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Instituciones y políticas culturales y lingüísticas/Institucions i polítiques culturals i lingüístiques

Se publica «La lengua, ¿patria común? Ideas e ideologías del español» (José del Valle, ed.)

Se publica «La lengua, ¿patria común? Ideas e ideologías del español» (José del Valle, ed.)

Esperaré a tenerlo en mi mano para reseñarlo debidamente. Entre tanto, tengo que conformarme con la más que apetecible lectura que augura el índice de esta nueva obra como editor (y coautor) de José del Valle (destacada, por cierto, como libro de la semana en el Portal del Hispanismo del Cervantes; ¡qué cosas!), en la que renombrados lingüistas abundan sobre el tema de las ideologías y políticas en torno al español y su promoción y expansión internacional:


José del Valle (ed.): La lengua, ¿patria común? Ideas e ideologías del español. Madrid/Frankfurt, 2007, Iberoamericana/Vervuert, 198 pp., Lengua y Sociedad en el Mundo Hispánico, 17. ISBN: 9788484893066

Resumen:

A través del análisis de las políticas orientadas a la difusión del idioma, el volumen desvela cuál es la naturaleza de las disputas en torno al estatus simbólico del idioma español.

¿Cuál es la naturaleza de las disputas en torno al estatus simbólico del español? Este libro aspira a responder parcialmente a esta pregunta a través del análisis tanto de las políticas contemporáneas orientadas a la difusión del idioma como de los discursos paralelos de legitimación. Desde el concepto de ideología lingüística y frente a los paradigmas del nacionalismo y la globalización, se analizan críticamente líneas de acción político-lingüística asociadas con instituciones tales como la RAE y el Instituto Cervantes: la afirmación del español como base de la hispanofonía, su diseño y explotación como activo económico, su difusión como lengua global y su aceptación en España como lengua común. Colaboran en este volumen José del Valle, Mauro Fernández, Laura Villa, Kathryn A. Woolard, Ángel López García y Luis Fernando Lara.

 

Índice:

Agradecimientos (7)

Prefacio (9)

José del Valle: «Glotopolítica, ideología y discurso: categorías para el estudio del estatus simbólico del español» (13)

José del Valle: «La lengua, patria común: la hispanofonía y el nacionalismo panhispánico» (31)

Mauro Fernández: «De la lengua del mestizaje al mestizaje de la lengua: reflexiones sobre los límites de una nueva estrategia discursiva» (57)

José del Valle: «La RAE y el español total. ¿Esfera pública o comunidad discursiva?» (81)

José del Valle y Laura Villa: «La lengua como recurso económico: Español S. A. y sus operaciones en Brasil» (97)

Kathryn A. Woolard : «La autoridad lingüística del español y las ideologías de la autenticidad y el anonimato» (129)

Ángel López García: «Ideologías de la lengua española: realidad y ficción» (143)

Luis Fernando Lara: «Por una reconstrucción de la idea de la lengua española» (163)

Obras citadas (183)

Sobre los colaboradores (197)

 

Para abrir boca, los lectores de A&C pueden acceder a esta reveladora y lúcida entrevista con el autor, a los siguientes análisis sobre el mismo asunto, publicados en línea, y a la recopilación sobre fuentes de información en torno a la glotopolítica española y del español que ya publicamos en esta bitácora:

 

Valesca Brasil Irala: «Língua espanhola: mosaico de filiações identitárias».

Elvira Narvaja de Arnoux: «“La lengua es la patria”, “nuestra lengua es mestiza” y “el español es americano”: desplazamientos significativos en el III Congreso de la Lengua Española».

José del Valle: «La lengua, patria común: Política lingüística, política exterior y el post-nacionalismo hispánico».

José del Valle y Laura Villa (The Graduate Center – The City University of New York): «Lenguas, naciones y multinacionales: las políticas de promoción del español en Brasil», Revista da abralin, vol. 4, n.º 1 y 2 (diciembre del 2005), pp. 197-230.

Silvia Senz: «Pistas para seguirle la huella a la política lingüística y cultural (neoliberal) del español».

 

Silvia Senz (Sabadell)

Víctor García de la Concha, agente comercial

Víctor García de la Concha, agente comercial

Si algo caracteriza la continuidad en la sucesión de Fernando Lázaro Carreter por parte del infinito García de la Concha es el instinto político de ambos y su agudo olfato para los negocios, un rasgo en el que el alumno aventaja al maestro.

De sobras hemos tratado en este blog la «locuacidad» del actual director de la RAE y su pericia no sólo para entusiasmar con sus nuevos emprendimientos (1 y 2) a los patrocinadores de la Fundación Pro Real Academia,[1] sino sobre todo para extraer todo el jugo a los productos ya no son obras panhispánicos (esto es: comercializables hasta por duplicado en todo el orbe hispano; véanse 1, 2 y 3 a modo de ejemplo).

Pero don Víctor no se conforma con eso; necesita nuevos retos, subir el listón de sus resultados comerciales (¿acaso irá a comisión?), y para ello, nada mejor que el pluriempleo. Y ahí anda el hombre, como presidente de la Fundación de Español Urgente, haciendo nuevos clientes para la casa, y vendiendo nada menos que a los responsables de la zaragozana Expo 2008 ese flamante Certificado de Calidad Lingüística que Alberto Gómez Font (coordinador de la Fundéu y yerno de Lázaro Carrater) presentaba como «el producto más novedoso de la Fundación del Español Urgente [...] un certificado de calidad idiomática para todo tipo de memorias empresariales, folletos, manuales de instrucciones o soportes publicitarios en general, cuando las empresas correspondientes así lo contraten y sometan sus textos a la auditoría lingüística de los expertos de la fundación».

Y ojo, que parece que además se atreven con los servicios editoriales: anuncian también que «la Fundación realizará además la obra Agua y desarrollo sostenible. Diccionario de terminología clave, que la Expo podrá regalar a los medios informativos y personalidades». Y digo yo que no lo hará gratis, por mor del buen uso del lenguaje.

Jopé, don Víctor. Usted no se preocupe: si no consigue modificar los estatutos para convertir su cargo académico en vitalicio, trabajo no le va a faltar cuando tenga que dejar la Docta Casa. Un sinfín de servicios lingüísticos y editoriales lo pretenderán. Eso sí: no le garantizo que puedan satisfacer su caché. En este ramo lo normal es cobrar muy poco.

Silvia Senz (Sabadell)



[1]. Obra magna de su predecesor, creada en 1993 con el fin de «allegar recursos económicos para la financiación de las empresas» de renovación de los trabajos académicos.

 

Pistas para seguirle la huella a la política lingüística y cultural (neoliberal) del español

Pistas para seguirle la huella a la política lingüística y cultural (neoliberal) del español

Al margen de las notas y artículos que solemos publicar en esta bitácora sobre política lingüística, editorial y cultural del español, al lector habitual de A&C tal vez le interese conocer nuestras fuentes de primera mano:


1. Al lector neófito le interesará abrir boca con este par de estudios críticos y compilatorios:

* Elvira Narvaja de Arnoux: «“La lengua es la patria”, “nuestra lengua es mestiza” y “el español es americano”: desplazamientos significativos en el III Congreso de la Lengua Española».
* José del Valle: «La lengua, patria común: Política lingüística, política exterior y el post-nacionalismo hispánico».
* Rita Cancino: «El español - la empresa multinacional: El impacto de la lengua y cultura española en el mundo actual».

Tampoco le conviene al lector curioso perder de vista los sucesivos encuentros, proyectos y estudios que se desarrollan (desde España) en torno a la expansión y promoción de la lengua española, a saber:

 

2. Las publicaciones de los sucesivos CILE (Congreso Internacional de la Lengua Española) y la reseña que del último acaba de publicar el organismo encargado de «realizar un estudio exhaustivo de los intereses de España y de los españoles en la sociedad internacional, para ponerlo al servicio de la comunidad».

 

3. Los sucesivos anuarios El español en el mundo que, desde 1998, viene publicando el Instituto Cervantes.

 

4. Las sucesivas ediciones del Acta Internacional de la Lengua Española:

* Qué son, quiénes las impulsan y qué se proponen.
* Las ponencias y conclusiones de la primera de las cinco ediciones anunciadas.
* Sus primeras consecuencias.

* Su segunda edición, que se celebrará este mes de junio, sobre el mundo editorial en español (y sólo en español).


5. La página del Real Instituto Elcano, especialmente el área de Lengua y Cultura.

 

6. Los sucesivos seminarios sobre «El valor económico del español», promovidos por Telefónica.

 

7. Los seminarios «El español, un activo estratégico para las industrias culturales iberoamericanas» (que acaban de arrancar con esta primera edición y declaración final).

 

 

8. El fruto de los estudios econométricos que se desarrollan en este marco:

* Francisco Moreno y Jaime Otero: Atlas de la lengua española en el mundo (1.ª parte, en pdf; 2.ª parte, en pdf).

* J. L. García Delgado, J. A. Alonso, y J.C. Jiménez: Economía del español.

* «El idioma español pierde valor económico».

* José Antonio Alonso y Juan Carlos Jiménez: «Aspectos conceptuales y analíticos. El valor de la lengua como capital social».

* En «Publicaciones: Documentos de trabajo: El valor económico del español» del Instituto Complutense de Estudios Internacionales:

Alonso, José Antonio
«Naturaleza económica de la lengua».

Carrera, Miguel; Bonete, Rafael; Muñoz de Bustillo, Rafael: «El programa ERASMUS en el marco del valor económico de la Enseñanza del Español como Lengua Extranjera».

Criado, María Jesús: «Inmigración y población latina en los Estados Unidos: un perfil sociodemográfico».

Gutiérrez, Rodolfo: «Lengua, migraciones y mercado de trabajo».

Jiménez, Juan Carlos
«La Economía de la lengua: una visión de conjunto».

Quirós Romero, Cipriano; Crespo Galán, Jorge: «Sociedad de la Información y presencia del español en Internet».

Moreno Fernández, Francisco; Otero Roth, Jaime: «Demografía de la lengua española».

* El número 13 de la revista Circunstancia (Fundación José Ortega y Gasset), cuyo sumario es:

José Luis García Delgado: «El valor económico del español: una incitación».

Rodolfo Gutiérrez: «Inmigración, lengua y mercado de trabajo».

Juan Carlos Jiménez y Aránzazu Narbona: «Economía y lengua: el español en el comercio internacional».

Miguel Carrera Troyano y José J. Gómez Asencio: «La industria de la enseñanza del español como lengua extranjera».

Guillermo Rojo: «El español en la red».

José Antonio Alonso y Juan Carlos Jiménez: «El valor de la lengua: aspectos conceptuales y analíticos».

Osvaldo Hurtado: «El camino económico de la lengua española».

 

 

Francisco Moreno Fernández y Jaime Otero Roth: «El español en su dimensión demolingüística».

Julio María Sanguinetti: «La lengua como activo».

 

9. Los convenios y planes de financiación del ICEX para la promoción del español y sus industrias culturales:

* Dossier ABC «La Industria Cultural Española»

* Monográfico de La Vanguardia «Aprendiendo a Exportar Contenidos Culturales para El Mundo» (enero del 2008)

 

10. El Foro de Marcas Renombradas Españolas, el Plan Estratégico 2006-2010 de Marcas Renombradas Españolas, y el Proyecto Marca España (del Instituto Español de Comercio Exterior [ICEX], el Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos, el Foro de Marcas Renombradas Españolas y la Asociación de Directivos de Comunicación DIRCOM, con el apoyo institucional del Ministerio de Asuntos Exteriores), proyecto en el que la lengua española se presenta como la única y exclusiva marca identitaria y de prestigio de la cultura española, y el único objeto de promoción internacional, estratégicamente ligada a la imagen país que España quiere proyectar al mundo, a la actual política exterior de alianzas iberoamericanas y a la política panhispánica de unidad del idioma; véase (las negritas son mías):

La estrategia de imagen de España debe ser un proyecto a largo plazo, un esfuerzo sostenido en el tiempo cuya gestión y responsabilidad se sitúe por encima de la legislatura política. Debe ser un proyecto de Estado, a partir de una estrategia definida que diseñe las distintas acciones a desarrollar, tanto en el aspecto político y comercial como en el cultural. Se ha destacado en este sentido la importancia estratégica de coordinar el esfuerzo de todas las instituciones públicas y privadas mediante un ente que tenga responsabilidad al más alto nivel, que actúe como «Guardián de la marca», con responsabilidad total y absoluta sobre estas cuestiones. En esta misma línea se ha subrayado la necesidad de actuar en el ámbito diplomático sobre las instituciones multilaterales, mediante la creación y desarrollo de lobbies específicos que representen los intereses de la marca España. La coordinación institucional de la imagen de España debe ir acompañada, además, de una estrategia común con el ámbito empresarial, y en especial, con aquellas empresas que ejercen de importantes embajadores de la marca España. La estrategia de marca España debe basarse, según se ha sugerido, en una idea dominante (como, por ejemplo, el concepto de prestigio) que pueda ser utilizada por todos los públicos objetivos de la marca España, tanto en el sector turístico, el empresarial, el cultural o el político. Pero sobre todo, debe establecerse una relación importante entre la marca España y el concepto globalizador de la lengua española, como uno de los principales atributos de la marca España. [P. 19.]

***

Desde la perspectiva de los representantes diplomáticos, ésta es el área que más prestigio ofrece al país. Lo que más prestigio produce a largo plazo es la cultura. Hay que buscar la esencia y la realidad de un país y comunicarla. Es decir, crear la identidad de la marca a partir de su propia esencia. Esta idea es defendida, también, por otras instituciones como el Instituto Cervantes e incluso por el ICEX, al centrarse en el idioma español, como uno de los principales activos para posicionar la marca España en los mercados internacionales.

En este sentido, también se amplía la idea de la lengua española más allá del concepto de España.

El español y la cultura en español es el activo más importante para el prestigio de una imagen de España en el mundo, teniendo en consideración que el español se diluye a escala internacional en el concepto más genérico de hispánico. La creación de la marca España es inseparable de la relación cultural que nos liga a Iberoamérica y, por tanto, la creación de una marca España debe dejar una puerta abierta a la asociación de una marca hispánica. Por ejemplo, la imagen en Estados Unidos del español está más ligada a lo hispánico que a España. Como idioma, el español es el gran competidor del inglés.

El inglés es hegemónico pero ligado a uno o dos países. El español se encuentra ligado a dos continentes y está convirtiéndose en una gran lengua internacional de comunicación. Va acotando distancias frente al inglés, gracias a su relativa homogeneidad y unidad de normas entre países. También la concentración del idioma (Latinoamérica, España, California y Florida), son factores que favorecen el español frente a la fragmentación del inglés, tanto geográfica como lingüística. En estos momentos, la percepción de la imagen de la lengua y cultural del español es muy buena, por no decir excelente.

El problema subyace en que no existe una estrategia definida y coordinada para aprovechar esta coyuntura propicia. Esta estrategia no existe, aunque sí la voluntad de coordinar esfuerzos. En este sentido, se hace de nuevo énfasis en la necesidad de una mayor coordinación con otros organismos afines, como por ejemplo el Ministerio de Educación. [P. 43.]

***

Deseamos igualmente resaltar que la cultura y la lengua españolas son activos de primer orden que están infrautilizados. Es urgente reforzar y coordinar la acción cultural exterior, en especial las instituciones públicas y los programas de apoyo a la enseñanza privada de la lengua y cultura españolas.

Cuando sea necesario, porque no haya los suficientes recursos propios, habrá que fortalecer la acción del Instituto Cervantes con alianzas estratégicas, como la lograda con México en Estados Unidos.

Una medida a tener en cuenta son los programas de subvención a traducciones y libros de texto de español o en español (sobre historia, etc.), que cumplan unos requisitos de imagen, por ejemplo que recojan aspectos positivos de la cultura e historia españolas. [P. 103.]


11. Lo que publica en relación con la lengua y la cultura españolas, y la marca país (aquí, aquí y aquí) el diario El Exportador Digital, del Instituto Español de Comercio Exterior.

 

12. Las noticias que ofrece el portal del Instituto Cervantes.

 

13. Las noticias y artículos que ofrece la web de la Fundéu.


Silvia Senz (Sabadell)


Lecciones magistrales de disección: el anticipo caserónico de la «Nueva Gramática de la Lengua Española»

Lecciones magistrales de disección: el anticipo caserónico de la «Nueva Gramática de la Lengua Española»

La RAE quiere mostrarnos que trabaja y que emplea en algo productivo los caudales que recibe a espuertas: casi cuatro millones de euros sólo de nosotros, los hablantes y contribuyentes españoles (véase aquí, p. 20); muchísimo más de sus benefactores privados (y sirvan como muestra este botón y este Botín), que deben de estar ansiosos por tener ya esa norma unitaria del español, panhispánicamente consensuada, pues, como afirmaban los dos últimos directores de la Docta Casa y recogía Jaime Otero[1] en este artículo:

«La presencia hispánica, actual y futura, en el concierto o desconcierto del mundo, depende decisivamente de la unidad idiomática», decía el entonces director de la Real Academia, Fernando Lázaro Carreter, en la inauguración del Congreso de la Lengua de Sevilla de 1992. Para el actual director, Víctor García de la Concha, «nuestra fuerza, nuestra riqueza y nuestro futuro es América Latina, y por eso la política lingüística debe ser panhispánica» (declaraciones a El País, 3 de mayo del 2004). La globalización tiende a reducir el número de lenguas internacionales de comunicación. Y al igual las empresas que invirtieron en América Latina, para sobrevivir hay que crecer, «hay que ser una lengua de uso de gran número de personas, tener un idioma unitario, estar muy presente en las tecnologías y ser una lengua importante en la diplomacia y los foros internacionales».

Es tal el fervor académico por poner en nuestras manos pruebas de su productividad, y de contribuir con su labor uniformadora a incrementar el (supuesto) valor económico del español que, a su ya conocida política de publicación por goteo del código normativo del español,[2] añade las prácticas más astutas del márquetin editorial moderno, con la prepublicación de un anticipo en pdf de su incesantemente anunciada Nueva gramática de la lengua española.

Para utilidad de los lectores de A&C, nuestro erudito filólogo de guardia, Jordi Minguell, nos ofrece esta minuciosa disección de lo que parece una más que probable rana académica:

 

Primera fase de la disección: incisiones cutáneas de la pared torácica y abdominal

He abierto deprisa el anticipo de la gramática de la RAE y, al examinarlo, me he encontrado con diversas anomalías.

En la presentación se afirma: «La norma de corrección no la proporciona un solo país, sino que tiene carácter policéntrico». Pocos renglones después se asevera que se va a describir «la norma culta común del español general».

El concepto de norma policéntrica se puede entender de dos modos:

1) Se trata de una norma única, concertada por distintos centros en perjuicio de determinados usos.

2) Se trata de una norma variable, establecida por acuerdo de distintos centros.

Si bien no se define el concepto de norma culta (algo verdaderamente arduo), los autores de la gramática no dudan de que el castellano general tenga UNA SOLA norma culta, visto que el anticipo disponible es una colección de variantes, de entre las que los autores suelen «recomendar» una. Tras la recomendación está, de hecho, la norma única.

Así, pues, parece que debe creerse que estos autores hacen propia la definición 1 de norma policéntrica y parece harto probable que esta cacareada norma policéntrica sea precisamente eso: una norma única concertada por el Caserón Neoclásico de Los Madriles y los Virreinatos de Ultramar.

No solo los redactores parecen estar convencidos de que el castellano tiene una sola norma culta, sino también de que tiene UN SOLO ESTÁNDAR. En efecto, escriben: «Registrar aquellas variantes conversacionales de la lengua no estándar atestiguadas en el mundo hispánico [...]». Evidentemente, no definen el concepto de estándar (otro cometido —parece— muy arduo).

 

Segunda fase de la disección: incisiones musculares y sección de la cintura pectoral, y descripción general de las vísceras

Adentrémonos ahora en el detalle anatómico de la morfología normativa.

Claramente normativa es la gramática respecto al género no marcado para seres animados: «Se trata del masculino», dicen los autores. Yo no puedo estar más que
de acuerdo, porque este es el funcionamiento del castellano. Con esta norma la RAE se pronuncia de modo claro sobre el mamarracho este del lenguaje «no sexista».

La escritura, sin embargo, traiciona de vez en cuando el pensamiento no manifiesto de los redactores de la gramática. Dicen: «En el lenguaje de la política, en el administrativo, en el periodístico, en el de los textos escolares y en el de OTROS MEDIOS OFICIALES [...]». Diríase que, para los redactores, los escritores de textos escolares y los periodistas pertenecen a los «medios oficiales». Los redactores no explican algunas decisiones léxicas que me resultan incomprensibles. Recogen fiscala, jueza y jefa al lado de la fiscal, la juez y la jefe, pero no queda claro por qué optan. Sin embargo, desaconsejan asistenta social, aun reconociendo que es una forma difundida. No aceptan soldada como femenino de soldado, pero sí perita como femenino de perito. Del mismo modo, tienen documentado miembra como femenino de miembro, pero desaconsejan su uso.

A propósito de miembro, los redactores escriben esta comicidad: «El sustantivo masculino ‘miembro’ designa ciertas extremidades articuladas». Enseguida pensé: «¿Donde estará la articulación del pene, llamado también el miembro o miembro viril? Hallándome en tanto berenjenal, acudí al DRAE para ver qué dice de pene. Reza esta obra: «Miembro viril». Voy a miembro y no encuentro miembro viril. Sin embargo, encuentro esta acepción de miembro: «Órgano de la generación en el hombre y en algunos animales». Esta definición es muy cómica, por dos razones:

1) Hombre (género no marcado) indica a la humanidad, por lo que la RAE cuenta que las mujeres tienen pene.

2) Procrear significa «perpetuar la especie», por lo que la RAE dice que el pene es el único órgano necesario para reproducir la especie.

Los redactores del anticipo son poco precisos. Escriben: «Los pronombres personales tónicos [...] y todos los átonos, a excepción de lo, la y sus plurales, se comportan gramaticalmente, EN CIERTA MEDIDA [¿qué significará?], como los sustantivos comunes en cuanto al género». Pocos renglones después, la situación cambia, desaparece la «cierta medida». En efecto, se lee: «Parece apropiado entender, por consiguiente, que las formas de concordancia descritas ponen de manifiesto que los pronombres personales arriba mencionados se comportan como los sustantivos en cuanto al género». ¡Qué exactitud!

Encuentro encantador que el adelanto se refiera al castellano de España llamándolo «español europeo». Notoriamente, Europa está repleta de países donde se habla normalmente el castellano. Algo así como las Américas, vaya.

Hablando del género de ánade y de áspid, el anticipo menciona solamente los nominativos de los étimos (anas y aspis), que al lego en latín y etimología ni siquiera le sugieren por qué a partir de tales forma el castellano llegó a las de ánade y áspid. El colmo de la inutilidad es que los redactores indican la longitud de las vocales de los étimos: dos breves en anas, breve la i de aspis. Copiaron, copiaron muy bien: de hecho, los diccionarios latinos no indican la longitud de la a de aspis, porque es larga por naturaleza, al aparecer ante dos consonantes.

Si los redactores del anticipo querían decir algo a los lectores al citar los étimos, debían haberlo hecho en acusativo, del cual derivan: aspidem (con i breve, que indica que la tónica cae en la vocal anterior) y anatem (con la segunda a breve, que indica que la tónica cae en la vocal anterior). Aun no sabiendo latín ni gramática histórica, los acusativos dan indicaciones mucho más certeras sobre las formas castellanas.

El adelanto no se ahorra alguna que otra afirmación arriesgada. Por ejemplo, dice: «Corresponde a los diccionarios, como es obvio, informar del género que presentan los sustantivos, no del sexo que poseen los individuos que estos pueden designar». ¿Cómo habrá que definir las palabras oveja, vaca, yegua y demás heterónimos? ¿Cómo habrá que definir, por ejemplo, la palabra mula, que no es un heterónimo. Como se quiera; pero, como cuentan los del Caserón Neoclásico, el hacerlo no es cometido de los diccionarios.

El anticipo, remitiendo a un parágrafo aún no escrito (el del adjetivo) habla de «uso anafórico de ‘mismo’» («Con el mismo tono de siempre») y de uso intensivo o enfático («Lo autorizó el mismo Sr. Presidente»). Cabe esperar que, en el parágrafo sobre el adjetivo, los redactores expliquen qué es el «uso anafórico». A ojo de buen cubero, diría que muchísimos de los potenciales lectores de la obra no tienen nada claro lo del «uso anafórico».

Y luego los egregios hablan de furbo. Perdónalos, Padre, porque no saben lo que dicen. Hablan de un inexistente club italiano «Firenze». Querían decir «Fiorentina», pero, como se dice en mi tierra, «Tot és bo el que l’olla cou» (bueno es todo lo que el puchero cuece). Tras señalar que la mayor parte de equipos de fútbol italianos se designan con el artículo femenino, los caserónicos redondean desde lo alto de su torre ebúrnea: «En italiano se suple en estos casos el sustantivo femenino squadra». ¡Pues no, señor! Se suple sencillamente società o associazione, palabras que figuran casi siempre en la denominación oficial de los clubes.

Hubiera hecho bien la Corporación siguiendo el ejemplo de la nueva gramática del catalán que elabora la Secció Filològica del IEC y permitiendo a los expertos discretas disecciones previas de su gramática preceptiva.

Jordi Minguell, Roma



[1] Investigador de Lengua y Cultura del Real Instituto Elcano, una fundación privada cuya tarea fundamental es «realizar un estudio exhaustivo de los intereses de España y de los españoles en la sociedad internacional, para ponerlo al servicio de la comunidad», y cuyo patronato presenta curiosas coincidencias con los benefactores de la RAE que financian sus trabajos.

[2] Recordemos que, en los dos últimos años, la RAE y las academias hispanoamericanas asociadas han sacado a la luz el Diccionario del estudiante (con Santillana), el Diccionario panhispánico de dudas (o DPD; con Santillana) el Diccionario esencial (con Espasa) y, durante el reciente IV CILE, el Diccionario práctico del estudiante (una mínima adaptación para América del académico Diccionario del estudiante, que, según comentan en la página de Santillana, no se vende en España, aunque sí se siga vendiendo en algunos países de Latinoamérica el Diccionario del estudiante original). Todas estas obras, sin anular la validez normativa del Diccionario (2001), la Gramática (1931) y la Ortografía (1999) vigentes, han ido avanzando paulatinamente algunas de las novedades de norma que incorporarán el nuevo Diccionario académico (previsto para el 2013), la nueva Gramática (prevista para el 2008) y la nueva Ortografía (prevista para marzo del 2007), de tal modo que, para conocer la norma actual del español hay que manejar hoy al menos seis obras distintas (dos de ellas no libremente consultables por línea).

Pero lo más grave no es esa dispersión y goteo de la norma culta del español, sino las clamorosas contradicciones que se detectan entre unas obras académicas y otras, la ausencia de criterios y metodologías comunes y diversos errores de bulto, que están llevando a la RAE —según se cuenta en los mentideros lingüísticos— a plantearse la corrección, a menos de un año de su publicación, de la versión en línea del DPD, lo que invalidaría su primera edición en papel, que en sólo cinco meses se convirtió en superventas.

Ricardo Soca, en el suplemento «Ñ», de «Clarín»

Ricardo Soca, en el suplemento «Ñ», de «Clarín»

La versión impresa del suplemento cultural Ñ, del diario Clarín, publica hoy el artículo «Las normas, la historia y las autoridades lingüísticas», de Ricardo Soca, aparecido originalmente en esta modesta bitácora.

Gracias, Ricardo; gracias, Clarín.

Grupo A&C

Las normas, la historia y las autoridades lingüísticas

Las normas, la historia y las autoridades lingüísticas

La devoción de los hispanohablantes —y sólo nuestra— por las normas y por las academias tiene un origen histórico. Nos ha sido infundida tan tempranamente y desde hace tantas generaciones que tal vez la llevemos incorporada ya en los genes.

El caos lingüístico que reinaba en la España del siglo xviii y la necesidad de un idioma homogéneo para consolidar el imperio llevaron a la creación de la Real Academia Española, que en menos de un siglo cumplió su misión con dos obras magníficas para la época: el diccionario y la gramática. Con ellas se unificó la enseñanza de la lengua en España y en las colonias, y se hizo posible la situación que vivimos hoy, en que hablantes nativos de veinte países nos comunicamos sin dificultades.

Esa historia de hace dos o tres siglos y esa gran obra infundió en la mente de los hispanohablantes la noción de que debe haber alguien que nos siga diciendo, hasta hoy, cómo debemos hablar y escribir y en qué sentido debe evolucionar la lengua. Todos hemos visto terminar debates sobre temas lingüísticos con un inapelable «El Diccionario de la Real Academia Española dice esto» u oído afirmaciones tales como «Esta palabra no existe; no está en el diccionario» o «La Real Academia Española no la admite». Ante esta noción de autoridad, que hemos mamado desde la infancia, me parece explicable la aparición de empresas dispuestas a ganar dinero vendiendo certificados de español correcto y llamando a batallas contra ignotos molinos de viento de fabricación angloestadounidense.

No soy partidario del caos lingüístico ni de la inexistencia de normas —que todos los idiomas tienen, aunque los hablantes las apliquen sin conocer su enunciado—. Sin embargo, cada año egresan de las universidades miles de lingüistas capacitados —o en condiciones de capacitarse— para interpretar el habla de la gente, de la prensa y de la literatura, a fin de descubrir y enunciar las leyes que la rigen. Me pregunto por qué tiene que ser un organismo estatal o paraestatal de un país determinado el que establezca los estándares de una lengua hablada por nativos de más de veinte países, y aun dé su espaldarazo para quienes venden servicios de consultoría lingüística. Y no quiero ni pensar en las academias de la lengua hispanoamericanas, cuya mera existencia es una proeza y cuya producción suele brillar por la escasez.

La enseñanza de inglés es un rubro muy importante en la economía británica, pero a nadie se le ocurre decirles a los anglohablantes qué palabras «existen» ni cómo deben hablar. Se ha dicho que ese papel lo cumplen los buenos diccionarios y las buenas gramáticas; no es que el Diccionario de la Real Academia Española sea un pésimo diccionario: apenas es demasiado pobre e incompleto para las ínfulas y la fanfarria con que es presentado y para el dinero que se invierte en generar tan magros resultados. Todos los que trabajamos con el idioma sabemos que los productos de la RAE no llegan a los tobillos de un Merriam Webster, pero es lo que tenemos.

No conozco mucho sobre los congresos de la lengua; sólo estuve en el de Valladolid por razones de trabajo y me pareció (tal vez no tanto en aquel momento, pero sí hoy) una rimbombante exposición mediática armada con el fin de impulsar la venta de productos. Eso no está mal, las exposiciones comerciales tienen esa finalidad y nadie las critica. Lo que ya no me parece tan bien es que entidades públicas se atribuyan una autoridad que no tienen, para justificar la exclusividad —para sí o para terceros— en la venta de determinados productos editoriales y servicios de consultoría. Y que académicos de un mérito indiscutible se presten a esa fiesta de los dueños del dinero. No lo hacen por mal; creen que tienen ese derecho porque también a ellos se les imbuyó muy tempranamente la noción de que los académicos son los guardianes de la lengua, no se sabe contra qué enemigo.

A ningún profesor estadounidense se le ocurriría decirle a un alumno: «No digas papaya, que es un hispanismo, di paw-paw, que es la forma nuestra». Pero los hispanohablantes nos ponemos la armadura y allá vamos con nuestra triste figura. Hace algunos días se contaba en Babelia que el español «libra su gran batalla territorial en Estados Unidos», y se llamaba a «coordinar la defensa conjunta del idioma». Un caprichoso —aunque no raro— uso de la palabra defensa. Similar al del Pentágono.

Ricardo Soca (Montevideo, Uruguay)

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Silvia Senz: «Sobre el mercado del español en EUA, el prestigio social de la lengua, la calidad lingüística de los medios y la capacitación profesional».


Suya, La Lengua

Suya, La Lengua

Desde la primera vez que vi anunciado, hace algunos años, un Congreso Internacional de la Lengua Española, hubo algo en el nombre que me llamó la atención, que me resultaba disonante como nombre de congreso, simposio u otro tipo de evento científico a los que estamos acostumbrados. Analizando el nombre parte a parte, me percaté de que lo que sonaba raro era el artículo definido la.

Veamos: ¿cuándo los nombres de congresos, simposios, encuentros, etc., llevan artículo definido y cuándo no lo llevan? Solemos ver el artículo cuando el evento enuncia la organización que lo lleva a cabo: Congreso de la Asociación de Lingüística y Filología de América Latina (ALFAL), Congreso de la Federación Internacional de Gimnasia, Congreso de la Sociedad Física de Córdoba; o, en la lengua del país donde vivo, Congresso da União Internacional dos Advogados, Congresso da Associação Brasileira de Hispanistas, etc. En cambio, no aparece artículo cuando el evento denomina a la disciplina de estudio o trabajo: Congreso Nacional de Periodismo Digital, Simposio de Análisis Económico, Seminario de Lingüística Informática.

Una determinada lengua aparece en esa denominación sin artículo definido cuando se sobrentiende que el evento convoca estudios sobre ella. Así tenemos, por ejemplo, cada dos años en este país el Congresso Brasileiro de Língua Portuguesa, que es «de» estudios sobre esa lengua (ya va por la octava edición y nunca lo llamaron «da Língua Portuguesa»). Esa operación metonímica de sustituir la disciplina de estudio por su objeto es bastante común en los nombres de eventos, pero siempre sin artículo: Congreso de Patologías Derivadas del Estrés, Congreso de Energía Solar. Por eso es extraño el artículo en los «congresos internacionales de la lengua española», y la extrañeza invita a reflexionar sobre los efectos de sentido de ese particular modo de determinación.

Primero consideremos su diferencia con los que no llevan artículo. Sugiere que la lengua española no está puesta en un lugar de objeto de estudio. Un congreso de lengua española se entendería como de disciplinas que tengan instrumentos conceptuales para estudiarla. Y en ese congreso, los especialistas de esas disciplinas tendrían como objeto esa lengua. Pero éste es un congreso de la lengua española. Y realmente, si observamos la programación y composición del Congreso, es evidente que no se hace para estudiar ni la vida ni el funcionamiento del español. No se abre a presentación de ponencias, funciona por invitación y aunque incluye a grandes especialistas, no está centrado en ellos. Los especialistas actúan de un modo bastante indiferenciado entre artistas, escritores, políticos y empresarios. Nada en contra de esos gremios, pero es evidente que no trabajan con ciencias del lenguaje. Tampoco son especialistas de disciplinas afines, no se trata de interdisciplinariedad. Y del mismo modo que un gran bailarín no por lograr belleza estética con su cuerpo discurre sobre fisiología del organismo humano, ni lo hace un estilista a pesar de vestir tal cuerpo con las ropas que vende, ciertamente tampoco ellos escribirán sobre lingüística del español. Y hacen muy bien, claro.

Veamos ahora el otro efecto de determinación, el que lo asocia con los eventos en cuyo nombre hay presencia de artículo. Congreso de la Lengua. En él, la Lengua se reúne, delibera. La Lengua es una organización y convoca a sus representantes. Y no se trata, en esa peculiar figuración, de la lengua como institución en el sentido de Saussure. El ginebrino empleaba «institución» como «convención» y jamás hubiera concebido la lengua como organización cuyas unidades pudiesen reunirse a discutir. No se trata aquí del orden de lo lingüístico, del funcionamiento real en que la demarcación entre lenguas «específicas» es siempre incierta, sino, paradójicamente, de lo que tiene que ver con el recorte de una lengua.

Y ese recorte, parafraseando a un gran lingüista de la Universidade de Campinas, Kanavihlil Rajagopalan,[1] es del orden de lo geopolítico. En efecto, hablar de la lengua española, la lengua portuguesa, la lengua francesa, etc., es hablar de constructos político-lingüísticos asentados en fuertes percepciones de identidad, que alcanzan predominio en espacios sociales desiguales. Toda «la lengua X» es una representación, que no por ser necesaria es menos representacional, menos del sentido común. ¿Será que los «congresos de la lengua» estudian esas representaciones, que las tienen como objeto, como podría ser un congreso sobre políticas lingüísticas o sobre imaginarios de lengua? A juzgar por lo que la prensa machaca todos estos días, parece que tienen mucho que ver con esas representaciones, pero no porque las estudien críticamente sino lamentablemente por todo lo contrario: porque están concebidos desde el interior de las mismas y desde la maquinaria ideológica que les da continuidad, con el objetivo de otorgar el más alto estatuto de «saber» posible a ese imaginario.

Por eso la imagen metafísica de la lengua reuniéndose cuaja bastante bien con las muchas declaraciones extasiadas que vemos estos días en los diarios que cubren el evento, y que otorgan a «la lengua» cualidades verdaderamente místicas. La mayoría de esos testimonios tienen que ver con una bienintencionada sensibilidad hacia la belleza que un hablante puede encontrar en lo que su cultura produce verbalmente. Pero me preocupa un tono mucho más altisonante, que entre tanto éxtasis retumba con un imperativo de generalización y expansión. «La lengua de todos» es imparable y debe expandirse, y es un mandato que todos debemos sentir.

Ese mandato me produce un profundo rechazo, no sólo como hablante de español, nacido en Argentina; también como trabajador de la educación del país en que hace ya tiempo vivo, Brasil. Me referiré a ambos rechazos, en ese orden.

Como cualquier hispanohablante, es el español la primera lengua-representación en que me reconozco. Pero mi amor en ella es algo que no tiene que ver con esos mandatos, nunca sentí que tuviera que defenderlo de nadie, y sobre todo, no me habla en ese tono. Y como pasa con cualquier hablante, puedo sentir en ella también la voz de lo que no quiero. Y eso de «la lengua de todos» me suena autoritario, porque excluye al que así no se siente y porque no veo ninguna razón para que así se sienta (argentinos, ¿se acuerdan de «La fiesta de todos»?). Pienso en otros congresos «de la» que fundan imperativos. ¿Congreso de la Nación? (no digamos de la República, porque parece claro que esta «la lengua» tiene vocación monárquica). Para cualquier latinoamericano la nacionalidad es una representación crítica, pero sea cual sea su alcance, no creo que coincida con el perímetro de esta-La-Lengua, sus inclusiones y exclusiones. Aunque el castellano, el español (no sé si «la lengua»), seguro algo importante tienen que hacer allí.

Análogamente, en el país donde vivo, uno de los máximos objetivos de la Cruzada expansiva, hay adoradores acríticos de esta-La-Lengua (claro que no me refiero a los que se dedican con pasión crítica al español, sino a los encandilados por espejitos de colores) y suelen ser reproductores de lo que el sociolingüista local Marcos Bagno[2] denomina «baja autoestima lingüística» de muchos brasileños en relación con su lengua nacional. Creo que el aporte que puede hacer la enseñanza de castellano, a la que me dedico, no tiene nada que ver con una expansión «imparable», sino con el crecimiento integral del educando, con el enriquecimiento de su mirada sobre sus propias (y riquísimas) lengua y cultura, y con el desarrollo de una perspectiva latinoamericana. Cuánto «La Lengua» se hable es, en ese marco, lo que creo que menos importa. Y es más que conocida (no voy a repetir referencias aquí) la total falta de respeto con que los promotores de la «expansión» a cualquier precio vienen tratando con este sistema educativo.

Que nuestro amor ineludible por esto-que-hablamos, que nuestra pasión por lo que estudiamos y enseñamos no nos lleve a ser súbditos de «La Lengua». Por más que a veces la embellezcan llamándola mestiza.

 

Adrián Pablo Fanjul, profesor en la Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas da Universidade de São Paulo, Brasil, área de Lengua Española



1. K Rajagopalan (1998): «O conceito de identidade em Lingüística: é chegada a hora para uma reconsideração radical?», en: Inês Signorini (org.): Língua(gem) e identidade. Campinas: Ed. Mercado de Letras, pp. 21-45.

2. Marcos Bagno (2000): Dramática da língua portuguesa. Tradição gramatical, mídia e exclusão social. São Paulo: Ed. Loyola.

La certificación internacional del español como lengua extranjera: entre la megalomanía y la necesidad de los hablantes

La certificación internacional del español como lengua extranjera: entre la megalomanía y la necesidad de los hablantes

Desde hace algo más de dos años –desde diciembre de 2004, para ser precisos– nuestra agenda de trabajo está permanentemente interferida por este proyecto del Sistema de Certificación del Español como Lengua Extranjera que finalmente fue aprobado antesdeayer en Medellín.

Mientras las estimaciones sobre el número de hablantes de español han ido creciendo de manera exponencial, mientras las proyecciones de estudiantes presentes y futuros han aumentando de artículo en artículo, mientras inauguran sedes, se premia a artistas, mientras se celebran cumpleaños y aniversarios de escritores insignes, la preocupación del Instituto Cervantes por la certificación del español como lengua extranjera recorrió ininterrumpidamente el camino desde el III CILE, en Rosario, hasta la reunión de rectores de Medellín, en vísperas del IV CILE.

Durante las reuniones de junio del 2005, en Rosario, de septiembre de ese mismo año, en Santiago de Chile, para la redacción del documento de Salamanca, y durante la de enero de 2007, en el encuentro de Costa Rica, distintos interlocutores analizaron, argumentaron y discutieron las propuestas. Finalmente la Secretaría Ejecutiva del SICELE redactó la última versión del documento, y el Sistema de Certificación es un hecho desde el sábado 24 de marzo.

Luego de estos dos arduos años, la pregunta que me hago es qué posibilidades de visibilidad tienen otras propuestas sobre nuestras lenguas. En el mundo del Español Lengua Segunda y Extranjera (E/LSE) existen acciones y proyectos en distintos lugares de este universo hispanófono interesados en las necesidades y demandas de nuestros países y de los extranjeros que quieren estudiar español. Se busca darle prioridad a los hablantes y a sus demandas:

• quiénes quieren y necesitan aprender español

• para qué quieren estudiar español o qué uso van a hacer de este aprendizaje lingüístico

• y con qué recursos económicos y educativos cuentan,

ya que, como cualquier docente sabe, cuando se estudia español como lengua extranjera no es lo mismo tener como lengua materna el portugués o el chino; no es lo mismo necesitarla para trabajar que para vivir en un país de habla hispana; no es lo mismo ser un estudiante universitario que alguien que está buscando mejorar su condiciones para conseguir empleo.

Cito un poco caóticamente algunos resultados de esta mirada diferente sobre el ELSE: el Manifiesto de Santander, la definición de los parámetros para la enseñanza del español en Brasil, los cursos para migrantes, refugiados y comunidades aborígenes, el apoyo de las universidades norteamericanas al spanglish, el examen argentino de español.

Se hace muy difícil en el contexto actual poder hablar de estas cuestiones sólo asertivamente. También es necesario aclarar y afirmar qué es lo que esto NO significa. Para nosotros diseñar un modelo propio de la enseñanza del español como lengua extranjera significa que el español:

• no es solamente un recurso económico;

• no tiene por qué ser la lengua que triunfe sobre todas las demás: indígenas, de inmigración, extranjeras, cooficiales, minoritarias, ágrafas y todos lo etcéteras posibles;

• no necesita ser defendida de nadie;

• no tiene por qué ser promocionada.

En este marco de afirmaciones y negaciones, nos interesa una región multilingüe, en la que la meta de nuestras acciones sea el mantenimiento de ese multilingüismo y la libertad de los hablantes de ampliar sus posibilidades comunicativas en las situaciones que elijan y que necesiten sumar.

La pregunta ahora es: ¿qué posibilidades hay de llevar adelante una propuesta, una política, un proyecto diferente en relación con el español?

Hoy, leyendo la noticia de la aprobación del SICELE, pienso que tenemos la posibilidad de pensar diferente y de influir desde otra mirada.

En diciembre del 2004 se hablaba de un examen panhispánico o unitario, se hablaba de «proliferación de exámenes» que ponían en riesgo la unidad de la lengua. Unos meses después se anunció que en la reunión de estos días en Medellín se iban a entregar los dos primeros certificados panhispánicos al rey de España y al presidente de Colombia —¿no son hablantes nativos?— en una reunión con cien rectores presentes.

Hoy leo en El Espectador que «Delegados de 64 universidades de todos los países de habla española, y representantes de otras instituciones hasta llegar a 100, asistieron a esta asamblea que se ha reunido en Medellín». No parece un número muy alto, si se tiene en cuenta que solamente en la Argentina existen 102 universidades. Me gustaría saber cuántas universidades existen en total en los 21 países que tienen el español como lengua oficial y cuáles son esas 36 instituciones que completaron la cifra esperada. Señalo también que no es un examen, sino un sistema, y que tampoco hubo certificados honorarios.

En estos algo más de dos años transcurridos desde ese diciembre del 2004, muchas de las universidades hispanoamericanas, ausentes y presentes en Medellín, han reflexionado y discutido las bases del SICELE y han logrado estos cambios que no son insignificantes y que representan probablemente el inicio de líneas diferentes de trabajo aun dentro del SICELE.

Recuperemos nuestra agenda y aprovechemos los vínculos entre nosotros para diseñar una política lingüística que se interese por los hablantes, que tenga el multilingüismo como meta y que respete el trabajo de los especialistas y de las universidades.

 

Leonor Acuña, docente de la Facultad de Filosofía y Letras

de la Universidad Nacional de Buenos Aires e investigadora

del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano