real Academia Española

Queremos que la Real Academia Española (RAE), entidad financiada en parte con dinero público (no se sabe con qué parte), ponga los contenidos de su sitio web a disposición de los 450 millones de hablantes de nuestra lengua, sin restricciones impuestas por intereses de corporaciones privadas (Grupo Planeta, Santander, IBM, Telefónica, Repsol, IBM, Microsoft, etc.).

http://www.petitiononline.com/tarar1ra/petition.html


RAE: dominio público

Porque la lengua es de todos 

http://raedominiopublico.wordpress.com/2011/09/26/6/

CLUB DE TRADUCTORES LITERARIOS DE BUENOS AIRES:

Por favor, es un posteo largo, pero, léase con paciencia y atención, y divúlguese.

http://clubdetraductoresliterariosdebaires.blogspot.com/2011/10/por-favor-es-un-posteo-largo-pero-lease.html

‘Real Academia Española’ versteht das Internet nicht

http://textundblog.de/?p=4344


Hashtags para seguir la polémica en Twitter:  #RAEcensura  #RAEdominiopublico  #defineRAE  #RAE


5. Por qué hay webs que, como la de Ricardo Soca, ofrecen versiones mejoradas de las obras de la RAE (y de la Asale cuando publican en conjunto):


La nueva RAE, un espejismo de representatividad, neutralidad ideológica, laboriosidad y modernidad, 5: la versión «indi» del DPD en línea
http://addendaetcorrigenda.blogia.com/2009/062901-la-nueva-rae-un-espejismo-de-representatividad-neutralidad-ideologica-laboriosid.php


 Un DPD en línea más generoso que el de la RAE

http://www.elcastellano.org/ns/edicion/2009/julio/dpd.html

 

DiRAE: consulte el DRAE como ya no podía hacerlo
http://jamillan.com/librosybitios/2011/05/dirae-consulte-el-drae-como-ya-no-podia-hacerlo/



6. Qué les está ocurriendo en estos momentos a esas otras webs que, como la de Soca, ofrecen versiones mejoradas de la obra de la RAE y enlaces profundos a su portal:

Palabras en español, leyes e internet  [Planeta declara que actúa contra internautas desde hace tiempo]

http://www.elobservador.com.uy/noticia/210488/palabras-en-espanol-leyes-e-internet/


La RAE no quiere compartir sus palabras [entrevista a F. Mayrhofer y G. Rodríguez]
http://periodismohumano.com/economia/la-rae-no-quiere-compartir-sus-palabras.html/


7. Plagios y expolios que cometen las propias academias de la lengua española (a raíz de los cuales se han iniciado campañas de protesta en Facebook):


 
#finsaqueoRAE: Los porqués de la campaña para que RAE y Asale publiquen bibliografías de las fuentes de sus obras

http://addendaetcorrigenda.blogia.com/2011/040501--finsaqueorae-los-porques-de-la-campana-para-que-rae-y-asale-publiquen-bibliogra.php

Acabar de una vez por todas con la Real Academia. [Sobre el fraude de la Biblioteca Clásica de RAE y Círculo de Lectores]

http://librodenotas.com/textosdelcuervo/20581/acabar-de-una-vez-por-todas-con-la-real-academia


Ofensiva de la RAE en internet
http://www.180.com.uy/articulo/21804_Ofensiva-de-la-RAE-en-internet

 


8. Las relaciones de la RAE con sus editoras y qué lucro suponen sus acuerdos para ambas partes:

Historia de las finanzas de la RAE y de su venta a los intereses del IBEX35
http://addendaetcorrigenda.blogia.com/2011/092801-historia-de-las-finanzas-de-la-rae-y-de-su-venta-a-los-intereses-del-ibex35.php

 

Acabar de una vez por todas con la Real Academia. [Sobre el fraude de la Biblioteca Clásica de RAE y Círculo de Lectores]
http://librodenotas.com/textosdelcuervo/20581/acabar-de-una-vez-por-todas-con-la-real-academia


Santillana también le ‘roba’ a Espasa el ‘Diccionario escolar’ de la RAE y a su directora editorial
http://www.elmundo.es/elmundolibro/2004/11/19/protagonistas/1100868741.html


 El IV Congreso Internacional de la Lengua €$pañola, un fenomenal expositor de nóminas editoriales
http://addendaetcorrigenda.blogia.com/2009/062901-la-nueva-rae-un-espejismo-de-representatividad-neutralidad-ideologica-laboriosid.php

La RAE ha descubierto el márquetin viral 

http://addendaetcorrigenda.blogia.com/2010/110602-la-rae-ha-descubierto-el-marquetin-viral.php

 

El reparto académico: 25.000 euros para V. García de la Concha

http://addendaetcorrigenda.blogia.com/2009/100801-el-reparto-academico-25.000-euros-para-v.-garcia-de-la-concha.php

 

La nueva gramática académica sale a preventa sin su primer volumen y sin anunciar una versión digital descargable

http://addendaetcorrigenda.blogia.com/2009/100701-la-nueva-gramatica-academica-sale-a-preventa-sin-su-primer-volumen-y-sin-anuncia.php


La nueva RAE, un espejismo de representatividad, neutralidad ideológica, laboriosidad y modernidad, 13: nueva edición de la NGLE (2013) o cómo tomar el pelo al usuario

http://addendaetcorrigenda.blogia.com/2010/061701-la-nueva-rae-un-espejismo-de-representatividad-neutralidad-ideologica-laboriosid.ph

 

Hacernos pagar lo que ya está pagado: la RAE y el DPD (1.ª parte)

http://addendaetcorrigenda.blogia.com/2006/022202-hacernos-pagar-lo-que-ya-esta-pagado-la-rae-y-el-dpd-1.-parte-.php

 

Hacernos pagar lo que ya está pagado: la RAE y el DPD (2.ª parte)

http://addendaetcorrigenda.blogia.com/2006/022301-hacernos-pagar-lo-que-ya-esta-pagado-la-rae-y-el-dpd-2.-parte-.php

 

 

9. Intereses en juego detrás de esta acción contra Soca, y relación de la RAE con la política económica y exterior de España:


Las razones de la RAE para eliminar "competencia desleal" entre los internautas
http://addendaetcorrigenda.blogia.com/2011/092701-las-razones-de-la-rae-para-eliminar-competencia-desleal-entre-los-internautas.php


Historia de las finanzas de la RAE y de su venta a los intereses del IBEX35
http://addendaetcorrigenda.blogia.com/2011/092801-historia-de-las-finanzas-de-la-rae-y-de-su-venta-a-los-intereses-del-ibex35.php


De la España Una a la Marca España. Estrategias para la expansión y explotación del español global
http://addendaetcorrigenda.blogia.com/2011/100101-de-la-espana-una-a-la-marca-espana.-estrategias-para-la-expansion-y-explotacion-.php

Una lengua para muchos (Revista Ñ, 414)
JORGE FONDEBRIDER
El valor político y, sobre todo, comercial del castellano se ha instalado en las últimas décadas en el escenario estratégico que comparten España y Latinoamérica. Una y otra tienen objetivos distintos en lo que se presenta como una lucha despareja.
http://www.revistaenie.clarin.com/rn/literatura/El_Castellano-una_lengua_para_muchos_0_547745228.html


¿Qué metrópoli? (Revista Ñ, 414)
SILVIA SENZ BUENO
Una filóloga española analiza el sentido de la Real Academia Española y sus análogas americanas, anticipando El dardo en la Academia, texto de pronta aparición en la editorial Melusina.
http://www.revistaenie.clarin.com/rn/literatura/Politica_de_la_lengua_0_547745229.html

 

Pensar la lengua del siglo XXI (Revista Ñ, 414)
LUIS FERNANDO LARA
El autor del Diccionario del español de México, renombrado lingüista y académico, además de investigador del Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México y miembro de El Colegio Nacional, reflexiona sobre el castellano del presente siglo.
http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/La_perspectiva_linguistica_0_547745232.html

De la España Una a la Marca España. Estrategias para la expansión y explotación del español global

De la España Una a la Marca España. Estrategias para la expansión y explotación del español global

El artículo que a continuación ofrecemos es un nuevo extracto  del capítulo 9 (S. Senz Bueno: «Una, grande y esencialmente uniforme. La RAE en la conformación y expansión de la "lengua común"») del libro  El dardo en la Academia y trata 1) de cómo y por qué se desarrollaron las estrategias, infraestructuras, políticas y una imagen de Marca-país encaminadas a lograr que España ganara posiciones en la escena internacional mediante la materialización de su ascendiente sobre América Latina y los hispanos, y a que tuviera, con respecto al continente americano, una posición privilegiada en la explotación del llamado "español global"; 2) del escollo que el resto de lenguas de España (catalán-valenciano, gallego, vasco, aranés, astur-leonés, aragonés...) y proyectos nacionales representan para esos planes, y 3) del papel de la RAE y de la política lingüística panhispánica en dicho proceso. Un asunto denunciado, en estos días, por Ricardo Soca.

 


[Viene de «De la hispanidad a la Hispanofonía. La internacionalización del nacionalismo español»]


[...]

3.3. La nueva imagen del español global


Desde finales de la década de 1980 hasta el presente han ido apareciendo en España, de manera ininterrumpida, diversas apologías de la lengua española, estudios sobre el futuro del idioma y ensayos sobre el conflicto lingüístico español, sobre las políticas lingüísticas en España, y en torno a la idea de unidad hispánica y lengua común (Gregorio Salvador, 1987, 1992, 2007; Ángel López García, 1991a, 1991b, 2004, 2007 y 2009; Marqués de Tamarón, 1995; Álex Grijelmo, 1998; Juan Ramón Lodares, 2000a, 2000b, 2001 y 2005; Instituto Cervantes, anuarios El español en el mundo, 1998 a 2009;1 Irene Lozano, 2005; Francisco Moreno Fernández y Jaime Otero, 2008; Antonio Lamela, 2008, etc.)2 que, a veces desde un españolismo reaccionario suavizado por el neoliberalismo, a veces desde un hispanoamericanismo liberal redivivo, han sacado a la luz pública una latente y creciente disconformidad con el ordenamiento lingüístico de la España democrática y con las políticas de normalización del vasco, del gallego y muy particularmente del catalán, y han mostrado la pervivencia de la vieja seguridad de que el español puede recuperar e incluso ampliar sus posiciones en el mundo apoyándose en su pasado expansivo.

Valiéndose en ocasiones de la erudición y el prestigio académico de algunos de sus autores para ocultar su finalidad propagandística, estos trabajos han ido apuntalando un discurso ideológico de tono marcadamente triunfalista y retórica belicosa, y un programa de normalización3 del castellano (extensión de sus usos, de su equipamiento lingüístico y de su estatus político y social) en la era global, para cuya consecución despliegan las siguientes estrategias:

 

1. Dar la peor imagen posible del etnicismo cultural (condición que se niega al españolismo), con el fin de deslegitimar cualquier reivindicación de reconocimiento y extensión de los idiomas minorizados por el avance del castellano, e incluso con la intención de condicionar movimientos sociales y acciones político-judiciales que acaben revirtiendo los logros ya obtenidos por las políticas lingüísticas de normalización.

 

2. Ocultar la base étnica del nacionalismo español y blanquear el traumático pasado impositivo del idioma (de memoria bien reciente en España, además), desarrollando mitos sobre su predominio4 que atribuyen al castellano/español una inherente capacidad de entendimiento, universalidad, cohesión e integración que hacen de él un vehículo idóneo de progreso y convivencia, cualidades —según se dice— inexistentes en las demás lenguas de España o de América.5

 

3. Asumiendo, como indican J. del Valle y L. Gabriel-Stheeman (2004b: 230), la idea6 de que lo que hace posible la convivencia pacífica dentro de una comunidad es la existencia de un sistema lingüístico estable y mínimamente variable —es decir, unitario, y por lo visto hasta ahora, también único—, defender la necesidad:

• de garantizar esa mínima variabilidad y estabilidad mediante un proceso de estandarización;

• de obligar al aprendizaje general de dicho sistema;

• de controlar su uso sistemático en todas las áreas públicas;

• de eliminar la obligación de aprender otros sistemas normalizados competidores, que, recordemos, no tienen el «potencial intrínseco» del castellano para llevar a un país por buen camino.

 

4. Producir con todo ello una nueva visión del idioma, alejada de la generada por el franquismo, que permita blindar sin complejos la definición de España sobre la base de la única lengua capaz de llevarla hacia un «común» futuro de riqueza, armonía y bienestar: el castellano/español.

 

5. Identificar, por comparación con otras lenguas europeas, las áreas que, en la era global, definen la relevancia y el atractivo de un idioma en los mercados mundiales:

• peso demográfico,

• extensión territorial,

• expansión territorial,

• número de hablantes no nativos,

• índice de desarrollo humano,

• peso económico,

• exportaciones,

• equipamientos lingüísticos: normalización terminológica, estandarización lingüística, estandarización de códigos auxiliares, obras de referencia (diccionarios, enciclopedias, ortografías especializadas, manuales de estilo, gramáticas descriptivas...), materiales de enseñanza (necesidades especiales, como lengua 1, como lengua 2 y como lengua extranjera) y tecnologías lingüísticas;

• innovación, producción y difusión culturales,

• estatus político y social (lengua nativa, lengua segunda, lengua franca, lengua hegemónica, lengua internacional, lengua regional, lengua oficial, lengua de trabajo, lengua nacional, lengua plurinacional, lengua mayoritaria, lengua minoritaria...),

• presencia en la comunicación científica internacional;

• presencia en la educación regional o internacional;

• presencia y estatus en organizaciones regionales e internacionales;

• presencia en los medios internacionales de comunicación e información (hoy, incluida la Red).

 

6. Analizar la presencia/ausencia del español en estas áreas y la capacidad de España bien para mejorar su posición en ellas, bien para penetrarlas, incorporándose así a pleno rendimiento en la vieja competencia interlingüe occidental.

 

7. En el convencimiento de que tanto su afianzamiento interior como lengua nacional e idioma del Estado como su expansión y posicionamiento en la jerarquía lingüística mundial dependen, como antaño, de sus vínculos con América, definir las estrategias que deben seguirse para renovarlos, ampliarlos y consolidarlos.

 

El gran éxito de ventas de algunas de estas publicaciones ha sido la prueba de que la ideología que difunden cuenta con una amplia base social (sobre todo en la España monolingüe). Aun así, la colaboración de la agencia estatal de prensa española (Efe, que hoy preside uno de los citados apologistas, Álex Grijelmo) y de los mass media de ideología afín, tanto para amplificar su difusión como para vetar o minimizar el impacto en la opinión pública de cualquier contestación, ha sido decisiva a la hora de naturalizar la representación del idioma que estos escritos ofrecen a la sociedad española. Además, siendo que muchos de los principios y de las propuestas políticas formuladas en ellos no hacían sino recoger algunas de las directrices que ya guiaban la política cultural, lingüística, económica y exterior del Estado (v. § 3.4), la asunción progresiva de ciertos objetivos y sus consecuencias en la macroeconomía española han ido confiriendo un marchamo de viabilidad a sus planteamientos, de tal modo que parte de lo que proponen no se presenta ya sólo como mero posibilismo, sino como una realidad de la nueva España globalizada.

Pero veamos qué camino se ha recorrido para alcanzar los fines propuestos por el nacionalismo español neoliberal y neopanhispanista, qué obstáculos ha ido encontrando en el camino y qué trecho queda al albur de un incierto destino.

 

3.4. España y el nacionalismo hispánico en la construcción de la Hispanofonía

 

Al final del periodo franquista, la relación entre España y sus antiguas colonias estaba generalmente marcada por el desencuentro. Además, la manifiesta incapacidad de las diversas corrientes del hispanoamericanismo —particularmente acusada en el panhispanismo reaccionario que había mantenido el franquismo— de construir una base material con que sustentar la proyectada unión de los pueblos hispánicos había dejado en dique seco a la flota española postimperial. No obstante, muerto ya el dictador y «oficialmente» consumada la difícil transición hacia un régimen democrático, a finales de la década de 1980 el perfil económico y político de España y su imagen internacional cambiaron drásticamente y abrieron por fin las vías de consecución de los objetivos de expansión y defensa idiomáticas a los que se aspiraba. Por un lado —y aun cuando, de puertas adentro, las tensiones entre centro y periferia continúan muy vivas7 y no se ha cerrado en absoluto la reconceptualización de España como nación—, el afianzamiento de la democracia, su reordenamiento territorial descentralizado y el relativo reconocimiento de su pluralidad cultural modificaron, para bien, y estabilizaron su imagen exterior. Sorprendentemente, además, de la mano de los sucesivos gobiernos democráticos, España ingresó en estructuras supranacionales (OTAN, 1982, y Comunidad Económica [hoy Unión] Europea, 1986) que, si bien limitaban su autonomía, definían su política exterior y defensiva, la sacaban de su aislamiento y la devolvían a la escena internacional. En la misma línea de clarificación de sus posiciones en el mundo, en 1989 firmó un nuevo convenio defensivo que estableció una relación bilateral de equilibrio.

Durante las negociaciones para su adhesión a la Unión Europea (UE), el Gobierno español de turno recuperó la carta de presentación que ya había utilizado en su momento el régimen franquista para solicitar (infructuosamente) la entrada en el Mercado Común: el activo de su lazos con América Latina (AL). La intención de España al jugar esta baza era doble:

 

De un lado, se pretendía que la Comunidad Europea valorase lo que suponía el ingreso de España en orden a la apertura de aquélla hacia una región que hasta entonces había permanecido en un segundo plano en las relaciones exteriores comunitarias. De otro, se buscaba que España jugase el papel de valedora de los intereses latinoamericanos ante la Comunidad Europea, con vistas tanto a una mejora de las relaciones entre las dos regiones como a una mejora de las relaciones de España con Iberoamérica. [C. del Arenal, 1990: 342.]

 

Estos dos objetivos chocaron con diversos obstáculos, uno de los cuales resulta especialmente relevante para el asunto que nos ocupa. Los vínculos entre España y Latinoamérica eran fundamentalmente culturales (compartían una de sus lenguas: la hegemónica) e históricos (compartían un pasado colonial y cierto flujo de intercambios poscoloniales); pero carecían del necesario componente económico e, incluso, político-institucional, presente, en cambio, en los vínculos que otros miembros de la Comunidad Europea (particularmente Francia y el Reino Unido) mantenían con sus ex-colonias, por lo que, en la práctica, España no podía pretender el papel de puente y de representante en las relaciones interregionales UE-AL.8

Sin embargo, la necesidad de plantear su futuro en el mundo sobre la base de su proyección americana seguía muy presente en la conciencia de las fuerzas de gobierno de España. A fin de cuentas, su política iberoamericana, como bien señala Arenal, constituye la punta de lanza con que romper con los peligros que se derivarían de una enfoque excesivamente eurocéntrico o incluso norteafricano de su política exterior; a saber:

 

[...] pérdida de autonomía política, renuncia a actuar como una potencia media con responsabilidades extrarregionales, provincianismo, renuncia a estar presente en el protagonismo futuro de la cultura hispánica, pérdida de la imagen solidaria con los países en vías de desarrollo. [C. del Arenal, 1992: en línea.]

 

Además, según los optimistas augurios de expansión demográfica del español (especialmente en Estados Unidos,9 por efecto migratorio, y en América Latina, por aumento de la población) y, con ella, de sus mercados potenciales y de su apreciación internacional, «Los intereses políticos, sociales y culturales implicados en las relaciones con Iberoamérica constituyen elementos de primera importancia en el mundo que se dibuja para principios del siglo XXI» (C. del Arenal, 1992: en línea). Por tanto, era imperativo que España emprendiera una labor encaminada a la materialización de sus vínculos con Latinoamérica, contando con el apoyo de otros socios europeos igualmente interesados, como Portugal. De este modo, no sólo preservaba e incluso potenciaba sus señas de identidad, fundamentadas en la lengua castellana y favorecidas por su proyección, sino que esperaba garantizarse el mejor papel posible en el mundo.

Así, sobre la base de una modernización de la economía española que arranca ya en las últimas décadas del franquismo, a finales de la década de 1980 España inició un proceso «de crecimiento y transformación productiva basado en la incorporación deliberada y sistemática al progreso técnico» (Casilda Béjar, 2008: 28) y en la asunción de un nuevo paradigma empresarial que permitía insertarla en la Comunidad Europea y en el nuevo contexto económico mundial en condiciones de competitividad: la internacionalización.

A principios de la década de 1990, después de haber explorado el mercado de expansión más cercano (principalmente, Portugal) y el estadounidense, España se lanza a afianzar sus posiciones europeas asentándose en el que ella misma ya consideraba siglos atrás su «mercado natural» (Martín Montalvo, Martín de Vega y Solano Sobrado, 1985: 163): Iberoamérica. Según relata Ramón Casilda Béjar en su prólogo a la obra La gran apuesta. Globalización y multinacionales en América latina. Análisis de los protagonistas (2008: 17-50), contando con el apoyo político del Estado un reducido grupo de empresas españolas que acababan de salir de un proceso de privatización, como Endesa (electricidad) y Repsol (petróleo y gas), o que estaban a las puertas de privatizarse, como Telefónica (telecomunicaciones) e Iberia (transporte aéreo), junto con los grupos bancarios Santander y BBVA, apostaron por una estrategia de inversiones directas en América que les permitiera liderar sus respectivos sectores de actividad. A ellas siguieron otras tantas: Iberdrola y Unión Fenosa, Gas Natural, Aguas de Barcelona, Mapfre, Indra, Altadis y un largo etcétera entre el que se encontraban los conglomerados mediáticos y editoriales PRISA-Santillana y Grupo Planeta que, por cierto, hoy comparten la muy lucrativa edición de las obras académicas (normativas, auspicios y ediciones especiales) y nutren las filas de la RAE con su nómina de directivos y autores superventas (Juan Luis Cebrián, Javier Marías, Arturo Pérez Reverte...).10

El desembarco en América de las empresas españolas coincidió —no por azar— con una coyuntura favorable a la inversión extranjera: políticas de privatización, liberalización, desregulación comercial, nuevas políticas sobre los derechos de propiedad y ciertas condiciones de estabilidad macroeconómica. De este modo, por ejemplo, infraestructuras y servicios básicos de países como Argentina pasaron de manos estatales a manos de intereses privados españoles que controlaban sectores estratégicos (financiero, energía, agua, transportes y telecomunicaciones).

Las inversiones en América Latina arrojan sin duda un balance global muy beneficioso para las firmas españolas y para los resultados macroeconómicos de España. De un lado, según señala Díaz Ferrán (2008: 60; la negrita es nuestra), más del 70 % de la inversión neta en América «ha sido realizada por empresas cuyas inversiones mantienen una importante relevancia económica, significando la puesta de medios de producción en el extranjero bajo control de la empresa residente en España», es decir, con los centros de decisión, y el domicilio social y fiscal radicados en su país de origen. De hecho, en el polémico11 proceso de compra de Endesa por la trasnacional italiana Enel y por la española Acciona, el Consejo de Administración de la Comisión Nacional de la Energía (CNE) de España impuso, entre otras condiciones, que se preservara la autonomía y la marca de Endesa y que esta mantuviera su sede ejecutiva y su domicilio social en España. Así pues, como subraya el propio presidente del actual Gobierno «socialista» de España, no cabe duda de que

 

[...] la apuesta de las empresas españolas en Latinoamérica también ha fortalecido a la economía española. La inversión acumulada en Latinoamérica supone más de un tercio de toda la inversión exterior española y ésta sigue siendo la segunda región preferida por los inversores españoles, sólo por detrás de la Unión Europea. [...] Un indicador de la importancia de la presencia en América Latina para las empresas españolas es que en 2006 casi la cuarta parte del resultado de las empresas del IBEX35 fue generada en Latinoamérica. [José Luis Rodríguez Zapatero, 2008: 14.]

 

De otro lado, para las propias corporaciones, las inversiones en América Latina

 

[...] se transformaron [...] en un elemento esencial de un proceso de internacionalización caracterizado por una solidez y una diversificación geográfica crecientes. De hecho, las inversiones en América Latina les permitieron defenderse de posibles adquisiciones hostiles en el inicio del proceso, y luego les proporcionaron experiencia y recursos para ampliar su expansión internacional. En la actualidad, muchas de estas compañías figuran entre los principales operadores mundiales en los sectores en los que se concentran sus actividades. [J. L. Machinea y Á. Calderón, 2008: 304.]

 

En contrapartida, la valoración del provecho obtenido por los países destinatarios de la inversiones españolas presenta lecturas diametralmente opuestas. Las opiniones más favorables subrayan la presencia de las transnacionales españolas en América como una contribución relevantísima al desarrollo económico y la estabilización y democratización política de algunos países de la región, condiciones que, en dichos casos, han permitido relaciones bilaterales con España en términos de asociación. Las negativas, en cambio, la interpretan en clave de recolonización y expolio, señalan la escasa vinculación de algunas de sus operaciones con la economía local, se quejan de que los flujos poblacionales y comerciales con España corresponden a un patrón de desigualdad y supeditación (Norte-Sur), sacan a la luz injerencias políticas y operaciones de control de la opinión pública, y denuncian su falta de transparencia, la explotación de las fuerzas de trabajo locales e incluso la violación de derechos humanos de las comunidades más desprotegidas (generalmente, las indígenas).12 En su conjunto, las críticas a la presencia de las transnacionales españolas en América suelen proceder de una visión alternativa del mundo a la que estas marcan. A fin de cuentas, y pese a que su actividad supone más del 80 % del comercio mundial, la influencia que ejercen las empresas transnacionales de cualquier país no es sólo económica, sino que «se manifiesta también, y de modo capital, en el plano tecnológico, cultural e ideológico (como agentes de promoción del modelo de civilización del consumo y la orientación de la asignación de recursos), y político, tanto en el ámbito interno como externo» (G. Jáuregui, 1993: 471). Es decir: ante unos Estados que han visto disminuidas su autonomía y su capacidad de control, las transnacionales mueven hoy los hilos del poder y configuran nuestro estilo de vida.

Teniendo en cuenta que parte del negocio desarrollado por las transnacionales españolas se valía, además, del elemento común que es el castellano, calibrar el potencial del mercado lingüístico que se les presentaba fue una prioridad que dio pie a la irrupción de la demolingüística y la econometría en los campos de estudio sobre el español. Así surgieron iniciativas como la Asociación para el Progreso del Español como Recurso Económico (1996), promovida por Óscar Berdugo, que, hoy como Eduespaña,13 se centra en la enseñanza de español a extranjeros, y también una serie de estudios orientados a evaluar la riqueza que podía generar el español, de los que fue pionero el trabajo  «Econometría de la lengua española», del científico y académico de la RAE Ángel Martín Municio , publicado en el Anuario 2001 del Instituto Cervantes. Ese mismo año, el propio Óscar Berdugo (2001: en línea) presentó en el II Congreso Internacional de la Lengua Española14 un mapa de las industrias dedicadas en la explotación del español como recurso económico (ERE):

 

• servicios lingüísticos: planificación lingüística, servicios lexicográficos, documentación, terminología, in-traducción y ex-traducción;

• enseñanza de español para extranjeros;

• productos editoriales para la enseñanza del español;

• tecnologías de la lengua;

• sector editorial;

• sector audiovisual;

• sector musical.

 

Según Berdugo, de entre estas actividades la enseñanza de español para extranjeros y las ediciones para la enseñanza del español ocupaban un lugar central.15 A continuación venía el sector de las tecnologías de la lengua, que adquiría valor por su carácter estratégico y proyección por la exitosa internacionalización de Telefónica —cuya fundación, junto con el Banco Interamericano de Desarrollo, patrocina desde el 2005 el proyecto «El valor económico del español: una empresa multinacional»—16 y, en tercer lugar, los sectores editorial, audiovisual y musical, con un evidente potencial de difusión internacional de la lengua y la cultura en español. Por último, se perfilaba un cuarto grupo no vinculado directamente al idioma: el de la moda, el turismo, el diseño, la gastronomía, etc., que podía beneficiarse del efecto de arrastre ejercido por la expansión de los demás sectores si se presentaban todos ellos agrupados en una «marca genérica del español o lo español» (Berdugo, 2001: en línea) y si en la promoción de dicha marca, además, se implicaban tanto instituciones prestigiosas, empezando por la Corona, como celebridades internacionales. A esta estrategia obedece, por ejemplo, el reciente nombramiento del baloncestista Pau Gasol, del banquero Emilio Botín, de la Agencia Efe, y de la científica y académica Margarita Salas como embajadores honorarios de la Marca España, en un acto presidido por el príncipe de Asturias (Agencia Efe, 25/06/2009: en línea).

Más allá de los sectores culturales, evidentemente relacionados con el idioma, estudios como el de Martín Municio (2003) o el más reciente de Girón y Cañada (2008) han ampliando la base de análisis a todos los sectores que crean empleo y riqueza por su vinculación, directa o indirecta, con la lengua. Los trabajos econométricos más recientes (Girón y Cañada, 2008: 29), recomendando prudencia sobre los resultados obtenidos, apuntan que los sectores de actividad y comercio (interior y exterior) relacionados directamente con la lengua generan, para la economía española —no para la de otros países con lengua española—, un 10,5 % del producto interior bruto (PIB) y un 10,3 % de empleo, cifras que, comprendiendo los sectores no directamente relacionados con el idioma, se convierten en el 15,2 % del PIB y el 15,6 % del empleo. Estos datos, en sus resultados máximos, suelen ser aireados triunfal e imprudentemente por los adalides del nacionalismo español (entre ellos, académicos como Luis María Ansón o Gregorio Salvador), casi siempre para atacar de paso a los «estúpidos» nacionalistas periféricos, incapaces de ver las enormes ventajas de subirse al carro del español y de renunciar, cómo no, a cualquier promoción y normalización de sus lenguas. Hace pocos meses, durante una reunión de colaboración mantenida con la Real Academia Española y ya en plena crisis económica y proliferación de expedientes de regulación de empleo (ERE), el presidente de la comunidad cántabra, embarcado desde hace años en la creación de una entidad local dedicada a la explotación de la enseñanza de español a extranjeros (la Fundación Comillas), se refería así el promisorio futuro que estas cifras señalan para el español:

 

El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, ha apuntado hoy al idioma como el «activo» de España para liderar un cambio en el modelo económico y ha afirmado que «en torno al potencial de la lengua española hay toda una industria que no tiene eres, porque es imparable». [Agencia Efe, 16/12/2009.]

 

Pero ¿es realmente así? ¿El sector idiomático es tan boyante y modélico que no sufre precariedad ni reestructuraciones laborales? A la luz de lo poco que suele traspasar la barrera de unos grupos de comunicación y una agencia estatal (Efe) que blindan la imagen del español, lo que se sabe es que el filón de la enseñanza a extranjeros no es tal y que la precariedad laboral es significativamente frecuente en el buque insignia de la proyección exterior del castellano: el Instituto Cervantes, creado en 1991.

En Brasil, el país donde concentra el mayor número de sedes (9), con fecha de 26 de octubre del 2009, se dictó sentencia17 contra el Instituto Cervantes (IC) en un proceso por contratación irregular de profesores, con ocultación fraudulenta de la relación laboral. Después de la sentencia, el IC firmó un Termo de Ajustamento de Conduta18 por el que se comprometía a regularizar a todos sus trabajadores a partir del 1 de enero del 2010. Poniendo al lector en necesarios antecedentes, es preciso señalar que la acusada presencia del IC en Brasil no es casual; obedece a una coyuntura en la que la diplomacia española jugó diversas bazas (cf. J. del Valle y L. Villa, 2005 y 2007): la aprobación de la ley 11161, de 5 de agosto del 2005, que, atendiendo a las necesidades de la integración sudamericana a la que Brasil pertenece (Mercosur), establecía la oferta obligatoria del español como lengua extranjera en los currículos escolares de la última fase de la enseñanza fundamental y en la secundaria; un gesto, por cierto, correspondido por Argentina hace un año (S. Senz, 20/01/2009: en línea), que ha hecho lo propio con el portugués. Por supuesto, el fallo judicial contra el IC no halló el menor eco en los medios españoles, pero sí llegó a la red en castellano (S. Senz, 27/10/2009: en línea) y destapó de paso la precaria situación laboral del profesorado de muchos otros centros, que ya tiempo atrás habían recogido algunos medios digitales independientes con estos titulares:

 

instituto cervantes | tras la espectacular puesta en marcha de su televisión en febrero, los informativos no llegaron a agosto

El Cervantes no se olvida de la cultura del ‘mobbing’ laboral y la subcontratación. = En febrero del año pasado era presentada con las mejores galas gubernamentales la televisión virtual del Instituto Cervantes, un “proyecto revolucionario” que pretendía exportar el valor cultural del Estado español. Pero seis meses después los grandes hitos que ha marcado se encuentran relacionados con el ‘mobbing’ laboral y las prácticas de subcontratación entre dos instituciones públicas como son el Cervantes y la Universidad Rey Juan Carlos. Dos instituciones que, además, tienen como una de sus figuras más ilustres a Carmen Caffarel, directora de la primera institución y catedrática en la segunda. [...] [Héctor Rojo Letón, 08/01/2009: en línea.]

 

explotación laboral en la meca del castellano

Cada centro del Cervantes es un cortijo privado” = Las subcontrataciones y las malas condiciones laborales que se viven en el Instituto Cervantes no son una exclusiva del Centro Virtual, como atestiguan profesores colaboradores de diferentes centros. [...] [David Hamete, 22/01/2009: en línea.]

 

Unas 20 personas deciden crear el Trastero del Cervantes con el objetivo de informar sobre las ilegalidades que se cometen desde hace años. [...] [Xornal de Galicia, 18/09/2009: en línea.]

 

Con la sentencia brasileña regresaron, pues, a la escena pública las reclamaciones de los trabajadores organizados en las plataformas y redes sociales El Trastero del Cervantes,19 Plataforma Cervantes20 y Sin conCervantes,21 y volvieron también a reseñarse los desencuentros entre el Instituto Cervantes-Universia/Santander y la Universidad de São Paulo (cf. J. del Valle y L. Villa, 2007: 121-122; M. Celada, 2006: en línea; S. Senz, 04/11/2006 y 16/11/2006: en línea), que Xoán Carlos Lagares (27/08/2009: en línea) resumía elocuentemente:

 

El plazo que la ley [11161, de 5 de agosto del 2005] se daba a sí misma para su completa implementación era de cinco años. Expira por tanto en 2010. Como el Estado brasileño no se ha esforzado mucho por hacerla realidad (por ejemplo, contratando a los profesores de español que ya están en el mercado o que salen cada año de las más de trescientas facultades que ofrecen estudios de letras orientados hacia esa lengua), el gobierno español y empresas asociadas han tomado la iniciativa, siempre de forma precipitada y arrogante. Hace dos años, por ejemplo, el Banco de Santander propuso al Estado de São Paulo formar profesores de español con un curso a distancia del Instituto Cervantes. Las universidades paulistas se opusieron con determinación a esa medida absurda que pasaba como una apisonadora por arriba de su función constitucional de formar profesores para la enseñanza regular brasileña, devaluando el título de sus licenciados.

 

La lectura íntegra del texto de Lagares da una idea precisa de las causas y del carácter de las objeciones a la acción del ic-Universia/Banco de Santander; objeciones hoy compartidas por otras universidades públicas, por las asociaciones de profesores de español de los estados brasileños y por la Asociación Brasileña de Hispanistas. La percepción de la actuación de estos organismos en Brasil tampoco es la mejor posible en los países sudamericanos que mantienen vínculos de interés con el gigante lusoamericano y que disponen de sus propias certificaciones de E/LE, como es el caso de Argentina. A fin de cuentas, el español no es un bien privativo de España, sino un condominio compartido por un 10 % de hablantes españoles y un 90 % de hablantes americanos, que todos deberían disfrutar (V. Colodrón, 2004: en línea).

Que no es oro todo lo que reluce en el venturoso panorama que pintan los medios españoles oficialistas para la enseñanza del español a extranjeros también lo han puesto de manifiesto emprendedores privados que tratan de sacar adelante sus propios negocios de E/LE:

 

Hace tiempo que vengo observando cierta euforia [...] oficial en torno a la lengua española, tanto si se habla de ella como recurso cultural o como fuente de negocio. Por eso, cuando días antes se anunció que el Babelia de este fin de semana iba a estar dedicado al español, empecé a sentir cierta desazón interior, preludio de un ataque de prurito nacional-lingüístico. Temía que, como en tantas ocasiones, personajes totalmente alejados de la realidad educativa hablaran de la grandeza de nuestra lengua más allá de las fronteras de ultramar... al más puro estilo Día de la Raza. Al final, la sangre no llegó al río, pero algunos de los artículos podrían haber aparecido, con unos leves retoques, en el diario Pueblo de hace, pongamos, cuarenta añitos. = En cualquier caso me llamó la atención la exageración de definir a nuestra lengua como «el petróleo español», imagen no sólo desafortunada sino absolutamente incierta. A estos glosadores de la industria lingüística les invito a que monten un centro de español y lo saquen adelante sin prebendas ni paraguas oficiales. Igualmente me dejó preocupado la vaciedad de las cifras y estadísticas, porque hay un dato fundamental que han obviado en todo el análisis: es sabido que entre el 60 y el 70 % de la facturación de este sector se debe a la iniciativa privada, ésa que ya estaba bien implantada y desarrollada antes ni siquiera de que existiera el Instituto Cervantes. [...] Y un poco menos de autobombo burocrático también sería de agradecer, al menos para dar una imagen más realista de lo que está ocurriendo con la industria del español y no crear falsas expectativas. [Francisco Herrera, director del centro La Janda International House de Vejer (Cádiz), 25/03/2007: en línea.]

 

Hasta el momento, en listas de correo, foros, blogs y encuentros digitales lo que he encontrado ha sido una continua queja sobre las condiciones profesionales de los enseñantes de español en todas sus posibilidades: en el ámbito privado, en el universitario, en el del Instituto Cervantes. Por ahora no he encontrado a ningún director, jefe de estudio o responsable de personal que nos enseñe el otro lado de esta realidad profesional. Como ya llevo en el sector diecisiete años y en casi todo este tiempo he dirigido mi propio centro, voy a dar mi opinión, que como dice el cliché, será absolutamente personal. [...] Lo primero que tengo que advertir es que montar y sacar adelante un centro de español es una empresa que no recomiendo a nadie en sus cabales. La competencia es tal que sólo si uno recibe capital para el blanqueo de dinero o dirige una fundación benéfica podrá decir que la enseñanza de ele es un gran negocio. Un ejemplo: hay escuelas que ofrecen a sus agentes, los intermediarios que venden cursos en los países de origen, un 50 % de comisión sobre el precio del programa. Esta cifra indica claramente que algo va mal en el sector empresarial y que, además de ser una práctica poco ética, no hay ninguna institución o entidad que ponga coto a la competencia desleal. ¿Cómo se mantiene un centro que ofrece la mitad de sus ganancias a los intermediarios? Probablemente la clave esté en que la empresa no pone mucho empeño en pagar los seguros sociales de los trabajadores, en promover la formación continua de sus profesores, en solicitar no ya un sello de calidad de enseñanza sino una simple licencia municipal de apertura. Y así podríamos seguir un buen rato. Es por eso que cuando se lanzan al vuelo las campanas del negocio del español me entra algo así como una risa floja. Pero que muy floja. [...] [Francisco Herrera, 06/06/2007: en línea.]

 

Pese a todo, al amparo de medios e instituciones, la idea del español como recurso económico ha seguido ganando posiciones y se utiliza efectivamente, como sugería Berdugo, para crear un referente cultural complejo de lo español (una Marca España), basado en la lengua castellana, que facilite la penetración en los mercados extranjeros de bienes y servicios no estrictamente en castellano, pero sí asociados a esa referencia. El diseño de una estrategia de marca país que impulse y defina en los mercados internacionales la política española de exportaciones y de promoción cultural y lingüística se ha basado en la línea habitual del nuevo hispanoamericanismo: mostrar al mundo una identidad compacta fundamentada en la lengua española y en la cultura hispánica, acogiendo, al mismo tiempo, la necesaria dosis de diversidad interna que permita ofrecer al exterior una imagen democrática y progresista. En el año 2003, el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX; dependiente del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio), el Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos, el Foro de Marcas Renombradas Españolas y la Asociación de Directivos de Comunicación (dircom), contando además con el apoyo del Ministerio de Asuntos Exteriores, publicaron el Informe Proyecto Marca España, que decía responder a la necesidad de coordinar las distintas actuaciones públicas y privadas sobre la Marca España, de transmitir a las empresas e instituciones la importancia de tener una buena imagen de país, y de informarlas sobre cómo comunicar y «vender» la nueva realidad de España.22 El informe ponía de manifiesto cuál era el puntal del papel internacional de España («La presencia e importancia dada hoy a España en el mundo no es entendible sin su dimensión latinoamericana» [ICEX y otros, 2003: 16]), señalaba su extensión y expansión demográfica («sobre todo en Estados Unidos») como el motivo de la pujanza del idioma español, y consideraba esta coyuntura como una oportunidad que España debía perentoriamente aprovechar, asumiéndola como una política de Estado:

 

La estrategia de imagen de España debe ser un proyecto a largo plazo, un esfuerzo sostenido en el tiempo cuya gestión y responsabilidad se sitúe por encima de la legislatura política. Debe ser un proyecto de Estado, a partir de una estrategia definida que diseñe las distintas acciones a desarrollar, tanto en el aspecto político y comercial como en el cultural. Se ha destacado en este sentido la importancia estratégica de coordinar el esfuerzo de todas las instituciones públicas y privadas mediante un ente que tenga responsabilidad al más alto nivel, que actúe como «Guardián de la marca», con responsabilidad total y absoluta sobre estas cuestiones. En esta misma línea se ha subrayado la necesidad de actuar en el ámbito diplomático sobre las instituciones multilaterales, mediante la creación y desarrollo de lobbies específicos que representen los intereses de la marca España. La coordinación institucional de la imagen de España debe ir acompañada, además, de una estrategia común con el ámbito empresarial, y en especial, con aquellas empresas que ejercen de importantes embajadores de la marca España. [ICEX y otros, 2003: 31.]

 

De entre todos los elementos de la imagen exterior de España que el proyecto pretende potenciar (el capital político de España, el elemento histórico, el capital comercial y económico...), se hace hincapié en establecer una relación dominante «entre la marca España y el concepto globalizador de la lengua española» (ib.: 31). Según se considera, el prestigio mundial que se pretende alcanzar «es más fácilmente extraíble del patrimonio histórico y cultural y no tanto de la realidad empresarial», una idea que también defienden «otras instituciones como el Instituto Cervantes e incluso por el ICEX» (ib.: 43). Resultado de esta idea es la asunción por parte de los sucesivos gobiernos españoles de una política de proyección exterior fundamentada en la lengua, concretada en la creación y en el impulso de una serie de estructuras de apoyo repartidas entre los ministerios de Educación y Cultura, de Asuntos Exteriores y de Industria, Turismo y Comercio (el Instituto Español de Comercio Exterior, el Instituto Cervantes, la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior...) y de acciones culturales exteriores más o menos coordinadas, así reconocidas por sus máximos responsables:

 

El nuevo ministro de Cultura, César Antonio Molina [ex-director del Instituto Cervantes], anunció al tomar posesión de su cargo su intención de trabajar para convertir la cultura española en «el motor de todas aquellas personas que hablan y se expresan en español en todo el mundo». [Agencia Efe: 10/07/2007: en línea.]

 

La vicepresidenta primera del Gobierno español, María Teresa Fernández de la Vega, consideró «indudable» la apuesta del Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero por defender y extender el español, e invitó a que se sumen a ella agentes sociales, instituciones, empresas y medios de comunicación. [Agencia Efe, 09/08/2007: en línea.]

La lengua y la cultura forman parte del patrimonio más esencial de un país, en el que reside su identidad más íntima, pero también el que utilizamos para construir el mundo de valores y de significados que queremos compartir con otras culturas. = La lengua de nuestros antepasados, la misma con la que se escribieron a lo largo de los siglos el Quijote, Poeta en Nueva York o Cien años de soledad, ha alcanzado un protagonismo cultural y económico en todo el mundo inimaginable hace apenas unos años. El español se ha convertido en la cuarta lengua más hablada en el planeta, y es una de las más dinámicas: su prometedor porvenir es incuestionable. Al mismo tiempo, la cultura española ha demostrado en numerosos ámbitos su creatividad, su riqueza y su vocación universal. = Me atrevo a decir que no es casualidad que este excelente momento coincida prácticamente con los quince años que el Instituto Cervantes lleva cumpliendo de manera ejemplar su objetivo de difundir por el mundo la lengua y la cultura española. Por supuesto, el dinamismo del español es fruto de numerosos factores sociales, culturales y económicos, pero el Cervantes ha contribuido a hacer que esa expansión natural sea apoyada y fomentada al máximo por nuestro país, y que hayamos mantenido un importante protagonismo en el proceso de expansión del español. [...] = Pero, además, el Instituto Cervantes ha sabido trasladar fuera de nuestras fronteras el espíritu que ha caracterizado la historia de nuestra cultura, marcada por el diálogo, la convivencia, la apertura y el mutuo enriquecimiento. [...] Las cifras que acompañan la actividad del Cervantes son una muestra inequívoca del enorme éxito de esta iniciativa, que se ha visto afirmado en estos últimos años, en los que el Instituto ha consolidado y enriquecido su oferta lingüística y cultural, al abrirse a la riqueza que para nuestro país suponen las lenguas cooficiales y la diversidad de sus culturas. [José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno, 2006: 15; la negrita es nuestra.]

 

Estas declaraciones del actual presidente del Gobierno son acordes con su consabido «talante pluralista», pero lo cierto es que se ajustan poco a la realidad de la promoción exterior del resto de lenguas y culturas de España. Así lo revelaban José del Valle y Luis Gabriel-Stheeman (2004c: 258), recogiendo y comentando unas declaraciones de Jon Juaristi (abc, 19/08/2003: 43):

 

Esta gigantesca campaña de marketing lingüístico no incluye, sin embargo, la promoción de otras lenguas peninsulares, lenguas que, por su escaso valor de cambio, no funcionan bien en el mercado lingüístico internacional. Si bien al catalán se le conceden ciertas posibilidades como lengua «comercial», «no es el caso del euskera ni del gallego... la demanda del euskera ha descendido. En el Instituto hemos sido extraordinariamente generosos en la estimación de la demanda. Hemos llegado a dar clase de euskera con dos alumnos. La rentabilidad económica no se sostiene». [...] Estas ideas, expresadas por el [entonces] director del Instituto Cervantes [...], y su consecuente proyección mediática, tienden a consolidar la asociación del español y de las lenguas en general con su rentabilidad [...].

 

 

Es decir, la enseñanza exterior de las demás lenguas oficiales de España sólo merece la pena en tanto rinda beneficios. Se entiende con ello que su promoción exterior no es un fin que valga la pena en sí mismo y que, además, es un coste excesivo para el Estado. En realidad, no es cierta ni una cosa ni otra. La difusión exterior de la riqueza cultural de un país es un fin que merece la pena siempre y cuando esa riqueza se sienta verdaderamente como propia y exista voluntad de mostrarla al mundo, cosa que no parece estar en el ánimo de los responsables del Instituto Cervantes —como ya vimos (§ 1.5), muchos de ellos firmantes del Manifiesto por la Lengua Común—, para quienes las demás lenguas oficiales no suman valor a España, sino que restan valor al español. Pero suponiendo que, a la hora de ofertar cursos de gallego, catalán y vasco, el imperativo presupuestario fuerce a los responsables del IC a ajustarse a criterios de viabilidad económica, ¿cómo explican que los cursos de catalán, la única lengua que, de las tres, parece gozar de una cierta demanda, estén financiados por el Institut Ramon Lull, organismo integrado en la Fundació Ramon Llull, con sede en el Estado soberano de Andorra?23 En efecto, por convenio suscrito entre ambas instituciones en el 2004 (Prats Mora, 2006), el Institut Ramon Llull costea las clases de catalán que se realizan en las sedes del IC en el mundo, que contribuye prestando sus aulas. Y no sólo esas clases, sino también todo acto de promoción de la cultura catalana (en catalán o no)24 realizado a instancias del Llull. Ni que decir tiene que la oferta universitaria de enseñanza del catalán, del vasco y del gallego en la propia España, fuera de sus territorios, es incluso más pobre. En el caso del catalán, se da la anomalía de que es más fácil estudiarlo en Alemania (posible en 28 centros universitarios), el Reino Unido (21 centros), Estados Unidos (20), Francia (19) e Italia (18), que en la propia España, donde sólo 11 universidades lo ofertan, una actitud que el director del área de Llengua i Universitats del Institut Ramon Llull atribuye a que «Desde el ámbito académico español les falta convicción y creerse que el Estado español es un estado plurinacional» (Avui, 06/02/2010: en línea). Esta falta de aceptación de la diversidad presenta la contrapartida de una fe ciega en el español, para cuya promoción no se escatiman subvenciones, por dudosamente éticas que resulten. En efecto, la asociación de los conceptos lengua española-prestigio internacional y la creciente demanda exterior de enseñanza del castellano llevan a los redactores del Informe Proyecto Marca España a proponer incluso «programas de subvención a traducciones y libros de texto de español o en español (sobre historia, etc.), que cumplan unos requisitos de imagen, por ejemplo que recojan aspectos positivos de la cultura e historia españolas» (ICEX y otros: 103); es decir, una política de lavado de cara en toda regla, por encima de cualquier consideración de rigor y verosimilitud.

 

Llegados a este punto nos encontramos con que el proceso de internacionalización de las empresas españolas, y la exploración y explotación de sus mercados lingüísticos marcaron el primer hito en la conformación de la necesaria base material que España requería para poder hacer valer en Europa y también ante Estados Unidos sus relaciones con América. El segundo hito, del que no puede extraerse un balance tan positivo, es la progresiva institucionalización de una largamente proyectada comunidad política, nueva versión de las diversas formulaciones realizadas por el hispanoamericanismo y por el panhispanismo de gobiernos anteriores: la Comunidad Iberoamericana de Naciones (CIN), «un espacio político, económico, social y cultural, con proyección propia en la escena mundial» (C. del Arenal, 2008: 29). Como sus proyectos precedentes, la CIN se afirma en la existencia de lo que sus promotores consideran una comunidad supranacional de facto, basada en la existencia de un entramado de vínculos, intereses y relaciones comunes o específicas al conjunto de países iberoamericanos, que comparten además señas de identidad y nexos ideológicos con un potencial de unión latente, capaz de activarse y movilizarse si se llevan a cabo las acciones pertinentes.

El proceso de activación de esta «comunidad supranacional latente» se inició en la década de 1980, cuando surgió, por parte del Gobierno español de la Unión de Centro Democrático, la idea de celebrar una cumbre iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno que, aprovechando los actos de conmemoración del quinto centenario, en 1992, reuniera a los mandatarios de España y América Latina y sirviera para sentar las bases sobre las que «ir conformando un espacio común iberoamericano, basado en la historia, la cultura y la lengua, pero también en un entramado de intereses comunes de la más diversa naturaleza» (C. del Arenal: 2005: 59). Desde 1982, esta idea adquirió fuerza e impulso con los sucesivos gobiernos socialistas, que pusieron en marcha estrategias encaminadas a superar los recelos y reticencias que existían por parte americana hasta hacer posible la convocatoria de la primera cumbre, que se celebró en Guadalajara (España) en 1991. Este primer encuentro y el que se celebró sólo un año más tarde en Madrid sirvieron para iniciar una serie de programas de cooperación iberoamericana, establecieron una estructura institucional provisional y consagraron los principios operativos que debían inspirar una acción conjunta con garantías de estabilidad, efectividad, equidad, reciprocidad, respeto, cooperación y no injerencia (C. del Arenal y A. Nájera, 1990: 345-350; cits. en Sepúlveda, 1994: 321-322):

 

1. El principio de interdependencia, que marca la necesidad de operar de manera no coyuntural, mediante una política integradora, global y solidaria.

2. El principio de credibilidad, base de una política de Estado, por el que se apunta a una ejecución concreta, trascendente, en busca de hechos identificables y posibles.

3. El principio de continuidad, por el que se requiere el diseño de una política global y de aplicación constante, no sujeta a los posibles vaivenes de los cambios políticos, económicos o de mera simpatía entre dirigentes.

4. El principio de indiscriminación, basado en una práctica desideologizada, que mantenga en primer lugar la máxima de no intervención en asuntos internos; lo que no puede ser confundido con la indiferencia a la política intensa de los distintos estados.

5. El principio de unidad en la diversidad, que propugna la integración respetando las diversidades de cada unos de los miembros y pretende contrastar con anteriores intentos unionistas de tono paternalista y uniformador.

 

No obstante los buenos propósitos, las sucesivas cumbres han sido un verdadero carrusel. Las cumbres de Salvador de Bahía (1993), de Cartagena de Indias (1994), de San Carlos de Bariloche (1995) y de Villa del Mar (1996) experimentaron un acusado declive debido, sobre todo, a los ajustes presupuestarios que la crisis económica iniciada en 1992 exigió al Gobierno español, a los crecientes problemas internos de los gobiernos socialistas (escándalos de corrupción y de terrorismo de Estado) y a las crecientes dificultades que fue encontrando España para armonizar su pertenencia a la UE con su ambiciosa política latinoamericana. A lo largo de este periodo de decadencia se puso de manifiesto la importancia vital que para las cumbres «tenían el impulso y el protagonismo de España y el escaso interés que de momento los países latinoamericanos tenían en su desarrollo y consolidación» (C. del Arenal, 2005: 63). El cambio de signo político del Gobierno de España, con el triunfo de la fracción más derechista del Partido Popular y la llegada a la presidencia de José María Aznar reactivó, en un inicio, los encuentros iberoamericanos. En las cumbres de Oporto (1998) y La Habana (1999; financiada en un 80 % por España) se dio un paso adelante en la institucionalización de la CIN con la creación de un organismo permanente, la Secretaría de Cooperación Iberoamericana (Secib), que hubo de limitar su acción al campo estricto de la cooperación para salvar las reticencias por parte americana. En esta fase, además, quedó claro que la CIN cojeaba por una de sus principales patas: Brasil, que hizo evidente que su apuesta estratégica no era el reforzamiento de un espacio iberoamericano común, sino la conformación de un bloque de países de América del Sur (C. del Arenal, 2005: 93); es decir, el Mercosur y la Unasur. Pese a las intrínsecas debilidades de la CIN, el liderazgo ejercido por España durante el período Aznar era una realidad evidente que, para sostenerse, debía evitar traicionar los principios establecidos en las cumbres iniciales. Sin embargo, a partir del 2002, el alineamiento incondicional del Gobierno de España con la política internacional de la Administración Bush acabó con la observación de los principios de continuidad e indiscriminación, rompiendo el multilateralismo y la política de consenso hasta el punto de que la actuación de España en América Latina pasó desde entonces a concertarse con Estados Unidos. A pesar de que fue en el periodo 2002-2004 cuando se dio un nuevo paso en la institucionalización de la CIN con la creación de la Secretaría General Iberoamericana (Segib), lo cierto es que el posicionamiento de Aznar en la escena internacional deterioró las relaciones bilaterales con ciertos países latinoamericanos hasta entonces claves en la política española y rebajó el interés de muchos participantes en las cumbres, debilitándolas de forma evidente. Cabe decir que Aznar no actuó guiado solamente por la ambición de hacerse un hueco en los libros de historia mundial; creyendo que la comunidad hispana de Estados Unidos (tan numerosa como la población de España) podía ofrecer réditos muy consistentes a los intereses de su país y del nacionalismo español, que él profesa sin mesura, viró rumbo norte la orientación de la estrategia americanista:25

 

El posicionamiento del gobierno Aznar parece no ser del todo ajeno al valor que para los intereses empresariales españoles pueda tener la población hispana estadounidense: «[...] El señor Aznar confirmó en una entrevista que recientemente le preguntó al presidente francés Jacques Chirac si “pensaría lo mismo sobre América si su mayor comunidad étnica fuera de herencia francesa y estuviera en pleno crecimiento”» (The Wall Street Jounal, 16/09/2003). [...] el presidente Aznar expresaba así el posible papel de España en la constitución de una identidad de los latinos estadounidenses: «Quiero que los hispanos de ee. uu. sepan que tienen raíces europeas comunes y una herencia que puede ser tan sólida como la anglosajona» (ib.). Del contenido lingüístico de tal herencia no puede quedar la menor duda después de leer, más adelante en el mismo artículo, que el presidente «ve al español y al inglés como las dos lenguas más importantes del globo y quiere aprovecharse política y económicamente de ello». Las palabras de Aznar revelan con absoluta transparencia la profunda conexión entre la visión del español como instrumento aglutinador de la comunidad hispánica (española, latinoamericana y estadounidense) y los intereses que persiguen las políticas económica y exterior del gobierno español. [J. del Valle y L. Gabriel-Stheeman, 2004c: 260-262; la negrita es nuestra.]

 

Sin necesidad de recordar los métodos poco pacifistas que han permitido la expansión histórica del español, el apoyo del Gobierno de Aznar a la invasión de Irak ofreció, además, la mayor evidencia de hasta qué punto el español NO es por sí mismo un idioma de unión, encuentro y concordia. Así lo lamentaba Victoriano Colodrón en una de sus siempre recomendables crónicas idiomáticas (2003: en línea):

 

[...] qué hermosa la idea de que los pueblos y los gobiernos de los países hispanohablantes se hubieran unido para expresar una misma oposición a la guerra. Que en español, de forma unánime, se hubiera afirmado la misma voluntad de encontrar otro tipo de soluciones para los problemas, otra manera de evitar las tiranías o luchar contra ellas. Que nuestra lengua hubiera servido sólo para reclamar un marco legal internacional que ninguna gran potencia pudiera saltarse por el mero hecho de serlo y querer demostrarlo a toda costa, sometiendo al resto del mundo al dictado de su fuerza... Pero resulta que esa gran potencia es uno de los países con mayor número de hablantes de español. Y resulta también que entre los escasos apoyos que ha recibido para su exhibición de poderío militar ha estado el del gobierno de otro país hispanohablante, precisamente el que vio nacer en su suelo esta lengua en la que tantas voces se han alzado en contra de la guerra...

 

La inesperada llegada al poder de un nuevo Gobierno socialista, con José Luis Rodríguez Zapatero al frente, dio un giro radical a la orientación del ejecutivo precedente, al acabar con el seguidismo de la Administración Bush, plantear una política exterior con ajuste a los términos del derecho internacional y con una orientación más social, y prometer una recuperación del multilateralismo y el refuerzo de las relaciones entre la UE y América Latina. Su apuesta por lograr un repunte de las cumbres cosechó frutos en las de Costa Rica (2004) y Salamanca (2005), donde se aprobó el Estatuto de la Secretaría General Iberoamericana y se nombró secretario general iberoamericano a Enrique Iglesias, una persona con larga trayectoria internacionalista, que había presidido el Banco Interamericano de Desarrollo en Washington D. C. y que había dado ya pruebas de su fe en el potencial del español como recurso económico durante su intervención (E. Iglesias, 2001) en el II Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Valladolid. No obstante, el conocido enfrentamiento entre el monarca y el presidente español, de un lado, y los presidentes de Nicaragua y Venezuela, Daniel Ortega y Hugo Chávez, de otro,26 que ensombrecieron la cumbre del 2007 con los nubarrones de la actuación de Unión Fenosa en Nicaragua y del apoyo del Gobierno Aznar al golpe de Estado contra Chávez, puso en evidencia que había aún mucho que andar para restaurar un verdadero diálogo inter pares. Por otra parte, desde la perspectiva española, se ha criticado también la falta de dinamismo y definición de la política americanista del Gobierno Zapatero, estancado en una retórica propia de una «inane reina madre o comprensiva madre patria» (J. M. Areilza y J. I. Torreblanca, 2009: en línea), y se lo ha animado a convertirse en mediador en la región entre derecha e izquierda, desde una posición de referente del centroizquierda moderado:

 

Pero ello requiere ser crítico, tomar partido, denunciar los excesos [...]. No puede ser que la Commonwealth, teniendo como tienen sus miembros muchos menos lazos culturales entre ellos que nosotros con Latinoamérica, sea más crítica con sus miembros (véase el caso de Zimbabue). [J. M. Areilza y J. I. Torreblanca, 2009: en línea.]

 

La comparación con la Commonwealth establecida por Areilza y Torreblanca contrasta llamativamente con estas palabras del ministro de Exteriores español:

 

[...] la CIN aventaja a «otras organizaciones internacionales basadas en criterios de identidad similares, como la Commonwealth o la Comunidad francófona» gracias a una cercanía relativamente mayor de sus lenguas y culturas predominantes, o a que «sus señas de identidad son más sólidas y los valores compartidos más abundantes y homogéneos». [Miguel Ángel Moratinos, El País 12/10/2005, cit. en L. Varela y J. Otero, 2005: 8.]

 

Para Moratinos, como para tantos otros, la comunidad de facto que surge de los lazos identitarios, lingüísticos, ideológicos y psicológicos supuestamente compartidos es, por sí misma, simple garantía de éxito para la comunidad de iure que se edifique sobre ella. Y aunque a la vista está que no es de ningún modo así, las últimas cumbres han seguido promoviendo esta convicción. Así, en lo relativo a los pasos dados para la consolidación material de la comunidad idiomática, en la cumbre celebrada en Salamanca (2005) cerca de 50 rectores de universidades iberoamericanas convocados por el Instituto Cervantes anunciaron la creación de un Sistema de Certificación Internacional de Dominio del Español como Lengua Extranjera (Sicele) cuya concreción no está exenta de obstáculos y conflictos27 pese a la optimista declaración de intenciones con que se presentó:

 

[...] respetará las variedades lingüísticas de los países hispanohablantes y, al establecer criterios de calidad y exigencia académica comunes, facilitará la coexistencia de los distintos instrumentos de certificación hoy en uso en los distintos países iberoamericanos, así como el mutuo reconocimiento de estos instrumentos por parte de las distintas instituciones. [Varela y Otero, 2005: 3.]

 

La cita de Salamanca fue también el escenario elegido por la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española para la presentación pública del proyecto de una muy reclamada nueva gramática normativa de la lengua española (la vigente databa de 1931), basada en la noción de «“norma poliédrica”, y ya no de norma única, para la lengua común» (Varela y Otero, 2005: 3) y significativamente denominada con los apelativos de global o total, que se encuadraba en la nueva política lingüística panhispánica cuya primera plasmación había sido el Diccionario panhispánico de dudas (dpd), publicado ese mismo año y firmado conjuntamente por la RAE y la Asale. De este modo, con la aparición del dpd (2005) y, más recientemente, de los dos primeros volúmenes de la Nueva gramática de la lengua española (ngle, 2009), el principio operativo de «unidad en la diversidad» que —según la teoría— guiaba las Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y de Gobierno, se incorporaba a la norma y al funcionamiento interacadémicos.

 


 

Notas:

1 Cf. http://www.cervantes.es/lengua_y_ensenanza/publicaciones_espanol/espanol_mundo.htm

2 Muchos de los responsables de estas obras son individuos e instituciones «firmemente arraigados en las estructuras de poder económico y político de España» (J. del Valle y L. Gabriel-Stheeman, 2004b: 246).

3 V. nota 109.

4 Véase la crítica a estos mitos desarrollada por J. C. Moreno Cabrera. (N. de las Eds.)

5 Un breve compendio de esta elaboración se encuentra en el artículo publicado en el diario de la XV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno (Salamanca, 2005), en el cual el actual director de la RAE, Víctor García de la Concha, reflexionaba sobre el papel del español (cf. García de la Concha, 12/10/2005: en línea).

6 La caracterización de esta idea dentro de lo que se denomina pensamiento monoglósico se encuentra en J. del Valle. La ausencia de base científica de esta conceptualización de las lenguas está señalada por el propio J. del Valle, por J. C. Moreno Cabrera, y por S. Senz, J. Minguell y M. Alberte. (N. de las Eds.)

7 Prueba de ello es el auge del soberanismo en la tradicionalmente federalista Cataluña, que amenaza la imagen de fortaleza y capacidad de integración política que España quiere transmitir al mundo.

8 Una relación, cierto, que nunca ha sido prioritaria para la UE y que hoy está llamativamente estancada (Arenal, 2009).

9 La trascendencia de esta expansión para los política internacionalista de España está analizada en J. del Valle. (N. de las Eds.)

10 Sobre este particular, véase S. Senz, J. Minguell y M. Alberte. (N. de las Eds.)

11 Polémico por el previo rechazo de la opa lanzada por la corporación catalana Gas Natural contra Endesa, que desde la perspectiva de la derecha española se entendió, simbólicamente, como un ataque de Cataluña a las estructuras económicas que sostienen la nación española. De haberse hecho efectiva, la adquisición de Endesa por Gas Natural habría representado, en palabras de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que «una de las “grandes empresas españolas se trasladaba fuera del territorio nacional” (Cataluña)» (Cinco Días, 03/01/2006: en línea).

12 En este sentido apunta el trabajo de investigación de las transnacionales españolas que desarrolla el Observatori del Deute en la Globalització/Observatorio de la Deuda en la Globalización, ww.odg.cat

13 Cf. http://www.eduespa.org/

14 Cf. http://congresosdelalengua.es/valladolid/default.htm

15 A día, de hoy, el Ministerio de Educación de España destina 430 millones de euros del presupuesto general del Estado a crear infraestructuras para la enseñanza de español a extranjeros (E/LE). No entran en este cómputo las partidas específicas de Cultura destinadas a sedes concretas del Instituto Cervantes y a universidades extranjeras (845 000 €) ni la de Exteriores para el Instituto Cervantes (102,426 millones de €) (Senz, 23/10/2009: en línea).

16 Cf. http://www.fundacion.telefonica.com/debateyconocimiento/valor_economico_espanol/publicaciones.htm y E. Ontiveros (10/02/2008: en línea).

17 Cf. http://www.apeesp.com.br/web/index.php?option=com_content&view=article&id=105&Itemid=59

18 Cf. http://www.apeesp.com.br/web/index.php?option=com_content&view=article&id=103&Itemid=55

19 Cf. http://eltrasterodelcervantes.blogspot.com/

20 Cf. http://www.facebook.com/people/Plataforma-Cervantes/100000058528252

21 Cf. http://sinconcervantes.wordpress.com/

22 La más reciente publicación que hemos podido consultar sobre el posicionamiento de la Marca España reconoce que, a pesar de los esfuerzos realizados, «La “Marca España” no añade valor. = [...] Por este motivo son muchas las empresas españolas que se construyen sin apoyarse en el “Made in Spain”; incluso disimulan el origen. El aceite de oliva y el calzado son dos sectores donde esto es evidente, viendo el uso generalizado de nombres italiano en empresas de aquí» (R. Peralba, 2010: 152).

23 El Institut Ramon Llull es un consorcio de promoción exterior de la cultura y la lengua catalanas integrado en la Fundació Ramon Llull, una entidad supranacional con sede en Andorra constituida por la Generalitat de Catalunya, el Govern de les Illes Balears, la Xarxa de Ciutats Valencianes (España), el Govern d’Andorra (Principado de Andorra), el Consell General dels Pirineus Orientals (Francia), y por el Ayuntamiento de L’Alguer (Cerdeña, Italia). Cf. http://www.llull.cat

24 A modo de pequeña muestra, confróntense las diversas menciones de concesión de subvenciones del Institut Ramon Llull al Instituto Cervantes en el dogc núm. 4812 (01/02/2007; en línea: http://www.gencat.cat/diari/4812/07024223.htm ) y en el DOGC núm. 5099 (28/03/2008; en línea: http://www.gencat.cat/diari/5099/08079103.htm).

25 Véase al respecto J. del Valle. (N. de las Eds.)

26 Nos referimos al célebre episodio del «¿Por qué no te callas?»; cf. http://es.wikipedia.org/wiki/%C2%BFPor_qu%C3%A9_no_te_callas%3

27 Sobre este particular y su repercusión en la elaboración de estándares idiomáticos, véase G. Barrios. (N. de las Eds.)

 


Referencias bibliográficas:

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Varela, Lía, y Jaime Otero (2005): «Hacia una política lingüística iberoamericana», área de Lengua y Cultura, Análisis del Real Instituto Elcano, ari núm. 145/2005 (02/12/2005); en línea: www.realinstitutoelcano.org/analisis/856/856_VarelaOtero.pdf

Woolard, Kathryn (2007): «La autoridad lingüística del español y las ideologías de la autenticidad y el anonimato», en J. del Valle (ed.): La lengua, ¿patria común? Ideas e ideologías del español, Madrid-Fráncfort del Meno: Iberoamericana-Vervuert, pp. 131-142.

— (2008) «Les ideologies lingüístiques: una visió general d’un camp des de l’antropologia lingüística», Revista de Llengua i Dret, núm. 49 (mayo del 2008); disponible en línea: http://www10.gencat.net/eapc_rld/revistes/copy6_of_Revista_prova_2/article.2008-10-08.7453018489/ca/at_download/adjunt

Xornal de Galicia (18/09/2009): «Unas 20 personas deciden crear el Trastero del Cervantes con el objetivo de informar sobre las ilegalidades que se cometen desde hace años», en línea: .

Zimmermann, K. (2006): «La selección de una variedad nacional como variedad principal para la enseñanza del español como lengua extranjera: problemas de la política lingüística de lenguas extranjeras y de la política lingüística exterior en el mundo hispánico», en Roland Terborg y Laura García Landa (coords.): Los retos de la planificación del lenguaje en el siglo xxi, 2 vols., México: unam; vol. ii, pp. 565-590.

Historia de las finanzas de la RAE y de su venta a los intereses del IBEX35

Historia de las finanzas de la RAE y de su venta a los intereses del IBEX35

El artículo que a continuación ofrecemos es un extracto  del capítulo 9 (S. Senz Bueno: «Una, grande y esencialmente uniforme. La RAE en la conformación y expansión de la "lengua común"») del libro  El dardo en la Academia (S. Senz y M. Alberte: El dardo en la Academia, Barcelona: Melusina, 2011), anticipado en esta conferencia por Juan Carlos Moreno Cabrera, y en la Revista Eñe por Luis Fernando Lara y Silvia Senz ), y trata de la creación de la Fundación pro Real Academia, episodio que marca el inicio de la venta de la Real Academia Española a los intereses del gran capital español, una semiprivatización solapada cuyos penosos resultados estamos viviendo los hablantes en estos días. 


[...]

3.5.2. La situación de la RAE tras el franquismo


3.5.2.1. Estado financiero y estructura

 

La RAE superó la oscura etapa del franquismo, en la que había visto decaer sus ingresos por la extinción de sus ediciones escolares, en un estado de evidente precariedad que no le permitía acometer el programa de publicaciones que se había propuesto con la renovación de su estatutos en 1977:1

 

1. Actualización del Diccionario de la Lengua Española.

2. Continuación del Diccionario Histórico.

3. Compendios de ambos diccionarios.

4. Contribución al Vocabulario Científico y Técnico de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

5. Renovación de su Gramática.

6. Facultativamente, publicación de ediciones escolares para primera y segunda enseñanza de su Gramática.

7. Fomento de gramáticas de particulares, fueran o no académicos.

8. Ediciones literarias especiales.

9. Continuación de la publicación de las Memorias académicas.

10. Continuación de la publicación de la Colección de discursos de ingreso en la RAE.

11. Continuación de la publicación del Boletín de la RAE.


En cuanto a las academias asociadas, continuaban sumidas en la lipidia que mayoritariamente las caracterizaba.

En 1982, el diario El País publicaba un artículo titulado «La Real Academia de la Lengua debe sobrevivir con un presupuesto anual de 30 millones de pesetas» (Rosa María Pereda, 07/03/1982: en línea), donde se detallaba que, de esa cifra, un tercio ya lo absorbía la realización del Diccionario Histórico de la Lengua Española, y otros dos millones, la Comisión Permanente de la Asociación de Academias de la Lengua; el resto debía repartirse para cubrir los gastos (salarios, ediciones, dietas, viajes...) de los académicos con alguna responsabilidad u obra a su cargo y de las cincuenta personas, en su mayoría titulados superiores, que trabajaban en la RAE. Los dieciséis titulados (licenciados y doctores) del Seminario de Lexicografía, dirigido por Manuel Seco, que se dedicaban exclusivamente a la confección del Diccionario Histórico desde su fundación en 1946,2 el cual contaba con una subvención estatal desde 1961,3 cobraban por media jornada de trabajo una media salarial de 53 000 pesetas líquidas por mes en el caso de un redactor con siete trienios, es decir, con más de 21 años trabajando en el tema, y 46 000 otro con cuatro trienios. Para el mantenimiento de la sede académica —que había sido reformada en diversas ocasiones durante el franquismo—4 se recibían dotaciones extraordinarias del Ministerio de Cultura. Los académicos trabajan gratis et amore. La obligatoria asistencia a los plenos de los jueves, según el reglamento, se gratificaba con unas dietas simbólicas: algo más de setecientas pesetas. El director-presidente y el secretario perpetuo de la institución cobraban 93,70 pesetas al trimestre, «una reliquia de antiguas economías». En esas ocasiones, «la situación de penuria era el torcedor cotidiano de toda decisión que se tomara» (Zamora Vicente, 1999: 440).

 

[...]

3.5.3. La renovación académica

3.5.3.1. Estado financiero, estructura, y medios humanos y tecnológicos

En el artículo de El País donde se había hecho público el estado de penuria de la academia (Rosa María Pereda, 07/03/1982: en línea), los responsables académicos entrevistados manifestaron que, para contratar más personal y hacer frente a los gastos de su mantenimiento y actividad, «Ahora, además de la alta institución que es, la Academia tiene que ser una empresa». Según esta máxima obró su director ente 1982 y 1985, Pedro Laín Entralgo, al crear la Asociación de Amigos de la Real Academia Española, una entidad que, si bien podía estar constituida por cualquier persona simpatizante de la institución, gracias a su amplio rango de posibles aportaciones materiales, tenía un capital básico procedente de los grandes bancos y de importantes empresas (Zamora Vicente, 1999: 440) y estaba presidida por el gobernador del Banco de España. Gracias a la cuantiosa ayuda recibida, la academia dio impulso a sus publicaciones, informatizó el proceso de realización del Diccionario histórico y procedió a la microfilmación de su fichero léxico, «el verdadero tesoro de la Corporación», (ib.: 441) necesaria para su preservación, y a la adquisición de maquinaria para su lectura e impresión rápidas.

No obstante, en 1988, el flamante nuevo director de la Academia Española, Manuel Alvar, consideraba insuficiente el aporte privado y exigía en estos términos una política lingüística estatal para el castellano que dispusiera de fondos suficientes y estables con que apoyar una lengua que calificaba de «rentable»:

[...] Si bien los académicos —y el propio Alvar— no piden un gran sueldo por su trabajo en la Academia, sí les interesa la continuidad de su labor. «Habría que pensar qué es lo que se le exige a la Academia», afirma Alvar. «Porque es muy cómodo hablar de ella, para bien o para mal; pero al director se le pagan 33 pesetas al mes, los académicos no cobramos y hacemos nuestro diccionario, que da muchos millones, y no cobramos derechos del autor ni de nada. Habría que tener la consciencia de que la lengua es rentable, que vale muchísimo dinero, que produce muchísimas divisas. Pero, como en una fábrica, hay que invertir, como lo hacen en Francia. Un centro científico del idioma como el Instituto de la Lengua Francesa, que sólo para el diccionario tiene 150 investigadores de plantilla, es impensable aquí. Habría que planteárselo no sólo como la Academia, sino como un gran centro de investigación de la lengua. No se puede decir: el día que pueda usted y el día que tenga ganas, pues venga y échenos una mano», dice Alvar. [...] El nuevo presidente de la Academia recuerda que «en un informe que presenté hace dos días a la Academia decía que el problema no es que nos den unas subvenciones, que normalmente todos los ministros tienen buena voluntad y procuran hacerlo. Pero lo que sí tendría que existir es un compromiso de Estado. Que estuviera dentro de los presupuestos, como está una universidad, un museo o la enseñanza media o el Centro Reina Sofía. [...] Entonces, las subvenciones se podrían pedir para otras cosas, para hacer ediciones especiales. No creo que con el prestigio que tiene la Academia, si uno lleva un programa de realidades concretas, haya ninguna institución responsable que diga que no le da la gana de ayudar. [...]». [F. Jarque, 03/12/1988: en línea; la negrita es nuestra.]

Alvar logró que el presupuesto estatal pasara de los 34 millones de pesetas de 1987 a unos 150 en 1991, fecha en que fue sustituido por Fernando Lázaro Carreter en la dirección de la casa. Tampoco este consideró satisfactoria la ampliación: después de tomar posesión de su cargo, Lázaro Carreter tardó bien poco en denunciar de nuevo la situación financiera de la institución (El País, 07/12/1991: en línea):

El nuevo director de la Real Academia, Fernando Lázaro Carreter, percibirá 93 pesetas al trimestre por su nuevo cargo. La misma cantidad que cobra el tesorero u otros cargos. El resto de académicos sólo tienen dietas. «Es una vergüenza y todo el mundo se siente escandalizado. No hay derecho, respeto ni dignidad, es como una depreciación del trabajo que desarrollan los académicos. Es sangrante ver cómo se valora el trabajo de académicos como Pedro Laín Entralgo, Manuel Alvar o cualquier otro», asegura, indignado, el nuevo director.

En opinión de Lázaro Carreter, los fondos adicionales logrados por Alvar eran aún insuficientes «para que la Real Academia pueda realizar todos los objetivos marcados en sus estatutos, desde hacer el diccionario a editar facsímiles». Lo cierto es que sabía de lo que hablaba. En su discurso de toma de posesión del cargo, en diciembre de 1991 (cit. en Fernando Lázaro Carreter, «Sobre la autoridad y el poder de la Academia. [Extracto del discurso del director de la RAE en su toma de posesión]», Cuenta y Razón del Pensamiento Actual, febrero de 1992: 13-17), Lázaro —realista y pragmático como pocos directores académicos— ya había comentado los poco alentadores resultados del informe encargado por la RAE a la consultoría McKinsey, en el que se le pedía una evaluación de su Diccionario:

Un dato que conduce a máxima preocupación es que el nuestro sólo mantiene el 3 por 100 de presencia en el mercado de los diccionarios españoles. Diversas editoriales están aventajándonos, no sólo en la calidad de sus trabajos, sino en la modernidad de su realización, aunque todas ellas se beneficien de lo que nosotros hacemos, y, de un modo u otro, acaten nuestra precedencia. Pero puede temerse un día, tal vez no muy lejano, en que una empresa lexicográfica, con suficiente audacia y medios, aquí o en América, nos supere claramente, y nos desplace sin ningún miramiento. [F. Lázaro Carreter, 1992: 15-16.]

Iniciando su estrategia preventiva con el lema «Es necesario adelantarse a esa posibilidad», Lázaro proponía diversas medidas de urgencia para evitar la hecatombe que la liberalización del mercado de la lengua podía suponer para el prestigio, la influencia social y la continuidad de la RAE:


1. Profesionalizar el trabajo lexicográfico de la academia, creando un departamento especializado en su seno, equipado con los medios humanos e informáticos precisos, entre los cuales:

• conexión con las redes internacionales de comunicación;

• un banco de datos con diferentes sistemas de acceso y recuperación.

2. Elaboración de una nueva planta del Diccionario.

3. Evaluación de los costes que supondría tal renovación y ampliación estructural y solicitud de un presupuesto estatal suficiente para cubrirlos.

4. Aumento de los contactos con las academias de ultramar.

5. Colaboración con los principales agentes de difusión lingüística:

• con los medios de comunicación mediante un órgano mixto compuesto por representantes de los medios y académicos;

• con el mundo de la enseñanza, en este último caso por medio de Ministerio de Educación.

6. Presión sobre el Gobierno para alcanzar los objetivos propuestos, haciendo valer la encomienda oficial de la RAE recogida en sus Estatutos (mantener la unidad de la lengua española) y el papel de defensora del castellano que la Constitución, implícitamente, le otorga como institución del Estado:

Pienso que este fin debe ser abundantemente explicado por nosotros, y que debemos esforzarnos por persuadir a los poderes públicos y a todos los agentes sociales de que esa unidad que deseamos potenciar constituye la más firme infraestructura cultural, económica y política de la presencia hispana en el mundo. [F. Lázaro Carreter, 1992: 14.]

A las puertas del quinto centenario y recién celebrada la primera Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno (v. § 3.4), las razones aducidas por la RAE debieron ser lo bastante persuasivas para que todas las fuerzas interesadas en darle nueva vida al hispanoamericanismo pensaran en algo mucho mejor que crear lo que Alvar había propuesto: un Instituto de la Lengua Española, de estudio científico del idioma, que fácilmente habría acabado arrinconando a la Real Academia Española al igual que habían hecho con su homóloga francesa las instituciones filológicas y político-lingüísticas creadas modernamente en Francia.8 En su lugar, la estrategia de reconvertir la Asociación de Amigos de la Real Academia Española en una fundación que canalizara presupuestos no sólo de donantes privados, sino también cantidades fijas de instituciones públicas como las 17 comunidades autónomas españolas (tuvieran o no el castellano como lengua propia) y algunos ayuntamientos, parecía más conveniente. La academia mantenía así su preeminencia como organismo estandarizador oficial y, al mismo tiempo, se dotaba de presupuestos anuales públicos fijos sin necesidad de que se creara una institución de política lingüística estatal para el castellano, que podría haber despertado las suspicacias de los nacionalismos periféricos. Así, el real decreto 1109/1993, de 9 de julio, aprobó los nuevos Estatutos de la Real Academia Española,9 derogando los anteriores (1859 y 1977) y sus modificaciones, que establecía nuevas estructuras y medios de financiación:


1. Se modificó la encomienda de la RAE, que hasta entonces tenía como fin principal «velar por la pureza, propiedad y esplendor de la Lengua Castellana», oficializando su carácter unitarista (art. 1):

La Real Academia Española tiene como misión principal velar porque los cambios que experimente la Lengua Española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico. Debe cuidar igualmente de que tal evolución conserve el genio propio de la lengua, tal como éste ha ido consolidándose con el correr de los siglos, así como de establecer y difundir los criterios de propiedad y corrección, y de contribuir a su esplendor.

2. Se creó el Instituto de Lexicografía (art. 3), en el que se integró el Seminario de Lexicografía, dedicado al Diccionario Histórico. El Instituto se estructuró en dos órganos de trabajo:

• uno para realizar el Diccionario Histórico de la Lengua y

• otro para atender al léxico moderno, a las necesidades del Diccionario de uso y de otros Diccionarios que la academia decida elaborar.

Si bien debían estar ambos bajo la presidencia del director de la RAE y en estrecha dependencia de la Comisión que reglamentariamente se estableciera, contarían con personal propio y órganos de dirección independientes. La relativa independencia estructural del Instituto de Lexicografía quedó subrayada por el hecho de que los directores de sus dos órganos no debían ser forzosamente académicos.

3. Se creó la figura de un gerente (art. 26), que, bajo las órdenes del director y, en su caso, de una Comisión Delegada para la Gerencia formada por el director, el secretario y el tesorero, se encargaría de:

• la gestión de los Servicios Administrativos de la academia y la dirección administrativa del personal;

• la ejecución de los acuerdos de los órganos de gobierno de la Academia Española en el ámbito económico y la atención a todas las obligaciones materiales de la misma;

• la conservación y mantenimiento de los bienes de la Institución.

4. Se establecieron las fuentes de financiación académicas (art. 38):

• en la asignación ordinaria que se le concedía en los presupuestos del Estado y en las extraordinarias con que el Gobierno y donadores o fundadores particulares quisieran favorecer las actividades de la corporación;

• en los productos y utilidades de sus obras.

5. Se le dio libertad para gastar como creyera conveniente sus haberes, según sus fines y planes (art. 40). Y aunque se le exigía que rindiera cuentas al Gobierno, «en la forma establecida, de las cantidades que percibiere del Estado» (art. 41), se la eximía de dar cuentas del destino de las cantidades públicas percibidas por otras vías.

 

Para nutrir la academia de equipos de trabajo expresamente formados para participar en sus proyectos lexicográficos, en julio del 2001, a iniciativa de la Asociación de Academias de la Lengua Española, esta entidad firmó un acuerdo con la Fundación Carolina10 para poner en marcha en Madrid la Escuela de Lexicografía Hispánica, dirigida a filólogos y lingüistas latinoamericanos becados para ser formados como lexicógrafos (M. Mora, 16/02/2002: en línea; RAE y Asale, 2004: 25-26).

El artículo 1 del capítulo I  del nuevo Reglamento académico de 1995 incluyó en las tareas académicas la construcción de un gran banco de datos del español, con dos versiones, actual e histórica, que reuniera tanto léxico de uso común como vocabulario especializado, instando a los académicos a «poner la mayor diligencia en señalar repertorios y fuentes, y en aportar el mayor caudal posible de voces, locuciones y frases usuales en todo el mundo de habla hispana y en los diversos estratos sociales» (RAE, 1995: 29).

El 20 de octubre de 1993 se refundó la Asociación de Amigos de la Real Academia Española como la Fundación pro Real Academia Española. Su presidente honorario era el rey de España, Juan Carlos I, que contribuyó a los fondos de la nueva entidad con una cantidad personal (un millón de pesetas), entendiendo que «la sociedad no puede ser indiferente al destino del idioma» (El País, 21/10/1993: en línea), en un acto de mecenazgo que un editorial de El País (30/10/1993) explicaba así: «El Rey ha sido quien ha puesto la primera piedra de esta iniciativa. Era natural que lo hiciera: el castellano es su modo de expresión cuando maneja el lenguaje de la cultura o el de la proyección del Estado. Incluso cuando se trata de defender o propugnar la esencia multilingüe de la cultura española». De este modo se consolidó el amparo real bajo el que la institución académica, y sus miembros, habían podido prosperar desde los inicios de la corporación. Colocándose al frente de la Fundación pro RAE, Juan Carlos I no hacía sino mantener una protección que ya había restaurado desde el momento de su advenimiento al trono, gesto que había sido retribuido por los académicos con la reanudación, a su vez, de la tradición dieciochesca de acudir «a presentar nuestros respetos a Vuestra Majestad» (RAE, X Congreso de Academias de la Lengua Española. Madrid, del 24 al 29 de abril de 1994. Memoria, Madrid: Espasa, 1997: 533). La RAE, como España, se modernizaba para seguir siendo, en esencia, la misma.

El presidente oficial de la Fundación pro RAE era Luis Ángel Rojo, presidente del Banco de España. El órgano rector de la fundación estaba formado por banqueros como Mario Conde, Emilio Ibarra, Emilio Botín, Jaime Terceiro, José María Amusátegui y empresarios como Óscar Fanjul (Repsol), Heliodoro Alcaraz (Telefónica), Juan M. de Mingo (Corte Inglés) y Hans Meincke (Círculo de Lectores). La fundación partía con 52 miembros fundadores y un capital de 800 millones de pesetas procedente de las aportaciones de empresarios, bancos y entidades, además de 10 millones de parte de cada una de las 17 comunidades autónomas, pese a lo cual los presidentes de las comunidades del País Vasco, Cataluña y Comunidad Valenciana no asistieron al acto de constitución de la fundación. Este monto debía cubrir las siguientes tareas de renovación:


• las tareas de informatización de los archivos de la RAE,

• la conformación de un banco de datos del español contemporáneo,

• la nueva planta del DRAE y

• otros proyectos de diccionarios y necesidades de la institución.

 

El real decreto legislativo 1/1993, de 24 de septiembre, por el que se aprobó el texto refundido de la ley del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados11 había eximido ya a la reales academias (y demás academias de España) del pago de este impuesto. La ley 30/1994, de 24 de noviembre, de Fundaciones y de Incentivos Fiscales a la Participación Privada en Actividades de Interés General12 permitió considerar a la RAE sujeto de mecenazgo y establecer atractivos incentivos fiscales para los benefactores. Para garantizar debidamente la interacción entre la nueva fundación y la Academia Española, el real decreto 1857/1995, de 17 de noviembre, modificó de nuevo los Estatutos de la RAE:


1. Subrayando que la institución tenía personalidad jurídica propia, lo que la capacitaba para adquirir y poseer bienes de todas clases, para contraer obligaciones y ejercitar acciones judiciales.

2. Precisando su capacidad para crear fundaciones y asociaciones, así como para crear sociedades mercantiles o participar en sociedades no personalistas.

 

Pese a su potestad para crear sociedades, la ley 43/95, de 27 de diciembre, del Impuesto sobre Sociedades (refundida en el legislativo 4/2004, de 5 de marzo), en su artículo 9 eximió a la RAE (y demás academias de España) del pago de dicho impuesto, y quedaron parcialmente exentas las entidades de mecenazgo y sin ánimo de lucro como lo era la Fundación pro RAE. De la ley 49/2002, del 23 de diciembre, de Régimen Fiscal de las Entidades sin Fines Lucrativos y de los Incentivos Fiscales al Mecenazgo (que ampliaba y mejoraba la ley 30/1994, de 24 de noviembre) se derivaron estos otros beneficios para la RAE , la Fundación pro RAE  y sus mecenas:


1. Los benefactores de la RAE, tanto por vía Fundación pro RAE como por convenio directo entre una empresa y la RAE, podían obtener mayores deducciones fiscales de la labor de mecenazgo realizada (M. Cruz Amorós y S. López Ribas, 2004: 173-239).

2. Tanto la RAE como la Fundación pro RAE (ambas clasificables como entidades «sin ánimo de lucro») podían realizar explotaciones económicas de acuerdo con las actividades propias de su objeto o finalidad estatutaria e incluso explotaciones económicas ajenas a su objeto o finalidad estatutaria siempre que su volumen de negocio no superase el 40 % de los ingresos totales de la entidad (ley 49/2002, art. 3, § 3)13.

3. Ambas quedaban claramente exentas del pago de los impuestos sobre Sociedades, Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados, sobre Bienes Inmuebles y sobre Actividades Económicas (M. Cruz Amorós y S. López Ribas, 2004: 145-151).

 

El nuevo Reglamento académico de 1995 desarrolló todas las disposiciones estatutarias básicas y adjudicó a la Junta de Gobierno de la institución la tarea de «fijar las remuneraciones de los cargos y las retribuciones generales y especiales, así como las dietas que correspondan a los señores Académicos. Resolverá también la Junta todo lo concerniente al nombramiento, remuneración y reglamentación del personal de la Academia» (RAE, 1995: 55). La cuantía de esas cantidades se desconoce. La Academia Española no las facilita.

Al finalizar el mandato de Fernando Lázaro Carreter en diciembre de 1998, la Fundación pro RAE contaba con decenas de patronos y sus aportaciones sumaban el 40 % del total del presupuesto de la RAE . No obstante, según declaraciones de su sucesor y actual director de la RAE, Víctor García de la Concha, en comparecencia ante el Senado español, tampoco las ayudas percibidas por medio de la Fundación pro RAE sumadas a las del Estado acabaron resultando suficientes para financiar la renovación de infraestructuras y planes académicos y al mismo tiempo prestar ayuda a las academias hispanoamericanas en situación de precariedad. Por ello se emprendió la firma de convenios de colaboración en la financiación de proyectos con diversas empresas, muchas de las cuales ya formaban parte de la Fundación pro RAE y compartían intereses con la Academia Española, y se canalizaron a través de esta fundación ayudas estatales suplementarias:

En cuanto al presupuesto, siempre es, por definición insuficiente en una institución de este tipo. Nosotros recibimos una parte del presupuesto del Estado —lo sabe su señoría porque tienen que aprobarlo—, que viene a ser menos de la mitad de lo que realmente gastamos. El resto lo recabamos de ayudas. El Director de la Academia es un continuo mendicante. Tenemos en este momento, como sabe, la Fundación pro-Real Academia Española, cuyo presidente de honor es Su Majestad el Rey. La idea era que se constituyera un capital fundacional importante cuyas rentas pudieran mantener las actividades pero, naturalmente, el bajón de los intereses ha hecho que esa ayuda, aunque considerable, se haya quedado corta, como ocurre en todas las fundaciones. = Por tanto, lo que estamos haciendo es buscar ayudas para cada uno de los proyectos que tenemos. Y vamos a hacerlo y estamos haciéndolo con rigor, es decir, si nosotros queremos reformar los americanismos vamos a Endesa, que tiene intereses en Hispanoamérica, y le decimos que vamos a hacer este trabajo, y vamos a hacerlo en tanto tiempo, y le ofreceremos a usted detallada cuenta de cómo gastamos su dinero. = En la Academia trabajan en este momento más de cien personas, pero aparte de eso nos encontramos con el gran problema de las academias americanas y sus limitaciones presupuestarias, y tenemos que estar ayudándoles porque creemos en la Comunidad Iberoamericana de Naciones. [España. Cortes Generales, 2002: en línea; la negrita es nuestra.]

Así, mediante convenios puntuales, la Academia Española fue sumando importantísimas cantidades a las cuotas fijas de sus benefactores de la Fundación pro RAE y a los presupuestos estatales, que en 1999 el Gobierno de Aznar había fijado en una cantidad de 500 millones de pesetas (3 005 062,70 €) (Letralia, 03/05/1999: en línea), gesto que García de la Concha agradeció recordando que el espíritu de la Casa era «Servir al honor de la nación. Servir al honor del idioma» (Antonio Astorga, «La Real Academia “se robotiza”», ABC, 16/04/1999: 67). Poniendo sólo algunos ejemplos sin ánimo de exhaustividad:


1. La academia y el Grupo Prisa firmaron un convenio de colaboración (El País, 11/12/1998: en línea) por el que el grupo periodístico prestaba apoyo económico para la informatización de la institución.

2. Para la revisión de diversos campos del léxico registrado en la edición en CD-Rom del DRAE2001, según consta en los preliminares de este, se recibieron ayudas especiales de diversas entidades:

[...] el minucioso trabajo de revisión de los americanismos registrados en el Diccionario y la extraordinaria adición de nuevos artículos y acepciones revisados por las Academias Correspondientes y por la Comisión Permanente, han sido facilitados por Endesa14 y sus empresas colaboradoras:

– Fundación Endesa, España

– Enersis, Chile

– Chilectra, Chile

Río Maipo, Chile

Edesur, Argentina

Edelnor, Perú

Cerj, Río de Janeiro, Brasil

Coelce, Estado de Ceará, Brasil

– Codensa, Colombia.

La revisión del léxico jurídico del Diccionario ha sido patrocinada por la editorial Civitas. = Con la ayuda económica del Grupo prisa se han realizado diversas acciones informáticas de preparación del Diccionario.

Según el Boletín de la Real Academia Española (tomo lxxix, cuaderno cclxxviii, septiembre-octubre de 1999, p. 446), la academia recibió 60 millones de pesetas (360 607,52 €) sólo de Endesa en virtud del convenio firmado entre ambas entidades con objeto de «financiar los estudios en colaboración con las academias hispanoamericanas. Este proyecto permitirá la revisión de los registros existentes y la adición de nuevos testimonios o aceptaciones, lo que supondrá el perfeccionamiento continuo del Diccionario en este ámbito léxico».

El 9 de octubre del 2001 las fundaciones pro RAE y Endesa renovaron su acuerdo de colaboración (El País, 10/10/2001: en línea) por el cual la empresa eléctrica se comprometía a invertir otros 60 millones de pesetas (360 607,52 €) entre el 2002 y el 2004, que la academia destinaría a recopilar americanismos de los diferentes diccionarios de la RAE, crear robots de búsqueda de información en Internet, así como a buscar neologismos y regionalismos en páginas web.

En el 2005 suscribieron un nuevo convenio por el que la Fundación Endesa se comprometía a aportar hasta el 2011 un total 481 000 euros (algo más de 80 millones de pesetas) (Fundación Endesa, 2006: 58) para cubrir los objetivos siguientes:


• Revisar sistemáticamente las bases de datos y las obras lexicográficas especializadas para determinar qué voces y qué acepciones de Hispanoamérica y Filipinas deben añadirse al Diccionario y cuáles deben enmendarse o suprimirse.

• Evaluar qué voces y acepciones americanas y filipinas corresponden a términos de uso general en los respectivos países y cuáles son propios de niveles sociales de registro, de especialidad técnica, etc., más restringidos, para separar estos últimos, que sólo se incluirán en el Diccionario de Americanismos. [Fundación Endesa, 2006: 44-45.]

3. El 8 de marzo del 2000 Telefónica y la RAE firmaron un convenio de colaboración (Amelia Castilla, 09/03/2000: en línea; y RAE y Asale, «Convenio de colaboración entre Telefónica y la Fundación pro Real Academia Española», Boletín de la Real Academia, t. LXXX (enero-abril 2000), pp. 163-164: 63) por el que la entidad de telecomunicación aportaba 300 millones de pesetas (1 803 037,62 €) durante el periodo 2000-2002 para financiar:

• el desarrollo en Internet del servicio del Departamento de Español al Día, que atiende las consultas lingüísticas de los usuarios;

• la elaboración del Diccionario panhispánico de dudas, y

• la puesta en marcha de la infraestructura informática y de comunicaciones necesaria para la conexión de las 14 academias que carecieran de ella, a fin de establecer una red interacadémica a través de Internet.

El 12 de enero del 2004 se renovó para ese año el convenio anterior (El País, 13/01/2004: en línea), y en la web de Telefónica15 se precisó que la finalidad era en esta ocasión:

• Consolidar y continuar mejorando la calidad y rapidez de las respuestas del servicio Español al Día, que en ese momento recibía y despachaba una media de 275 consultas diarias de todas las partes del mundo.

• Patrocinar la redacción y revisión del Diccionario panhispánico de dudas, a fin de completar los materiales previstos para la primera edición impresa de la obra en el año 2005 añadiendo los campos de conjugación irregular, problemas de construcción y régimen, problemas de género, parónimos, usos impropios y extranjerismos.

Se anunciaba, además, que cuando el diccionario estuviera terminado, el Grupo Telefónica presentaría la versión electrónica en sus distintos servicios de Internet, al igual que ya hacía con el diccionario de la RAE, disponible en los portales de Terra y de la Fundación Telefónica. El hecho de que Telefónica costeara la realización del Diccionario panhispánico de dudas y se propusiera difundir su versión digital de inmediato, una vez publicada la impresa, no fue impedimento para que la RAE demorara meses la puesta a disposición del usuario de la versión en línea, a la espera de alcanzar las mejores expectativas de venta del volumen en papel.16

4. El 14 junio del 2007, la RAE  y el Grupo Santander llegaron a un acuerdo para la creación de un nuevo corpus académico, el Corpus de Español del Siglo XXI (Universia, 15/06/2007: en línea),17 con el mecenazgo del grupo, mediado por su División Global Santander Universidades, cuyas actividades vertebran la acción social del banco. No se especificaba la cuantía.

5. Por parte de la Agencia Española de Cooperación Internacional, en 1999 recibió 2 000 000 de pesetas (12 020,25 €) de ayuda para «el proyecto “Digitalización del Catálogo de la Biblioteca de la Real Academia”»18 no por vía directa, sino a través de la Fundación pro RAE.

6. Para la financiación de las tres versiones previstas de la Nueva gramática de la lengua española (extensa [en tres volúmenes], manual y escolar) se firmaron convenios de patrocinio con Fundación Altadis, que costeó los volúmenes de Morfología y Sintaxis de la versión extensa; con Caja Duero, a cargo del volumen (aún inédito) de Fonética y Fonología y de la versión Manual, y con Fundación Mapfre, que ha de costear la versión básica. La Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua sufragó las reuniones de la Comisión Interacadémica, e Iberia, en virtud del acuerdo comercial suscrito el 25 de noviembre del 2009, que convertía la aerolínea española en transportista aérea oficial de la Real Academia Española, asumió el traslado de sus miembros, colaboradores y de los representantes de las 21 academias a las diversas reuniones mantenidas.19

 

Al margen de las cuotas anuales de cada uno de los benefactores y de los convenios suscritos con cada uno de los patrocinadores de la Fundación pro Real Academia, de patrocinio de trabajos y equipos concretos de la RAE, el patronato de la fundación establece un presupuesto anual para la Real Academia Española; por ejemplo: «Durante el acto [de reunión del Patronato de la Fundación Pro RAE], el Gobernador del Banco de España, Jaime Caruana, como presidente de la Fundación Pro Real Academia Española, recordó que para 2002 en la última sesión del patronato se aprobó un presupuesto de ingresos de 2 200 000 euros y unos gastos de 1 740 000 euros, siendo la partida más importante de 1 650 000 euros que se entregarán a la academia para que, junto con las academias hermanas, pueda seguir realizando las actividades que están mereciendo general reconocimiento» (Abc, «La Fundación Pro RAE quiere intensificar la fraternidad con las otras academias de España», 15/02/2002: 2 y 43).

En el X Congreso de Academias de la Lengua Española (Madrid, 24-29/04/1994), la Fundación pro RAE hizo su primera intervención como entidad vinculada a la academia por voz de su presidente, Luis Ángel Rojo, quien hizo un llamamiento a la integración en la fundación de empresas y entidades «hispanoamericanas» usando el señuelo de los «beneficios que resulten de la unidad y de los trabajos conjuntos de la Asociación [de Academias]» (RAE, 1997: 537). Como en los viejos tiempos del hispanoamericanismo (§ 2.1 y 2.4), para persuadirlas del interés común que la fundación perseguía se llamaba a filas a la diplomacia presente en el congreso. Tales esfuerzos diplomáticos no debieron realizarse o no obtuvieron el éxito esperado, porque en el momento de concluir este artículo (julio del 2010) la Fundación pro RAE continúa estando mayoritariamente formada por entidades y empresas españolas.20

A día de hoy, y sin haber realizado un estudio exhaustivo y pormenorizado de las finanzas académicas, podemos afirmar que, sólo por vía pública y como ingresos constantes, la RAE y la Comisión Permanente de la Asociación de Academias de la Lengua Española llevan años recibiendo de los presupuestos generales del Estado del orden de 3,9 millones de euros anuales.21 La Academia Española también percibe del erario público partidas especiales para proyectos concretos, como es el caso de los 1,2 millones de euros destinados en el ejercicio en curso22 al inacabable Diccionario Histórico23 (partida anual desde el 2005; El País, 13/07/2005: en línea) o el presupuesto público (212 millones de pesetas = 1,27 millones de euros) destinado por el Ministerio de Cultura a los corpus CREA y CORDE para los ejercicios 1999 y 2000 (abc, 17/06/1999: 55). De cada una de las 17 comunidades autónomas españolas,24 tengan o no el castellano como lengua propia, recibe anualmente del orden de 30 000 € (0,510 millones de euros al año) vía Fundación pro RAE, al margen de ayudas destinadas a proyectos concretos.25 Y no contamos otras vías de sostén público menos constantes.26

Los datos, someros, hasta aquí expuestos dan una idea aproximada del volumen de caudales que la RAE —principalmente— y la Asale perciben desde hace años. Queda a juicio del usuario decidir si se corresponden con la calidad de la obra que producen y de los recursos que ofrecen —a menudo previo pago—. De la lectura de El dardo en la Academia se desprende fácilmente que no existe tal correspondencia. Así mismo opinaba el lingüista e investigador Carlos Subirats, comparando los presupuestos destinados a la RAE con los que reciben los centros de investigación universitarios que trabajan en el campo de la lingüística en España:27

Lamentablemente, en el contexto español, resulta necesario denunciar la incompetencia de la Academia —aunque se trate de una institución cuya existencia carece de sentido en una sociedad moderna—, puesto que obtiene anualmente una financiación estatal —sin mediar ningún proceso competitivo— que es muy superior a la que reciben en conjunto y durante el mismo periodo de tiempo todos los proyectos de investigación de lingüística en España. [Subirats, 2007: 172.]

Pero el avance de la lingüística en España es lo que menos importa en la política de apoyos públicos y privados a la RAE y la Asale. El actual director de la institución y continuador del programa de renovación que había impulsado Fernando Lázaro Carreter, Víctor García de la Concha, en una entrevista concedida al suplemento El Cultural de El Mundo dejó perfectamente clara la clase de contrapartida por los servicios prestados (al Gobierno de turno, a la institución monárquica, a las fundaciones vinculadas a la Academia Española y a sus benefactores) que suponían todas estas ayudas financieras:

Al cabo, de lo que más orgulloso está es de «la política panhispánica», es decir, del reforzamiento de la colaboración con las Academias de la Asociación reconocido con el premio Príncipe de Asturias «y que ha superado con mucho la mera palabrería y se ha instalado en la realidad de la cooperación». Por eso, ahora que sólo le falta visitar Cuba («voy en otoño»), se felicita por la ayuda a las Academias que carecen de sede (El Salvador, Uruguay, Costa Rica y Guatemala), gracias a la Cooperación Internacional del Ministerio de Asuntos Exteriores. «No sólo eso, también hemos dotado a las Academias de infraestructura informática con el apoyo de Telefónica; vamos a dotarles de estos lexicógrafos, gracias a la Fundación Carolina y al Grupo Planeta. Esa política trasciende el interés específico de lo lingüístico para situarse en la cultura y la política de la comunidad iberoamericana». [...] «Ya desde la etapa del gobierno socialista, los gobiernos han entendido que la Academia está en el nivel de Estado. En esto la figura clave es el Rey, que por mandato constitucional es patrono de la RAE. A poco de ser elegido, la primera vez que me recibió sólo me pidió que atendiese a América. En el último almuerzo que tuvimos en la Academia [...] volvió a insistir en ello. Clave, pues, la figura del Rey en situar a la Academia en el nivel de política de Estado. Esto lo entendió el gobierno socialista, que duplicó el paupérrimo presupuesto de la Academia, y lo ha entendido el PP, que ha duplicado de nuevo el presupuesto.»

¿Cuál es el de este año?

Mil millones de pesetas.

¿El cambio de imagen de la RAE de los últimos diez años es sólo cuestión de dinero?

—Creo que la Academia ha estado, una vez más, a la altura de las circunstancias. En esta década se ha dado cuenta del signo de los tiempos y ha percibido que había que entrar en la informatización, que había que crear el banco de datos al servicio de todos los usuarios del español, que había que entrar por el camino de la lingüística computacional, a través de grandes centros como Microsoft, que ya estamos o con ibm, que vamos a estar de manera inmediata. Eso supuso un esfuerzo de búsqueda de medios, y allí vino el Rey en nuestra ayuda con la creación de la Fundación Pro Real Academia. Ahora, si necesito revisar los americanismos y eso supone subvencionar a las academias americanas, acudo a Endesa, que sé que tiene intereses en Hispanoamérica. O vamos a Telefónica para que subvencione el Diccionario Panamericano. Sabemos sacarle brillo a la peseta. [N. Azancot, 18/07/2001: en línea; la negrita es nuestra.]

 

[Sigue en «Fundéu-BBVA: el largo brazo de la RAE en los medios».]


Notas:

1 Cf. BOE, núm. 169, 16/07/1977, p. 15994 y 15995;  http://www.boe.es/aeboe/consultas/bases_datos/doc.php?id=BOE-A-1977-16325

2 Cf. BOE, núm. 331, 27/11/1946, pp. 8438 y ss.

3 Cf. Zamora Vicente (1999: 440) y BOE núm. 175, 24/07/1961, p. 10 997, http://www.boe.es/boe/dias/1961/07/24/pdfs/A10997-10998.pdf

4 Cf. sucesivas dotaciones en BOE, 08/08/1940, p. 5502; BOE 30/03/1942, p. 2270; boe 18/06/1943, p. 5894; BOE núm. 318, 14/11/1946, p. 8241; BOE, núm. 364, 30/12/1949, p. 5484; BOE, núm. 246, 03/09/1951, p. 4143; BOE, núm. 340, 06/12/1953, p. 7212; BOE, núm. 117, 27/04/1954, p. 2765; BOE, núm. 276, 18/11/1958, p. 14748; BOE, núm. 172, 19/07/1960, p. 10021.

5 Véase al respecto, S. Senz, J. Minguell y M. Alberte. (N. de las Eds.)

6 Y sigue haciéndolo. Véanse al respecto E. Forgas, y S. Rodríguez Barcia. (N. de las Eds.)

7 Un ideal que Fernando Lázaro continuaría defendiendo magistralmente en sus libros de textos para la enseñanza secundaria y en su conocida tribuna de El País, «El dardo en la palabra», cuyo título evoca esta obra.

8 Véase al respecto G. Esposito (N. de las Eds.)

9 Cf. http://www.boe.es/aeboe/consultas/bases_datos/doc.php?coleccion=iberlex&id=1993/19893

10 Entidad creada el año 2000 para la promoción de las relaciones culturales y la cooperación en materia educativa y científica, de vocación iberoamericana (cf. http://www.fundacioncarolina.es/es-ES/Paginas/index.aspx), financiada a su vez por los principales patrocinadores de la RAE (cf. http://www.fundacioncarolina.es/es-ES/fc/patrocinadores/Paginas/patrocinadores.aspx).

11 Cf. http://noticias.juridicas.com/base_datos/Fiscal/rdleg1-1993.t4.html

12 Cf. http://noticias.juridicas.com/base_datos/Fiscal/l30-1994.html

13 Cf. http://noticias.juridicas.com/base_datos/Fiscal/l49-2002.t2.html

14 Cf. tb. http://www.endesa.es/Portal/es/conozcanos/historia/1999_2006_paso_a_paso.htm (11/11/1999).

15 Cf. texto disponible en http://www.acceso.com/display_release.html?id=14924 

16 Véase al respecto S. Senz, J. Minguell y M. Alberte. (N. de las Eds.)

17 Sobre este y los demás corpus académicos, véanse L. F. Lara, y M. A. Martí y M. Taulé. (N. de las Eds.)

18 Cf. http://www.boe.es/g/es/bases_datos/doc.php?coleccion=indilex&id=1999/09355&txtlen=136 (ayuda 1490).

 

19 Cf. el dosier de presentación a la prensa de la NGLE (http://www.rae.es/rae/gestores/gespub000016.nsf/%28voAnexos%29/arch81783F098CA4E696C12572C60031796A/$FILE/Dosier_Nueva_gram%C3%A1tica.pdf), y la noticia sobre el convenio con Iberia en http://www.rae.es/rae/gestores/gespub000011.nsf/voTodosporId/26DE369EE82532EBC1257679004849A5?OpenDocument&i=6

 

20 Cf. http://www.fprorae.es/FPRORAE/gestores/Fgespub000002.nsf/voDocPublicadosNivel?OpenView&titulo=Benefactores%20corporativos&start=1&Count=1000&contraste=&nivel=2&

21 Cf. Presupuestos Generales del Estado. Estado, oo.aa., Agencias, O. Públicos y S. Social, Ejercicio 2010. Sección: 18 Ministerio de Educación y Ciencia. Programa: 463A, Investigación científica:  http://www.sgpg.pap.meh.es/Presup/PGE2010Ley/MaestroDocumentos/PGE-ROM/doc/1/3/15/2/1/N_10_E_R_31_118_1_1_1_1463A_2.PDF

22 Cf. Presupuestos Generales del Estado. Estado, oo.aa., Agencias, O. Públicos y S. Social, Ejercicio 2010. Sección: 18 Ministerio de Educación y Ciencia. Programa: 463A, Investigación científica:  http://www.sgpg.pap.meh.es/Presup/PGE2010Ley/MaestroDocumentos/PGE-ROM/doc/1/3/15/2/1/N_10_E_R_31_118_1_1_1_1463A_2.PDF

23 Sobre la marcha de este proyecto académico, véanse L. F. Lara y M. Alberte. (N. de las Eds.)

24 Puede verse este ejemplo, a modo de muestra, en el Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya (dogc núm. 5060, 31/01/2008, Departament de la Presidència, Resolució PRE/134/2008, de 25 de gener, per la qual es dóna publicitat a subvencions i transferències concedides d’Import igual o superior a 3000 euros, durant el segon semestre de 2007, subscrites per les unitats directives adscrites al Departament de la Presidència, pàg. 8146): «Entitat: Fundación Pro Real Academia Española. Finalitat: aportació corresponent a l’exercici 2007. Import: 30 050,00 euros. Aplicació pressupostària: PR0101D/481000100»; cf. http://www.gencat.net/diari/5060/08025006.htm

25 Como ejemplo, cf. la ayuda destinada a la Fundación pro Real Academia Española, «per col·laborar en l’edició commemorativa del IV centenari de la publicació del Quixot: 28 500 euros» (Memòria del Departament de Cultura 2005, Generalitat de Catalunya, pág. 310; en línea: http://www20.gencat.cat/docs/CulturaDepartament/Cultura/Documents/Arxiu/Arxius%20GT/Memoria_2005.pdf y http://www20.gencat.cat/docs/CulturaDepartament/Cultura/Documents/Arxiu/Arxius%20GT/Memoria_2005.pdf

26 Por ejemplo, la cesión por parte del Ministerio de Exteriores —procedencia significativa de la ayuda— del edificio y equipamiento del nuevo Centro de Estudios de la Real Academia Española, que acoge también la sede de la Asociación de Academias de la Lengua Española (El Diario Montañés, 31/10/2007: en línea).

27 A este respecto, véase también M. A. Martí y M. Taulé. (N. de las Eds.)

 

La RAE superó la oscura etapa del franquismo, en la que había visto decaer sus ingresos por la extinción de sus ediciones escolares, en un estado de evidente precariedad que no le permitía acometer el programa de publicaciones que se había propuesto con la renovación de su estatutos en 1977:
 
1. Actualización del Diccionario de la Lengua Española.
2. Continuación del Diccionario Histórico.
3. Compendios de ambos diccionarios.
4. Contribución al Vocabulario Científico y Técnico de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.
5. Renovación de su Gramática.
6. Facultativamente, publicación de ediciones escolares para primera y segunda enseñanza de su Gramática.
7. Fomento de gramáticas de particulares, fueran o no académicos.
8. Ediciones literarias especiales.
9. Continuación de la publicación de las Memorias académicas.
10. Continuación de la publicación de la Colección de discursos de ingreso en la RAE.
11. Continuación de la publicación del Boletín de la RAE.

En cuanto a las academias asociadas, continuaban sumidas en la lipidia que mayoritariamente las caracterizaba.
En 1982, el diario El País publicaba un artículo titulado «La Real Academia de la Lengua debe sobrevivir con un presupuesto anual de 30 millones de pesetas» (Rosa María Pereda, 07/03/1982: en línea), donde se detallaba que, de esa cifra, un tercio ya lo absorbía la realización del Diccionario Histórico de la Lengua Española, y otros dos millones, la Comisión Permanente de la Asociación de Academias de la Lengua; el resto debía repartirse para cubrir los gastos (salarios, ediciones, dietas, viajes...) de los académicos con alguna responsabilidad u obra a su cargo y de las cincuenta personas, en su mayoría titulados superiores, que trabajaban en la RAE. Los dieciséis titulados (licenciados y doctores) del Seminario de Lexicografía, dirigido por Manuel Seco, que se dedicaban exclusivamente a la confección del Diccionario Histórico desde su fundación en 1946,  el cual contaba con una subvención estatal desde 1961,  cobraban por media jornada de trabajo una media salarial de 53 000 pesetas líquidas por mes en el caso de un redactor con siete trienios, es decir, con más de 21 años trabajando en el tema, y 46 000 otro con cuatro trienios. Para el mantenimiento de la sede académica —que había sido reformada en diversas ocasiones durante el franquismo—  se recibían dotaciones extraordinarias del Ministerio de Cultura. Los académicos trabajan gratis et amore. La obligatoria asistencia a los plenos de los jueves, según el reglamento, se gratificaba con unas dietas simbólicas: algo más de setecientas pesetas. El director-presidente y el secretario perpetuo de la institución cobraban 93,70 pesetas al trimestre, «una reliquia de antiguas economías». En esas ocasiones, «la situación de penuria era el torcedor cotidiano de toda decisión que se tomara» (Zamora Vicente,  1999: 440).

3.5.2.2. ASCENDIENTE SOCIAL

Perdida desde la década de 1940 la larga y directa influencia que la RAE había ejercido sobre la sociedad por medio de su monopolio de la enseñanza de la gramática y de la ortografía en España (§ 1.7), su ascendiente quedó restringido a aquel círculo reducido y especializado de personas (docentes, periodistas, filólogos, editores, lexicógrafos, correctores, escritores, traductores, eruditos, personal de la administración...) que actúan como intermediarios en la transmisión de la norma a la sociedad. No obstante, ocupando el hueco que dejaba la deficiente obra académica, desde mediados de siglo se habían abierto paso entre estos grupos, por méritos propios, obras de descripción gramatical y diccionarios (de uso, etimológico, ideológico, de sinónimos y antónimos, de dudas...) fruto de la iniciativa editorial o de autoría individual, así como tratados sobre ortografía y compendios de la ortografía tipográfica que había ido fraguándose en el mundo de la imprenta. Este fue el caso de la primera edición del Diccionario general ilustrado de la lengua española (Barcelona: Vox, 1953), supervisado por el académico Samuel Gili Gaya y prologado por Ramón Menéndez Pidal, del ya clásico Pequeño Larousse Ilustrado o del Diccionario Planeta de la lengua española usual (Barcelona: 1990) dirigido por Francisco Marsà. Pero también el de obras de gran peso firmadas por nombres —entre ellos, también académicos por libre— que arrinconarían por completo la desfasada y limitada obra académica en el mundo de la enseñanza media y superior española y en el campo de la escritura, la traducción y la edición: María Moliner, Joan Coromines, Julio Casares, Fernando Corripio, Manuel Seco, Samuel Gili Gaya, Salvador Fernández Ramírez, Emilio Alarcos Llorach, José Polo o José Martínez de Sousa, por citar sólo algunos de los principales.
Desde finales de la década de 1970, en los medios de comunicación de masas habían ido proliferando libros de estilo que no siempre seguían las pautas académicas y que establecían modelos de lengua propios, fundamentados en criterios específicos del lenguaje, la comunicación y el negocio periodísticos a menudo alejados del ideario unitarista y homogeneizante.
La amenaza que toda esta competencia constituía para la autoridad académica, a pesar de la oficialidad de que la institución seguía gozando, era evidente.

3.5.2.3. CÓDIGOS NORMATIVOS Y ACTITUD NORMATIVA

La RAE alcanzó el periodo democrático de finales del siglo XX apenas consciente de los grandes cambios que se habían operado en la sociedad española. España se había incorporado al fin al tren de la tecnología, de la alfabetización y de la economía capitalista, asimilaba las revoluciones sociales que habían difuminado las diferencias entre sexos y clases sociales, dejaba atrás el peso de la moral católica y emergía de décadas de aislamiento político y cultural. Entretanto, la ortografía académica seguía confinada a los límites de lo manuscrito y de las necesidades escolares básicas; la gramática —aún oficialmente no renovada desde 1931— estaba doctrinalmente obsoleta, y el diccionario normativo respondía a una metodología lexicográfica caduca y seguía reflejando una visión de la sociedad, la moral y el idioma completamente trasnochada.  Los tres principales códigos normativos que debían fundamentar la unidad idiomática eran, pues, a todas luces insuficientes para los requerimientos de una sociedad democratizada, tecnificada e industrializada y de un mundo cada vez más intercomunicado, en el que habían aumentado enormemente los contactos entre lectos y lenguas, cuya interpenetración se veía amplificada por la acción de los medios de comunicación de masas. La actitud autocomplaciente de la propia Academia, sus defectos orgánicos, su proverbial lentitud, su elitismo, su pudibundez, su enquistamiento en ideales de lengua trasnochados y en cánones estéticos dieciochescos, su anclaje en la ejemplaridad de un grupo de hablantes que ya habían perdido su influencia social, su tendencia a la arbitrariedad, a la subjetividad y al eclecticismo normativo y la consiguiente inconsistencia de sus obras no la colocaban en la mejor disposición para mantener su tradicional autoridad sobre los castellanohablantes ni para modelar la conducta lingüística de una sociedad que ya iba por libre. La RAE debía enfrentarse al reto de una lengua que se hacía en la calle y se imponía en los medios. Desde su experiencia sobrada en la regulación del castellano periodístico, así lo (d)enunció en 1985 ante el resto de academias el que sería principal responsable de su renovación, Fernando Lázaro Carreter, con unas palabras que merece la pena transcribir:

[CITA INTERCALADA:]
Hasta hace poco, el Diccionario académico era testimonio de una cultura, dirigido a los participantes, actores o receptores, en esa cultura. Su simple posesión constituía una señal de aceptación, y hasta cualificaba a su posesor como miembro efectivo o desiderativo de aquella determinada comunidad cultural representada por el código académico. Este era, y aún sigue siendo, rasgo de identidad de un grupo, todo lo extenso que se quiera, pero ya no el más influyente en los destinos de la lengua. Por lamentable que resulte, hay que reconocerlo. = Esa nueva sociedad es mucho menos literaria que la de antaño; sus modelos lingüísticos no suelen ser, o no lo son tanto, los grandes escritores, multitudinariamente desconocidos, sino la prensa y los programas de radio y televisión. Y, por tanto, también hemos de prestar atención a esos modelos, si nos importa describir la lengua real. Es bien sabido que una gran parte del lenguaje periodístico, o es oral, o tiende a la oralidad. En la misma medida, se aparta de los estilos formales o literarios anteriormente dominantes. [Asale, 1987: 32; la negrita es nuestra.]

La situación [idiomática] ha cambiado espectacularmente: la comunicación entre los distintos niveles de lengua es ahora absoluta. Se han disuelto los sólidos muros que mantenían jerarquizado el léxico en virtud de méritos sociales y culturales. Y ese abatimiento de barreras no se ha producido sólo entre las «clases» internas de la lengua, sino también entre lenguas distintas [...] es causa, si no determinante, sí coadyuvante en grado máximo, ese agente mediado de formidable eficacia que son los medios de comunicación. Actúan con diligencia extrema transportando léxico —y otras cosas, pero a él me limito— de lengua a lengua, y de estrato social a estrato social. El cambio lingüístico, antes tan despacioso, puede ser hoy casi instantáneo [...]. La historia de las lenguas ha adquirido un dinamismo nunca conocido, cuyo motor más enérgico es el transistor [...]. [Asale, 1987: 31-32; la negrita es nuestra.]

[una reducción de las distancias sociales y la nivelación del lenguaje] sólo puede hacerse a costa de reducir igualmente las exigencias de toda la conducta del hablante. Quien usa la voz pública hablando o escribiendo, puede obrar con la mayor impunidad, dado que no van a funcionar [...] los mecanismos sociales de rechazo. [...] Paralelamente, se ha desarrollado entre las masas el deseo de tomar la palabra, de hacer oír sus opiniones y críticas, o de expresar sus anhelos, sin temor ni al medio ni al modo [...]. [Asale, 1987: 33; la negrita es nuestra.]

Ese estado de magma que hoy caracteriza a las comunidades de hablantes, y, como es natural, a la nuestra, hace particularmente difícil la elaboración del Diccionario. Podemos seguir aplicando nuestro criterio selectivo ante la vulgaridad, en claro contraste con el proceder de los medios de difusión —no olvidemos tampoco el cine, el teatro o los espectáculos en pista tantas veces retransmitidos—, pero será a costa de divergir cada vez más de la realidad idiomática. [...] De nada sirve, sino de perjuicio nuestro, que lo silenciemos, si en la radio y en la televisión se dicen cosas como «es que no me aclaro», «pagué las cien del ala», [...] de una notable vulgaridad [...] que ofenden nuestro ideal de lengua[ ] o, si lo prefieren, nuestro ideal de Diccionario. Lo que ha hecho la masa hablante, en abierta alianza con ciertos medios de difusión, es, justamente, desplazar ese ideal, del centro idiomático donde reinaba, hacia los márgenes. La indiferenciación conspira hoy contra la selección [...] [Asale, 1987: 34; la negrita es nuestra.]

Podría formularse una ley, según la cual, cuando las barreras de selección se abaten, según ahora ocurre, tienden a formarse nuevas élites idiomáticas mediante el abuso del extranjerismo. [...] No sólo se está desvaneciendo la jerarquización interna, sino que el sistema mismo muestra inestabilidad e indecisión, tanto en los significantes como en los significados. Las unidades lingüísticas no son netas en la mente de infinidad de personas que hablan en público (no sólo periodistas, sino profesores, letrados, políticos y predicadores), que no ofrecen resistencia alguna a la acción analógica —combinada en muchas ocasiones con el influjo alienígena— y producen palabras como consultaciones o concertaciones por consultas o conciertos. [Asale, 1987: 38-42.]
[FIN DE CITA INTERCALADA.]

La receta que administraba Fernando Lázaro para tratar la nueva situación se reducía a una simple y reiterada consigna: evaluación del estado académico y reforma. En cuanto al estado del Diccionario, dibujaba este crudo panorama, fiel reflejo del que ya había pintado José Martínez de Sousa (04/11/1984) en una certera crítica del DRAE1984 publicada en El País:

[CITA INTERCALADA:]
[...] nuestro Diccionario [...] tiene rasgos heredados de la tradición establecida por la Academia misma. [...] es selectivo por naturaleza [pero] tampoco realiza un determinado modelo de selección, sino que es confeccionado según criterios de consenso, el cual depende de la cambiante composición de las Academias, y de circunstancias aleatorias que conocemos bien. Reducimos el caudal léxico circulante a un promedio de aquel que los académicos nos formamos individualmente de nuestro particular ideal de lengua, aunque sea controlado por los datos objetivos que proporcionan nuestros insuficientes ficheros. El impulso casticista sigue moviéndose, cuando para otorgar plaza a una palabra nueva o a una nueva acepción, pedimos que sea acreditado su empleo por textos solventes, o aplazamos su introducción hasta que obtenga ese crédito. Por su parte, el purismo nos impide ceder ante vocablos extranjeros comúnmente empleados e insustituibles —de hecho, insustituidos— porque su catadura gráfica o fónica proclama ostensiblemente su extranjería. Pero, a la vez, mantenemos centenares de vocablos no usados ni usables, arcaicos, sólo presentes en viejos textos a cuyo desentrañamiento, pensamos, debe contribuir el Diccionario; o conservamos dialectalismos o localismos causalmente allegados. No es firme [...] el criterio para inventariar términos técnicos y científicos, y definimos, por ejemplo, el ácido muriático, pero no el lisérgico, de terrible presencia en las lenguas actuales. La fundamental aportación de voces americanas tampoco es fruto de una actividad sistemática. Por esta y otras razones, nuestro Diccionario representa una extraña idealización del léxico hispano, en el que conviven sincronía y diacronía, voces comunes y extravagantes, modalidades diastráticas y diatópicas que no se justifican más que otras ausentes; y en la que pueden producirse omisiones asombrosas, por el modo del trabajo lexicográfico, que no procede a revisiones y rastreos metódicos. El resultado es que la lengua reflejada en el Diccionario no se ha usado nunca, ni se usa, en parte alguna; y que la lengua que se usa sólo parcialmente está en él. [Asale, 1987: 30.]
[FIN DE CITA INTERCALADA.]

Sin renunciar a su objetivo de defensa y preservación de las tradiciones culturales, a juicio de Fernando Lázaro el quehacer lexicográfico de la academia debía reorientarse en la dirección de un Diccionario inclusivo, que permitiera «reanudar nuestro contacto con una sociedad extraordinariamente mutada, que ha reducido su capacidad de respeto ante valores que le parecían intangibles, y que apenas si nos echa en falta» (Asale, 1987: 32). Para recuperar ese contacto, las academias debían además contar con la colaboración de los medios en la custodia idiomática y, en no menor medida, con la intervención en la educación y las administraciones de los poderes públicos, «para que, de una vez, se proceda a enseñar con seriedad la lengua española, y a exigir su posesión aceptable, al menos, por quienes deben enseñar o hacer uso de ella en público». Pero para poder reclamar tales apoyos, lo que la RAE necesitaba en primer lugar era no dormirse en los lauleres y acrecentar su autoridad mediante una urgente actualización:

[CITA INTERCALADA:]
Las Academias ya no pueden proceder como antaño. Si, en períodos anteriores, les bastaba con su instalación en el nivel sociocultural más alto, su perfecto acuerdo con la literatura —con cierta literatura— para quedar justificadas, precisan hoy, si de veras quieren influir en la vida del idioma, acordarse con el modo de vivir la lengua en el seno de la vida social. [Asale, 1987: 42-43.]
[FIN DE CITA INTERCALADA.]

A las puertas de la celebración de un nuevo centenario de la conquista de América, en un mundo donde los Estados nación europeos apoyaban su presencia internacional en el concierto con sus antiguas colonias, la empresa, la «misión» que estaba en juego era evidente, y el papel que le correspondía en ella a las academias resultaba providencial:

[CITA INTERCALADA:]
Importa, en efecto, vitalmente a los pueblos hispanos mantener la unidad lingüística; es ella la que ha de darles la fuerza precisa para hacerse conjuntamente importantes en un mundo de bloques. Aflójense, rómpanse los nudos idiomáticos que hacen sólida la red de nuestros pueblos, y un siglo futuro conocerá la carrera de todos ellos hacia la insignificancia [...]. Si en la celebración del V Centenario del Descubrimiento de América, las Academias hubieren logrado poner a punto los medios para asegurar o contribuir a asegurar la eficacia de la misión que les está asignada, al servicio de la consolidación unitaria del español, habrían prestado un servicio de rango verdaderamente histórico a la comunidad hispanohablante y a sus destinos. [Asale, 1987: 42-43.]
[FIN DE CITA INTERCALADA.]

Para Fernando Lázaro Carreter, la lengua de la hispanidad seguía siendo «una unidad de destino en lo universal». Pero, por primera vez en la historia académica, su inteligencia y su determinado espíritu harán que la mera retórica panhispanista se materialice en un verdadero cambio del rumbo normativo del español... no se sabe si precisamente conveniente a la unidad.

3.5.3. La renovación académica

3.5.3.1. ESTADO FINANCIERO, ESTRUCTURA, Y MEDIOS HUMANOS Y TECNOLÓGICOS

En el artículo de El País donde se había hecho público el estado de penuria de la academia (Rosa María Pereda, 07/03/1982: en línea), los responsables académicos entrevistados manifestaron que, para contratar más personal y hacer frente a los gastos de su mantenimiento y actividad, «Ahora, además de la alta institución que es, la Academia tiene que ser una empresa». Según esta máxima obró su director ente 1982 y 1985, Pedro Laín Entralgo, al crear la Asociación de Amigos de la Real Academia Española, una entidad que, si bien podía estar constituida por cualquier persona simpatizante de la institución, gracias a su amplio rango de posibles aportaciones materiales, tenía un capital básico procedente de los grandes bancos y de importantes empresas (Zamora Vicente, 1999: 440) y estaba presidida por el gobernador del Banco de España. Gracias a la cuantiosa ayuda recibida, la academia dio impulso a sus publicaciones, informatizó el proceso de realización del Diccionario histórico y procedió a la microfilmación de su fichero léxico, «el verdadero tesoro de la Corporación», (ib.: 441) necesaria para su preservación, y a la adquisición de maquinaria para su lectura e impresión rápidas.
No obstante, en 1988, el flamante nuevo director de la Academia Española, Manuel Alvar, consideraba insuficiente el aporte privado y exigía en estos términos una política lingüística estatal para el castellano que dispusiera de fondos suficientes y estables con que apoyar una lengua que calificaba de «rentable»:

[CITA INTERCALADA:]
[...] Si bien los académicos —y el propio Alvar— no piden un gran sueldo por su trabajo en la Academia, sí les interesa la continuidad de su labor. «Habría que pensar qué es lo que se le exige a la Academia», afirma Alvar. «Porque es muy cómodo hablar de ella, para bien o para mal; pero al director se le pagan 33 pesetas al mes, los académicos no cobramos y hacemos nuestro diccionario, que da muchos millones, y no cobramos derechos del autor ni de nada. Habría que tener la consciencia de que la lengua es rentable, que vale muchísimo dinero, que produce muchísimas divisas. Pero, como en una fábrica, hay que invertir, como lo hacen en Francia. Un centro científico del idioma como el Instituto de la Lengua Francesa, que sólo para el diccionario tiene 150 investigadores de plantilla, es impensable aquí. Habría que planteárselo no sólo como la Academia, sino como un gran centro de investigación de la lengua. No se puede decir: el día que pueda usted y el día que tenga ganas, pues venga y échenos una mano», dice Alvar. [...] El nuevo presidente de la Academia recuerda que «en un informe que presenté hace dos días a la Academia decía que el problema no es que nos den unas subvenciones, que normalmente todos los ministros tienen buena voluntad y procuran hacerlo. Pero lo que sí tendría que existir es un compromiso de Estado. Que estuviera dentro de los presupuestos, como está una universidad, un museo o la enseñanza media o el Centro Reina Sofía. [...] Entonces, las subvenciones se podrían pedir para otras cosas, para hacer ediciones especiales. No creo que con el prestigio que tiene la Academia, si uno lleva un programa de realidades concretas, haya ninguna institución responsable que diga que no le da la gana de ayudar. [...]». [F. Jarque, 03/12/1988: en línea; la negrita es nuestra.]
[FIN DE CITA INTERCALADA.]

Alvar logró que el presupuesto estatal pasara de los 34 millones de pesetas de 1987 a unos 150 en 1991, fecha en que fue sustituido por Fernando Lázaro Carreter en la dirección de la casa. Tampoco este consideró satisfactoria la ampliación: después de tomar posesión de su cargo, Lázaro Carreter tardó bien poco en denunciar de nuevo la situación financiera de la institución (El País, 07/12/1991: en línea):

[CITA INTERCALADA:]
El nuevo director de la Real Academia, Fernando Lázaro Carreter, percibirá 93 pesetas al trimestre por su nuevo cargo. La misma cantidad que cobra el tesorero u otros cargos. El resto de académicos sólo tienen dietas. «Es una vergüenza y todo el mundo se siente escandalizado. No hay derecho, respeto ni dignidad, es como una depreciación del trabajo que desarrollan los académicos. Es sangrante ver cómo se valora el trabajo de académicos como Pedro Laín Entralgo, Manuel Alvar o cualquier otro», asegura, indignado, el nuevo director.
[FIN DE CITA INTERCALADA.]

En opinión de Lázaro Carreter, los fondos adicionales logrados por Alvar eran aún insuficientes «para que la Real Academia pueda realizar todos los objetivos marcados en sus estatutos, desde hacer el diccionario a editar facsímiles». Lo cierto es que sabía de lo que hablaba. En su discurso de toma de posesión del cargo, en diciembre de 1991 (cit. en Fernando Lázaro Carreter, 1992: 13-17), Lázaro —realista y pragmático como pocos directores académicos— ya había comentado los poco alentadores resultados del informe encargado por la RAE a la consultoría McKinsey, en el que se le pedía una evaluación de su Diccionario:

[CITA INTERCALADA:]
Un dato que conduce a máxima preocupación es que el nuestro sólo mantiene el 3 por 100 de presencia en el mercado de los diccionarios españoles. Diversas editoriales están aventajándonos, no sólo en la calidad de sus trabajos, sino en la modernidad de su realización, aunque todas ellas se beneficien de lo que nosotros hacemos, y, de un modo u otro, acaten nuestra precedencia. Pero puede temerse un día, tal vez no muy lejano, en que una empresa lexicográfica, con suficiente audacia y medios, aquí o en América, nos supere claramente, y nos desplace sin ningún miramiento. [F. Lázaro Carreter, 1992: 15-16.]
[FIN DE CITA INTERCALADA.]

Iniciando su estrategia preventiva con el lema «Es necesario adelantarse a esa posibilidad», Lázaro proponía diversas medidas de urgencia para evitar la hecatombe que la liberalización del mercado de la lengua podía suponer para el prestigio, la influencia social y la continuidad de la RAE:

1. Profesionalizar el trabajo lexicográfico de la academia, creando un departamento especializado en su seno, equipado con los medios humanos e informáticos precisos, entre los cuales:
• conexión con las redes internacionales de comunicación;
• un banco de datos con diferentes sistemas de acceso y recuperación.

2. Elaboración de una nueva planta del Diccionario.

3. Evaluación de los costes que supondría tal renovación y ampliación estructural y solicitud de un presupuesto estatal suficiente para cubrirlos.

4. Aumento de los contactos con las academias de ultramar.

5. Colaboración con los principales agentes de difusión lingüística:
• con los medios de comunicación mediante un órgano mixto compuesto por representantes de los medios y académicos;
• con el mundo de la enseñanza, en este último caso por medio de Ministerio de Educación.

6. Presión sobre el Gobierno para alcanzar los objetivos propuestos, haciendo valer la encomienda oficial de la RAE recogida en sus Estatutos (mantener la unidad de la lengua española) y el papel de defensora del castellano que la Constitución, implícitamente, le otorga como institución del Estado:

[CITA INTERCALADA:]
Pienso que este fin debe ser abundantemente explicado por nosotros, y que debemos esforzarnos por persuadir a los poderes públicos y a todos los agentes sociales de que esa unidad que deseamos potenciar constituye la más firme infraestructura cultural, económica y política de la presencia hispana en el mundo. [F. Lázaro Carreter, 1992: 14.]
[FIN DE CITA INTERCALADA.]

A las puertas del quinto centenario y recién celebrada la primera Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno (v. § 3.4), las razones aducidas por la RAE debieron ser lo bastante persuasivas para que todas las fuerzas interesadas en darle nueva vida al hispanoamericanismo pensaran en algo mucho mejor que crear lo que Alvar había propuesto: un Instituto de la Lengua Española, de estudio científico del idioma, que fácilmente habría acabado arrinconando a la Real Academia Española al igual que habían hecho con su homóloga francesa las instituciones filológicas y político-lingüísticas creadas modernamente en Francia.  En su lugar, la estrategia de reconvertir la Asociación de Amigos de la Real Academia Española en una fundación que canalizara presupuestos no sólo de donantes privados, sino también cantidades fijas de instituciones públicas como las 17 comunidades autónomas españolas (tuvieran o no el castellano como lengua propia) y algunos ayuntamientos, parecía más conveniente. La academia mantenía así su preeminencia como organismo estandarizador oficial y, al mismo tiempo, se dotaba de presupuestos anuales públicos fijos sin necesidad de que se creara una institución de política lingüística estatal para el castellano, que podría haber despertado las suspicacias de los nacionalismos periféricos. Así, el real decreto 1109/1993, de 9 de julio, aprobó los nuevos Estatutos de la Real Academia Española,  derogando los anteriores (1859 y 1977) y sus modificaciones, que establecía nuevas estructuras y medios de financiación:

1. Se modificó la encomienda de la RAE, que hasta entonces tenía como fin principal «velar por la pureza, propiedad y esplendor de la Lengua Castellana», oficializando su carácter unitarista (art. 1):

[CITA INTERCALADA:]
La Real Academia Española tiene como misión principal velar porque los cambios que experimente la Lengua Española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico. Debe cuidar igualmente de que tal evolución conserve el genio propio de la lengua, tal como éste ha ido consolidándose con el correr de los siglos, así como de establecer y difundir los criterios de propiedad y corrección, y de contribuir a su esplendor.
[FIN DE CITA INTERCALADA.]

2. Se creó el Instituto de Lexicografía (art. 3), en el que se integró el Seminario de Lexicografía, dedicado al Diccionario Histórico. El Instituto se estructuró en dos órganos de trabajo:
• uno para realizar el Diccionario Histórico de la Lengua y
• otro para atender al léxico moderno, a las necesidades del Diccionario de uso y de otros Diccionarios que la academia decida elaborar.

Si bien debían estar ambos bajo la presidencia del director de la RAE y en estrecha dependencia de la Comisión que reglamentariamente se estableciera, contarían con personal propio y órganos de dirección independientes. La relativa independencia estructural del Instituto de Lexicografía quedó subrayada por el hecho de que los directores de sus dos órganos no debían ser forzosamente académicos.

3. Se creó la figura de un gerente (art. 26), que, bajo las órdenes del director y, en su caso, de una Comisión Delegada para la Gerencia formada por el director, el secretario y el tesorero, se encargaría de:
• la gestión de los Servicios Administrativos de la academia y la dirección administrativa del personal;
• la ejecución de los acuerdos de los órganos de gobierno de la Academia Española en el ámbito económico y la atención a todas las obligaciones materiales de la misma;
• la conservación y mantenimiento de los bienes de la Institución.

4. Se establecieron las fuentes de financiación académicas (art. 38):
• en la asignación ordinaria que se le concedía en los presupuestos del Estado y en las extraordinarias con que el Gobierno y donadores o fundadores particulares quisieran favorecer las actividades de la corporación;
• en los productos y utilidades de sus obras.

5. Se le dio libertad para gastar como creyera conveniente sus haberes, según sus fines y planes (art. 40). Y aunque se le exigía que rindiera cuentas al Gobierno, «en la forma establecida, de las cantidades que percibiere del Estado» (art. 41), se la eximía de dar cuentas del destino de las cantidades públicas percibidas por otras vías.

Para nutrir la academia de equipos de trabajo expresamente formados para participar en sus proyectos lexicográficos, en julio del 2001, a iniciativa de la Asociación de Academias de la Lengua Española, esta entidad firmó un acuerdo con la Fundación Carolina  para poner en marcha en Madrid la Escuela de Lexicografía Hispánica, dirigida a filólogos y lingüistas latinoamericanos becados para ser formados como lexicógrafos (M. Mora, 16/02/2002: en línea; RAE y Asale, 2004: 25-26).
El artículo 1 del capítulo I del nuevo Reglamento académico de 1995 incluyó en las tareas académicas la construcción de un gran banco de datos del español, con dos versiones, actual e histórica, que reuniera tanto léxico de uso común como vocabulario especializado, instando a los académicos a «poner la mayor diligencia en señalar repertorios y fuentes, y en aportar el mayor caudal posible de voces, locuciones y frases usuales en todo el mundo de habla hispana y en los diversos estratos sociales» (RAE, 1995: 29).
El 20 de octubre de 1993 se refundó la Asociación de Amigos de la Real Academia Española como la Fundación pro Real Academia Española. Su presidente honorario era el rey de España, Juan Carlos I, que contribuyó a los fondos de la nueva entidad con una cantidad personal (un millón de pesetas), entendiendo que «la sociedad no puede ser indiferente al destino del idioma» (El País, 21/10/1993: en línea), en un acto de mecenazgo que un editorial de El País (30/10/1993) explicaba así: «El Rey ha sido quien ha puesto la primera piedra de esta iniciativa. Era natural que lo hiciera: el castellano es su modo de expresión cuando maneja el lenguaje de la cultura o el de la proyección del Estado. Incluso cuando se trata de defender o propugnar la esencia multilingüe de la cultura española». De este modo se consolidó el amparo real bajo el que la institución académica, y sus miembros, habían podido prosperar desde los inicios de la corporación. Colocándose al frente de la Fundación por RAE Juan Carlos I no hacía sino mantener una protección que ya había restaurado desde el momento de su advenimiento al trono, gesto que había sido retribuido por los académicos con la reanudación, a su vez, de la tradición dieciochesca de acudir «a presentar nuestros respetos a Vuestra Majestad» (RAE, 1997: 533). La RAE, como España, se modernizaba para seguir siendo, en esencia, la misma.
El presidente oficial de la Fundación pro RAE era Luis Ángel Rojo, presidente del Banco de España. El órgano rector de la fundación estaba formado por banqueros como Mario Conde, Emilio Ibarra, Emilio Botín, Jaime Terceiro, José María Amusátegui y empresarios como Óscar Fanjul (Repsol), Heliodoro Alcaraz (Telefónica), Juan M. de Mingo (Corte Inglés) y Hans Meincke (Círculo de Lectores). La fundación partía con 52 miembros fundadores y un capital de 800 millones de pesetas procedente de las aportaciones de empresarios, bancos y entidades, además de 10 millones de parte de cada una de las 17 comunidades autónomas, pese a lo cual los presidentes de las comunidades del País Vasco, Cataluña y Comunidad Valenciana no asistieron al acto de constitución de la fundación. Este monto debía cubrir las siguientes tareas de renovación:

• las tareas de informatización de los archivos de la RAE,
• la conformación de un banco de datos del español contemporáneo,
• la nueva planta del DRAE y
• otros proyectos de diccionarios y necesidades de la institución.

El real decreto legislativo 1/1993, de 24 de septiembre, por el que se aprobó el texto refundido de la ley del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados  había eximido ya a la reales academias (y demás academias de España) del pago de este impuesto. La ley 30/1994, de 24 de noviembre, de Fundaciones y de Incentivos Fiscales a la Participación Privada en Actividades de Interés General  permitió considerar a la RAE sujeto de mecenazgo y establecer atractivos incentivos fiscales para los benefactores. Para garantizar debidamente la interacción entre la nueva fundación y la Academia Española, el real decreto 1857/1995, de 17 de noviembre, modificó de nuevo los Estatutos de la RAE:

1. Subrayando que la institución tenía personalidad jurídica propia, lo que la capacitaba para adquirir y poseer bienes de todas clases, para contraer obligaciones y ejercitar acciones judiciales.
2. Precisando su capacidad para crear fundaciones y asociaciones, así como para crear sociedades mercantiles o participar en sociedades no personalistas.

Pese a su potestad para crear sociedades, la ley 43/95, de 27 de diciembre, del Impuesto sobre Sociedades (refundida en el legislativo 4/2004, de 5 de marzo), en su artículo 9 eximió a la RAE (y demás academias de España) del pago de dicho impuesto, y quedaron parcialmente exentas las entidades de mecenazgo y sin ánimo de lucro como lo era la Fundación pro RAE. De la ley 49/2002, del 23 de diciembre, de Régimen Fiscal de las Entidades sin Fines Lucrativos y de los Incentivos Fiscales al Mecenazgo (que ampliaba y mejoraba la ley 30/1994, de 24 de noviembre) se derivaron estos otros beneficios para la RAE, la Fundación pro RAE y sus mecenas:

1. Los benefactores de la RAE, tanto por vía Fundación pro RAE como por convenio directo entre una empresa y la RAE, podían obtener mayores deducciones fiscales de la labor de mecenazgo realizada (M. Cruz Amorós y S. López Ribas, 2004: 173-239).
2. Tanto la RAE como la Fundación pro RAE (ambas clasificables como entidades «sin ánimo de lucro») podían realizar explotaciones económicas de acuerdo con las actividades propias de su objeto o finalidad estatutaria e incluso explotaciones económicas ajenas a su objeto o finalidad estatutaria siempre que su volumen de negocio no superase el 40 % de los ingresos totales de la entidad (ley 49/2002, art. 3, § 3) .
3. Ambas quedaban claramente exentas del pago de los impuestos sobre Sociedades, Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados, sobre Bienes Inmuebles y sobre Actividades Económicas (M. Cruz Amorós y S. López Ribas, 2004: 145-151).

El nuevo Reglamento académico de 1995 desarrolló todas las disposiciones estatutarias básicas y adjudicó a la Junta de Gobierno de la institución la tarea de «fijar las remuneraciones de los cargos y las retribuciones generales y especiales, así como las dietas que correspondan a los señores Académicos. Resolverá también la Junta todo lo concerniente al nombramiento, remuneración y reglamentación del personal de la Academia» (RAE, 1995: 55). La cuantía de esas cantidades se desconoce. La Academia Española no las facilita.
Al finalizar el mandato de Fernando Lázaro Carreter en diciembre de 1998, la Fundación pro RAE contaba con decenas de patronos y sus aportaciones sumaban el 40% del total del presupuesto de la RAE. No obstante, según declaraciones de su sucesor y actual director de la RAE, Víctor García de la Concha, en comparecencia ante el Senado español, tampoco las ayudas percibidas por medio de la Fundación pro RAE sumadas a las del Estado acabaron resultando suficientes para financiar la renovación de infraestructuras y planes académicos y al mismo tiempo prestar ayuda a las academias hispanoamericanas en situación de precariedad. Por ello se emprendió la firma de convenios de colaboración en la financiación de proyectos con diversas empresas, muchas de las cuales ya formaban parte de la Fundación pro RAE y compartían intereses con la Academia Española, y se canalizaron a través de esta fundación ayudas estatales suplementarias:

[CITA INTERCALADA:]
En cuanto al presupuesto, siempre es, por definición insuficiente en una institución de este tipo. Nosotros recibimos una parte del presupuesto del Estado —lo sabe su señoría porque tienen que aprobarlo—, que viene a ser menos de la mitad de lo que realmente gastamos. El resto lo recabamos de ayudas. El Director de la Academia es un continuo mendicante. Tenemos en este momento, como sabe, la Fundación pro-Real Academia Española, cuyo presidente de honor es Su Majestad el Rey. La idea era que se constituyera un capital fundacional importante cuyas rentas pudieran mantener las actividades pero, naturalmente, el bajón de los intereses ha hecho que esa ayuda, aunque considerable, se haya quedado corta, como ocurre en todas las fundaciones. = Por tanto, lo que estamos haciendo es buscar ayudas para cada uno de los proyectos que tenemos. Y vamos a hacerlo y estamos haciéndolo con rigor, es decir, si nosotros queremos reformar los americanismos vamos a Endesa, que tiene intereses en Hispanoamérica, y le decimos que vamos a hacer este trabajo, y vamos a hacerlo en tanto tiempo, y le ofreceremos a usted detallada cuenta de cómo gastamos su dinero. = En la Academia trabajan en este momento más de cien personas, pero aparte de eso nos encontramos con el gran problema de las academias americanas y sus limitaciones presupuestarias, y tenemos que estar ayudándoles porque creemos en la Comunidad Iberoamericana de Naciones. [España. Cortes Generales, 2002: en línea; la negrita es nuestra.]
[FIN DE CITA INTERCALADA.]

Así, mediante convenios puntuales, la Academia Española fue sumando importantísimas cantidades a las cuotas fijas de sus benefactores de la Fundación pro RAE y a los presupuestos estatales, que en 1999 el Gobierno de Aznar había fijado en una cantidad de 500 millones de pesetas (3 005 062,70 €) (Letralia, 03/05/1999: en línea), gesto que García de la Concha agradeció recordando que el espíritu de la Casa era «Servir al honor de la nación. Servir al honor del idioma» (Antonio Astorga, 16/04/1999: 67). Poniendo sólo algunos ejemplos sin ánimo de exhaustividad:

1. La academia y el Grupo PRISA firmaron un convenio de colaboración (El País, 11/12/1998: en línea) por el que el grupo periodístico prestaba apoyo económico para la informatización de la institución.

2. Para la revisión de diversos campos del léxico registrado en la edición en CD-Rom del DRAE 2001, según consta en los preliminares de este, se recibieron ayudas especiales de diversas entidades:

[CITA INTERCALADA:]
[...] el minucioso trabajo de revisión de los americanismos registrados en el Diccionario y la extraordinaria adición de nuevos artículos y acepciones revisados por las Academias Correspondientes y por la Comisión Permanente, han sido facilitados por Endesa  y sus empresas colaboradoras:
– FUNDACIÓN ENDESA, España
– ENERSIS, Chile
– CHILECTRA, Chile
– RÍO MAIPO, Chile
– EDESUR, Argentina
– EDELNOR, Perú
– CERJ, Río de Janeiro, Brasil
– COELCE, Estado de Ceará, Brasil
– CODENSA, Colombia.
La revisión del léxico jurídico del Diccionario ha sido patrocinada por la editorial CIVITAS. = Con la ayuda económica del Grupo PRISA se han realizado diversas acciones informáticas de preparación del Diccionario.
[FIN DE CITA INTERCALADA.]

Según el Boletín de la Real Academia Española (tomo LXXIX, cuaderno CCLXXVIII, septiembre-octubre de 1999, p. 446), la academia recibió 60 millones de pesetas (360 607,52 €) sólo de Endesa en virtud del convenio firmado entre ambas entidades con objeto de «financiar los estudios en colaboración con las academias hispanoamericanas. Este proyecto permitirá la revisión de los registros existentes y la adición de nuevos testimonios o aceptaciones, lo que supondrá el perfeccionamiento continuo del Diccionario en este ámbito léxico».
El 9 de octubre del 2001 las fundaciones pro RAE y Endesa renovaron su acuerdo de colaboración (El País, 10/10/2001: en línea) por el cual la empresa eléctrica se comprometía a invertir otros 60 millones de pesetas (360 607,52 €) entre el 2002 y el 2004, que la academia destinaría a recopilar americanismos de los diferentes diccionarios de la RAE, crear robots de búsqueda de información en Internet, así como a buscar neologismos y regionalismos en páginas web.
En el 2005 suscribieron un nuevo convenio por el que la Fundación Endesa se comprometía a aportar hasta el 2011 un total 481 000 euros (algo más de 80 millones de pesetas) (Fundación Endesa, 2006: 58) para cubrir los objetivos siguientes:

[CITA INTERCALADA:]
• Revisar sistemáticamente las bases de datos y las obras lexicográficas especializadas para determinar qué voces y qué acepciones de Hispanoamérica y Filipinas deben añadirse al Diccionario y cuáles deben enmendarse o suprimirse.
• Evaluar qué voces y acepciones americanas y filipinas corresponden a términos de uso general en los respectivos países y cuáles son propios de niveles sociales de registro, de especialidad técnica, etc., más restringidos, para separar estos últimos, que sólo se incluirán en el Diccionario de Americanismos. [Fundación Endesa, 2006: 44-45.]
[FIN DE CITA INTERCALADA.]

3. El 8 de marzo del 2000 Telefónica y la RAE firmaron un convenio de colaboración (Amelia Castilla, 09/03/2000: en línea; y RAE Y Asale, 2000: 63) por el que la entidad de telecomunicación aportaba 300 millones de pesetas (1 803 037,62 €) durante el periodo 2000-2002 para financiar:
• el desarrollo en Internet del servicio del Departamento de Español al Día, que atiende las consultas lingüísticas de los usuarios;
• la elaboración del Diccionario panhispánico de dudas, y
• la puesta en marcha de la infraestructura informática y de comunicaciones necesaria para la conexión de las 14 academias que carecieran de ella, a fin de establecer una red interacadémica a través de Internet.

El 12 de enero del 2004 se renovó para ese año el convenio anterior (El País,13/01/2004: en línea), y en la web de Telefónica  se precisó que la finalidad era en esta ocasión:
• Consolidar y continuar mejorando la calidad y rapidez de las respuestas del servicio Español al Día, que en ese momento recibía y despachaba una media de 275 consultas diarias de todas las partes del mundo.
• Patrocinar la redacción y revisión del Diccionario panhispánico de dudas, a fin de completar los materiales previstos para la primera edición impresa de la obra en el año 2005 añadiendo los campos de conjugación irregular, problemas de construcción y régimen, problemas de género, parónimos, usos impropios y extranjerismos.

Se anunciaba, además, que cuando el diccionario estuviera terminado, el Grupo Telefónica presentaría la versión electrónica en sus distintos servicios de Internet, al igual que ya hacía con el diccionario de la RAE, disponible en los portales de Terra y de la Fundación Telefónica. El hecho de que Telefónica costeara la realización del Diccionario panhispánico de dudas y se propusiera difundir su versión digital de inmediato, una vez publicada la impresa, no fue impedimento para que la RAE demorara meses la puesta a disposición del usuario de la versión en línea, a la espera de alcanzar las mejores expectativas de venta del volumen en papel.

4. El 14 junio del 2007, la RAE y el Grupo Santander llegaron a un acuerdo para la creación de un nuevo corpus académico, el Corpus de Español del Siglo XXI (Universia, 15/06/2007: en línea),  con el mecenazgo del grupo, mediado por su División Global Santander Universidades, cuyas actividades vertebran la acción social del banco. No se especificaba la cuantía.

5. Por parte de la Agencia Española de Cooperación Internacional, en 1999 recibió 2 000 000 de pesetas (12 020,25 €) de ayuda para «el proyecto “Digitalización del Catálogo de la Biblioteca de la Real Academia”»  no por vía directa, sino a través de la Fundación pro RAE.

6. Para la financiación de las tres versiones previstas de la Nueva gramática de la lengua española (extensa [en tres volúmenes], manual y escolar) se firmaron convenios de patrocinio con Fundación Altadis, que costeó los volúmenes de Morfología y Sintaxis de la versión extensa; con Caja Duero, a cargo del volumen (aún inédito) de Fonética y Fonología y de la versión Manual, y con Fundación Mapfre, que ha de costear la versión básica. La Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua sufragó las reuniones de la Comisión Interacadémica, e Iberia, en virtud del acuerdo comercial suscrito el 25 de noviembre del 2009, que convertía la aerolínea española en transportista aérea oficial de la Real Academia Española, asumió el traslado de sus miembros, colaboradores y de los representantes de las 21 academias a las diversas reuniones mantenidas.

Al margen de los convenios suscritos con cada uno de los patrocinadores de la Fundación pro Real Academia, de patrocinio de trabajos y equipos concretos de la RAE, el patronato de la fundación establece un presupuesto anual para la Real Academia Española; por ejemplo: «Durante el acto [de reunión del Patronato de la Fundación Pro RAE], el Gobernador del Banco de España, Jaime Caruana, como presidente de la Fundación Pro Real Academia Española, recordó que para 2002 en la última sesión del patronato se aprobó un presupuesto de ingresos de 2 200 000 euros y unos gastos de 1 740 000 euros, siendo la partida más importante de 1 650 000 euros que se entregarán a la academia para que, junto con las academias hermanas, pueda seguir realizando las actividades que están mereciendo general reconocimiento» (ABC, 15/02/2002: 2 y 43).
En el X Congreso de Academias de la Lengua Española (Madrid, 24-29/04/1994), la Fundación pro RAE hizo su primera intervención como entidad vinculada a la academia por voz de su presidente, Luis Ángel Rojo, quien hizo un llamamiento a la integración en la fundación de empresas y entidades «hispanoamericanas» usando el señuelo de los «beneficios que resulten de la unidad y de los trabajos conjuntos de la Asociación [de Academias]» (RAE, 1997: 537). Como en los viejos tiempos del hispanoamericanismo (§ 2.1 y 2.4), para persuadirlas del interés común que la fundación perseguía se llamaba a filas a la diplomacia presente en el congreso. Tales esfuerzos diplomáticos no debieron realizarse o no obtuvieron el éxito esperado, porque en el momento de concluir este artículo (julio del 2010) la Fundación pro RAE continúa estando mayoritariamente formada por entidades y empresas españolas.
A día de hoy, y sin haber realizado un estudio exhaustivo y pormenorizado de las finanzas académicas, podemos afirmar que, sólo por vía pública y como ingresos constantes, la RAE y la Comisión Permanente de la Asociación de Academias de la Lengua Española llevan años recibiendo de los presupuestos generales del Estado del orden de 3,9 millones de euros anuales.  La Academia Española también percibe del erario público partidas especiales para proyectos concretos, como es el caso de los 1,2 millones de euros destinados en el ejercicio en curso  al inacabable Diccionario Histórico  (partida anual desde el 2005; El País, 13/07/2005: en línea) o el presupuesto público (212 millones de pesetas = 1,27 millones de euros) destinado por el Ministerio de Cultura a los corpus CREA y CORDE para los ejercicios 1999 y 2000 (ABC, 17/06/1999: 55). De cada una de las 17 comunidades autónomas españolas,  tengan o no el castellano como lengua propia, recibe anualmente del orden de 30 000 € (0,510 millones de euros al año) vía Fundación pro RAE, al margen de ayudas destinadas a proyectos concretos.  Y no contamos otras vías de sostén público menos constantes.
Los datos, someros, hasta aquí expuestos dan una idea aproximada del volumen de caudales que la RAE —principalmente— y la Asale perciben desde hace años. Queda a juicio del usuario decidir si se corresponden con la calidad de la obra que producen y de los recursos que ofrecen —a menudo previo pago—. De la lectura de El dardo en la Academia se desprende fácilmente que no existe tal correspondencia. Así mismo opinaba el lingüista e investigador Carlos Subirats, comparando los presupuestos destinados a la RAE con los que reciben los centros de investigación universitarios que trabajan en el campo de la lingüística en España:

[CITA INTERCALADA:]
Lamentablemente, en el contexto español, resulta necesario denunciar la incompetencia de la Academia —aunque se trate de una institución cuya existencia carece de sentido en una sociedad moderna—, puesto que obtiene anualmente una financiación estatal —sin mediar ningún proceso competitivo— que es muy superior a la que reciben en conjunto y durante el mismo periodo de tiempo todos los proyectos de investigación de lingüística en España. [Subirats, 2007: 172.]
[CITA INTERCALADA:]

Pero el avance de la lingüística en España es lo que menos importa en la política de apoyos públicos y privados a la RAE y la Asale. El actual director de la institución y continuador del programa de renovación que había impulsado Fernando Lázaro Carreter, Víctor García de la Concha, en una entrevista concedida al suplemento El Cultural de El Mundo dejó perfectamente clara la clase de contrapartida por los servicios prestados (al Gobierno de turno, a la institución monárquica, a las fundaciones vinculadas a la Academia Española y a sus benefactores) que suponían todas estas ayudas financieras:

[CITA INTERCALADA:]
Al cabo, de lo que más orgulloso está es de «la política panhispánica», es decir, del reforzamiento de la colaboración con las Academias de la Asociación reconocido con el premio Príncipe de Asturias «y que ha superado con mucho la mera palabrería y se ha instalado en la realidad de la cooperación». Por eso, ahora que sólo le falta visitar Cuba («voy en otoño»), se felicita por la ayuda a las Academias que carecen de sede (El Salvador, Uruguay, Costa Rica y Guatemala), gracias a la Cooperación Internacional del Ministerio de Asuntos Exteriores. «No sólo eso, también hemos dotado a las Academias de infraestructura informática con el apoyo de Telefónica; vamos a dotarles de estos lexicógrafos, gracias a la Fundación Carolina y al Grupo Planeta. Esa política trasciende el interés específico de lo lingüístico para situarse en la cultura y la política de la comunidad iberoamericana». [...] «Ya desde la etapa del gobierno socialista, los gobiernos han entendido que la Academia está en el nivel de Estado. En esto la figura clave es el Rey, que por mandato constitucional es patrono de la RAE. A poco de ser elegido, la primera vez que me recibió sólo me pidió que atendiese a América. En el último almuerzo que tuvimos en la Academia [...] volvió a insistir en ello. Clave, pues, la figura del Rey en situar a la Academia en el nivel de política de Estado. Esto lo entendió el gobierno socialista, que duplicó el paupérrimo presupuesto de la Academia, y lo ha entendido el PP, que ha duplicado de nuevo el presupuesto.»
—¿Cuál es el de este año?
—Mil millones de pesetas.
—¿El cambio de imagen de la RAE de los últimos diez años es sólo cuestión de dinero?
—Creo que la Academia ha estado, una vez más, a la altura de las circunstancias. En esta década se ha dado cuenta del signo de los tiempos y ha percibido que había que entrar en la informatización, que había que crear el banco de datos al servicio de todos los usuarios del español, que había que entrar por el camino de la lingüística computacional, a través de grandes centros como Microsoft, que ya estamos o con IBM, que vamos a estar de manera inmediata. Eso supuso un esfuerzo de búsqueda de medios, y allí vino el Rey en nuestra ayuda con la creación de la Fundación Pro Real Academia. Ahora, si necesito revisar los americanismos y eso supone subvencionar a las academias americanas, acudo a Endesa, que sé que tiene intereses en Hispanoamérica. O vamos a Telefónica para que subvencione el Diccionario Panamericano. Sabemos sacarle brillo a la peseta. [N. Azancot, 18/07/2001: en línea; la negrita es nuestra.]
[FIN DE CITA INTERCALADA.]

En este punto, permítanos el lector una pequeña digresión, especialmente dirigida a los poderes públicos y a los investigadores de la historia académica. Lamentablemente, y a pesar de que es posible encontrar datos y análisis exhaustivos sobre las fuentes de sostén económico de otras corporaciones afines  y a pesar de que una institución paraacadémica de creación reciente, como lo es la Fundéu BBVA, publica una memoria anual  donde —entre otros asuntos relacionados con su actividad— se hace balance de sus cuentas, la Academia Española muestra una reprobable opacidad en lo referente a sus finanzas. Por esta razón, recopilar este tipo de información a lo largo de la historia académica exige un trabajo de investigación arduo y laborioso que muy pocos han decidido acometer. Esta laguna en la historiografía académica, en un aspecto tan relevante para el conocimiento de la estructura de la corporación y para la comprensión de su funcionamiento y evolución, queda especialmente de manifiesto en la amplia elipsis que el académico y por largo tiempo secretario de la academia, Alonso Zamora Vicente, realizó en su historia de la institución (1999), pese a haber dispuesto de documentación privilegiada que le habría permitido dibujar un panorama histórico más completo y fidedigno. Zamora Vicente sólo alude a la base económica de la Academia Española al referirse a la asfixia financiera a que la sometió el régimen franquista; un dato que beneficia sin duda a su imagen pública, mientras que se obvian otros menos favorecedores (entre otros muchos, los datos sobre los beneficios obtenidos por la oficialización escolar de la obra académica; v. § 1.7). No obstante, un acopio minucioso y un detallado análisis de los datos económicos de la institución (estatuto fiscal y administrativo, fuentes de financiación, formas de administración, sistemas de control...) a lo largo de su historia serían de extrema utilidad no sólo para acabar de delinear el perfil institucional de la RAE, sino también para evaluar su eficiencia como entidad semipública —en parte obligada a revertir sus esfuerzos productivos en beneficio público— a lo largo de sus siglos de vida. Esperamos que la breve compilación que por nuestra parte hemos podido realizar a lo largo de este ensayo abra un camino de estudio de la institución académica —como tantos otros, apenas explorado— que aventuramos muy fructífero para una mejor comprensión del papel y la posición de esta institución en el mundo hispánico.

Las razones de la RAE para eliminar "competencia desleal" entre los internautas

Las razones de la RAE para eliminar "competencia desleal" entre los internautas

La mayor parte de las personas que hayan estado siguiendo el caso de RAE y Planeta contra elcastellano.org, y que hoy hayan asistido atónitos a la desaparición repentina de la versión de usabilidad mejorada por Franz Mayrhofer del Diccionario panhispánico de dudas, estarán preguntándose seguramente qué mosca les habrá picado a estas entidades para echarse así a la yugular de personas que trabajaban en sinergia con ellas sin perseguir nada más que el procomún.

La explicación más plausible se dio, de hecho, meses atrás: la Real Academia Española prepara para este otoño un portal unificado del español de circuito cerrado, que está realizando con el patrocinio de Telefónica. Es decir, que con las acciones como las que ha sufrido Ricardo Soca están preparando el terreno para que todas las consultas a la obra académica se centralicen en exclusiva en ese portal, y probablemente sólo se concederán licencias para crear aplicaciones basadas en esos contenidos académicos a quien las pague. Un tuit de @LibrodeNotas ya lo insinuaba esta mañana: 

LibrodeNotas Libro de Notas
«Disfruta de la Real Academia española de la mano de Telefónica» Anuncio ahora mismo de Adsense. Ay, la cultura...
Sí: ay, la cultura. Sobre todo si se cumplen los rumores y, de llegar Mariano Rajoy (PP) al poder, hace ministro de Cultura al magnate José Manuel Lara, dueño del Grupo Planeta.
Pero la cosa no queda sólo en el reparto del negocio de la lengua normalizada. El reparto del pastel del español global (que, según Javier Celaya, es el próximo campo de batalla digital) es, además, un asunto de política de estado del Reino de España, un reino donde también la cultura está en manos exclusivas del gran capital, como es bien sabido y hemos dicho y probado infinidad de veces aquí. Elocuente es el hecho de que la misma empresa que se está encargando de realizar ese portal unificado del español, la división IBLNY de Amigot Corp. (una compañía de servicios multimedia especializada en audiencias de habla hispana, repartida entre Nueva York, España y la India, y propiedad del periodista navarro Michael Amigot, antes Mikel Amigot), preste también servicios tecnológicos y de marketing a una enormidad de empresas (de telefonía, radiodifusión, bancos...), administraciones públicas e instituciones culturales y educativas españolas, además de sectas católicas como Lumen Dei, y, en lo tocante al castellano, se encargue de poner cara digital a diversas universidades y prácticamente todas las entidades de política lingüística, cultural (interior y exterior) y económica exterior españolas, desde el Instituto Cervantes a la RAE, pasando por la SGAE:
[...]  Lumen Institute, IESE Business School - University of Navarra, Spain’s Foreign Trade Commision (ICEX), Instituto Cervantes, Official Tourism of Spain in the U.S., Real Academia Española, Camara de Madrid, The Spain U.S. Chamber of Commerce, The United States Hispanic Chamber of Commerce, Invest in Spain, Fundación Telefónica, Telefónica Internacional, Telefonica TSA, ISEM, Hispanic Information and Telecommunications Network (HITN), Kukuxumusu - Mikel Urmeneta America Reads Spanish, Government of Spain, Government of Navarra, Comunidad de Madrid, Reyno Gourmet, Vodafone, El Corte Inglés, Telefónica Móviles, Archdiocese of New York, Real Catholic Television, Feria Television, Alba Technologies, Henares Television, Universidad Complutense, Universidad de A Coruña, e-Television, Cepal, Huesker, Reyno Gourmet, Union Familiar Lumen Dei, La Caixa, Pharma Image, IBM, Wells Fargo, The First American Corporation, Fordham University, APT, Fundación Ideas - PSOE, Order of Malta, Ole Imports, Grupo Seguriber, Fundación Germán Sánchez Ruiperez, Instituto de Autor, SGAE, Ibercrea, Fundación Autor, Arteria, Hispasat, Ministerio de Cultura (España), Colegio de Registradores, Brainstorm Multimedia, Grupo GSS, Centesimus Annus Pro Pontifice, CEOE...
Desengañémonos: todos ellos, y no nosotros, son los amos de la lengua y la cultura en español. Y lo malo no es que lo sean ellos, sino que a veces manejan tan mal su propiedad que hacen necesario que nosotros se la mejoremos. Luego, ellos toman las mejoras que gratuitamente hacemos, nos vetan su administración y las explotan por su cuenta. Nosotros, como burros, los seguimos de nuevo, y el círculo vicioso vuelve a empezar. Y no acabará hasta que logremos desmantelar las peores de estas instituciones. Con la SGAE ya se ha dado un paso adelante.
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