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Tópicos y verdades, o mentiras, a medias (1.ª parte)

Tópicos y verdades, o mentiras, a medias (1.ª parte)

El 18 de enero de este año el suplemento Cultura de La Vanguardia publicó un artículo titulado «No más tópicos, por favor», de Ricardo Artola, director literario de no ficción de Editorial Planeta, en el que rebatía lo que él consideraba los nueve lugares comunes sobre el sector editorial y retaba a los lectores a aceptar una apuesta: «aquí dejo un correo electrónico: nomastopicos@hotmail.com. Si me convencen de que la mitad de lo que he dicho es mentira, me como el sombrero».

Y como la idea de que un director de Editorial Planeta se comiera el sombrero me pareció sumamente interesante, le transmití mi opinión y todavía sigo esperando, yo y unos cuantos compañeros sufridores más del sector editorial. Pero, al parecer, nuestros mensajes se habrán perdido por el ciberespacio, porque no sé de nadie que haya recibido respuesta. Aunque también puede ser que el señor Artola se esté comiendo el sombrero, y, claro, responder mensajes comiendo un sombrero no debe de ser tarea fácil.

Quiero que mi carta al señor Artola esté en esta bitácora, y lo quiero por dos razones: porque los medios de comunicación tradicionales, generalmente ya fagocitados por un gran grupo o surgidos de él, nos están cerrando la boca y porque este es el lugar en el que debe estar, aparte de en el buzón de correo de nuestro aspirante a comedor de sombreros.

El señor Artola, «harto de escuchar siempre las mismas obviedades sobre el mundo del libro», atacaba contra el primer tópico:

1. Las grandes editoriales SÍ publican buenos libros. Me limitaré a citar algunos libros que hemos publicado en el sello Planeta (el más grande de todos), en 2005: Rubicón, de Holland; la reedición del Hitler, de Fest; el Atlas de Historia de España, de García de Cortázar, o La mujer desnuda, de Morris. Me atrevería a decir que, para cualquier editor español, grande, mediano o pequeño, habrán sido objeto del deseo.

A lo que yo (correctora, por cierto, de uno de los libros que Ricardo Artola citaba: el Rubicón) le respondí: «Usted dice que sí, que las grandes editoriales publican buenos libros, y yo quiero decirle, por mi experiencia, que a menudo son buenos por casualidad. Si tenemos en cuenta los plazos de tiempo de los que disponen los profesionales que intervienen en el proceso de edición (traductor, correctores, maquetadores, editores...) y las tarifas con las que se les remunera su trabajo, que un libro esté bien traducido, bien corregido y bien editado roza el milagro. Y el milagro se produce porque confluyen en esa obra profesionales preocupados por su trabajo, que dan mucho más de lo que deberían dar, que se entregan y se preocupan por la calidad de lo que están haciendo, aunque nadie se lo esté pagando. Cuando esto no es así, cuando un traductor, por ejemplo, decide que ofrece la calidad correspondiente a lo que se le está pagando, la traducción es una auténtica birria, y si esta traducción birriosa cae en manos de un corrector que se guía por la misma filosofía («me pagan una porquería, yo entrego una porquería»), la obra es un puro desastre. Y obras de este tipo las hay montones, y dado que las grandes editoriales publican mucho, es fácilmente deducible que las grandes editoriales también publican desastres.»

Y seguía Artola argumentando:

2. Los libros son baratos ¿Con qué se compara?, ¿de qué libros se habla?, ¿para quién? Estamos hartos de oír: "Un libro cuesta como dos copas y dura toda la vida". Será verdad, pero ese argumento nunca ha convencido a nadie. Para mí casi todos los libros son baratos y, como decía un amigo, "nadie renuncia a la cultura a priori, los que dicen que son caros es porque necesitan una coartada para no leer" (Teo Marcos, Campaña Alianza 100). Pues eso...

A lo que yo le respondí: «Libros caros o libros baratos. Pues mire, depende. Cuando en un libro que cuesta 20 euros, por ejemplo, me encuentro párrafos mal traducidos, que no se entienden; erratas y errores de todo tipo —léxicos, gramaticales, sintácticos y tipográficos—, el libro no solo es caro, es un timo. ¿Y sabe qué? Que cada vez me pasa más. Los Reyes Magos tuvieron a bien regalarme un libro. El libro está mal. Quien se ocupó de la traducción se despistó en más de ocasión y ahí están las frases sin sentido, quién se ocupó de introducir las correcciones del corrector no prestó demasiada atención a lo que hacía, quien se ocupó de la corrección tipográfica necesita repasar algún buen manual de la materia... Pero supongo que corría prisa que saliera al mercado. En fin, que bien podrían los Reyes Magos ir a reclamar que se les devolviera el dinero porque el producto es defectuoso, ¿no le parece? Al menos con una lavadora que no centrifugara, por ejemplo, cualquiera lo haría; ahora bien, como los libros también sirven para ocupar espacio en la estantería del salón...».

Y sobre un supuesto tercer tópico, comentaba Artola:

3. Viva Dan Brown. Contra los que se pasan la vida quejándose de los libros que se venden mucho pero que, según ellos, son despreciables, reivindiquémoslos de una vez por todas, porque son un pilar fundamental de esta industria. No sólo dan beneficios a quien los publica, sino que aumentan los niveles de lectura más y mejor que cualquier campaña de fomento de la lectura que conozca. Soy radical: es más fácil que un lector de Dan Brown acabe leyendo a Proust a que lo haga quien nunca ha cogido un libro ni para calzar una mesa. Además, yo leí este verano La conspiración y me divertí mucho... ¿o es que leer tiene que ser un sufrimiento?

Y yo le respondí: «¡Ay, Dan Brown y los best-sellers! Serán autores y obras importantes para las economías de las editoriales y seguro que favorecen el aumento de los índices de lectura, pero, ya puestos a preocuparnos por las economías editoriales y por los índices de lectura, también podríamos preocuparnos un poquito por seleccionar lo que se edita. Quizá si las editoriales no publicaran tanto, es decir, cualquier cosa, las editoriales podrían dedicar más recursos a lo que vale la pena editar, los libreros podrían asesorar mejor a los lectores (no se perderían entre montañas de libros o de cajas de novedades que ni llegan a abrir) y los lectores tendrían en sus manos mejores libros. Por suerte o por desgracia he tenido que corregir libros que nunca deberían editarse, ni bien ni mal, simplemente no deberían editarse porque son una completa memez. Digo yo que los dineros que se invierten en este tipo de libros bien podrían destinarse a otro tipo de obra, así quizá esta ganaría en calidad».

(Continúa aquí.)

Montse Alberte (Barcelona, España)

Màrius Serra y los correctores (historia de un desamor)

Màrius Serra y los correctores (historia de un desamor)

En La Vanguardia de hoy, el articulista, escritor premiado y verbívoro Màrius Serra reseña la muestra de deslices y errores lingüísticos en los medios Morderse la lengua, del Centro Virtual Cervantes, recurriendo a lo meramente anecdótico (la evocación de los programas televisivos sobre lengua española que él mismo solía ver de niño y joven —ya que Morderse la lengua surge de un programa de estas características— y la enumeración temática de los gazapos) y evitando analizar el problema de fondo que revela este catálogo de errores en los medios escritos: la deplorable y cada vez más generalizada calidad lingüística de las producciones escritas, estrechamente vinculada al desplazamiento de las redacciones hemerológicas y bibliológicas que han sufrido en los últimos veinte años figuras tan puntales de la edición como los correctores y los editores de mesa.

Desde hace ya unos meses, algunas de las personas que componemos el grupo Addenda et Corrigenda mantenemos una correspondencia más o menos fluida con Màrius, al que procuramos tener bien informado sobre las vicisitudes de los profesionales de la cadena del impreso, particularmente de los avatares de aquellos que nos ocupamos de procesos de edición y corrección. Nos consta, por ello, que Màrius conoce perfectamente la situación de los editores y correctores de texto españoles (de cualquier lengua de España: español, gallego o catalán al menos) y americanos. Probablemente también conozca la dura realidad de otros editores y correctores (de la cercana Francia, por ejemplo, o de EE.UU.).

Màrius Serra sabe bien en qué condiciones trabajan (o, lo que es peor, no trabajan) los correctores y editores de texto de prensa y libros. Lo sabe, y por esta razón resulta especialmente decepcionante que haya desaprovechado una ocasión de oro (y no es la primera) para enlazar la profusión de erratas descomunales en los medios con este vaciado de profesionales del cuidado del texto de las redacciones, y para hablar por fin, en un diario de gran prestigio y difusión, de estos temas sobre los cuales «oficialmente» se mantiene la ley del silencio.

Màrius sabe también que en este cuaderno de bitácora no nos duelen prendas a la hora de decir las cosas por su nombre, con apellidos incluso. Así que esta crítica directa no le sorprenderá a él tanto como a nosotros su omisión.

Silvia Senz Bueno (Sabadell, Cataluña, España)

La piratería y la edición de libros en el Perú (2.ª parte)

2. Lectores y redes de distribución

Aún aceptando que el más grave problema por afrontar es la piratería, Coronado no puede dejar de reconocer que las «Sucesivas décadas de inestabilidad económica nacional han debilitado a los agentes que en el Perú intervienen en los distintos campos de la actividad editorial y librera. Esa situación se refleja en lo reducida que hoy se encuentra la red comercial del libro en nuestro país y en el escaso volumen de ventas que anualmente alcanza el sector editorial y librero.

»El 55 % de las librerías del país se concentra en los distritos capitalinos de Miraflores y San Isidro y, en el territorio nacional, no son más de cuarenta los locales especializados. La crisis del sector editorial y librero peruano responde también a la ausencia de políticas de fomento del hábito de la lectura, lo cual se origina en la postergación, durante más de quince años, de una Ley del Libro como la que acaba de promulgarse y que pronto entrará en plena vigencia, y de la cual se espera que impulse el desarrollo de la actividad editorial y librera en nuestro país».

Así, en el artículo «Emergencia lectora, un país no lector» León Trahtemberg afirma: «Los peruanos leen menos de un libro al año. La mayoría, porque no sabe leer y tiene dificultades de sostener una lectura fluida que les permita comprender un texto más allá de algunos titulares y notas periodísticas. Otros, porque su condición de pobreza les impide tener acceso a libros. Y otros más, porque aún teniendo acceso a ellos no gozan de leerlos porque nunca aprendieron a encontrarle sentido a la lectura». Tremenda sentencia no hace sino confirmar una carencia educativa que se ha venido dando desde hace muchas décadas a lo largo y ancho de la gran mayoría de escuelas estatales del Perú. Según los resultados de la encuesta Hábitos de lectura y ciudadanía informada en la población peruana-2004, llevada a cabo por la Biblioteca Nacional del Perú y la Universidad Nacional de Ingeniería al 90 % de los peruanos les gusta leer. «La cifra es alta y puede crear confusión. Los datos de la misma encuesta nos indican que los peruanos leen poco más de un libro al año: 1,3. La Comisión Nacional de Educación señalaba una cifra menor: 0,89.

»[…] Acerca de qué es lo que leen los peruanos: el periódico ocupa el primer lugar (71,6 %), le siguen los libros (55 %), revistas, (36 %), Internet (24,2 %). La Biblia (20 %) es el texto más leído, seguido por enciclopedias (7,1 %), y chistes, historietas y folletos (3,8 %)».

Mencionaba Coronado que el 55% de librerías se concentraban en los distritos limeños de San Isidro y Miraflores. Esta situación se traduce en una imposibilidad material de conseguir un libro en alguna zona alejada de la capital, demanda que es atendida por la piratería. En palabras del representante del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe CERLALC-Unesco, José Luis Acosta, recogidas en el artículo «El libro en el Perú», de Jack Martínez: «[…] La distribución es una de las causas. El libro original no llega donde sí lo hacen los piratas».

Una posición relacionada con este vivir de espaldas a los «otros», en el campo de la producción literaria la tenemos en Marcel Velásquez Castro: «[…] lo que pasa con la escena literaria contemporánea: no es sólo que un pequeño grupo de escritores, editoriales y académicos sigue constituyendo un poder hegemónico que oculta y minimiza las escenas y producciones literarias de los márgenes, márgenes que se construyen con las variables regionales, étnicas, sociales e incluso de género; sino que ahora las instituciones literarias tradicionales están siendo plenamente desbordadas por esos márgenes. El asalto se produce desde múltiples lugares: la novela de masas, la novela escrita por mujeres, las novelas populares, los relatos étnicos, etcétera. El canon narrativo peruano ya no se puede construir sobre la opinión de fosilizados académicos y el índice de venta en las lujosas librerías de Miraflores y San Isidro. Sin embargo, la miopía de la mayoría de los críticos literarios sigue atendiendo preferentemente a los textos legitimados por los medios de comunicación masiva y las políticas de lobby de las grandes editoriales transnacionales». En esta línea, es sintomático el descontento que puede apreciarse en una entrevista realizada por el poeta Miguel Ildelfonso a varios jóvenes escritores del Perú, quienes denuncian sin pelos en la lengua la existencia de clientelajes y de otras taras que aún siguen enquistados en la escena editorial limeña.

3. Perspectivas

Tuvimos la presencia de una institución como CERLALC-Unesco hasta octubre del año pasado. Aunque, como dicen en su misma página: «Esta oficina se abrió como una experiencia piloto en la región, vislumbrando posibilidades de desarrollo institucional a partir de las alianzas y trabajos conjuntos con instituciones locales, pero que por situaciones coyunturales de la realidad peruana en el sector del libro, no permitieron el rápido desarrollo de estas alianzas, razón por la cual el CERLALC se vio en la necesidad de efectuar el cierre». Sería bueno saber cuáles son específicamente esas situaciones coyunturales. (La lectura atenta de la entrevista de Jack Martínez a José Luis Acosta resulta, en este sentido, aleccionadora.)

La creación de Promolibro que ya ha presentado un plan de fomento a la lectura debe ser complementada con acciones estatales en materia política educativa, lingüística y económica que atiendan ciertos males endémicos del Perú (la informalidad, la baja calidad educativa, etc.). Asimismo, se debe buscar un real compromiso con todas las instituciones involucradas (desde la Policía hasta los centros educativos).

Es de notar que la Cámara Peruana del Libro ha estado reclamando el cumplimiento de las penas prescritas por ley para los que cometan delitos de piratería editorial, clamor que hasta ahora no ha sido escuchado.

Se espera que el descenso de la carga impositiva al sector editorial redunde en un descenso de los precios de los libros formales y que se abran nuevas redes tanto para la publicación de autores no conocidos en el circuito tradicional, como para la venta de libros.

Fernando Carbajal Orihuela (Lima, Perú.)

La piratería y la edición de libros en el Perú (1.ª parte)

Las editoriales formales de libros atraviesan una grave crisis. Una crisis provocada, en líneas generales, por una inadecuada legislación de propiedad intelectual y tributaria, lo que a su vez creó el contexto ideal para el desarrollo y la evolución de la piratería.

1. El libro formal y el pirata

En noviembre del 2003, el editor Germán Coronado Vallenas (presidente de la Comisión de Lucha contra la Piratería de Libros de la Cámara Peruana del Libro) dictó la conferencia La industria editorial peruana frente a la piratería de libros: análisis y propuestas. Como reza el título, el autor hace un análisis sobre el origen, causas y consecuencias de la apremiante crisis de piratería que agobia al sector editorial en el Perú.

Un libro formal es aquel que ha pasado por un riguroso control de calidad —al menos ese es el ideal— desde la concepción, corrección, maquetación (diagramación por lares peruanos) impresión y distribución, pagando las correspondientes tasas tributarias y sueldos a sus trabajadores. Un libro pirata se salta alegremente cualquiera de esos pasos, generalmente utilizando técnicas reprográficas (aunque ya se tienen noticias de un uso más depurado, casi a la par del de las editoriales tradicionales).

La Alianza Internacional para la Propiedad Intelectual (IIPA, por sus siglas en inglés) estimó en 8,5 millones de dólares las pérdidas que el Estado sufrió por el sector editorial pirata en el 2004, como puede leerse en el informe Una aproximación al mercado de informal de la industria pirata editorial de la misma Cámara Peruana del Libro (CPL). Asimismo, Coronado afirma que las ventas de este sector ascienden a 13,5 millones de dólares.

¿Cómo es que el Perú ha llegado a estos extremos, convirtiéndose, incluso, en exportador de libros piratas a los países vecinos?

Según Coronado, los detonantes fueron:

· La suspensión del régimen de privilegios de los que gozaba la importación de libros (dólar MUC).

· La implantación de aranceles (15 %) a la importación de libros en 1990, (ajustados a 12,5 % hoy en día), y la aplicación por primera vez del Impuesto General a las Ventas (18%).

· La obsolescencia de la legislación especializada en propiedad intelectual.

Asimismo, en otro informe de la CPL, La piratería editorial y los determinantes de su demanda se lee: «Durante la década del ochenta nuestro país no se hallaba abierto al libre comercio y la piratería encontró un aliciente en la dificultad de acceder a las obras protegidas que provenían del exterior. Esto se vio ampliamente magnificado por el alto costo del ejemplar lícito y por el tardío ingreso de la obra al mercado. En la década del noventa, cuando se liberalizó el mercado en nuestro país, se accedió a avances tecnológicos que disminuyeron muchos de los costos relacionados a la reproducción, impresión, grabación, etc.».

Es así que, al diferenciarse los precios de los libros formales, quedó automáticamente fuera del alcance de las grandes mayorías. La piratería había encontrado un adecuado caldo de cultivo.

Aunque, actualmente, la obsolescencia legislativa ha sido superada con la dación del Decreto Legislativo N.º 822 de 1996. Asimismo, la Ley de democratización del libro y de fomento de la lectura del año 2003 busca dar mayores alicientes al sector, lo cual debe significar en un plazo mediato una disminución en el precio final de los libros formales.

(Continúa aquí. )

 

Fernando Carbajal Orihuela (Lima, Perú)

Oficios por proteger, oficios que conocer: el Forum des métiers du livre

Oficios por proteger, oficios que conocer: el Forum des métiers du livre

Hace escasos días nos lamentábamos del olvido de los profesionales del libro que se observa tanto en las secciones de cultura de los medios de comunicación tradicionales, como en las supuestamente más perspicaces, innovadoras y actualizadas bitácoras sobre libros, reflejo sin duda del a veces desconocimiento, a veces clamoroso desdén que muestran por los profesionales de la edición los editores más ajenos al oficio de editar (hoy, la mayoría de ellos, independientes o no).

No obstante, no seríamos justos si no reconociéramos también la parte de responsabilidad (o de falta de reacción) de los propios profesionales del sector con respecto a esta situación. La incapacidad manifiesta de algunos colectivos (particularmente nosotros, los relacionados con la traducción, la edición y el control de calidad del texto) de combatir organizadamente la marginación y el ostracismo a los que nos han condenado medios y productores es también clamorosa. Y no menos decepcionante es la ausencia de sinergias entre profesionales de distintas especialidades, encaminadas a crear zonas de intercambio de opinión, estructuras de apoyo y plataformas comunes desde las que darnos a conocer, defender y promover nuestros oficios.

Afortunadamente, esta no es la tónica en todos los países. El 7 de noviembre del 2005 tuvo lugar en París (Francia) el primer Forum des métiers du livre (Foro de los Oficios del Libro), organizado por el nodo Fontaine O Livres, una red local de recursos, servicios y promoción de los profesionales de la cadena del libro y de la edición independiente, nacido en el barrio Fontaine au Roi, del Distrito XI de París.

El Forum des métiers du livre, cuya primera edición, abierta a todos los públicos, tuvo un carácter fundamentalmente informativo y educativo, es un reflejo de la filosofía que promueve Fontaine O Livres: «el libro que un lector tiene en sus manos es el fruto del trabajo de numerosos profesionales» y « en un momento en que la supervivencia de algunos de estos oficios está en peligro y en que se está señalando a la cada vez mayor concentración en el campo de la edición, parece más oportuno que nunca que se cree un foro de las profesiones del libro, a fin de que estos numerosos oficios, de realidades ricas y muy diversas, sean valorados y más conocidos». En virtud de ello, y con el objeto de darlos a conocer al lector, el Forum acogió, en su primera convocatoria, a más de una veintena de profesionales del libro (escritores, biógrafos, editores, editores de mesa o auxiliares de edición, redactores, traductores, correctores, infógrafos, ilustradores, grafistas, maquetistas, fotograbadores, jefes de producción, impresores, encuadernadores, tipógrafos, grabadores, publicistas, agentes literarios, lectores, distribuidores..), así como a los oficios que sirven de puente entre el libro y el lector: bibliotecarios, promotores y dinamizadores culturales...

Esta bitácora, que nació precisamente para despertar conciencias sobre las indisociables interdependencias de todos los eslabones que componen la cadena de la cultura escrita, no puede por menos que rendirse, en este caso, a la grandeur de la France. Chapeu!

 

Silvia Senz Bueno (Sabadell, Cataluña, España)

Ventajas y riesgos de la interacción lector-productor/autor

Hablábamos hace unos días del estudio El papel de la comunicación en la promoción del libro, realizado por la Revista Cultural Dosdoce en colaboración con la agencia de márquetin y comunicación Blue Creativos, cuyas conclusiones se recogían en el último número de Dosdoce y que ponía de manifiesto el escasísimo uso estratégico de los medios digitales de promoción por parte de las editoriales bibliológicas.

Como ya viene siendo habitual, los negocios relacionados con el libro y el acceso a la información y el conocimiento que se desarrollan en la Red están tomando la delantera a los editores, especialmente a los editores de libros, estancados en estilos de publicación obsoletos o francamente renovables. Un nuevo paso en este sentido lo ha dado Amazon, que permite a los autores de libros que comercializa escribir sus propios blogs y comunicarse directamente con sus lectores mediante la herramienta Amazon Connect.

Desde la edición tradicional, raramente se dan respuestas a estos retos que plantea la Red más allá del habitual desdén —cuando no hostilidad—. El caso de Harper Collins, que ha iniciado un programa que permitirá consultar gratuitamente el texto completo de algunas obras seleccionadas de su catálogo como respuesta a la biblioteca virtual que desarrolla Google al que se acusa de estar digitalizando libros que no son de dominio público, es una excepción.

En el caso de Amazon, sin embargo, las editoriales bibliológicas lo tendrían muy fácil: bastaría con ofrecer a sus autores y clientes herramientas similares a Amazon Connect. Aunque eso supondría que sus cargos ejecutivos comprendieran finalmente las ventajas de generar interacción con el lector.

Conociendo el panorama actual de la edición española, a veces me pregunto, sin embargo, si las editoriales de libros realmente no entienden la conveniencia de poner al día sus técnicas promocionales y establecer lazos de comunicación con el lector, o más bien es que temen crear esos canales de interacción. A lo mejor sospechan que la información crítica que recibieran de sus lectores no les iba a gustar. Y a sus autores tampoco. Es probable que, si el lector tuviera acceso al autor y al productor de libros, el volumen de quejas emitidas arreciara. Y eso pondría aún más en evidencia la mala calidad (formal y de contenido) de muchas de las producciones editoriales, de lo que se derivarían nuevas necesidades estructurales y legales que dieran garantías de consumo al lector; a saber:

1) la creación en todas las editoriales de verdaderos servicios de atención al cliente y de reclamación;

2) la creación, promovida por los gremios del sector, de una norma de calidad para la edición y producción de libros, que permitiera certificar los productos que la cumplieran y dar al cliente garantías de excelencia y control;

3) la institución, también promovida por los gremios, de la figura del Defensor del Lector, que recogiera y gestionara las quejas recibidas por los clientes sobre la atención y el servicio dispensado por las editoriales,

4) y la modificación de las leyes de consumo, de tal modo que fuera posible devolver y obtener el reintegro del precio de un libro en malas condiciones formales (lo cual incluye la calidad lingüística y tipográfica del texto).

Evidentemente, propiciar una comunicación con los lectores tiene no pocos riesgos para los editores.

Silvia Senz (Sabadell, Cataluña, España)

Ecosistema editorial, ecosistema mundial

Ecosistema editorial, ecosistema mundial

Una propuesta de Greenpeace España a los autores españoles y al sector editorial, encaminada a salvar los últimos bosques primarios del planeta:

 

 

 

LIBROS AMIGOS DE LOS BOSQUES

La industria editorial española es una gran consumidora de papel, entre otras, de cuatro regiones con bosques primarios del mundo: Finlandia, Canadá, Rusia y países asiáticos, como Indonesia. Más del 80% de los bosques primarios del mundo han sido destruidos o degradados, y la mayor parte de lo que queda está amenazado por la tala ilegal y descontrolada.

Aunque algunas editoriales españolas ya están aplicando políticas ambientales, estas no son lo suficientemente fuertes para acabar con la compra de papel procedente de estos lugares. Pero las cosas pueden ser diferentes. Algunos escritores y escritoras han acordado trabajar con Greenpeace en el proyecto Libros Amigos de los Bosques, para asegurarse de que sus próximos libros se imprimen en papel que no procede de estos lugares.


El papel de los libros españoles

En el año 2002 la producción de libros en España alcanzó los 275,6 millones de ejemplares, con una facturación en el mercado interior de 2.674 millones de euros. Greenpeace estima que para ello se han consumido 25.505 toneladas de papel para el que ha sido necesario cortar 357.081 árboles.

La gran mayoría del papel utilizado para publicar novelas se ha producido usando pasta procedente de madera virgen en vez de fibra reciclada. Y con los datos oficiales de las importaciones se deduce que una parte de esta pasta procede de madera virgen originaria de zonas con bosques primarios.

Finlandia es el principal país proveedor del sector editorial español y es el país que exporta una cuarta parte del papel de impresión y escritura que se consume en todo el mundo. Sus bosques primarios representan un 5% de los 20 millones de hectáreas de los bosques de este país, estas áreas tienen un alto valor para la conservación y son el sustento de cientos de especies importantes que incluyen algunas en peligro de extinción, muchos de ellos también son cruciales para el pueblo indígena sami, que depende de los bosques para continuar con su forma de vida tradicional como pastores de renos.

A pesar de la importancia ecológica y cultural de estos bosques boreales, el Gobierno finlandés sólo ha designado la mitad de estos ecosistemas como áreas protegidas, es decir, sólo un 2,5% del área forestal del país. Aunque el Instituto Finlandés del Medio Ambiente, la Universidad de Helsinki e, incluso, el Ministerio Finlandés de Medio Ambiente están de acuerdo en la necesidad de aumentar la protección, la empresa forestal estatal, Metsähallitus, continúa las grandes talas de bosques que constituyen hábitats de especies en peligro de extinción y en superficies de especial valor cultural. Además Finlandia es, a su vez, uno de los mayores importadores de madera rusa, con más de 11 millones de metros cúbicos al año, que suponen un 10% del total talado en los bosques rusos, y el 50% de la madera rusa se tala de forma ilegal.

Por ello Finlandia es especialmente importante para el proyecto Libros Amigos de los Bosques porque la destrucción de los bosques primarios rusos y los suyos propios, está siendo alimentada, en parte, por la demanda de la industria editorial española.

 

¿Qué pide Greenpeace al sector editorial?

Que tome medidas para eliminar progresivamente el uso de papel procedente de la destrucción de bosques primarios y la adopción de políticas de abastecimiento respetuosas con la sociedad y el medio ambiente.

 

¿Cómo pueden las editoriales hacerlo?

Cambiando progresivamente su política de suministros de papel de manera que tiendan a usar papel fabricado a partir de fibras recicladas, para ayudar a disminuir la presión a la que los bosques están sometidos, y/o certificadas por FSC, para asegurarse de que la fibra de madera virgen de la que está hecho proviene de bosques bien gestionados según estrictos criterios ecológicos y sociales.

 

¿Qué editoriales y escritores apoyan el proyecto?

Treinta y cinco editoriales canadienses, entre ellas Random House Canada y Penguin Canada, se comprometieron formalmente a eliminar de manera progresiva, en un período de tres años, las fibras de bosques primarios de sus publicaciones, lo que ha provocado un cambio sin precedentes en la demanda. Hoy en día, se han diseñado ya cinco papeles reciclados para el mercado canadiense, y todos contienen al menos un 60% de residuos post-consumo.

En España el proyecto Libros Amigos de los Bosques comenzó en septiembre de 2004 con la presentación de la novela de Isabel Allende El Bosque de los Pigmeos. El último libro que forma parte del proyecto es La Tierra Herida, de Miguel Delibes y Miguel Delibes de Castro (padre e hijo). Hasta la fecha los resultados del proyecto han sido estos:

* El proyecto cuenta con 5 títulos de los que han sido impresos más de 380.000 ejemplares: 274.000 copias en papel reciclado y 107.000 en papel certificado por un organismo internacional creíble y avalado socialmente, como el FSC.

* Los Libros Amigos de los Bosques editados en papel reciclado han conseguido un ahorro de 1.900 árboles (una superficie equivalente a más de cuatro estadios de fútbol), casi un millón de litros de agua (2/3 de una piscina olímpica), 822.800 kWh (el consumo doméstico medio de 250 ciudadanos españoles en un año) y ha evitado la generación de 190 toneladas de residuos.

* Greenpeace se ha reunido con una buena parte del sector editorial español y ya están trabajando en el proyecto algunas editoriales; como Destino (Grupo Planeta), Areté y Montena (Grupo Random House Mondadori), Blume, Icaria, Trotta, etc.

* El proyecto se desarrolla en Reino Unido, Holanda, Canadá, EE.UU., Italia, Francia, Alemania, Bélgica y España; contando con el apoyo de 250 escritores/as, entre los que cabe destacar a Günter Grass, José Saramago, Margaret Atwood, David Suzuki, J.K. Rowling, Niccolò Amanniti, Andrea De Carlo, Philip Pullman, Alice Walker, Barbara Kingsolver o Isabel Allende.

* En España apoyan el proyecto autores como José Saramago, Manuel Rivas, Álvaro Pombo, Rosa Regás, Isabel Allende, Joaquín Araujo, Javier Moro, Soledad Puértolas, Fernando Sánchez Dragó, Jorge Riechmann, Antonio Orihuela, Luis Pancorbo, Dionisio Cañas, Miguel Delibes de Castro, Juan Luis Arsuaga, Clara Janés, Javier Reverte, Espido Freire y Luis Sepúlveda.


 

(Noticia relacionada: «Madera de editores».)

 

Dificultades y errores de los planes de fomento de la lectura en Hispanoamérica

Dificultades y errores de los planes de fomento de la lectura en Hispanoamérica

Los planes institucionales de fomento de la lectura, que de por sí han de hacer frente a importantes retos en países europeos como España, con bajos índices de lectura, se enfrentan en Hispanoamérica a la dificultad adicional que plantea una población con gran diversidad lingüístico-cultural y con niveles culturales, educativos y adquisitivos muy inferiores a los europeos, y a las restricciones de una industria cultural mucho menos desarrollada, poco incentivada y de rasgos muy elitistas y clasistas.

Pese a ello, los políticos de los países en vías de desarrollo latinoamericanos van adquiriendo consciencia de que, para garantizar su presencia —en igualdad de condiciones— en un mundo (y un mercado) globalizado, necesitan equiparar sus circunstancias a la realidad de sociedades con niveles culturales y educativos muy elevados. Con ese horizonte en sus miras, han empezado a elaborar desde los años ochenta programas y proyectos encaminados a erradicar de manera definitiva el analfabetismo y promover la lectura entre todos los sectores de la población. Por desgracia, los alcances de estas políticas no han logrado cubrir en mínima medida las necesidades reales de una población culturalmente heterogénea, con escasa cultura lectora, graves deficiencias educativas y condiciones económicas cada vez más adversas.

Conviene, pues, analizar minuciosamente los planteamientos que fundamentan estas políticas para descubrir qué aspectos han podido ser la causa de su parcial fracaso. Este es el objetivo del interesantísimo y reciente trabajo de Katya Butrón Yánez, «Lecturas incompletas: 25 años de políticas lectoras en México», cuyas conclusiones pueden hacerse extensivas a otras políticas de fomento de la lectura de países hispanoamericanos con una idiosincrasia social, económica y cultural parecida a la mejicana.

Silvia Senz Bueno (Sabadell, Cataluña, España)