Blogia

addendaetcorrigenda

Las tribulaciones del verbo 'procesionar'

Las tribulaciones del verbo 'procesionar'

Andaba yo hace unos días pensando en escribir un artículo para las editoras de Addenda et Corrigenda por el cuarto cumpleaños de su bitácora (¡y que cumpláis muchos más!), cuando me llamó la atención el uso que un periodista de televisión hacía del verbo procesionar. La frase en cuestión fue esta: «Desde las tres y media de la madrugada los almonteños han procesionado a la Virgen por la aldea del Rocío…». ¿Qué opinan ustedes? ¿Han dado también un respingo como hice yo en su momento, o les ha parecido una frase normal y corriente?

Antes de que me contesten, debo aclarar que, a pesar de ser un término de acuñación relativamente reciente (no parece que en español tenga más de 30 años), el verbo procesionar no me resulta extraño cuando se emplea como intransitivo: las cofradías, las hermandades, los pasos, los tronos, las imágenes y los nazarenos procesionan en Semana Santa; e incluso figurada o metafóricamente hay aficionados que procesionan —todos en fila— ante las taquillas de un estadio de fútbol,1 o que —como si de una penitencia se tratara— procesionan ante un juez.2 Sin embargo, escuchar que alguien ha procesionado una imagen me sonó tan anómalo como lo sería oír que el Ejército ha desfilado un determinado tipo de misil. En fin, ya digo que no sé si a ustedes les ocurre algo semejante; pero, gramaticalmente hablando, la duda que me asaltó era muy clara: ¿tiene este verbo únicamente el significado de ‘ir o salir en procesión’, o también es común su empleo transitivo con la acepción de ‘sacar en procesión’, y es mi oído el único que se percata del chirrido?

Como lo más sencillo para salir de dudas de este tipo suele ser consultar un diccionario o una obra gramatical que se actualice periódicamente (el uso personal de cada uno puede en ocasiones ser minoritario o incluso antiguo), me dirigí a la página que la Real Academia tiene en internet y tecleé procesionar en su diccionario en línea. Pensaba yo que de esta forma mi duda quedaría resuelta en un par de minutos, al menos en el plano normativo. Sin embargo, lejos de ocurrir así, el resultado que obtuve fue tan sorprendente como decepcionante ya que, según la RAE, «la palabra procesionar no está registrada en el Diccionario». Reconozco que al leer esta frase volví a repetir la consulta para cerciorarme de que no había cometido algún error ortográfico; pero no, el resultado siguió siendo el mismo: para la Academia Española el verbo procesionar no es ni transitivo ni intransitivo ni nada porque ese verbo, simple y llanamente, «no está registrado». La verdad, leyendo esta absurda respuesta del diccionario de español más consultado en la red, no me extraña que muchos internautas todavía se pregunten en los foros digitales si este verbo procesionar existe realmente o si estamos ante el desvarío personal de algún pirado.

El caso es que si el uso de procesionar es tan escaso que la RAE no tiene constancia alguna de él, ¿cómo es posible entonces que en una simple búsqueda en las páginas en español de Google el infinitivo procesionar aparezca nada menos que 90.000 veces, el pasado procesionó 42.000 y el gerundio procesionando 26.000? Por supuesto, no olvido que, al contrario que en Internet donde todo es inmediato y los filtros de formalidad son pocos, la Academia es lenta en esencia, dado que está obligada a comprobar el uso fehaciente y continuado de una determinada palabra antes de incorporarla a su diccionario; pero precisamente por lo fácil que resulta encontrar ejemplos de este verbo en bitácoras, revistas y periódicos digitales —y, ¡ojo!, no sólo en estilos coloquiales—, me sorprendió tanto la ausencia de registros de la RAE. Y más aún cuando comprobé que procesionar ni siquiera figura en el Diccionario panhispánico de dudas, donde su presencia se me antoja inexcusable.

Bastante desconcertado, pues, decidí consultar directamente el CREA, la base de datos que recoge usos literarios y periodísticos hispanoamericanos de los últimos cuarenta años. «No vaya a ser —me dije— que todo se deba al error o al olvido de algún lexicógrafo.» Pero no, en esta base de datos académica el verbo procesionar aparece tan sólo una vez en un artículo del diario español El Mundo fechado en el año 1995. Sin lugar a dudas, aparición tan esporádica justifica que la Academia Española no recoja esta palabra en su Diccionario general, eso es obvio; pero no lo es menos que esta situación se produce debido a una grave negligencia metodológica. Porque es incomprensible que el Corpus de Referencia del Español Actual, la principal base de datos de los académicos a la hora de remozar su diccionario, no contemple ni un solo ejemplo de este verbo en la prensa hispana ¡de los últimos quince años!

Sinceramente, yo les recomiendo a los filólogos de la RAE que hagan dos cosas: primero, que se habitúen a manejar el buscador de Google, ya que en ese periodo de tiempo aparecen miles de entradas en páginas escritas en español; y, segundo, que si no se fían de internet —donde los ejemplos de cualquier escribiente se contabilizan como los del mejor escritor—,3 que se lean entonces alguna publicación en papel de la pasada Semana Santa, donde seguro que encontrarán también ejemplos más que suficientes de este verbo presuntamente indocumentado. En fin, ya se sabe que históricamente la Academia ha obviado usos comunes de los hispanohablantes de a pie mientras privilegiaba como criterio de autoridad los de los propios académicos, especialmente los de los escritores; y de esas lluvias quizás vengan estos lodos.4 Pero, sea por esta causa o por otra que se me escapa, lo cierto es que, con una base de datos como la actual, muchos internautas nos quedamos sin ejemplos para investigar el origen de este verbo,5 que bien pudo haber nacido en el ambiente cofrade de Andalucía (lugar de donde provienen muchos de los ejemplos encontrados en la red) para luego extenderse al resto del país (hay registros datados en León, Valladolid, Madrid, Asturias, Badajoz, Barcelona...), o para saber si arraigará definitivamente en América ya que en este continente el uso es sensiblemente menor que en España.

Todavía, pues, con mi duda gramatical a cuestas, y temiéndome ya que el verbo procesionar viniese acompañado de una cruz penitencial inmerecida, decidí acudir a una segunda fuente normativa, el vademécum que los compañeros de la Agencia Efe tienen en Internet; un diccionario que suele resolver dudas lingüísticas —especialmente a periodistas— de forma clara y fundamentada. Pero, ¡ay!, no así en esta ocasión; porque aunque, a diferencia de la RAE, la Fundéu sí registra el verbo procesionar, lo hace sólo para concluir que su uso: «Es incorrecto, y en su lugar deben usarse expresiones como participar en la procesión, ir en procesión...». Como ven, no son pocas las tribulaciones de este pobre verbo: primero el DRAE lo manda al limbo del ninguneo; y luego, la Fundéu, otro de los organismos normativos de la Academia,6 lo condena al infierno de la incorrección sin ofrecer ni una sola explicación al respecto.

Que conste que comprendo perfectamente —y hablo por propia experiencia— cuán dura e ingrata es la labor lingüística normativa. Sé que no es fácil establecer reglas sobre la corrección o incorrección de un determinado término, y más todavía cuando esos consejos van dirigidos a los periodistas, que viven en un mundo de vertiginosa inmediatez en el que a menudo lo único que necesitan es un «sí, es correcto» o un «no, es incorrecto». Pero, justo por eso, también sé que es imprescindible evitar juicios condenatorios apresurados que no se correspondan con el uso, que es lo que les ha debido de ocurrir a los filólogos de la Fundéu, cuyos motivos para tachar de incorrección al verbo procesionar no alcanzo a adivinar. En principio, porque su formación morfológica parece impecable (el sufijo -ar se emplea comúnmente para verbalizar7 un sustantivo: asesor/asesorar, cincel/cincelar, lesión/lesionar, incursión/incursionar…)8; en segundo lugar, porque su sentido no necesita de mucha explicación, ya que cualquiera lo entiende de inmediato (ventajas de la paronimia); y en tercer lugar, porque, aunque puede que estemos ante un españolismo, su uso está más que comprobado en estilos formales, dado que encontramos múltiples ejemplos en la prensa; ejemplos entre los que se incluyen —como confirmación más que evidente de esta dinámica— teletipos de la propia Agencia Efe.

Por supuesto, sobre este último punto siempre podríamos aducir —al viejo estilo del desaparecido Fernando Lázaro Carreter—9 que los periodistas suelen ser unos díscolos incorregibles que se empeñan en emplear un lenguaje retorcido o incorrecto sólo para llevarnos la contraria a los lingüistas, ¡yo mismo lo he pensado en alguna ocasión!; pero sería justo recordar entonces que en muchas otras ocasiones estos profesionales suelen ser los primeros en recoger un uso nuevo que la gente ha comenzado a emplear porque resulta útil de alguna manera. Y eso es seguramente lo que está ocurriendo con el caso que nos ocupa: Salir, ir, participar o sacar en procesión son locuciones que procesionar resuelve en una sola palabra, y esa es una ventaja considerable.

Entes normativos aparte, veamos ahora qué dicen al respecto de procesionar los diccionarios de uso. Siguiendo la estela del DRAE, el María Moliner tampoco recoge este verbo (al menos en la edición que yo manejo), algo que sí hace en su versión en línea el diccionario Clave, que lo define exclusivamente como verbo intransitivo. Sólo el Diccionario de Español Actual de Olimpia Andrés, Gabino Ramos y Manuel Seco —el más reciente de los diccionarios de uso del español de España— recoge lo que parece ser una evidencia por los ejemplos encontrados en Google: hoy por hoy el verbo procesionar se utiliza tanto en forma intransitiva con el sentido de ‘ir en procesión’, como en transitiva con el de ‘sacar en procesión’. En la red podemos encontrar sin dificultad ejemplos en pasiva: «El crucificado ha sido procesionado» (más de quinientas apariciones) e incluso en pasiva refleja: «Las imágenes se han procesionado» (¡más de cinco mil!). ¿Ocurrirá lo mismo en otras lenguas o es el español un caso especial?

En catalán, por ejemplo, no recogen el verbo processonar ni el metabuscador de la Generalitat, ni el Diccionari de Catalá Didac, ni el Diccionario de la Acadèmia Valenciana de la Llengua, como tampoco figura en el vocabulario medieval del Institut d’Estudis Catalans. Sin embargo, es posible encontrar algunos ejemplos en internet. Son tan escasos, eso sí, que bien podrían tratarse de calcos del castellano. En gallego tenemos una situación similar a la catalana, ya que el Diccionario de la Real Academia Galega tampoco registra este verbo.

Por el contrario, en inglés encontramos to procession en el Merriam-Webster Online Dictionary, que lo considera un arcaísmo tomado del francés medieval con el significado de «to go in procession». La misma definición, «to march in procession», viene a dar el Collins English Dictionary, que también recalca que estamos ante un uso raro y antiguo. No deja de ser curioso que un neologismo para los españoles, sea un término pasado de moda para los ingleses. Y, sin embargo, lo mismo ocurre en italiano; según el Vocabulario de la Academia de la Crusca de 1816, processionare significa: «Andar aitorno a processione, o a guisa de processione; ma è voce inusitada». Así pues, voz rara ya en 1800, que significa ‘salir en procesión’. Por su parte, el Grande Dizionario Italiano Hoepli nos da una definición muy similar de processionare, al que califica como uso poco común: «Andare in processione o come in processione». Veamos, por último, el caso francés. Según el diccionario Larousse, processioner es un uso literario y antiguo que significa: «Marcher, se déplacer en procession». O sea, ‘ir o salir en procesión’; una definición que corroboran y amplian otros diccionarios en línea al definirlo como: «Faire une marche religieuse accompagnée de cantiques et de prières», o, más escuetamente, como: «Aller en procession». Hay que concluir, por tanto, que el español procesionar se corresponde en significado y etimología con el inglés to procession, el francés processioner y el italiano processionare, sin duda porque todos ellos derivan del latín processio, sustantivo derivado, a su vez, del verbo procedere, que significa ‘avanzar’.

Lo más relevante de la comparación anterior es que en inglés, francés e italiano —y he aquí el detalle que arrima un poco el ascua gramatical a mi sardina normativa— procesionar aparece únicamente como verbo intransitivo, por lo que el uso transitivo español parece ser una novedosa excepción que rompe el paradigma compartido con otras lenguas.10 ¿Es esta quizá la razón de que su uso en español chirríe más que el intransitivo? Y, en todo caso, ¿sería ésta causa suficiente para censurarlo o desaconsejarlo? Difícil de contestar sin duda, y por eso les confesaba hace unas líneas que la labor normativa es muy ingrata para los lingüistas. Si somos partidarios de respetar escrupulosamente el uso, entonces podríamos aducir que las imágenes, las reliquias y los pasos son transportados, por lo que la acepción transitiva de procesionar adquiere un sentido muy preciso (sacar una imagen o una reliquia en procesión). Si, por el contrario, somos muy, pero que muy, conservadores, podríamos recomendar dejar esta acepción en cuarentena un poco más, al menos hasta asegurarnos de que no causa un rechazo gramatical mayoritario, lo que sería razón para excluirlo de la norma de corrección. Eso sí, en cualquiera de los casos, los organismos normativos deberían admitir sin dilación la acepción intransitiva;11 sobre todo porque el uso y la aceptación de la gente nos demuestra que ese procesionar semanasantero parece haber venido para quedarse, por más que a algunos todavía les suene un poco raro.

En fin, si es este su caso, no olvide que habitualmente todo lo nuevo suele resultar extraño, y que situaciones parecidas se produjeron con otros neologismos como ningunear o precarizar,12 (y no digamos nada de incursionar) aceptados hoy en día por la Academia a pesar de lo raro que sonaban hace tan sólo unos pocos años; y lo mismo puede que pase con otros verbos en el futuro.13 Además, tenga en cuenta que no existe obligación alguna de emplear aquellas palabras que nos resulten inadecuadas, incorrectas o, simplemente, feas, ya que, como hablantes, tenemos la oportunidad y la libertad de escoger entre un amplio repertorio léxico. En último caso, y como último consuelo, recuerde que aunque algunos neologismos nos desagraden o nos suenen mal, siempre podemos alegrarnos de comprobar cómo nuestra lengua sigue creando palabras y acepciones, señal inequívoca de su buena salud.

 

En Sevilla, a finales de junio del 2010.

 

Luis Carlos Díaz Salgado

 

1 Las orugas llamadas procesionarias reciben este nombre por desplazarse una detrás de la otra; o sea, en procesión.

2 Si es usted periodista, le aconsejo que en su labor profesional sea muy cuidadoso, o cuidadosa, con empleos figurados como este. Estilísticamente, resulta mucho más objetivo y formal decir que las personas comparecen ante un juez u otro tipo de autoridad.

3 El buscador de google puede servir para darnos una idea aproximada del uso de un determinado término, pero su fiabilidad es muy cuestionable, ya que en ocasiones un mismo ejemplo puede aparecer, y contabilizarse, en múltiples ocasiones. Es necesario, por tanto, afinar las búsquedas todo lo posible.

4 Este comportamiento académico, además de elitista, resulta también científicamente cuestionable.

5 Doy por hecho que estamos ante un neologismo ya que el CORDE, la base de datos histórica del español, no recoge ni un solo ejemplo, a lo que debemos añadir que este verbo no figura en ninguno de los diccionarios académicos, antiguos o modernos. Si usted tiene constancia de que procesionar ya se empleaba en siglos pasados, le agradecería por tanto que me hiciera llegar la referencia bibliográfica.

6 Para entender la profunda relación entre la RAE y la Fundación de Español Urgente, baste recordar que Víctor García de la Concha es director de la primera y presidente de la segunda.

7 A pesar de que el DRAE no recoge esta acepción, verbalizar define el proceso por el que un adjetivo o sustantivo se convierte en verbo. Tampoco recoge el DRAE el término verbalizador, que es como se califican los sufijos empleados en el proceso anteriormente reseñado.

8 Es realmente llamativo que este verbo incursionar (realizar una incursión) sí figure en el DRAE, mientras que excursionar (salir de excursión) no esté «registrado», tal y como le ocurre a procesionar.

9 Director en su día de la Real Academia, y uno de los creadores del Departamento de Español Urgente, antecesor de la actual Fundéu, Fernando Lázaro Carreter censuró en su conocido El dardo en la palabra numerosos usos periodísticos, algunos de los cuales están hoy más que asentados.

10 Son escasísimos los ejemplos transitivos que he podido encontrar en francés.

11 El Libro de Estilo de Canal Sur, cuya autoría compartí con José María Allas, recogía y validaba ya en el 2004 el uso intransitivo de este verbo procesionar. Luego la Academia tampoco parece prestar mucha atención a lo que establecen los manuales periodísticos; otro ejemplo de cuánto debería mejorar el CREA.

12 Yo mismo censuré y desaconsejé el uso de precarizar en el Libro de Estilo de Canal Sur del 2004, y lo mismo hice con oscarizar. Hoy en día, y dada su aceptación y empleo, no podría seguir negando la corrección de estos verbos, sólo el primero de los cuales recoge el DRAE. Entono este mea culpa para demostrar que cualquiera que ejerza labores normativas está expuesto tanto al error o al desacierto, como a la crítica; de ahí que las obras normativas deban ser revisadas y actualizadas con cierta regularidad.

13 Pongo como ejemplos últimos y definitivos de esto que digo a verbos como conveniar (firmar un convenio) o recepcionar (¿responsabilizarse una administración de recibir un documento o una obra pública?) que también hace tiempo que llaman a nuestra puerta a pesar de que —cuando menos estilísticamente— resulten bastante discutibles.

La nueva RAE, un espejismo de representatividad, neutralidad ideológica, laboriosidad y modernidad, 14: colaboración interacadémica ¿en pie de igualdad?

[Entrada anterior de la serie.]

La noticia de las distorsiones detectadas en los peruanismos del reciente Diccionario de americanismos (¿para cuándo el de españolismos?) de las academias, ya ampliada y precisada en la Bitácora de El Hablador, en la entrada que aquí reproducimos:

 

Diccionario de Americanismos: ¿qué Academia es la responsable?

Wednesday May 26th 2010, 10:47 pm
Filed under: Debate, Hablablog, Presentaciones

 americanismos

  

Por: Jack Martínez Arias

Hace ciento veinte años se gestó una idea que se concretó hace apenas unas semanas. Me refiero a la publicación del primer Diccionario de Americanismos (Santillana), un proyecto sin precedentes en la historia de la lengua española. En su elaboración, participaron las 22 Academias. Y la dirección general del proyecto estuvo a cargo del lingüista cubano Humberto López, Secretario General de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

En el Perú, la coordinación estuvo en manos del Dr. Marco Martos, Presidente de la Academia Peruana de la Lengua (APL). Fue también en nuestro país donde se llevó a cabo la primera (y hasta hoy única) presentación del diccionario.

La polémica en torno al diccionario se inició cuando un cable de la agencia EFE difundió una noticia a raíz de la mencionada presentación (que tuvo rebote en el Perú a través de la web de El Comercio): “Marco Martos criticó las distorsiones detectadas en los peruanismos registrados en esta obra”. Se añadía que Rodolfo Cerrón Palomino, vicepresidente de la APL se mostró implacable “al criticar las abundantes omisiones entre los peruanismos (…) la etimología errática o incompleta y el caos ortográfico observado en las acepciones peruanas”.

Ante ello, el lingüista cubano López Morales no tardó en mostrarse “completamente sorprendido al ver que se acusa al equipo de Madrid de lo que es responsabilidad absoluta de la corporación limeña”, ya que “es en las Academias (de cada país) donde comienza realmente el proceso de revisión de los lemas y de los demás elementos que constituyen cada uno de sus artículos: uso,  definición, marcaciones, etc.”

Así culminó la noticia. Ante la mayoría de lectores, la Academia Peruana de la Lengua terminó mal parada, siendo paradójicamente, ella misma, la única culpable de lo que criticaba.

Mesa de discusión

Tras varios días de silencio, el equipo peruano encargado de la revisión de peruanismos en el Diccionario de Americanismos, a través de la Academia Peruana de la Lengua Española, organizó una Mesa Redonda sobre el tema en la Unidad de Posgrado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Allí, las intervenciones tuvieron un común denominador: señalaban las falencias de la publicación, y luego, éstas se minimizaban porque eran “pequeñas”, situadas en el contexto de una obra monumental y valiosísima como este Diccionario de Americanismos.

Pero, ¿cuáles son las omisiones o errores del Diccionario…?

En su intervención, Mari Carmen La Torre (miembro de la Comisión de Lexicografía de la Academia Peruana de la Lengua) señaló que muchos “pedidos y recomendaciones” no se tomaron en cuenta en la edición final. Es decir, fue en Madrid y no aquí donde se desestimaron. Entre las recomendaciones se encontraban la incorporación de nuevas acepciones a peruanismos ya existentes y se solicitó la intervención de expertos en lenguas amerindias para las observaciones concernientes a las etimologías de las palabras usadas.

Por otro lado, el lingüista Juan Quiroz criticó, entre otras cosas, la estructura del diccionario, el listado de gentilicios internacionales populares (en los que se incluyen Lorcho, Roto, Charrúa, Colocho, Mono) y gentilicios populares locales en los que se lee “Chacarato” en lugar de Characato, por citar un ejemplo.

El español Julio Calvo (autoridad mundial en los estudios sobre el uso de la lengua española en el Perú), fue menos crítico y dijo que en un “acontecimiento de primer orden en la lexicografía”, como éste, se hace muy difícil obtener la información de todos los ámbitos y “por eso se registran algunos desajustes”. Dijo que, además, el Diccionario de Americanismos, para el inicio de su elaboración, juntó la mayoría de diccionarios de peruanismos (así como sus correspondientes en otros países de la región) para tomarlos como insumo base. Entonces, al no contar aquí con un diccionario de peruanismos como referente, sino con muchos diccionarios de peruanismos incompletos, los yerros de éstos fueron transmitidos, tal cual, a la primera versión del Diccionario de Americanismos.

Entonces surge otra pregunta: ¿Con qué criterio, el equipo de Madrid, dejó de lado las correcciones y añadidos posteriores del equipo peruano? Para tratar de dilucidar el tema, hablamos con Marco Martos.

***

Antes de responder esta cuestión, Marco Martos aclaró que las supuestas críticas aparecidas en la nota de EFE fueron descontextualizadas. “Entre otras cosas, lo que dije fue que en obras tan grandes como el Diccionario de Americanismos, se suelen encontrar más errores, porque estas publicaciones son observadas con mayor prolijidad”. Además, el cable internacional no habría citado a Martos cuando elogió el hecho de que “por primera vez, 22 países se pusieron de acuerdo en hacer un diccionario que contiene 123 mil voces, más que las 83 mil que están actualmente en el DRAE”. Por todo ello, Marco Martos se mostró mortificado. Porque sabe que “ese artículo tuvo una repercusión muy grande: se leyó en doscientos cincuenta diarios de España. Y en medio de ese ambiente, la respuesta de Humberto López es comprensible”.

Sin embargo, situada la polémica, la pregunta esencial sigue vigente: ¿bajo qué argumentos se desestimaron las modificaciones? Tanto Marco Martos como los ponentes no tienen una respuesta clara. Se desliza la sensación de que ese Diccionario de Americanismos no es también “nuestro”, sino que es una obra de la Real Academia Española acerca de “nuestros usos americanos de la lengua española”. Marco Martos refiere que “ahora, como peruanos, en lugar de reclamar, haremos nuestro propio diccionario. Todos los diccionarios de peruanismos que se han hecho hasta hoy son el fruto de esfuerzos individuales,  y la mayoría le pertenece a personas que no son o fueron lingüistas ni lexicógrafos. Necesitamos una obra consolidada”.

El Diccionario de Peruanismos del que habla el Presidente de la APL ya está en marcha. Es dirigido por Julio Calvo (que acaba de publicar un diccionario Español–Quechua con la USMP), y con él “hay un equipo de treinta personas trabajando de forma gratuita”, enfatiza Martos. El Diccionario estará listo el 2010 y “luego de la edición de lujo, se publicará la edición popular y, finalmente, el Diccionario podrá ser consultado a través de Internet”, dice Marco Martos quien, además, ya nos viene entregando adelantos de los peruanismos que incluirá esta publicación, a través de su columna de los jueves en Perú 21.

Con ello, el caso del Diccionario de Americanismos parece estar cerrado para la APL, institución que ahora aboca su atención hacia un proyecto propio e independiente: un Diccionario de Peruanismos que sirva de referente confiable para futuras recopilaciones al respecto.

La nueva RAE, un espejismo de representatividad, neutralidad ideológica, laboriosidad y modernidad, 13: nueva edición de la NGLE (2013) o cómo tomar el pelo al usuario

La nueva RAE, un espejismo de representatividad, neutralidad ideológica, laboriosidad y modernidad, 13: nueva edición de la NGLE (2013) o cómo tomar el pelo al usuario

[Entrada anterior de la serie.]

No contentos con haber publicado la primera versión de la Nueva gramática de la lengua española sin estar aún completa, sin versión en línea, en campaña de Navidad y a precio de oro (120 €), y de haberlo hecho meses antes de publicar la versión compendiada de los dos primeros volúmenes, mucho más asequible (24,90 €), a fin de asegurar multimillonarias ventas de la primera (también en EE.UU.), ahora su principal ponente, Ignacio Bosque, nos anuncia que la NGLE va a reeditarse en el año 2013.

No son ajenos a esta decisión los clamorosos errores detectados en el campo del voseo (los voseantes de todas las zonas de voseo los verán enseguida), advertidos en primer lugar por miembros de la Academia Costarricense de la Lengua, que han llevado a su representante a exponer públicamente esos fallos atribuyéndolos al proceso de edición, para así exculparse ante los hablantes ticos:

El voseo costarricense en la ’Nueva gramática’

Columnista huésped | 13 de Junio 2010

Por Miguel Ángel Quesada Pacheco - miembro de número de la Academia Costarricense de la Lengua - miguel.quesada@if.uib.no

La Nueva gramática de la lengua española (dos tomos, Madrid 2009; en adelante NGRALE), producto de muchos años de intensa labor conjunta por parte de todas las Academias de la lengua española, es hoy la fuente más extensa de datos sobre la estructura gramatical del español.

No obstante, sobre el voseo vienen unos datos que no calzan con la realidad costarricense: en el cuadro que figura en página 211 del primer tomo, se incluye, como variante, la forma diptongada para Costa Rica; además, en la página 215 de dicho tomo se afirma que el voseo del sur de Costa Rica se inflexiona como el panameño; esto es, en sus formas diptongadas (-áis, -éis).

A todas luces, lo que ocurrió fue un yerro que escapa de las manos de la Academia Costarricense de la Lengua, como aclaro en las siguientes líneas. En primer lugar, porque yo, como responsable de la revisión de los textos originales, más un asistente que tuve para tal fin, habríamos detectado el gazapo inmediatamente. En segundo lugar, porque no se han registrado formas diptongadas en la región sur de nuestro país.

Las primeras manifestaciones documentales del voseo en Costa Rica muestran uno diptongado (vos verás lo que debéis hacer, se lee en un manuscrito cartaginés de 1723), el cual debió haberse extinguido hacia la época independiente. Obviamente, este hecho histórico nada tiene que ver con el reciente dato de la NGRALE.

En un mensaje electrónico del 26 de noviembre de 2004, se envió a la Academia Costarricense de la Lengua el capítulo referente al Pronombre personal (I), que es la versión original del §16.17 de la actual NGRALE. De este envío se extraen las siguientes líneas:

g) La variante cantás/ tenés/ salís, procedente de la evolución de las formas en -áis/ -éis, es la más extendida de las que conoce el voseo flexivo. Esta pauta es general en la Argentina, salvo en la zona de Tierra de Fuego, en la que hasta hace poco no se voseaba. Es también la habitual en el Uruguay, en frecuente alternancia con las variantes del tipo (2). La misma pauta corresponde a las regiones voseantes de Centroamérica, la zona andina de Colombia, norte y este de Bolivia y otros territorios. La pauta cantáis/ tenís/ partís se ha documentado en Chile, la sierra ecuatoriana, Perú y algunos departamentos bolivianos, a menudo en alternancia con la anterior. El tipo cantás/ tenís/ partís corresponde a Chile, salvo a las regiones meridionales. Se ha documentado asimismo en el oeste de Bolivia, en la provincia ecuatoriana de Loja, en algunas zonas del Perú meridional, y en regiones argentinas de Rivadavia, Río Negro y Córdoba. El voseo de tipo (2) se desdobla a veces, aunque menos frecuentemente, en estas mismas variantes flexivas. La flexión verbal mayoritaria en el tipo (2) de voseo es (tú) cantás/ tenés/ salís. No obstante, el esquema (tú) cantáis (o cantái)/ tenís/ salís es frecuente en el español popular chileno. Pueden verse los paradigmas completos en el §’ FLEXIÓN VERBAL.

En otro mensaje, con fecha 7 de mayo de 2008, la RAE nos envió el capítulo referente a la Conjugación verbal, donde venía el cuadro que dio origen al actual del tomo I, página 211. En ese cuadro no venía el error que ahora sale publicado respecto del voseo costarricense, razón por la cual no hubo menester corregir nada; la única enmienda importante de fondo que se propuso fue:

f) Cuadro pág. 35. Agregar en la casilla correspondiente a Costa Rica/ Pret. simple: cantaste(s), comiste(s), viviste(s), y en el futuro: cantarás, comerás, vivirás.

Además, en ninguna parte del capítulo original mencionado venía una descripción del voseo por países, la cual se aprecia en la actual NGRALE (tomo I, páginas 211-216).

En suma, en estos capítulos, que son, como queda dicho, la versión original de los actuales § 4.7 y § 16.17 del tomo I de la NGRALE, en ningún lugar figuraba lo que ahora se apunta en páginas 211 y 215.

A todas luces, los datos erróneos se agregaron después. Desgraciadamente, la Real Academia no nos pidió revisar la última versión; es decir, la que iría a imprenta, con lo cual el error publicado escapa a nuestro conocimiento.

En razón de lo anterior, escribí a don Ignacio Bosque, director de la Nueva gramática, quien inmediatamente se puso en contacto con doña Edita Gutiérrez, responsable de la impresión, la cual, en mensaje enviado el 21 de mayo pasado, me contestó lo siguiente:

*Me ha pedido Don Ignacio Bosque que averigüe qué ha ocurrido con la información sobre las formas de presente de subjuntivo del voseo costarricense, que aparecen en la tabla "Distribución de las formas del voseo verbal" del capítulo 4 de la NGRALE (§ 4.7i). Estas formas, como usted señalaba, no son correctas y no coinciden con el contenido desarrollado en el capítulo.

Tras rastrear en diferentes documentos, he descubierto que no se trata en realidad de un error, sino de una errata que se ha producido durante la maquetación de las últimas pruebas de imprenta. Como consecuencia, se ha descolocado toda la información de la columna del presente de subjuntivo.

Las voces de esa columna en la página 211 de la Gramática se han desplazado una posición hacia arriba. Por ello, en la casilla de Costa Rica aparecen las formas de Panamá, y en Venezuela, las de Guatemala. En el resto de los países no se ha producido el desajuste porque las formas coincidían. Esta es la causa de que la información del texto no coincida con la que se ofrece en la tabla.

Lamentamos profundamente el problema que ha suscitado esta errata, en especial por el trabajo de todas las Academias, que revisaron cuidadosamente las sucesivas versiones de este capítulo y contribuyeron de manera esencial a mejorar el texto definitivo.

Le agradecemos mucho la notificación de este error, que no teníamos localizado y que trataremos de subsanar lo más rápidamente posible.* Hechas las aclaraciones del caso, se entiende -aunque no se justifica- cómo sucedieron los errores que figuran en las descripciones que se hacen del voseo en cada uno de los países hispanoamericanos, y que siguen al cuadro de las erratas.

Esperamos que los responsables de la NGRALE publiquen una fe de erratas, y que en la próxima edición vengan enmendados los errores que, con toda razón, han dejado a todos los interesados, y particularmente a los costarricenses, en una situación de inquietud.

 

Ya dijimos que esta gramática, como toda obra panhispánica, tenía forzosamente que presentar errores e inconsistencias. Si no es fácil poner de acuerdo a los académicos de una sola academia, imaginen lo que supone concordar a los representantes de 22 academias y coordinarlos sin que hayan contradicciones doctrinales, errores o lapsus en el proceso. Ya lo vimos aquí, al tratar de los debates interacadémicos en torno a la nueva ortografía, en proceso de renovación también para corregir errores de la edición vigente.

Pero si bien eso es comprensible y esperable, lo que no es de recibo es que nos hagan pasar por caja a cada poco, siendo que otras gramáticas normativas de academias españolas (del catalán, del gallego y del valenciano) están en la red, siendo que a la RAE y a sus asociadas (también a ellas) va a parar un pellizco importante de nuestros impuestos y siendo que no está el horno económico para bollos, menos aún en el caso de traductores, correctores, redactores y periodistas. Lo que procede en este caso es justo lo que pedía Miguel Ángel Quesada: publicar una necesaria fe de erratas, que bien podría subirse a la red, como debería subirse algún día la bibliografía de las fuentes consultadas para la NGLE. En lugar de eso, Ignacio Bosque ya habla de una reedición para el 2013 que, sin duda, corregirá esos errores y otros. Si eso no es fraude al lector, que baje Menéndez Pidal y lo vea.

Lo más vergonzoso, sin embargo, es que justamente desde los sectores de profesionales a los que se dirige esa gramática no se eleven quejas públicas por este trato. Aún es hora que se oiga alguna de parte de las asociaciones y gremios. Pareciera que, hoy, a nadie le convenga enemistarse con la RAE, sus caballeros y sus patronos.

Silvia Senz y Montse Alberte

 


 

Actualización (08/11/2010):  El pasado mes de octubre, Ignacio Bosque confirmaba una reedición en el 2013 de la reciente NGLE, revisada y corregida, y auguraba periódicas revisiones. Mientras, decía, se está elaborando la versión en línea de la del 2009. Pero, por la del 2013 no nos cabe duda de que, quien la quiera, deberá pagar de nuevo:

 

Si la lengua no descansa, la gramática tampoco. En 2013, coincidiendo con el tricentenario de la RAE, se publicará una edición "muy actualizada" del diccionario académico. Ignacio Bosque ha propuesto que, además, la gramática se actualice matizando algunos puntos y añadiendo nueva información. "Lo ideal sería revisarla cada cinco o seis años", afirma. "La gramática de la Academia lleva 36 ediciones. Sería absurdo pensar que esta es la última". Entretanto, la versión para Internet está en manos de los informáticos de una casa a la que, con razón, llaman docta y que en diciembre, al expirar el mandato de Víctor García de la Concha, elegirá nuevo director.



The Open Publishing Handbook

Tal vez la respuesta más llamativa a la consulta que hemos estado formulando estos días en A&C (1 y 2) la ha dado Joaquín Rodríguez, poniendo en marcha esta iniciativa colaborativa: The Open Publishing Handbook.

Cabe señalar que en su presentación del manual abierto de edición pone la idea en relación con nuestro requerimiento. Dice Joaquín:


En tiempos revueltos es posible que el axioma de que mil cabezas son mejores que una sola sea irrebatible. Estos últimos días Silvia Senz se preguntaba si publicar un manual de edición tendría o no todavía sentido. Es posible que sí, pero no desde luego en la forma de una obra clausurada, cerrada sobre sí misma, con presunción de perpetuidad e ínfulas de texto irrebatible. Los cambios son tantos, tan acelerados; las incertidumbres son tantas, tan inexcrutables; los futuros son tan plurales que más vale explorarlos colaborativamente.

 

La verdad es que yo no me preguntaba eso. Lo que Montse Alberte y yo (como coautoras de un proyecto en el que probablemente entre otra gente) planteábamos es si, tal y como está hoy el mercado sectorial, se considera necesario un manual de edición de textos y corrección editorial, pero no de edición. No es tanta nuestra ambición y dominio del tema.

Para aclarar conceptos (algo a lo que venimos dedicándonos), la edición de textos es una parte muy concreta de la edición que no se ve grandemente afectada por los cambios tecnológicos, sino más bien por los cambios legales y normativos, a pesar de lo cual mantiene un método inalterable que responde a factores fijos:

1) el código escrito, que tiene características generales peculiares e inalterables;

2) la norma (de todo tipo), que se establece también según métodos, fines, modelos y un catálogo de criterios estables;

3) la relación de intermediación del editor de textos entre autor, productor y lector;

4) las peculiaridades de las tipologías textuales;

5) el conocimiento tipográfico fundamentado en criterios razonados de legibilidad, proporcionalidad y funcionalidad.

 

Y es a esas partes fijas que condicionan un método a lo que queríamos atender en primer lugar. En segundo lugar, a lo variable.

En cuanto a nuestra participación en la iniciativa de Joaquín, si bien consideramos realmente encomiable su capacidad de emprendimiento y su altruismo, hemos de dejar claro que nuestras circunstancias económicas nos impiden regalar sin más nuestro conocimiento, más allá de lo que ya solemos hacer aquí. La generosidad tiene un límite para nosotras: el que nos imponen los bancos.

Por otra parte, mal encajarían asuntos de edición y corrección de textos en castellano o en catalán en un manual en inglés.

Con todo, animamos a participar en el prometedor The Open Publishing Handbook a todo el que esté en condiciones de hacerlo. Es una estupenda idea.


Silvia Senz y Montse Alberte

 

Contra las autoridades lingüísticas arbitrarias, 2. ¿Quién atiende (y cómo) el consultorio de la RAE?

Contra las autoridades lingüísticas arbitrarias, 2. ¿Quién atiende (y cómo) el consultorio de la RAE?

[Viene de aquí.]

Como parte del proceso de renovación institucional iniciado por Fernando Lázaro Carreter en 1992, en 1998  se creó en el seno de la Real Academia Española el Departamento de Español al Día y se abrió la página web de la Corporación. Por medio de ambos se pretendía ofrecer un nuevo canal de atención de las consultas lingüísticas formuladas por los hablantes a la Real Academia Española. Si hasta la fecha tales consultas se realizaban por fax y correo postal, con ese nuevo departamento y el servicio en línea podían tramitarse también por correo electrónico.
Tanto para el «mantenimiento y desarrollo del servicio Español al Día en internet» como para la «elaboración de un Diccionario normativo de dudas» —el actual DPD—, así como para la «dotación de la infraestructura y de comunicaciones necesaria para establecer una red interacadémica que garantice la eficacia de las conexiones entre la Española y sus veintiuna correspondientes», el 8 de marzo del 2000 la RAE firmó un convenio de colaboración con Telefónica, que se canalizaría a través de la Fundación pro Real Academia Española, según el cual la empresa española de telefonía dotó a la Docta Casa de «alrededor de 300 millones de pesetas» para el periodo 2000-2002, cuantía que se renovaría en convenios sucesivos hasta la actualidad (RAE: «Convenio de colaboración entre Telefónica y la Fundación pro Real Academia Española», Boletín de la Real Academia, tomo LXXX, enero-abril 2000, pp. 163-164).
Los objetivos de la RAE e, implícitamente, de Telefónica apuntaban alto. En el primer convenio firmado se establecía que, por una parte, el servicio Español al Día «trata de convertirse en una enciclopedia viva del español correcto». Como suele suceder con las ampulosas palabras de la Corporación, el tiempo las convierte en promesas más o menos hueras. Respuestas tan erróneas del servicio «Español al día» como la que recibimos no hace mucho echan por tierra los aventurados propósitos de la Docta Casa:


Tetrabrick es en origen el nombre comercial registrado de los bricks de la marca Tetra Pack. El equivalente en español es envase de cartón o, simplemente cartón o caja. No obstante, el término tetrabrick está muy difundido y aparece en más de 20 000 páginas en español a través de Google; en nuestro banco de datos CREA figuran 14 ejemplos de uso, todos de España y Argentina. También lo recoge ya el Diccionario del español actual de M. Seco.



Del análisis de esta respuesta se desprende que ni uno solo de los datos proporcionados es correcto:

– Se nos dice que el nombre comercial es Tetrabrick. No es cierto: el nombre comercial es Tetra brik, como puede comprobarse en la página web www.tetrapak.com
– Se afirma que la marca es Tetra Pack. Tampoco es cierto: la marca es Tetra Pak, como bien puede verse en el nombre de la página web indicada.
– Se asegura que en el CREA figuran 14 ejemplos de tetrabrick. Es falso: el CREA recoge 12 ejemplos (en 6 documentos) de esa forma.
– Se asevera que el Diccionario del español actual de M. Seco recoge el término Tetrabrick. No es cierto: recoge la voz tetrabrik e indica como variante tetra brik (p. 4305).

Nos preguntamos quién está detrás de respuestas tan desatinadas, falsas e incorrectas como esta; qué protocolo se sigue en el departamento de Español al Día; cuál es la formación de las personas que se ocupan de solventar las dudas de los hablantes; si hay algún control sobre las respuestas ofrecidas… En definitiva,  ¿enciclopedia viva del español correcto?

En un artículo publicado en El País el 24/03/2007se nos decía que el departamento estaba formado por seis trabajadoras, incluida su directora, Elena Hernández, la única de la que conocemos alguna trayectoria, primero como coautora con Manuel Seco de la Guía práctica del español actual. Diccionario breve de dudas y dificultades (Madrid: Espasa Calpe, 1999) y luego como coordinadora del Diccionario panhispánico de dudas académico (Madrid: Santillana, 2005). De la preparación de las seis se comentaba: «cada una está especializada en un campo —ortográfico, morfológico, gramatical, léxico...—».

Afirmar tal cosa es como no decir nada. Y no sólo porque esos datos no reflejan el perfil curricular preciso de cada una de ellas y no permiten valorar en su justa medida su capacitación; es que además

1) todo especialista sabe que resulta imposible dominar el vastísimo terreno que cada uno de esos ámbitos comprende;

2) y todo especialista sabe también que no hay siquiera estudios y obras de referencia suficientes sobre estas materias aplicadas al castellano a las que poder acudir para responder a las dudas que se planteen.

Un ejemplo: el citado artículo de El País comenta cómo a una de las trabajadoras, una tal Almudena, le acaba de llegar una petición de ayuda desde México que reza: «Por favor, soy escritor de temas legales y en las sentencias de nuestros tribunales aparecen palabras que no están en el diccionario principal ni en el de dudas. Les rogaría me informen sobre estas palabras en usos legales: ’Liminarmente’, ’merituar’, ’inconciabilidad’, ’elevatoria’, ’inatacabilidad’ [...]».

¿Qué pueden responder las trabajadoras del departamento de Español al Día si precisamente las obras académicas no dan respuesta a esas dudas? ¿De qué material extraacadémico de consulta disponen y qué conocimientos de ese campo de especialidad tiene Almudena para responder adecuadamente? No serán muchos cuando se constata la incapacidad de la RAE para cumplir con los convenios establecidos con el Ministerio de la Presidencia español, por los que se comprometía a revisar la calidad de los textos legales que elabora el Gobierno. Es más, ¿el consultorio de la RAE tiene establecido un protocolo que permite responder con arreglo a obras no académicas? Si es así, ¿qué más da que el consultorio sea de la RAE o de Perico de los Palotes, si Perico de los Palotes dispone del mismo material de consulta que la RAE? ¿Dónde queda entonces la autoridad idiomática?

Por supuesto, nada de esto se les aclara nunca a los usuarios del servicio, cuya opacidad resulta tan engañosa como lamentable. Si, además, en fecha actual el departamento de Español al Día sufre los problemas de precariedad salarial y formativa que se desvelaban en estas entradas anteriores del blog, el servicio de atención a consultas puede ser aún mucho menos digno de confianza:

RAE rica, trabajadores pobres

Los figurantes de la Real Academia Española

A pesar de ello, la Academia Española, obsesionada con hacerse presente en todos los campos de planificación del español —incluidos los técnicos, que nunca han sido su objetivo y para los que no tiene profesional especializado—, ha suscrito convenios con diversas administraciones públicas españolas (ayuntamientos y diputaciones) en los que se establece que sus consultas al departamento de Español al Día en materia de lenguaje administrativo se atenderán de manera preferente. Dios los coja confesados...


Montse Alberte y Silvia Senz

Manual de estilo de "La Prensa" (Managua, Nicaragua, 2005, 2.ª ed.)


Formación editorial: seguimos el diálogo con nuestros lectores

Antes que nada, queremos decir que agradecemos infinitamente las respuestas recibidas a nuestra consulta. Ha sido una placer conocer mejor a nuestros lectores (incluidas sus páginas respectivas) en los casos en que aún no habíamos tomado contacto con ellos.

El derrotero de las conversaciones privadas que han seguido a ese contacto nos ha mostrado que existe cierto deseo y necesidad de formación en el área de Edición y Corrección de Textos, mayor en Latinoamérica que en España pese a que aquí, para el castellano, la formación es un verdadero páramo: del todo fragmentada, dispersa e insuficiente.

Por experiencia propia intentando promover posgrados en línea de estas materias, parece que quienes podrían apoyarlos no tuvieran siquiera la conciencia de lo mucho que hay por enseñar y aprender. Y se nos ocurre que tal vez una obra de referencia es el primer paso hacia la creación de esa conciencia, primero entre formadores, después dentro de un mercado editorial que, ante un panorama de edición digital abierto al intrusismo, ha de comprender que su futuro pasa por recuperar dos atributos propios del editor de raza: selección y calidad.

Como decía Ado, tal vez se trate de que la oferta cree la demanda.

Nos gustaría seguir leyendo más impresiones. Gracias de antemano.


Silvia y Montse

Consulta a los lectores

Este no es un blog muy dado a la interactividad. Siempre se ha publicado más por deseo de escribir, comunicar y difundir que de debatir. Nadie aquí se ha dedicado mucho a atender los comentarios. Se responden en ocasiones y se borran cuando se insulta. Poco más.

Por eso no sería de extrañar que los lectores habituales de esta bitácora no nos respondieran a esta consulta. Y no podríamos culparlos.

Con todo, agradeceríamos mucho que se atendiera a este excepcional reclamo de feefdback.

La pregunta es simple: ¿en España o América Latina se considera necesaria una obra con muy amplio contenido metodológico y teórico sobre edición y corrección de textos? No nos referimos a un simple prontuario de normas para consulta urgente, sino a un manual especializado que requeriría al usuario horas de lectura y estudio, donde se explique todo lo necesario para profesionalizarse en este campo. ¿Alguien cree que el decadente mercado editorial la exige?

Gracias de antemano por las respuestas.


Silvia Senz y Montse Alberte