Blogia

addendaetcorrigenda

¿Es la nueva norma panhispánica una norma pluricéntrica y multipolar? III: La insuficiente descripción de los sociolectos y geolectos del español, y el caso omiso que la norma académica panhispánica hace de los estudios descriptivos

¿Es la nueva norma panhispánica una norma pluricéntrica y multipolar?  III: La insuficiente descripción de los sociolectos y geolectos del español, y el caso omiso que la norma académica panhispánica hace de los estudios descriptivos

 

NOTA PRELIMINAR: El hecho de que las obras normativas académicas obvien, recurrentemente, el requisito básico de ética científica, exigible a todo trabajo intelectual, de citar en una bibliografía final la literatura teórica consultada (aun reconociendo en otros lugares haberla utilizado), hace imposible saber qué estudios sobre el español han manejado y permite realizar afirmaciones gratuitas como la que abajo citamos, pese a las evidencias contrarias, que más adelante se mencionarán.

La Asociación de Academias de la Lengua Española, en su web, sobre sus proyectos panhispánicos:

La nueva función de las Academias de la Lengua

[...] las Academias de la Lengua se han convertido en centros de referencia para la investigación de los más diversos aspectos del español. El conocimiento de las características que presenta actualmente nuestra lengua en todos los países que integran el mundo hispánico permite llevar a cabo una auténtica política panhispánica, que recoge lo consolidado por el uso y, en los casos necesarios, se adelanta a proponer las opciones que parecen más aconsejables en aquellos puntos en los que el sistema muestra vacilación.

José Luis Rivarola (Academia Peruana de la Lengua): «Sobre variedades y normas del español en el marco de una cultura lingüística pluricéntrica», ponencia presentada en el panel «La norma hispánica» del II Congreso Internacional de la Lengua Española, Instituto Cervantes-RAE, Valladolid, 2001:

La situación actual del español, como producto de la historia, corresponde a una cultura lingüística pluricéntrica, la cual se define por el hecho de que existen en el territorio de vigencia de una lengua varios centros que constituyen modelos de prestigio y que, por consiguiente, son irradiadores de norma para un país o para una región. Cuántos y cuáles sean exactamente estos centros no se puede determinar hoy por hoy, pues falta la investigación empírica indispensable. Cabe advertir que, por la mayor parte estas normas son de carácter subyacente, para adaptar un término usado en la bibliografía especializada, es decir, que no tienen una codificación explícita, a pesar de lo cual son reconocidas como tales por los hablantes de las correspondientes variedades y tienen un carácter implícitamente prescriptivo. La investigación que puede sacarlas a luz, como paso previo a su codificación, no se agota en la pura investigación dialectológica, ya que lo que interesa es determinar la valoración de los usos y la pertenencia o no de los mismos a los modelos de lengua que tienen vigencia en cada caso.

[...] la posibilidad de una codificación rigurosa de una lengua de cultura es menor cuanto mayor es el número de hablantes para el cual dicha codificación debe ser compromisoria. Naturalmente, entre los polos de una codificación monocéntrica-rigurosa y otra pluricéntrica-tolerante hay una escala continua de más a menos en precisión, o de más a menos en tolerancia; sobre los más y menos de esta escala influye una multiplicidad de factores glotopolíticos.

[...] A la trajinada cuestión de si una codificación pluricéntrica puede favorecer la fragmentación contesto negativamente. Creo más bien lo contrario. Una codificación que ignore las alternativas de lengua culta que se manifiestan en el espacio de su vigencia corre el severo riesgo de no ser aceptada y fracasar en su pretensión de ser instrumento de unidad y consolidación idiomática. En cambio, el pluricentrismo normativo puede ser un factor de integración y favorecer en los hablantes el interés por otros modelos de lengua y estimular en ellos una cierta competencia polilectal.

[...]
Me permito citar a Guitarte (1991, p. 82): «Lo que importa observar es que el policentrismo no supone forzosamente una fragmentación de la lengua. La lengua se puede conservar fundamentalmente uniforme, con variaciones nacionales que no alcancen la categoría de idiomas diferentes, siempre que se mantenga el sentido de pertenencia a la misma cultura».
Por lo demás, la condición necesaria de una codificación pluricéntrica es la determinación lo más precisa posible de las características de todas y cada una de las variedades cultas que ocupan el espacio global de la lengua de cultura en cuestión. En el caso del español estamos todavía lejos de esta meta. Pero pasos decisivos en esa dirección son, por ejemplo, la reciente y magna codificación lexicográfica del español europeo llevada a cabo por Seco (1999) o los trabajos en curso sobre el léxico del español mexicano que dirige Lara (1982, 1986, 1996). Asimismo, cabe mencionar, entre otras, las publicaciones que registran el léxico culto de las principales ciudades del mundo hispánico, en el marco del proyecto dirigido por J. M. Lope Blanch (1986).

 

Visto el contraste entre lo que afirma la corporación que reúne a todas las academias de la lengua española y lo que afirman algunos académicos a título personal, vamos a comparar, tan pormenorizadamente como nos es posible, la situación de la descripción del español y de qué manera la recoge la norma académica panhispánica:

 

Algunos estudios sobre el estado de la geolingüística del español en Latinoamérica, y proyectos apenas iniciados, con notas sobre su acogida en la norma académica panhispánica:

Antonio Torres Torres (coord.): La Géolinguistique en Amérique latine. Hors série n.º 2 de Géolinguistique (2001-2002). Université Stendhal-Grenoble 3, Centre de Dialectologie. 276 pp. (compilación reseñada aquí).

Milagros Aleza Izquierdo: «Algunos aspectos gramaticales en las modalidades americanas de la lengua española», Archivo de Filología Aragonesa, vols. 59-60, 2, 2002‑2004, pp. 1003-1030.

En relación con el tratamiento de la norma panhispánica de algunos casos de variación (citados en el artículo anterior de este serie), Aleza señala evidencias de generalización a todos los niveles (que aventuramos progresiva en virtud de la irradiación de estas modalidades desde centros de difusión de modelos normativos, como lo son los medios mexicanos), que, sin embargo, la norma académica (anclada en el purismo pese a pregonar su fundamento en el español general culto) se resiste a aceptar:

2.6. Relacionado con la confusión entre la función de complemento directo e indirecto, Kany ya señaló la flexión en plural del clítico lo en la construcción se lo dije a usted. Cuando el referente de se es plural, la idea de pluralidad se extiende a la moción de número del clítico: se los dije (a ustedes), para compensar la falta de marca de plural de la forma se. Dicha anómala y agramatical concordancia se recoge en los trabajos actuales, así lo hace Quilis (1992a) en el caso del español de Ecuador, Caravedo (1992) en las costas de Perú, Montes (1992: 524) la registra en Colombia, Bentivoglio y Sedano (1992: 786) la recogen en el estudio de Venezuela, Moreno de Alba (1992: 640) en México. Al habla culta antillana ha pasado dicha forma (Vaquero, 1996a: 63). Lope Blanch (1996: 83) afirma que la errónea construcción es prácticamente general en México; así como lo es también en los países centroamericanos (Quesada, 1996: 108)26 y en Chile (Oyanedel y Samaniego, 1999).

Merece la pena subrayar el contraste entre las siguientes afirmaciones sobre los estudios en torno a la pluralización de las construcciones impersonales con hacer y haber (fenómeno cada vez más extendido) que Ariza señala, y el tratamiento que de ello hace la norma panhispánica académica, del que se deduce o bien desconocimiento de los datos descriptivos disponibles, o, lo que es más grave, falseamiento interesado:

3.6. Como fenómeno general, muy común actualmente en el español hablado en España, señalamos dentro de este apartado la agramatical concordancia de las construcciones impersonales con haber y hacer: hubieron fiestas; hacían muchos años, que ya constituye un lugar común en la descripción de la lengua actual y que sobrepasa ya el límite de lo oral. Demello (1991) contrasta las conclusiones de trabajos anteriores35 con los resultados de las encuestas realizadas para el estudio del habla culta de once ciudades (transcritas y publicadas como materiales para el estudio coordinado del habla culta): Bogotá, Buenos Aires, Caracas, La Habana, La Paz, Lima, Madrid, Ciudad de México, San Juan de Puerto Rico, Santiago de Chile y Sevilla. Las conclusiones a las que llega el autor apuntan a que el fenómeno de concordancia del impersonal HABER se da cada vez con más frecuencia en el habla culta. Común en Lima, La Paz, Caracas, San Juan y Santiago de Chile; de porcentaje mediano en Bogotá (Montes la subraya de uso general) y La Habana, y rara en Ciudad de México y Buenos Aires (sociolectos bajos). La forma más pluralizada es la de habían.

Habíamos se observa también con frecuencia, aunque por lo general la primera persona es de uso menor.

Informaciones recientes actualizan algunos datos. Así, en el caso de México, Lope Blanch (1996: 83) señala el fenómeno como hecho generalizado en todos los sociolectos del país. También lo consideran de ámbito general Vaquero (1996a: 64) en el español de los países antillanos36, Quesada (1996: 110) en su descripción de los países centroamericanos. Sedano y Bentivoglio (1996: 124), Torroja (1999)37 y Alvar (2001) en Venezuela. Mendoza (1992) y Quilis (2001: 217) han señalado el fenómeno en el castellano andino de Bolivia, y Oyanedel y Samaniego (1999: 1182) lo incluyen dentro de los fenómenos que se están incorporando a la norma culta de Santiago de Chile, por el ascendente porcentaje de uso entre los hablantes cultos.

[Milagros Aleza Izquierdo: «Algunos aspectos gramaticales en las modalidades americanas de la lengua española», Archivo de Filología Aragonesa, vols. 59-60, 2, 2002‑2004, pp. 1003-1030.]

4. Verbo impersonal. Además de su empleo como auxiliar, el otro uso fundamental de haber es denotar la presencia o existencia de lo designado por el sustantivo que lo acompaña y que va normalmente pospuesto al verbo: Hay alguien esperándote; Había un taxi en la puerta; Mañana no habrá función; Hubo un serio problema. Como se ve en el primer ejemplo, en este uso, la tercera persona del singular del presente de indicativo adopta la forma especial hay. Esta construcción es heredera de la existente en latín tardío «habere (siempre en tercera persona del singular) + nombre singular o plural en acusativo». Así pues, etimológicamente, esta construcción carece de sujeto; es, por tanto, impersonal y, en consecuencia, el sustantivo pospuesto desempeña la función de complemento directo. Prueba de su condición de complemento directo es que puede ser sustituido por los pronombres de acusativo lo(s), la(s): Hubo un problema > Lo hubo; No habrá función > No la habrá. Puesto que el sustantivo que aparece en estas construcciones es el complemento directo, el hecho de que dicho sustantivo sea plural no supone que el verbo haya de ir también en plural, ya que la concordancia con el verbo la determina el sujeto, no el complemento directo. Por consiguiente, en estos casos, lo más apropiado es que el verbo permanezca en singular, y así sucede en el uso culto mayoritario, especialmente en la lengua escrita, tanto en España como en América: «Había muchos libros en aquella casa» (Ocampo Cornelia [Arg. 1988]); «Había unos muchachos correteando» (VLlosa Tía [Perú 1977]); «Hubo varios heridos graves» (Valladares Esperanza [Cuba 1985]); «Habrá muchos muertos» (Chao Altos [Méx. 1991]). La misma inmovilidad en singular del verbo conjugado debe producirse en el caso de que haber forme parte de una perífrasis con poder, soler, deber, ir a, etc.: «En torno de una estrella como el Sol puede haber varios planetas» (Claro Sombra [Chile 1995]); «En esta causa va a haber muchos puntos oscuros» (MtzMediero Bragas [Esp. 1982]). No obstante, la excepcionalidad que supone la existencia de un verbo impersonal transitivo, sumado al influjo de otros verbos que comparten con haber su significado «existencial», como estar, existir, ocurrir, todos ellos verbos personales con sujeto, explica que muchos hablantes interpreten erróneamente el sustantivo que aparece pospuesto al verbo haber como su sujeto y, consecuentemente, pongan el verbo en tercera persona del plural cuando dicho sustantivo es plural: ׫Hubieron muchos factores que se opusieron a la realización del proyecto» (Expreso [Perú] 22.4.90); ׫Entre ellos habían dos niñas embarazadas» (Caretas [Perú] 1.8.96); incluso se ha llegado al extremo de generar una forma de plural ×hayn para el presente de indicativo, con el fin de establecer la oposición singular/plural también en este tiempo: ׫En el centro también hayn cafés» (Medina Cosas [Méx. 1990]). Paralelamente, se comete también el error de pluralizar el verbo conjugado cuando haber forma parte de una perífrasis: ׫Dice el ministro que van a haber reuniones con diferentes cancilleres» (Universal [Ven.] 6.11.96). Aunque es uso muy extendido en el habla informal de muchos países de América y se da también en España, especialmente entre hablantes catalanes, se debe seguir utilizando este verbo como impersonal en la lengua culta formal, de acuerdo con el uso mayoritario entre los escritores de prestigio.

[RAE-ASALE: Diccionario panhispánico de dudas, s. v. Haber, § 4.]

2. Para expresar circunstancias meteorológicas o los grados de temperatura atmosférica, así como cuando se utiliza con expresiones temporales para referirse a un momento situado tanto tiempo atrás como indica el complemento, funciona como impersonal, por lo que solo se conjuga en las formas de tercera persona del singular: «A esa altura de la noche hacía bastante frío» (Benedetti Primavera [Ur. 1982]); «Fuera hace 50 grados bajo cero» (Ortega Artículos [Esp. 1917-33]); «Hace dos días ha amanecido loco furioso» (Prada Hora [Méx. 1979]). En todos estos casos, es impropio hacer concordar el verbo hacer en plural cuando es plural el complemento: ׫De día hacen 10 grados bajo cero» (Tribuno@ [Arg.] 2.99); ׫No ha aumentado desde hacen unos 30 años» (Tiempos [Bol.] 31.3.97). Es redundante, y debe evitarse, el uso del adverbio atrás cuando hacer se construye con un complemento temporal: ׫El concurso fue fallado hace dos años atrás» (País [Ur.] 12.11.01); debió decirse hace dos años o dos años atrás.

[RAE-ASALE: Diccionario panhispánico de dudas, s. v. Hacer(se), § 2.]

(Sobre la pluralización de haber impersonal para el presente de indicativo y su tratamiento en el Diccionario panhispánico de dudas, leáse el artículo de Miguel Rodríguez Mondoñedo «Habían ~ Hubieron ~ Hayn».)

 

Proyecto de Atlas Lingüístico de América Central

El Atlas Lingüístico de América Central (siglas ALAC) es un proyecto de investigación compartido entre la Universidad de Costa Rica y la Universidad de Bergen, que intenta representar el español centroamericano a través de mapas lingüísticos, en los niveles fonético (desde una dimensión pluridimensional), morfosintáctico y léxico.

 

Principales proyectos (aún en curso) de descripción del sociolecto culto del español y de sus polos de irradiación normativa en toda Hispanoamérica:

• Bibliografía e historial del Proyecto de Estudio Coordinado de la Norma Lingüística Culta de las Principales Ciudades de Iberoamérica y de la Península Ibérica (ajeno a las Academias), iniciado por Juan Manuel Lope Blanch:

1) Historia del proyecto en Eva Spitzová: «Estudio coordinado de la norma lingüística culta de las principales ciudades de iberoamérica y de la península ibérica: proyecto y realización», Études romanes de Brno, 21, pp. 61-66.

El proyecto nació en el año 1964 en Bloomington, en el Segundo Simposio del Programa Interamericano de Lingüística y Enseñanza de Idiomas (PILEI). El padre espiritual del Proyecto es Juan M. Lope Blanch, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien, en dicho Simposio, presentó a la Comisión de Lingüística y Dialectología Iberoamericanas un primer plan de un trabajo coordinado de los principales centros filológicos de la América de lengua española, llamado “Proyecto de estudio del habla culta de las principales ciudades de Hispanoamérica”.

La propuesta despertó el interés de los hispanistas asistentes al Simposio y fue apoyada por el PILEI.

En el Tercer Simposio del PILEI, celebrado en Montevideo en 1966, se decidió llevar a cabo el Proyecto. Se constituyó en Montevideo una Subcomisión Ejecutiva del Proyecto que, entre 1966 y 1968, “definió los objetivos de la investigación, así como su metodología, y preparó el Cuestionario que había de servir como guía común para la ejecución de los trabajos”.1

En 1965, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de Madrid decidió colaborar en el Proyecto y entre 1971 y 1973 publicó, en tres volúmenes, la versión definitiva del Cuestionario.

Se adhirieron al Proyecto las siguientes ciudades e institutos científicos: Bogotá (Instituto Caro y Cuervo), Buenos Aires (Instituto Torcuato di Telia del CICE y Academia Argentina de Letras), Caracas (Instituto de Filología Andrés Bello de la Universidad de Caracas), La Habana (Universidad de Texas en Austin), Lima (Departamento de Lingüística y Filología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos), Madrid (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), México (Universidad Nacional Autónoma de México), San Juan de Puerto Rico (Instituto de Lingüística de la Universidad de Puerto Rico) y Santiago de Chile (Departamento de Lengua y Literatura Españolas de la Universidad de Chile).

El objetivo del Proyecto, tal como se expone en el Cuestionario mencionado, es estudiar “el habla culta media (habitual), con referencias a las actitudes formal (habla esmerada) e informal (habla familiar)”. El estudio es “esencialmente descriptivo -sincrónico-, ya que sólo incluirá las observaciones diacrónicas que surjan de la confrontación del habla de las distintas generaciones auscultadas”.2

La documentación se basa en informaciones orales grabadas en cintas magnetofónicas.[...]

Hasta la fecha se han publicado los siguientes volúmenes:

1. El habla de la ciudad de México. Materiales para su estudio. Centro de Lingüística Hispánica, UNAM 1971, 449 pp.; J. M. Lope Blanch, director.

2. El habla culta de Caracas: Materiales para su estudio. Instituto de Filología Andrés Bello, Caracas 1979, 666 pp.; A. Rosenblat, director.

3. El habla culta de Santiago de Chile. Materiales para su estudio, Tomo I. Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Chile, 1979, 511 pp.; A. Rabanales y L. Contreras, editores.

4. El habla de la ciudad de Madrid. Materiales para su estudio. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid 1981, 449 pp.; M. Esgueva y M. Cantarero, editores.

5. El habla de la ciudad de Bogotá. Materiales para su estudio. Instituto Caro y Cuervo, Bogotá 1986, 692 pp.

6. El habla culta de la ciudad de Buenos Aires, dos tomos, Buenos Aires, 1987, 309 y 531 pp.; A. M. Barrenechea, editora.

7. Encuestas del habla urbana de Sevilla: nivel culto. Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla, 1983, 297 pp.; M. A. de Pineda, editor.

8. En México se ha llevado a cabo, además, el estudio del habla popular; en 1972 se empezó con las grabaciones que comprenden un total de cien horas, distribuidas en tres tipos de encuestas; son los mismos como en el habla culta, menos las elocuciones formales, por supuesto. Fueron trans critas, no sin muchas dificultades, y una parte de ellas fue publicada en 1976 bajo la dirección de J. M. Lope Blanch y con el título El habla popular de la ciudad de México: Materiales para su estudio. Centro de Lingüística Hispánica, UNAM, 464 pp.

Existe, asimismo, el proyecto de intercambio de cintas con las encuestas grabadas, de manera que todos los centros dispongan de muestras de todas las ciudades adheridas al Proyecto; sin embargo, por razones de distinta índole —aduanales, de distancia— no ha podido llevarse a cabo hasta el momento.

[...]

Aunque hay que reconocer que el número de estudios que se han servido del material reunido en el marco del Proyecto es considerable, también hay que hacer constar que, mientras no se habían publicado los materiales, el número de hispanistas que pudieron servirse de ellos quedaba reducido a los que tenían acceso a las cintas con las grabaciones, que prácticamente eran los que habían hecho las encuestas. Sólo la publicación de los materiales permite, por un lado, hacer uso de ellos a hispanistas de cualquier país y, por el otro, emprender trabajos comparativos.

En la actualidad están publicados los materiales de siete ciudades, lo que proporciona ya una base sólida para estudios comparativos. Esperemos que en un futuro no muy lejano vean la luz también los materiales de las restantes ciudades adheridas al Proyecto (sobre todo de las que pertenecen a él desde el principio, a saber, Lima, La Habana y San Juan de Puerto Rico) y —lo que quizás es más importante todavía— que los tomos publicados lleguen a un número lo más alto posible de bibliotecas científicas. Hasta ahora, desgraciadamente, muchos de los tomos faltan incluso en las de más prestigio.


[NOTAS DEL EXTRACTO:]

1. J. M. Lope Blanch: Estudios sobre el español hablado en las principales ciudades de América. México, UNAM, 1977, p. 7.

2. J. M. Lope B1anch, El estudio del español hablado culto. Historia de un proyecto, México, UNAM 1986, pp. 98-99.

3. Lope (1986), pp. 99-100.

2) Situación actual del Proyecto en «Estudio coordinado de la norma lingüística culta». Programación de las actividades del Proyecto para el XV Congreso (agosto del 2008).

Como es del conocimiento de nuestra comunidad académica, el 8 de mayo de 2002 falleció inesperadamente el doctor Juan M. Lope Blanch, quien hasta ese momento fungía como coordinador del Proyecto del habla culta, proyecto que él había concebido e impulsado desde 1964. A iniciativa de Elizabeth Luna Traill y Alejandra Vigueras Ávila, de México, los miembros de la Comisión Ejecutiva llevaron a cabo una reunión en la que tomaron una serie de decisiones con el fin de darle continuidad al Proyecto.

La VIII Reunión de la Comisión Ejecutiva tuvo lugar en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, del 1.° al 4 de septiembre de 2003. Asistieron 9 representantes de 7 ciudades: Alba Valencia, Santiago de Chile; Hilda Otálora, Bogotá; Paola Bentivoglio, Caracas; Jorge Murillo, San José (Costa Rica); Ana María González, La Habana II; Joseph Matluck, La Habana I; Elizabeth Luna Traill y Alejandra Vigueras, Ciudad de México; José Antonio Samper, Las Palmas de Gran Canaria.

Los acuerdos más relevantes tomados en la Reunión fueron los siguientes:

1. Dirección del Proyecto. Se decidió reorganizar la dirección del Proyecto y se determinó nombrar un Comité Directivo teniendo en cuenta las áreas geográficas que abarca el Proyecto para la elección de sus miembros. Para el período 2003-2005, dicho Comité quedó integrado por: Elizabeth Luna Traill (América del Norte y Las Antillas), presidenta; Alba Valencia (América del Sur) y José Antonio Samper (España).

2. Cambio de nombre al Proyecto. Como homenaje al Prof. Juan M. Lope Blanch, creador del Proyecto, y su coordinador desde el inicio, se acordó por unanimidad denominarlo Proyecto de la norma culta hispánica Juan M. Lope Blanch.

3. Principios generales del Proyecto. Los participantes ratificaron la vigencia de los principios generales que están en la base de la existencia del Proyecto. Se consideran Principios del Proyecto: a) Estudio del habla culta media habitual formal e informal; b) Aspectos: fonética, fonología, morfosintaxis, léxico y estructuras coloquiales y afectivas; c) Estudio esencialmente descriptivo-sincrónico.

4. Relación con la ALFAL. Los participantes coincidieron en la importancia de mantener un vínculo estrecho con la ALFAL, de modo que los miembros de la Comisión Ejecutiva deberán pertenecer a la mencionada Asociación. Se acordó solicitar ayuda financiera a la ALFAL para poder realizar algunas actividades de la Comisión. Se decidió, también, que la Presidenta del Comité Directivo comunicaría al Presidente de la ALFAL las conclusiones de esta Reunión. (Lo que se hizo en su debida oportunidad).

5. Próxima reunión de la Comisión Ejecutiva. Se convino en que la próxima reunión de la Comisión Ejecutiva tendrá lugar en coincidencia con el XIV Congreso Internacional de la ALFAL (Monterrey, México, 17-19 de octubre de 2005). Para dicha reunión se espera que puedan estar en proceso (o concluidas) las siguientes acciones: a) La página WEB [no existe]; b) Un Banco de Datos con materiales que serán de uso exclusivo de la Comisión Ejecutiva; c) Digitalización de las grabaciones (exceptuando las de la ciudad de Caracas que se encuentran ya digitalizadas); d) Actualización de los materiales: Realizar nuevas grabaciones de entrevistas en las ciudades de Santiago, Bogotá, Caracas y México, dado que fueron los primeros materiales que se grabaron y, por lo tanto, datan de 30 años, aproximadamente; ello permitirá contrastar los antiguos y nuevos materiales y abordar estudios de tipo diacrónico.

6. Observación importante: Debido a los lamentables fallecimientos de Ofelia Kovacci y Antonio Quilis, las ciudades de Buenos Aires y Madrid, respectivamente, no tienen representantes en el Proyecto. Se hará todo lo posible para resolver prontamente esta situación.

3) Luis Fernando Lara: «Juan Miguel Lope Blanch: 1927-2002», Nueva Revista de Filología Hispánica, tomo 50, n.º 2, 2002 , pp. 389-391.

4) Juan Manuel Lope Blanch: «Variedad y homogeneidad en la lengua española», en Juan Villegas (coord.): Actas Irvine-92: [Actas de XI Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas], vol. 1, 1984 (De historia, lingüísticas, retóricas y poéticas), pp. 75-81.

5) «Proyectos en curso en la investigación de la lengua española en América. Mesa redonda: Juan M. Lope Blanch. Director del Centro de Lingüística Hispánica. Universidad Nacional Autónoma de México», panel «La lengua española: unidad y diversidad», en Actas del Congreso de la Lengua Española (Sevilla, 7-10 de octubre de1992), Instituto Cervantes, 1994.

6) Juan Manuel Lope Blanch: «La norma lingüística hispánica», ponencia presentada en el panel «La norma hispánica» del II Congreso Internacional de la Lengua Española, Instituto Cervantes-RAE, Valladolid, 2001.

7) Juan Manuel Lope Blanch: «La originalidad del español americano y las lenguas amerindias», en Manuel Ariza Viguera (coord.): Actas del II Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, vol. I, pp. 73-110, Pabellón de España, 1992.

8) Jair de Olivera Souza: «La norma ideal genérica, base para la enseñanza del español», Unidad en la diversidad,Portal informativo sobre la lengua castellana, 26/11/2003.

 

• Bibliografía e historial del Macrocorpus para el Estudio de la Norma Lingüística Culta, de J. A. Samper Padilla y colaboradores, que surge del proyecto anterior de Lope Blanch:

1) J. A. Samper Padilla: «Macrocorpus para el estudio de la norma lingüística culta», Oralia: Análisis del discurso oral, n.º 8, 2005, pp. 105-122.

2) Macrocorpus de la norma lingüística culta de las principales ciudades del mundo hispánico (MC-NLCH). Preparado por José Antonio Samper Padilla, Clara Eugenia Hernández Cabrera y Magnolia Troya Déniz. Edición en CD-ROM. Las Palmas de Gran Canaria, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 1998.

3) Información disponible por línea de este macrocorpus, recodificado e incorporado al CREA, proporcionada a la lista Infoling por J. A. Samper.

 

• Bibliografía e historial del Proyecto Panhispánico del Estudio de la Disponibilidad Léxica (Dispolex), dirigido y coordinado por el académico Humberto López Morales:

1) En la web del Proyecto:

¿Qué es el proyecto panhispánico?

Director y Coordinador: Humberto López Morales.

Objetivo : Elaborar Diccionarios de Disponibilidad Léxica para las diversas zonas del mundo hispánico. La homogeneidad de criterios permitirá establecer comparaciones de tipo lingüístico, etnográfico y cultural, dibujar áreas de difusión y, en general, servir de punto de partida para análisis posteriores.

Fases de elaboración de cada Diccionario:

· Selección de la muestra. Está compuesta por estudiantes de nivel preuniversitario (último curso del bachillerato) a fin de que los resultados no se vean contaminados por los tecnicismos adquiridos en el nivel universitario, los cuales se alejan de la norma de la comunidad. El patrón es mantener homogénea la edad y el nivel cultural de los informantes (estudiantes del curso inmediatamente anterior a la entrada en la Universidad) y subcategorizarlos de acuerdo con una serie de variables.

· Recogida de materiales mediante encuesta.

· Transcripción de los materiales y homogeneización de los mismos mediante los protocolos de edición convenidos.

· Cálculo de la disponibilidad léxica global y por campos y grupos de informantes, lo que llevará a configurar los diversos apartados del diccionario.

· Publicación del Diccionario.

2) J. A. Samper Padilla: «El proyecto panhispánico de disponibilidad léxica: logros y estado actual», en Carmen Varo Varo y Miguel Casas Gómez (coords.): VII Jornadas de Lingüística, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003, pp. 193-226.

3) Juan José Bellón Fernández, Marta Samper Hernández y José Antonio Samper Padilla: «El proyecto de estudio de la disponibilidad léxica en español», en Gerd Wotjak (coord.): Pautas y pistas en el estudio del léxico hispano (americano), Verbuert: Iberoamericana, 2003, pp. 27-140.

4) Clara Eugenia Hernández Cabrera y Marta Samper Hernández: «Léxico disponible, norma culta y norma popular», Archivo de filología aragonesa, Vol. 59-60, 2, 2002‑2004, pp. 1341-1358:

5) Humberto López Morales: «Un nuevo corpus para el estudio del español: la disponibilidad léxica», Oralia: Análisis del discurso oral, n.º 8, 2005, pp. 141-160.

6) Humberto López Morales: «El estudio de la variación léxica», en Ana María Cestero Mancera, Isabel Molina Martos y Florentino Paredes García (coords.): Estudios sociolingüísticos del español de España y América , Madrid, Arco/Libros, 2006, pp. 69-80.

7) J. A. Samper Padilla: «Disponibilidad léxica y sociolingüística», en José Luis Blas Arroyo, Mónica Velando Casanova, Manuela Casanova Avalos (coords.): Discurso y sociedad : contribuciones al estudio de la lengua en contexto social, Castellón, Servicio de Publicaciones de la Universitat Jaume I, 2006, pp. 99-120.

8) Marta Samper Hernández y José Antonio Samper: «Aportaciones recientes de los estudios de disponibilidad léxica», Lynx: Panorámica de estudios lingüísticos, N.º 5, 2006, pp. 5-95.

 

• Bibliografía e historial sobre el Proyecto Varilex: Variación Léxica del Español en el Mundo, iniciado y dirigido por Hiroto Ueda, Antonio Ruiz Tinoco y Toshihiro Takagaki:

1) Hiroto Ueda y A. Ruiz Tinoco: «VARILEX, Variación léxica del español en el mundo, Proyecto internacional de investigación léxica», en Gerd Wotjak (coord.): Pautas y pistas en el estudio del léxico hispano (americano), Verbuert : Iberoamericana, 2003, pp. 141-278.

2) Historia del proyecto: «Estudio de la variación léxica del español . Métodos de investigación», en Homenaje al profesor Makoto Hara. Trabajos reunidos con motivo de la jubilación universitaria, Tokio, 1996, pp. 341-375.

El proyecto Varilex

El proyecto más nuevo en esta línea será, actualmente, nuestro estudio de Varilex (Variación léxica). En el mes de abril de 1993, nos atrevimos a lanzar un llamamiento para formar una red internacional de investigadores con el objetivo de estudiar la variación léxica del español urbano. En el Décimo Congreso de la Asociación de Lingüística y Filología de América Latina (ALFAL), el comité organizador nos ofreció la oportunidad de manifestar nuestro proyecto de investigación. Allí explicamos nuestra intención y el resultado de un estudio piloto.

Desde entonces han venido aumentando los miembros y ahora contamos con sesenta y cinco colaboradores que nos ofrecen continuamente datos de su localidad.

El proyecto más nuevo en esta línea será, actualmente, nuestro estudio de Varilex (Variación léxica). En el mes de abril de 1993, nos atrevimos a lanzar un llamamiento para formar una red internacional de investigadores con el objetivo de estudiar la variación léxica del español urbano. En el Décimo Congreso de la Asociación de Lingüística y Filología de América Latina (ALFAL), el comité organizador nos ofreció la oportunidad de manifestar nuestro proyecto de investigación. Allí explicamos nuestra intención y el resultado de un estudio piloto.

Desde entonces han venido aumentando los miembros y ahora contamos con sesenta y cinco colaboradores que nos ofrecen continuamente datos de su localidad.

Hasta ahora hemos reunido por correspondencia datos de 237 personas de 46 ciudades pertenecientes a 20 países hispanohablantes, que presentamos a continuación junto con los códigos utilizados en el estudio presente.

A continuación, ofrecemos los nombres de las ciudades encuestadas junto con sus siglas utilizadas en los cuadros siguientes (país-ciudad):

[CUADRO-1]

El cuadro-1 representa la distriución generacional (de cada diez años) de los sujetos residentes en las ciudades investigadas.

3) Descripción, desarrollo y actualidad del proyecto: A. Ruiz Tinoco: «Los informantes en las encuentas de variación léxica», Dialectología, 1 (2008), 83-105.

4) Webs del proyecto: 1 y 2.

5) La base de datos disponible de Varilex y la interfaz de búsqueda.

• Bibliografía e historial del Proyecto Difusión Internacional del Español por Radio, Televisión y Prensa: Unidad y Diversidad de la Lengua (DIES-RTP), dirigido por Raúl Ávila:

1) Proyecto Difusión Internacional del Español por Radio, Televisión y Prensa: Unidad y Diversidad de la Lengua (DIES-RTP). Coordinación general: Raúl Avila.
2) Descripción del proyecto:

A. MOTIVOS Y OBJETIVOS

La lengua española es hablada por más de 370 millones de personas en el mundo y posee una tradición cultural que abarca ya 10 siglos. En la actualidad, su difusión oral, nacional e internacional, se logra fundamentalmente a través de la radio y la televisión. Algunos de estos medios, por sus recursos técnicos, llegan prácticamente a todos los países de habla española y son recibidos por un gran auditorio. Por lo mismo, difunden un lenguaje cuyo uso repercute sin duda en la unidad o la diversidad del idioma. Lo mismo ocurre, en el uso escrito, con el lenguaje de la prensa.

Los medios de difusión masiva, sin menoscabo de los usos regionales o nacionales, necesitan utilizar una norma internacional que no necesariamente corresponde a la académica para ser comprendidos adecuadamente y para contribuir a la difusión de un idioma común: tienen a la vez una necesidad y una responsabilidad. Lo anterior muestra la importancia de estudiar ese lenguaje, lo que no se ha hecho hasta ahora de manera sistemática, mediante la recopilación de muestras estadísticamente confiables. A partir de ese muestreo y de otras fuentes se podría describir esa norma internacional. De esta manera se podría ver en qué medida la radio, la televisión y la prensa se ajustan a ese uso y sería posible suministrar a los responsables de esos medios la información que les permita tomar decisiones en ese sentido.

El proyecto, consecuentemente, pretende abarcar el estudio de las variantes más importantes del español, jerarquizadas por su grado de difusión internacional, nacional y regional a través de los medios. Los objetivos principales son:

a) Describir los aspectos del idioma léxico, fonología y sintaxis comunes a todos los países o regiones hispanohablantes y los específicos de cada uno de ellos.

b) Dar un sustento lingüístico objetivo a las industrias de la lengua (medios y edición de libros, traducciones, doblajes, enseñanza del español a extranjeros y a hablantes de lenguas indígenas, computación).

c) Describir las normas regionales o nacionales para, a partir de ellas, establecer la norma general hispánica.

d) Lograr una comunicación más eficiente entre los países y las regiones de habla española.

e) Fomentar, dentro de la necesaria diversidad regional, la unidad lingüística y cultural de cada país y de la comunidad de países o regiones hispanohablantes.

f) Valorar el uso del idioma español en cuanto vehículo internacional de comunicación y factor de identidad de la comunidad hispanohablante. [...]

3) Raúl Avila: «Televisión internacional, lengua internacional», ponencia en el I CILE, Zacatecas, 1997; en Luis Cortés Bargalló, Carlos Mapes, Carlos García Tort (coords.): La lengua española y los medios de comunicación : [Primer Congreso Internacional de la Lengua Española, día de emisión, 7-VI-97, Zacatecas], vol. 2, Madrid, Siglo XXI de España Editores, 1998, pp. 911-931.

http://congresosdelalengua.es/zacatecas/plenarias/television/avila.htm

4) Raúl Avila: «Lenguaje, medios e identidad nacional», European Review of Latin American and Caribbean Studies / Revista Europea de Estudios Latinoamericanos y del Caribe, Amsterdam, vol. 64, junio del 1998, pp. 105-112.

5) Raúl Avila: «Los medios de comunicación masiva y el español internacional», ponencia en el II CILE, Valladolid, octubre del 2001.

6) Raúl Avila: «La lengua española en el espacio internacional», ponencia presentada en el Congreso Internacional sobre Lenguas Neolatinas en la Comunicación Especializada, Unión Latina, Dirección Terminología e Industrias de la Lengua, El Colegio de México, México, 28-29 de noviembre del 2002.

7) Raúl Avila: «La pronunciación del español: medios de difusión masiva y norma culta», Nueva Revista de Filología Hispánica, tomo 51, n.º 1, 2003, pp. 57-80.

8) Raúl Avila: «La lengua española y sus variantes en los medios de comunicación masiva», en Gerd Wotjak (coord.): Pautas y pistas en el estudio del léxico hispano (americano), Verbuert : Iberoamericana, 2003, pp. 11-26.

9) Raúl Avila: «El español estándar y sus variedades en los medios de comunicación», ponencia presentada en el panel «Lengua, dialecto y medios: unidad internacional y variación local», III CILE, Rosario, 2004.

10) Raúl Ávila: De la imprenta a la Internet : la lengua española y los medios de comunicación masiva, México, D.F. , Colegio de México, 2006.

11) Humberto López Morales: La globalización del léxico hispánico, Madrid, Espasa, 2006.

 

• Bibliografía e historial del Proyecto para el estudio sociolingüístico del español de España-(PRESEEA), dirigido por Francisco Moreno Fernández:

1) Definición del proyecto:

PRESEEA es un proyecto para la creación de un corpus de lengua española hablada representativo del mundo hispánico en su variedad geográfica y social. Esos materiales se reúnen atendiendo a la diversidad sociolingüística de las comunidades de habla hispanohablantes.

PRESEEA agrupa a más de 30 equipos de investigación sociolingüística. Es el fruto del trabajo coordinado de investigadores comprometidos con una metodología común para reunir un banco de materiales coherente que posibilite su aplicación con fines educativos y tecnológicos.

Cuenta con el patrocinio y auspicio de la RAE, la ALFAL, la Fundación Comillas y la Univ. de Alcalá. Es de esperar que también se incopore a los nuevos corpus académicos, dado que en uno de sus grupos de trabajo está Guillermo Rojo.

2) Francisco Moreno Fernández: «El español en su variación geográfica y social: informe sobre el corpus “PRESEEA”», en Ana María Cestero Mancera, Isabel Molina Martos y Florentino Paredes García (coords.): Estudios sociolingüísticos del español de España y América , Madrid, Arco/Libros, 2006, pp. 15-34.

¿Es la nueva norma panhispánica una norma pluricéntrica y multipolar? II: La norma panhispánica como difícil abstracción de lo general en el habla culta

¿Es la nueva norma panhispánica una norma pluricéntrica y multipolar? II: La norma panhispánica como difícil abstracción de lo general en el habla culta

El malogrado padre del Proyecto de Estudio Coordinado de la Norma Lingüística Culta de las Principales Ciudades de Iberoamérica y de la Península Ibérica, Juan Manuel Lope Blanch, sobre los criterios de selección que, en su opinión, deberían aplicarse a todo ideal de norma unitaria (pan)hispánica («La norma lingüística hispánica», ponencia presentada en el panel «La norma hispánica» del II Congreso Internacional de la Lengua Española, Instituto Cervantes-RAE, Valladolid, 2001):

[...] hace ya más de siete lustros —37 años, para hablar con precisión1presenté a la Comisión de Lingüística y Dialectología Iberoamericanas del PILEI, que me honraba en presidir, el «Proyecto de estudio coordinado de la norma lingüística culta de las principales ciudades de Hispanoamérica», proyecto que fue acogido favorablemente y, en consecuencia, aprobado por los integrantes de dicha Comisión. Un año después la Asociación de Academias de la Lengua Española, al celebrar su IV Congreso (Buenos Aires, 1964), resolvió «recomendar a las academias que apoyen [el] proyecto», resolución que nunca llegó a hacerse realidad, no obstante lo cual el Proyecto se ha venido desarrollando a lo largo de los años, merced al respaldo de las principales instituciones filológicas del mundo hispánico.

[...]

El Proyecto mencionado nació en mí con el propósito de que pudiéramos llegar a determinar cuáles son los hechos lingüísticos propios de cada norma geográfica —de cada dialecto culto hispánico— que las caracterizan y, a la par, diferencian a unas de las otras. [...]

Modestamente, también yo, como mosquito impertinente, he insistido en la conveniencia de no descuidar el buen uso de nuestro idioma, de tratar de evitar o, al menos, de retardar todo lo posible la «evolución diversificadora», que tanto preocupaba a Dámaso Alonso [...]. Me parecía, y me sigue pareciendo, indispensable conocer cómo son, en nuestro tiempo, las hablas cultas de las principales ciudades del mundo hispánico, en cuanto focos de irradiación lingüística —modelos— dentro del ámbito geográfico correspondiente a cada una de ellas.

Las investigaciones realizadas hasta el momento parecen probar que la unidad esencial de la lengua española [de su modalidad culta] está sólidamente establecida, y que el temor a una posible fragmentación idiomática de nuestra lengua común está muy lejos de corresponder a una amenaza real histórica. [...]

Ahora bien, para lograr esa homogeneidad lingüística entre las hablas de 20 países soberanos, me parece que la aceptación, por parte de todos, de una norma hispánica general sería condición muy favorable. Bien se sabe que el concepto de norma lingüística es un concepto absolutamente relativo; que cada dialecto posee una o varias normas particulares, propias, válidas todas ellas dentro de sus diversos límites geográficos o socioculturales. Me parece obvio el hecho de que dialecto es toda manifestación real del sistema lingüístico abstracto que es la lengua, de manera que la lengua española está integrada por una gran variedad de dialectos nacionales y de subdialectos regionales, comarcales, locales y aun individuales —idiolectos—, cada uno de los cuales, por su parte, estará integrado por dialectos socioculturales diversos. [...] Queda bien claro: cada dialecto tiene su propia validez y se rige por una norma particular válida en su ámbito comunicativo; y el hombre culto, «el cortesano», hace bien en hablar como parece mejor, es decir, de acuerdo con una norma culta superior, pero no exclusiva ni negadora de la validez de las otras normas.

Mas no cabe duda de que esa norma culta, dentro de cada dialecto geográfico, es [...] la que da la pauta y sirve de modelo a muchas de las otras normas, y, sobre todo, la que más contribuye a mantener la unidad fundamental, básica, de la lengua, gracias a su proximidad con otras normas cultas de dialectos geográficamente distintos. En no pocos casos hay menos diferencias entre dos normas cultas de países diferentes, que entre las normas culta y popular de una misma ciudad. De ahí mi interés por estudiar —por lograr que fuera estudiada— la diversidad de «las normas cultas de las principales ciudades de Hispanoamérica».

Y ello fue desembocando en un nuevo océano de cuestiones lingüísticas. Primordialmente, en uno capital, de que me he ocupado ya, aunque siempre muy brevemente, en ocasiones anteriores: el concepto de norma hispánica ideal, dependiente de un ideal lingüístico colectivo. Aunque cabe preguntarse: «¿Existe, en realidad, un ideal de lengua? Y en el caso particular del español ¿existe, en verdad, un ideal de lengua hispánica? No dudo en dar respuesta afirmativa a ambas preguntas. Creo que en el seno de cualquier sociedad humana late —con mayor o menor fuerza— un ideal de lengua superior, una aspiración hacia un idioma perfecto, ejemplar, paradigmático [...]. Es evidente que en cada país hispanohablante existe una norma lingüística ejemplar, paradigmática, a la que los habitantes de cada nación tratan de aproximarse cuando de hablar bien se trata. Suele ella ser la norma culta de la ciudad capital: la madrileña para España, la bogotana para Colombia, la limeña para el Perú, etc. Éstas serían las normas ideales, o ejemplares, nacionales: española, colombiana, etc. Pero ¿existirá también una norma ideal internacional —española y americana—, una norma hispánica? Creo que sí [..]. Será ella la norma que reúna y compendie los hechos lingüísticos propios y comunes de todas las normas cultas nacionales. Norma ideal, por cuanto que no será la norma real de ninguna de las hablas hispánicas. Dicho de otra manera, esa norma hispánica ideal no debe identificarse con ninguna de las normas cultas nacionales. [...] Creo que ya va siendo innecesario reiterar que la lengua española no es sólo la lengua de España, sino también la de otras 19 naciones soberanas. [...] Ese ideal de lengua hispánica, repito, incluirá en su seno las formas y construcciones gramaticales propias de todas las hablas cultas nacionales, pero rechazará lo que la mayor parte de estas últimas rechacen como impropio, anómalo o incorrecto, por más que alguna —o una minoría de ellas— lo acepte como válido.

[...]

Decía líneas antes que la norma ideal hispánica estaría constituida por la totalidad de los hechos lingüísticos comunes a todas las normas nacionales cultas, de reconocido prestigio. Y el caso es que la inmensa mayoría de las formas gramaticales de nuestra lengua son, por fortuna, las mismas en todas partes. Por ello, acercarse a esa norma hispánica, sumarse a ella, no habrá de ser nada difícil. Las diferencias nacionales de carácter gramatical entre las hablas cultas de los diversos países hispanohablantes son pocas, muy pocas. No aludo ahora a las diferencias de carácter léxico, sino a la estructura gramatical del idioma español, incluyendo dentro de ella al sistema fonológico (no al fonético). Existen, sí, algunas divergencias gramaticales entre unas y otras normas cultas de los países hispanohablantes. [...]

Ahora bien, ¿cómo delimitar, cómo definir o establecer la norma hispánica general en los casos en que haya divergencias entre las diversas normas nacionales? Pueden presentarse dos situaciones diferentes: Una, que la forma propia de una de esas normas sea gramatical o socioculturalmente menos justificable que la otra forma en conflicto. Dos, que ambas formas sean igualmente justificables y estén respaldadas, cada una de ellas, por una norma nacional de prestigio. En el primer caso, no deberá haber conflicto: la forma divergente, menos justificable lingüística, histórica o geográficamente, no podrá considerarse como propia de la norma hispánica, aunque sea válida en una —o varias— normas nacionales. En el segundo caso, más delicado, habrá que aceptar las dos formas divergentes como propias de la norma hispánica, es decir, habrá que aceptarse una dualidad o una pluralidad de normas diferentes dentro de la norma hispánica ideal. Trataré de ejemplificar ambas posibilidades, así como, también, de proponer procedimientos o métodos capaces de determinar la superioridad de una forma sobre otra diferente.

[...]

Para determinar en algunos casos los límites de esa norma ideal, creo que puede ser instrumento auxiliar de gran valor la lengua escrita; lengua escrita en general, no sólo la estrictamente literaria, artística. [...] Tal cosa sucedería en el caso a que ya me he referido líneas antes sobre la diptongación de hiatos admisible en la norma culta mexicana —[pjór], [kwéte]— pero inadmisible en la norma hispánica: la lengua escrita, mexicana o de cualquier otra región dialectal, sigue exigiendo la grafía con hiato (peor, cohete, etc.). Y por exactamente la misma razón la norma hispánica rechazaría la eliminación del fonema dental sonoro /d/ en la terminación -ado —[kansáo], [demasjáo]—, pues tanto en España como en cualquier otro país de América la lengua culta sigue escribiendo -ado (cansado, etc.). Y algo semejante cabría decir, aún con mayor razón, de la fricatización y ensordecimiento de la dental -d final de palabra, o, en sentido opuesto, por esmero excesivo, de su ensordecimiento con oclusión tensa, en casos como [salúq], [karidáq] o, por el otro lado, [salút] y [karidát], pues tales voces se siguen escribiendo en todas partes con -d, y no con -q ni con -t. [...]

El académico Diccionario panhispánico de dudas, sobre los conceptos de norma culta y de español general (pp. xii-xv):

La norma culta

El español no es idéntico en todos los lugares en que se habla. En cada país, e incluso en cada zona geográfica y culturalmente delimitada dentro de cada país, las preferencias lingüísticas de sus habitantes son distintas, en algún aspecto, de las preferencias de los hablantes de otras zonas y países. Además, las divergencias en el uso no se deben únicamente a razones geográficas. También dependen en gran medida del modo de expresión (oral o escrito), de la situación comunicativa (formal o informal) y del nivel sociocultural de los hablantes.

Por su carácter de lengua supranacional, hablada en más de veinte países, el español constituye, en realidad, un conjunto de normas diversas, que comparten, no obstante, una amplia base común: la que se manifiesta en la expresión culta de nivel formal, extraordinariamente homogénea en todo el ámbito hispánico, con variaciones mínimas entre las diferentes zonas, casi siempre de tipo fónico y léxico. Es por ello la expresión culta formal la que constituye el español estándar: la lengua que todos empleamos, o aspiramos a emplear, cuando sentimos la necesidad de expresarnos con corrección; la lengua que se enseña en las escuelas; la que, con mayor o menor acierto, utilizamos al hablar en público o emplean los medios de comunicación; la lengua de los ensayos y de los libros científicos y técnicos. Es, en definitiva, la que configura la norma, el código compartido que hace posible que hispanohablantes de muy distintas procedencias se entiendan sin dificultad y se reconozcan miembros de una misma comunidad lingüística.

A pesar de la imposibilidad de dar cuenta sistemática de todas las variedades que de uno y otro tipo puedan efectivamente darse en las distintas regiones de habla hispana, el Diccionario panhispánico de dudas trata de orientar al lector para que pueda discernir, entre usos divergentes, cuáles pertenecen al español estándar (la lengua general culta) y cuáles están marcados geográfica o socioculturalmente.

Cotejo del criterio que Juan Manuel Lope Blanch creía que debía aplicarse a la variedad gramatical y fonético-fonológica del castellano (puesto que consideraba que «no vale la pena detenerse a considerar las diferencias —numerosísimas y profundas— de carácter léxico») en la elaboración de una norma (pan)hispánica unitaria, y el trato que da la actual norma académica a los ejemplos que Lope Blanch expone:

Primera situación. La norma culta mexicana acepta la falsa pluralidad del pronombre átono lo, la en el sintagma se lo con complemento indirecto plural: «(El libro) se los di a ellos», construcción obviamente agramatical, que no aceptará la norma hispánica.

[J. M. Lope Blanch: «La norma lingüística hispánica», ponencia presentada en el panel «La norma hispánica» del II Congreso Internacional de la Lengua Española, Instituto Cervantes-RAE, Valladolid, 2001.]

***

b) En el español de muchos países de América, es frecuente, especialmente en registros populares o coloquiales, trasladar a la forma singular del pronombre átono de acusativo en función de complemento directo el rasgo de plural correspondiente al complemento indirecto, cuando este va representado por la forma invariable se: ´«¡No entienden que este es mi espacio, es mi lugar! Cuántas veces quieren que se los diga» (Purroy Desertor [Ven. 1989]), en lugar de Cuántas veces quieren que se lo diga. Aunque en algunos países esta transferencia indebida se ha extendido incluso entre hablantes cultos, se recomienda evitarla en el habla esmerada.

[RAE-ASALE: Diccionario panhispánico de dudas, s. v. Pronombres Personales Átonos, § 6b.]

Por otra parte, la norma lingüística madrileña admite la inclusión innecesaria de la preposición a en el sintagma a por (recuérdese el famoso «A por los trescientos» prebélico), cosa que no deberá formar parte de la norma hispánica general.

[J. M. Lope Blanch: «La norma lingüística hispánica», ponencia presentada en el panel «La norma hispánica» del II Congreso Internacional de la Lengua Española, Instituto Cervantes-RAE, Valladolid, 2001.]

***

2. a por. El uso de esta secuencia preposicional pospuesta a verbos de movimiento como ir, venir, salir, etc., con el sentido de ‘en busca de’, se percibe como anómalo en el español de América, donde se usa únicamente por: «Voy por hielo y cervezas a la tienda» (Victoria Casta [Méx. 1995]). En España alternan ambos usos, aunque en la norma culta goza de preferencia el empleo de por: «¿Qué haces ahí? ¡Vete por el medicamento, por Dios!» (Aparicio Retratos [Esp. 1989]); «¿Te vas? [...] —Sí, bajo a por tabaco» (MtnGaite Fragmentos [Esp. 1976]). En realidad, no hay razones para censurar el uso de a por, pues en la lengua existen otras agrupaciones preposicionales, como para con, de entre, por entre, tras de, de por, etc., perfectamente normales. La secuencia a por se explica por el cruce de las estructuras ir a un lugar (complemento de dirección) e ir por algo o alguien (‘en busca de’), ya que en esta última está también presente la idea de ‘movimiento hacia’.

[RAE-ASALE: Diccionario panhispánico de dudas, s. v. A, acepción 2, § 2.]

Segunda situación: las dos formas lingüísticas divergentes reúnen características o méritos suficientes para ser tenidas como absolutamente válidas dentro del habla culta hispánica. [...] en el caso de la violenta debilitación de empleo de la forma pronominal vosotros (y de su correspondiente posesiva vuestro) en beneficio de ustedes (y de suyo) común en la mayor parte de las hablas hispánicas de alto prestigio: «Hijitos: ustedes deben cuidar sus juguetes con cariño, para que no los rompan»; naturalmente que la aceptación de estos usos no implica, de ningún modo, el rechazo, por parte de la norma hispánica culta, de las formas históricas tradicionales vosotros y vuestro.

[J. M. Lope Blanch: «La norma lingüística hispánica», ponencia presentada en el panel «La norma hispánica» del II Congreso Internacional de la Lengua Española, Instituto Cervantes-RAE, Valladolid, 2001.]

***

4. Frente a y vos (→ y vos), el singular usted es la forma empleada en la norma culta de América y de España para el tratamiento formal; en el uso más generalizado, usted implica cierto distanciamiento, cortesía y formalidad: «Usted escriba su reclamación en un papel» (Leñero Mudanza [Méx. 1979]); «Ustedes perdonen. Soy el Oficial del Juzgado» (Suárez Dios [Esp. 1987]). El mismo valor presenta la forma de plural ustedes, frente a vosotros (→ vosotros), en la mayor parte de España: «Siéntense, se lo ruego. Ustedes no se conocen: el señor Germán Hernando, el señor Juan Antonio Molero» (Marsillach Ático [Esp. 1995]). En cambio, en todo el territorio americano y, dentro de España, en Andalucía occidental y Canarias, ustedes es la única forma empleada para referirse a varios interlocutores, tanto en el tratamiento formal como en el informal: «Quiero hacerles un presente, expresión de nuestro cariño y simpatía por ustedes» (Aguilera Pelota [Ec. 1988]); «A ver, niños, ¿a ustedes les gustan los dulces?» (Maldonado Latifundios [Col. 1975]).

[RAE-ASALE: Diccionario panhispánico de dudas, s. v. Usted, § 4.]

Tal vez sea diferente el caso del voseo propio de algunas hablas hispanoamericanas de indudable prestigio actual, como las del Río de la Plata: no goza del respaldo cultural y social del pasado histórico de la lengua española —de que sí gozan, indudablemente, vosotros y vuestro—, ya que durante el siglo XVI la forma pronominal vos fue siendo arrinconada en España y en América por el cortesano procedente de la metrópoli española. Válido, indudablemente, dentro de las hablas cultas que lo han mantenido hasta nuestros días, quizá su validez no alcanza a la norma hispánica general.

[J. M. Lope Blanch: «La norma lingüística hispánica», ponencia presentada en el panel «La norma hispánica» del II Congreso Internacional de la Lengua Española, Instituto Cervantes-RAE, Valladolid, 2001.]

***

2.4. Aceptación del voseo en la norma culta. Las diversas modalidades voseantes gozan hoy de diferente estimación:

2.4.1. En líneas generales, la norma culta prefiere el tuteo en el Perú, Bolivia, América ecuatorial —excepción hecha de Zulia y la franja occidental colombiana—, Panamá, México y las Antillas. En estas zonas el voseo carece de prestigio y es indicador de escasa formación.

2.4.2. Salvo en Panamá (→ 2.4.1), el voseo de tipo rioplatense goza de total aceptación en la norma culta centroamericana, pero como fenómeno propio del habla familiar. El tuteo, en cambio, es la norma de prestigio y, por tanto, la recomendada en situaciones de formalidad intermedia.

En Nicaragua y en Costa Rica, donde se suele vosear al hablar, son más prestigiosas las formas de tuteo en la expresión escrita.

En Chile, el voseo verbal es aceptado en la norma culta, pero solo en situaciones de familiaridad; en situaciones de formalidad intermedia es más prestigioso el tuteo. Menos aceptación tiene, en cambio, el voseo pronominal.

2.4.3. En los países del Río de la Plata, el voseo goza de total aceptación en la norma culta, tanto en la lengua escrita como en la oral, y ha sido explícitamente reconocido como legítimo por la Academia Argentina de Letras. En lo que respecta al voseo culto rioplatense, debe tenerse en cuenta lo siguiente:

a) Se prefieren las formas verbales de tuteo en el pretérito perfecto simple o pretérito de indicativo (comiste, mejor que comistes) y en el presente de subjuntivo (hagas, mejor que hagás).

b) Son vulgares las terminaciones en -ís (´comís por comés).

c) Se usan has, sos (no ´sós; tilde2, 1.2) y vas como formas de presente de indicativo de haber, ser e ir, respectivamente. No son propios de la norma culta los presentes ´habés, ´habís, ´soi y ´vai.

d) En el imperativo, las formas del verbo andar (andá, andate) sustituyen a las de ir.

[RAE-ASALE: Diccionario panhispánico de dudas, s. v. Voseo, acepción, § 2.4.]

Dentro de este territorio lexicográfico quisiera referirme a un solo hecho particular, al que ya me he referido en anterior ocasión, por cuanto que, más allá de su individual pertinencia, ejemplifica adecuadamente una actitud que juzgo peligrosa para la conservación de la unidad fundamental de la lengua española. Se trata de la elección castellana de ordenador para denominar a la máquina que todo el resto del mundo hispanohablante llama computador(a). No creo que importe mucho que en España, no obstante haberse empleado inicialmente la voz computador, se decidiera después sustituirla por ordenador, de ascendencia francesa (que también extranjera es la procedencia de computadora); lo que importa, en mi opinión, es la desatención castellana al hecho de que los demás países hispanohablantes habían optado unánimemente por el término computador(a). Creo que, en beneficio de la unidad fundamental del idioma, todas las normas nacionales deberían tratar de ajustarse a la norma más general, a la que, así, se convertiría en la norma hispánica común, evitando posibles fragmentaciones innecesarias. En el caso particular que he tomado como ejemplo, computadora es la voz propia de la norma hispánica, en tanto que ordenador es un dialectalismo, un españolismo léxico; y así debería constar en el Diccionario de la Real Academia, cosa que lamentablemente aún no sucede: en la 4.ª acepción de ordenador, el DRAE (1992) define a esa «Máquina electrónica...» sin indicar delimitación geográfica de empleo, como si fuera la voz de uso general y común en los 20 países hispanohablantes.

[J. M. Lope Blanch: «La norma lingüística hispánica», ponencia presentada en el panel «La norma hispánica» del II Congreso Internacional de la Lengua Española, Instituto Cervantes-RAE, Valladolid, 2001.]

***

computador -ra. ‘Máquina electrónica capaz de realizar un tratamiento automático de la información y de resolver con gran rapidez problemas matemáticos y lógicos mediante programas informáticos’. Estas formas son las usadas mayoritariamente en el español de América, por influjo del inglés computer. Según las zonas, existen distintas preferencias: en la mayoría de los países de América se prefiere el femenino computadora, mientras que el masculino computador es de uso mayoritario en Chile y Colombia. En España se usa preferentemente el término ordenador, tomado del francés ordinateur.

[RAE-ASALE: Diccionario panhispánico de dudas, s. v. Computador.]

ordenador, ra.

(Del lat. ordinātor, -ōris).

1. adj. Que ordena. U. t. c. s.

2. m. Jefe de una ordenación de pagos u oficina de cuenta y razón.

3. m. Esp. computadora electrónica.

ordenador personal.

1. m. Computador de uso individual.

~ portátil.

1. m. Inform. Computadora de tamaño pequeño, diseñada para poder ser transportada con facilidad y dotada de cierta autonomía de funcionamiento.

[RAE: Diccionario de la Real Academia Española, avance en línea de la vigésima tercera edición, s. v. Ordenador.]

 

computador, ra.

1. adj. Que computa (|| calcula). U. t. c. s.

2. m. calculador (|| aparato que obtiene el resultado de cálculos matemáticos).

3. m. computadora electrónica.

~ electrónico.

1. m. computadora electrónica.

computador personal.

1. m. ordenador personal.

[RAE: Diccionario de la Real Academia Española, avance en línea de la vigésima tercera edición, s. v. Computador, ra.]

 

computadora.

(De computador).

1. f. calculador (|| aparato que obtiene el resultado de cálculos matemáticos).

2. f. computadora electrónica.

~ electrónica.

1. f. Máquina electrónica, analógica o digital, dotada de una memoria de gran capacidad y de métodos de tratamiento de la información, capaz de resolver problemas matemáticos y lógicos mediante la utilización automática de programas informáticos.

~ personal.

1. f. computadora electrónica de dimensiones reducidas, con limitaciones de capacidad de memoria y velocidad, pero con total autonomía.

[RAE: Diccionario de la Real Academia Española, avance en línea de la vigésima tercera edición, s. v. Ordenador, Computador/ra y Computadora.]

Frente a los miles y miles de estructuras sintácticas propias del español general, las diferenciaciones dialectales son escasísimas. Sólo recuerdo una verdaderamente profunda y grave, que es la que se refiere a un uso mexicano de la preposición hasta —y de la locución conjuntiva hasta que—, contraria a la norma hispánica general. Grave, por cuanto que llega a significar lo contrario de lo que expresa en el español general: esto es, no el límite final de una acción durativa o reiterada —como en “Estudió hasta los doce años solamente” o “Estuve enviándole libros hasta que se murió”—, sino el límite inicial o el momento de realización de un acto puntual, como “El trabajó hasta los treinta años”, por decir que a los 30 años comenzó a trabajar, es decir, lo que en español general sería “no trabajó hasta los 30 años”; o “Lo ejecutan hasta el domingo próximo”.

[Juan Manuel Lope Blanch: «Variedad y homogeneidad en la lengua española», en Juan Villegas (coord.): Actas Irvine-92: [Actas de XI Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas], Vol. 1, 1984 (De historia, lingüísticas, retóricas y poéticas).]

***

2. En algunas zonas de América, especialmente en México, en la zona costera del Ecuador, en América Central y en Colombia, se produce un fenómeno inverso, esto es, la supresión de la negación no delante del verbo en oraciones con hasta, con lo que el enunciado puede interpretarse en sentidos diametralmente opuestos. Así, en estas zonas, una oración como Se abre hasta las tres puede significar que se cierra a las tres (sentido que tendría en el español general) o justamente lo contrario, que se abre a partir de las tres. Para evitar los casos de ambigüedad a que puede dar lugar, se recomienda acomodar el uso de hasta en estas zonas al del español general y colocar la negación correspondiente delante del verbo: No se abre hasta las tres, o bien dejar el verbo en forma afirmativa y sustituir la preposición hasta por a: Se abre a las tres.

[RAE-ASALE: Diccionario panhispánico de dudas, s. v. Hasta, § 2.]

¿Es la nueva norma panhispánica una norma pluricéntrica y multipolar? I: Qué y cómo es la lengua española y qué y cómo es un estándar lingüístico

¿Es la nueva norma panhispánica una norma pluricéntrica y multipolar? I: Qué y cómo es la lengua española y qué y cómo es un estándar lingüístico

 

El lingüista español Juan Carlos Moreno Cabrera, en El nacionalismo lingüístico (Península, 2008, pp. 154 y 155), sobre el mito de las lenguas unitarias:

[...] no hay ninguna lengua unitaria. El concepto de unitariedad lingüística es político y cultural, no lingüístico.

Los lingüistas saben perfectamente que todas las lenguas que se hablan realmente [...] están constituidas por una serie de variedades lingüísticas (llámense dialectos o hablas, según su amplitud geográfica) que forman una cadena de solidaridad lingüística con eslabones contiguos o eslabones más separados. Esto pasa con el euskera, pero también con el español o el inglés que, al ser lenguas con mayor amplitud geográfica, tienen muchísimas más variantes lingüísticas que el euskera. El español se realiza en al menos cincuenta y ocho variedades lingüísticas (Moreno Cabrera, 2003: 188-189), y el inglés en al menos ochenta variedades lingüísticas (Moreno Cabrera, 2003: 147-149). Como las personas que hablan cada una de esas variedades lingüísticas no cabe duda de que hablan una lengua humana (no una jerga incomprensible) entonces se podría perfectamente decir, desde el punto de vista estrictamente lingüístico, que el español es una familia de cincuenta y ocho lenguas y el inglés es una familia de al menos ochenta lenguas. Si no se ven así estas lenguas no es por consideraciones estrictamente lingüísticas, sino por factores ideológicos o políticos, ante los que sucumben la mayoría de los catálogos de lenguas que circulan por ahí, en los que, por ejemplo, se incluye el inglés como una lengua unitaria frente a otras lenguas, que aparecen segmentadas en innumerables dialectos y variedades, sin aclarar o dar a entender que todas esas variedades constituyen una cadena de solidaridad lingüística más o menos compleja. [Con respecto a Ethnologue] Una crítica en esta dirección puede encontrarse en López Rivera y Moure (2002).

El nacionalismo lingüístico profesado por muchos lingüistas les impide aplicar los criterios que se usan para tratar determinadas lenguas a la lengua nacional propia que, por su supuesta superioridad intrínseca, escapa al desarrollo lingüístico normal y, por tanto, es inmune a las leyes de la evolución lingüística [...]».

[Referencias bibliográficas citadas:

J. J. López Rivera y T. Moure: «Ideoloxía e lingüística, un equilibrio inestable: o caso do Ethnologue», en: Homenaxe a Fernando R. Tato Plaza, Santiago de Compostela, Universidade de Santiago de Compostela, 2002.

Juan Carlos Moreno: El universo de las lenguas: clasificación, denominación, situación, tipología, historia y bibliografía de las lenguas, Madrid, Castalia, 2003.]

El lingüista y lexicógrafo mexicano Luis Fernando Lara, en «Por una reconstrucción de la idea de la lengua española. Más allá de las fronteras instituidas» (en J. del Valle (ed.): La lengua, ¿patria común?, Madrid: Vervuert Iberoamericana. 2007, pp. 163-181; citadas: pp. 179 y 180), sobre las dinámicas y pluricéntricas normas implícitas del castellano y sobre los centros y agentes de difusión de normas ejemplares:

[...] el español actual es […] “pluricéntrico”, no “concéntrico”, como imagina la idea predominante de la lengua; no un español “general” o “estándar” centrado en Madrid (con la Academia y los “manuales de estilo” de la prensa española como principales agentes normativos), y rodeado de “variedades dialectales” españolas e hispanoamericanas, sino un dinámico conjunto de españoles nacionales, regionales históricos (por ejemplo, el andaluz occidental, el antillano, el centroamericano, el rioplatense, el yucateco), y regionales modernos, creados por las comunidades nacionales de comunicación (por ejemplo, el andaluz sevillano actual, el español catalán, el andino, el del centro de México; incluso el que hablan indios mexicanos bilingües, influido por sus lenguas maternas), que alteran su antigua constitución. Pero además de “pluricéntrico”, el español actual es “multipolar”, pues algunas de esas variedades nacionales y regionales son, también, focos de irradiación de características lingüísticas y de normas de corrección, difundidas por su prestigio socio-político y sus medios de comunicación. Por ejemplo, sin duda Barcelona y Madrid son polos de irradiación contemporánea, gracias a su industria editorial y al papel económico que tienen en España; las ciudades de Buenos Aires, de Bogotá y e México, igualmente. El español nacional mexicano irradia su fonética y buena parte de sus peculiaridades gramaticales y léxicas hacia Centroamérica y las comunidades hispanohablantes de los Estados Unidos de América, particularmente por la televisión y la prensa. Las ciudades de Miami y Los Ángeles, núcleos de poderosa difusión mediática hacia todo el mundo hispánico, se vuelven cada día más claros polos de la lengua española, aun cuando no hayan formado parte de la tradición histórica hispánica. Estas últimas, polos de consumo mediático mal llamado “latino”, podrían contribuir a crear una koiné española —no un “espanglish”— que esterilice las tradiciones históricas del español y haga de la lengua un instrumento de penetración de la ideología estadounidense.

Una idea de la lengua acorde con esta realidad contemporánea del español necesita seguir orientándose por el valor de la unidad de la lengua, como principal medio de comunicación entre todos los hispanohablantes; pero no una lengua “unificada” por ninguno de sus centros o de sus polos, sino en constante regeneración por sus tradiciones escritas —centrípetas— y habladas —centrífugas—. Algo que se puede lograr, gracias a los actuales medios de comunicación y a la educación.

El malogrado padre del Proyecto de Estudio Coordinado de la Norma Lingüística Culta de las Principales Ciudades de Iberoamérica y de la Península Ibérica, Juan Manuel Lope Blanch, sobre la necesidad extralingüística de crear un estándar unitario (pan)hispánico («La norma lingüística hispánica», ponencia presentada en el panel «La norma hispánica» del II Congreso Internacional de la Lengua Española, Instituto Cervantes-RAE, Valladolid, 2001):

Entre los muchos beneficios que la unidad básica de nuestro idioma proporciona, hay uno particular, que acaso para los filólogos y los humanistas en general no sería de primordial importancia: el económico. Dentro de este gran congreso vallisoletano existe toda una sección dedicada a ese aspecto financiero en relación con la lengua española. A tal sección remito, escuetamente, lo que ya he dicho en otras ocasiones: «Habría que hacerle entender [al hispanohablante común] la extraordinaria importancia que la conservación de la unidad lingüística tiene para el mantenimiento de la cohesión histórica, política, económica y cultural del conjunto de pueblos iberoamericanos, cuyo peso dentro del conjunto de las naciones depende precisamente de su existencia como bloque: poca es la influencia que cada una de las naciones de lengua española puede aún ejercer dentro del concierto de naciones; pero nada desdeñable es ya su peso en cuanto bloque de países iberoamericanos». Dentro de los organismos internacionales, los 20 votos de las naciones hispánicas pueden tener importancia decisiva; y la capacidad de consumo de casi 400 millones de personas puede ser atractivo poderosísimo en la política económica mundial.

En la página de la Real Academia Española, sobre la nueva política lingüística panhispánica:


La política lingüística panhispánica

En los últimos años, la Real Academia Española y las veintiuna Academias de América y Filipinas que con ella integran la Asociación de Academias de la Lengua Española vienen desarrollando una política lingüística que implica la colaboración de todas ellas, en pie de igualdad y como ejercicio de una responsabilidad común, en las obras que sustentan y deben expresar la unidad de nuestro idioma en su rica variedad: el Diccionario, la Gramática y la Ortografía.
Este decidido compromiso académico de avanzar en una acción conjunta trasciende el ámbito lingüístico para constituirse en un refuerzo de lo que es la más sólida base de unión de los pueblos hispánicos en la Comunidad Iberoamericana de Naciones: el idioma. Las facilidades de comunicación ofrecidas por las nuevas tecnologías han favorecido el trabajo concertado de las Academias, que, de este modo, han forjado una poderosa y activa red de colaboración que, más allá de cualquier retórica fácil, materializa una política de alcance internacional.

Unidad en la diversidad

Una tradición secular, oficialmente reconocida, confía a las Academias la responsabilidad de fijar la norma que regula el uso correcto del idioma. Las Academias desempeñan ese trabajo desde la conciencia de que la norma del español no tiene un eje único, el de su realización española, sino que su carácter es policéntrico. Se consideran, pues, plenamente legítimos los diferentes usos de las regiones lingüísticas, con la única condición de que estén generalizados entre los hablantes cultos de su área y no supongan una ruptura del sistema en su conjunto, esto es, que ponga en peligro su unidad. [...]

El gran ideólogo del actual y globalizado nacionalismo panhispánico que fue J. R. Lodares, sobre las ventajas e inconvenientes de una norma pluricéntrica para la consagración de la unidad de la comunidad hispánica (El porvernir del español, Taurus, 2004, pp. 95-101):

El concepto de lengua común y, por tanto, la idea de que conviene fijar unas normas de corrección idiomática (en la pronunciación, la ortografía, la gramática o el vocabulario) que hagan útil y efectiva dicha comunidad no es algo que surja en las sociedades por simple natu­raleza. Generalmente obedece a necesidades propias del poder político, de la administración, de la actividad legislativa o del comercio y concierne a grupos sociales ligados a tales actividades. La ideología de la lengua estándar es eso mismo: la obediencia que uno debe a determinadas normas lingüísticas para entenderse con quien a su vez, las obedece. Todo por mutuo beneficio.

Si la ideología del estándar se abandona a favor de usos particulares, exagerando todo lo que define a una comunidad pequeña y la distingue de otras, se abre una puerta hacia la disgregación lingüística y, una vez abierta, puede resultar difícil de cerrar. [...]

Hay que considerar también otra circunstancia: si en­tre los siglos XVI y XIX la ideología del estándar tenía ca­rácter aproximadamente uniforme, basado en un mo­delo, que era el castellano (de Castilla), y en el hablar de la gente notable y discreta, en el XX tiene carácter pluricéntrico, es decir, se considera que el español correcto no radica en un lugar concreto y que los usos de Monte­video no son mejores ni peores que los de Madrid, ni el Toledo castellano tiene más autoridad idiomática que el Toledo uruguayo; solo de manera muy general po­dría decirse que el uso de España (que tampoco es uni­forme) hace idealmente de árbitro para los americanos. En cuanto a la gente noble y discreta, ya no se sabe cuál es ni cómo habla y, por lo demás, en los grandes medios de telecomunicación se oye a discreción a futbolistas, ac­trices, cantantes de moda, reinas de la belleza, políticos en campaña y gente corriente que ha ganado algún con­curso o ha sido testigo de alguna desgracia, siendo escaso el tipo académico. Como todo en la vida, la transición de la «ideología del estándar» desde el uniformismo al pluricentrismo tiene ventajas e inconvenientes.

Las ventajas no hace falta ponderarlas: todos los hablantes se sienten partícipes de la marcha del idioma. Ninguno es superior al otro, ni habla mejor ni peor. To­dos colaboran, cada cual a su modo. Ninguno se ve en la necesidad de imitar al vecino, ya esté cercano, ya viva a miles y miles de kilómetros. Supongamos, por un mo­mento, que el acento de Buenos Aires se considerara el árbitro de la corrección idiomática. ¿Qué problemas no causaría hacer que todo no bonaerense se pasara a él? Para empezar, sobre el resto del dominio hispanohablante se cerniría una especie de complejo de inferiori­dad y ello no sería bueno para la gente y, por lo mismo, para el idioma. Muchos preferirían hablar «mal» lo pro­pio a tener que imitar a un vecino lejano para hablar «bien». Por paradójico que pueda parecer, el estableci­miento de una norma basada en un modelo concreto, es decir, un estándar férreamente uniforme más allá de la ortografía, sería la mejor receta para que la idea de comunidad lingüística quedara hecha añicos.

El estándar pluricéntrico permite hoy a los usuarios del idioma sentirse cómodos en casa y, si hay que comunicarse con un vecino, tampoco tendrán necesidad de disimular su procedencia. Antiguamente, sin embargo, algunos americanos sí se veían en la necesidad imperiosa de presentar excusas, cuando se dirigían a los hablantes españoles, por si cometían el desliz de introducir usos locales, típicos de América, en su conversación o escri­tura. La excusa no era porque el localismo pudiera inte­rrumpir la comunicación, sino porque el americanismo se consideraba, para muchos peninsulares, cosa de pa­letos. Antiguamente, claro está, la mayoría de los hispa­nohablantes vivía en España y es posible que el america­no tuviera cierto complejo de inferioridad. El insigne Andrés Bello, venezolano de nacimiento, escribía patata pero no pronunciaba otra cosa que papa. Hoy ocurre justo al revés: en España vive una minoría de hablantes de español y los americanos se curaron el complejo de inferioridad hace mucho tiempo, o mejor dicho, los peninsulares abandonaron el complejo de superioridad que en ocasiones habían mostrado.

En suma, la ventaja del estándar pluricéntrico es que nos hace tolerantes y evita —no siempre, por supuesto— los casos de discriminación lingüística por razones geográficas: amplía el margen de aquello que estamos dis­puestos a escuchar considerándolo también «nuestro». Es como si entendiéramos varias lenguas con absoluta naturalidad dentro de nuestra propia lengua. Por lo de­más, y por muy pluricéntrico que sea el estándar, los his­panohablantes tienen «puntos de encuentro» donde coinciden todos: la ortografía, por ejemplo, es el más notable de ellos. También lo es la lengua literaria. Muchos son los modos de pronunciar el idioma, pero solo hay una manera de escribirlo con corrección: ajustándo­se a las normas que dictan las academias. Por eso mismo, cuando se ponen en entredicho los «puntos de encuentro» (cuando alguien quiere, por ejemplo, inventarse ortografías «a la dominicana», «a la extremeña», «a la argentina»...) o abusa de los localismos a la hora de hablar o escribir, se advierten los inconvenientes del pluricentrismo.

Efectivamente, el gran peligro del estándar pluricéntrico —un peligro que no conviene descuidar— es su po­der de realzar las funciones separatistas de la variedad idiomática, dando entidad a normas locales a las que se les otorgue el valor de suficientes y soberanas. Se olvida así que la comunidad lingüística es un canal internacio­nal que va mucho más allá de nuestro entorno y que, para que nos resulte plenamente útil, conviene estar atentos a cómo se expresa el vecino. Es verdad que siempre pueden surgir variedades excéntricas, hablas parti­culares y localizadas en una región o en un grupo social, incluso pueden lograr cierta autonomía comunicativa, pero ¿tendrán capacidad de fragmentar el tronco normativo del idioma?

El peligro general del pluricentrismo es fácil de entender: si todo vale, nada vale. Si se da entidad al localismo, no solo se arruinará lo común sino que lo local no interesará a nadie. [...] Aunque no sería imposible que variantes locales dentro del pro­pio español ganaran entidad política, institucional y, consecuentemente, normativa, tal circunstancia no deja de ser, por ahora, mera hipótesis. No hay que olvidar que el localismo y la autodefinición también tienen sus frenos.

La riqueza de las lenguas, 7: el mito del castigo de Babel

La riqueza de las lenguas, 7: el mito del castigo de Babel

 

«Existe una teoría singular de los orígenes del lenguaje en la obra de un pensador árabe del siglo XI, lbn Hazm. Los lenguas no pueden haber nacido por convención, porque para establecer las reglas los seres humanos habrían tenido necesidad de una lengua precedente. Existió por lo tanto al principio una lengua dada por Dios, y tan rica de nombres y de sinónimos que a través de ella Adán ha podido nombrar sin ambigüedad todas las cosas del universo. Pero entonces esa lengua debe comprender todas las lenguas. La confusión que habría seguido no debería entonces responder a la invención de nuevas lenguas, sino a la fragmentación de aquella lengua única que existía ab initio, y en la que estaban contenidas todas las lenguas por venir.

El don recibido por Adán era el multilingüismo. Precisamente por esto todos los seres humanos son capaces de comprender la revelación, en cualquiera que sea la lengua en la que se expresen.

En tal caso, y una vez más, Babel no representaría la herida de la que se debe sanar, sino el don primordial que debemos reconquistar

(Umberto Eco: «La búsqueda de la lengua perfecta en la lengua europea», ClC, n.º 4, pp. 133-147 Servicio de Publicaciones, Universidad Complutense de Madrid, 1999.)

 

 

La riqueza de las lenguas, 6: el coste del multilingüismo, o la taza de café de cada uno

La riqueza de las lenguas, 6: el coste del multilingüismo, o la taza de café de cada uno

 

«Hace poco, la Unión Europea (UE) calculó, alarmada, el costo que tendrá para la administración la ampliación de la UE a 25 estados, con más de 25 lenguas. Repartido ese costo entre el número de hablantes de esas lenguas, equivale, según la UE, al pago de una taza de café anual por hablante. Un costo así, que en el caso de México podemos suponer proporcionalmente menor, debe ser asumido por el Estado, si con ello logra proporcionar justicia y horizontes de mejor vida a todos sus ciudadanos. Digamos que la lengua materna bien vale una taza de café.»

(L. F. Lara: «¿Por qué no hay una política lingüística de México?», en Roland Terborg y Laura García Landa (coords.): Los retos de la planificación del lenguaje en el siglo XXI, México: UNAM, 2006, vol. II, pp. 489-500; se puede leer parcialmente en Google Books.)

Estatus constitucional del castellano/español en América Latina, África y España

Estatus constitucional del castellano/español en América Latina, África y España

(NOTA BENE: Se ofrecen los datos de las constituciones políticas vigentes de los países citados. Se ha comprobado que las reformas posteriores que hayan podido realizarse sobre el texto constitucional aprobado no afectaran al asunto lingüístico.)

 

Oficialidad con denominación castellano,  en algunos casos en régimen de cooficialidad: 8 países

Bolivia (constitución política vigente [CPV] del 2007): El título I, capítulo 1.º, artículo 5, párrafo 1, establece: «Son diomas oficiales del Estado el castellano y todos los idiomas de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, que son el aymara, araona, baure, bésiro, canichana, cavineño, cayubaba, chácobo, chimán, ese ejja, guaraní, guarasu’we, guarayu, itonama, leco, machajuyaikallawaya, machineri, maropa, mojeño-trinitario, mojeño-ignaciano, moré, mosetén, movima, pacawara, puquina, quechua, sirionó, tacana, tapiete, toromona, uru-chipaya, weenhayek, yaminawa, yuki, yuracaré y zamuco».

 

Colombia (CPV de 1991): El título I, artículo 10, dice: «El castellano es el idioma oficial de Colombia. Las lenguas y dialectos de los grupos étnicos son también oficiales en sus territorios. La enseñanza que se imparta en la comunidades con tradiciones lingüísticas propias será bilingüe».

 

Ecuador (CPV del 2008): El título I, artículo 1, de la nueva Constitución dice: «El castellano es el idioma oficial del Ecuador; el castellano, el kichwa y el shuar son idiomas oficiales de relación intercultural. Los demás idiomas ancestrales son de uso oficial para los pueblos indígenas en las zonas donde habitan y en los términos que fija la ley. El Estado respetará y estimulará su conservación y uso».

 

El Salvador (CPV de 1983): La sección III, artículo 62, dice: «El idioma oficial de El Salvador es el castellano. El gobierno está obligado a velar por su conservación y enseñanza. Las lenguas autóctonas que se hablan en el territorio nacional forman parte del patrimonio cultural y serán objeto de preservación, difusión y respeto». 

 

España (CPV de 1978): El artículo 3 del título preliminar establece: «1. El castellano es la lengua española oficial del Estado. 2. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho de usarla. 3. Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos».

 

Paraguay (CPV de 1992): En la parte II, título I, artículo 140, se dice: «El Paraguay es un país pluricultural y bilingüe. Son idiomas oficiales el castellano y el guaraní. La ley establecerá las modalidades de utilización de uno y otro. Las lenguas indígenas, así como las de otras minorías, forman parte del patrimonio cultural de la Nación». 

 

Perú (CPV de 1993): El título II, capítulo 1.º, artículo 48 establece que «Son idiomas oficiales el castellano y, en las zonas donde predominen, también lo son el quechua, el aimara y las demás lenguas aborígenes, según la ley».

 

Venezuela (CPV de 1999): El título I, artículo 9, dice: «El idioma oficial es el castellano. Los idiomas indígenas también son de uso oficial para los pueblos indígenas y deben ser respetados en todo el territorio de la República, por constituir patrimonio cultural de la Nación y de la humanidad».

 

Oficialidad con denominación español, en algunos casos en régimen de cooficialidad: 8 países

Costa Rica (CPV de 1999):  en el título 6, artículo 76, se establece: «El español es el idioma oficial de la Nación. No obstante, el Estado velará por el mantenimiento y cultivo de las lenguas indígenas nacionales. (Así agregado por el artículo 2 de ley No.5703 de 6 de junio de 1975 y posteriormente reformado en la forma vista por el artículo 1 de la ley No.7878 de 27 de mayo de 1999)».

 

Cuba (CPV de 1992): el capítulo I, artículo 2, establece: « El nombre del Estado cubano es República de Cuba, el idioma oficial es el español y su capital es la ciudad de La Habana».

 

Guatemala (CPV de 1993): En el título III, capítulo I, artículo 143, se establece: «Idioma oficial. El idioma oficial de Guatemala es el español. Las lenguas vernáculas, forman parte del patrimonio cultural de la Nación».

http://www.mspas.gob.gt/menu/marco_legal/constitution_guatemala.pdf

 

Guinea Ecuatorial (CPV de 1991): El artículo 4 del título I señala: «La lengua oficial de la República de Guinea Ecuatorial es el Español. Se reconoce las lenguas aborígenes como integrantes de la cultura nacional».

 

Honduras (CPV de 1982): Según el título I, capítulo I, artículo 6: «El idioma oficial de Honduras es el español. El Estado protegerá su pureza e incrementará su enseñanza». 

 

Nicaragua (CPV de 1987): El título II, artículo 12, dice: « El español es el idioma oficial del Estado. Las lenguas de las Comunidades de la Costa Atlántica de Nicaragua también atendrán uso oficial en los casos que establezca la ley».

 

Panamá (CPV de 1972): Según el título I, artículo 7: «El español es el idioma oficial de la República».

 

Rep. Dominicana (CPV del 2010): por primera vez se declara oficial el español en la Constitución del 2010. El artículo 29 del capítulo VII («Del idioma oficial y los símbolos patrios») dice: «El idioma oficial de la República Dominicana es el español».

Usualmente se llama «español» a la lengua.

[Actualización: abril del 2013]

 

Sin lengua(s) oficial(es) explícita(s): 5 países

Argentina (CPV de 1994): no se menciona lengua oficial. Usualmente se llama «castellano» a la lengua.

 

Chile (CPV del 2001): no se menciona lengua oficial. Usualmente se llama «castellano» a la lengua.

 

México (CPV de 1917): no se menciona lengua oficial. Usualmente se llama «español» a la lengua.

Más información.

 

Puerto Rico (CPV de 1952): no se menciona lengua oficial. Usualmente se llama «español» a la lengua.

Más información.

 

Uruguay (CPV de 1967): no se menciona lengua oficial. Usualmente se llama «castellano» a la lengua.

 

Silvia Senz

Precariedad laboral y sector editorial

Todo lo que teníamos que decir en este blog sobre el tema ya lo hemos dicho aquí (en diversas secciones: 1, 2, 3, 4 y 5)  y en otros lugaresO lo han dicho más recientemente gente como María José Furió en el penúltimo Vasos Comunicantes, o Teresa Gallego, aprovechando para lo importante la publicidad que le ha brindado su galardón como Premio Nacional de Traducción.

Pero no queremos dejar de agradecer al responsable de «Opinión» de El País que últimamente nos brinde mensajes tan justificadamente reivindicativos. O es un periodista en precario, o es un alma generosa, o sencillamente es un temerario. Sea como sea, gracias.

Autónomos del sector editorial

JEAN-PIERRE PALACIO - y 10 firmas más - 13/11/2008

ELPAIS.com
Edición impresa
«Opinión»

Salvo los libros de autor, la producción de las grandes editoriales en el sector de no-ficción (fascículos, promociones de prensa, referencia, etcétera) depende en buena parte del trabajo de colaboradores autónomos: redactores, traductores, diseñadores gráficos y maquetistas, correctores y editores. Hace 30 años, este colectivo solía vincularse a las empresas editoras mediante un contrato laboral, indefinido o temporal, pero eso parece la prehistoria. A principios de los años ochenta, bendita modernidad, las principales editoriales, no hace falta citar nombres, descubrieron las virtudes de la concentración empresarial y de la reducción de plantillas. Encargaron la realización de las obras a pequeñas empresas subsidiarias, los llamados packagers. Había llegado la hora de los autónomos porque, como es lógico debido a la gran fluctuación del volumen de trabajo, los packagers no podían cargar su estructura con personal estable. Sin embargo, salvo en el caso de los correctores que siempre estuvieron muy mal pagados, los demás profesionales disfrutaban de retribuciones correctas, susceptibles de garantizar una vida digna a pesar de la precariedad laboral. Esto también ha pasado a la historia.

Desde mediados de los años noventa, las tarifas se han estancado nominalmente e incluso se han reducido a veces. Obsesionados por la reducción de costes, al parecer función ineludible de los ejecutivos para mantenerse en el cargo, las grandes editoriales han impuesto presupuestos de realización cada vez más raquíticos, lo cual repercute directamente en la retribución de los autónomos. Diversas causas refuerzan esta tendencia: proliferación de packagers e intermediarios, ausencia de una asociación defensora de nuestros intereses, miedo a quedarse sin trabajo si no se aceptan las condiciones dictadas, actividad menguante.

Últimamente, presionados por sus clientes, muchos packagers ya no se atienen, como solía ser costumbre, a una tabla de tarifas por tipo de trabajo: tenemos que participar en una especie de subasta a la baja para conseguir un encargo. ¿Hasta cuándo soportaremos esta situación, más propia del siglo XIX que del actual?

Literatos y académicos de la Española en el Polònia

Del programa de sátira política y social de TV3, Polònia: