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Joan Solà, in memoriam

Joan Solà, in memoriam

Joan Solà, el gran filòleg i gran mestre, morí el mateix dia que el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya dictava una de les moltes resolucions jurídiques que, desprès de la porta oberta per la sentència sobre l’Estatut i arran d’iniciatives del nacionalisme espanyol, s’espera que s’esdevindran per fer retrocedir el català. Val la pena sentir-ne què en pensava en Solà no només de la seva disciplina, sinó de la situació de la llengua en la qual va abocar tota la seva brillantor intel·lectual:

 

J. C. Moreno: Lengua y nacionalismo en el contexto español

J. C. Moreno: Lengua y nacionalismo en el contexto español

Avanzando algunos aspectos de un trabajo de inminente publicación estrechamente relacionado con esta bitácora, Juan Carlos Moreno Cabrera ha publicado su estudio Lengua/nacionalismo en el contexto español, cuyas conclusiones extractamos:

 

Conclusión
146. El nacionalismo lingüístico español tiene su basamento fundamental en un nacionalismo españolista, reflejado en la constitución de 1978, para el cual la Nación española, compuesta de varias nacionalidades, es indivisible e indisoluble y a ella se asocia de forma inalienable la lengua española, verdadera lengua común que está en un nivel de españolidad superior a las otras lenguas de España que, como las nacionalidades a las que se asocian, han de estar subordinadas a dicha lengua común. Cualquier intento de situar las otras nacionalidades y lenguas propias de ellas en el mismo nivel que la nación española se va a ver como un ataque a la unidad de la nación española y de la lengua española, cuyo predominio absoluto garantiza la comunicación, la educación, la igualdad de oportunidades y la convivencia pacífica.


147. La ideología del nacionalismo lingüístico español ha creado un discurso contemporáneo de carácter mitológico que intenta presentar la lengua propia, el español en este caso, como superior a los demás idiomas con los que convive y justificar su posición dominante o ventajosa sobre ellos. En este informe me he ocupado de algunos de los tópicos principales del nacionalismo lingüístico español, que, lejos de constituir una postura marginal o residual, propia de grupos o personas exaltados, conforma un corpus muy bien articulado y desarrollado de conceptos promovidos por las instituciones del Estado español y presentados por pensadores, escritores, académicos y periodistas como características inherentes, naturales e indiscutibles de la lengua española supuestamente basadas en el sentido común. He indicado que, con la ciencia lingüística en la mano, se puede mostrar que esos tópicos se apoyan en presupuestos falsos.


148. Queda clara la posición del nacionalismo lingüístico español. Todo lo que no sea predominio absoluto y total del castellano sobre las demás lenguas de España es excluyente, limitador, atentatorio contra los derechos individuales, empobrecedor, particularizador y regresivo. Todo lo que sea la promoción de ese dominio del castellano será beneficioso, progresivo, liberador, enriquecedor, universalizador y protector de los derechos individuales. Creo que hay razones más que suficientes para expresar en estos términos tan radicales la ideología del nacionalismo lingüístico español en sus formas de manifestación actuales: el examen detenido y crítico de muchos de los discursos públicos informados por esta ideología, tanto los especializados como los dirigidos al público en general, no dejan lugar para una caracterización más moderada.


149. Siglos de imposición del castellano en todo el territorio del Estado español han propiciado que esta lengua sea la más usada en la actualidad. Este es un hecho objetivo que no se puede negar. Ahora bien, la ideología del nacionalismo lingüístico español lo aprovecha para asignar a la lengua castellana una serie de bondades que, en realidad, se derivan de una convergencia de circunstancias socio-históricas contingentes y no de ninguna supuesta superioridad de esa lengua sobre las demás lenguas del Estado español. Esa supuesta superioridad es utilizada para presentar la lengua castellana como fácilmente asimilable y con un alto valor comunicativo, como especialmente progresiva, moderna y útil en la sociedad actual, como lengua de entendimiento y concordia o como lengua global. Todas estas cualidades se asocian al concepto de lengua común que es una de las ideas fundamentales del nacionalismo lingüístico español. Pero este concepto de lengua común es la cara de una moneda cuya cruz, el concepto de lengua propia, es extraordinariamente negativo, problemático y origen de todo tipo de problemas y disputas. Esas otras lenguas de España, esas lenguas propias, son menos fáciles de asimilar y tienen un bajo valor comunicativo, que da cuenta de su ámbito local; son regresivas, ya que no permiten el progreso y el avance social, sino que nos sumen en el localismo y el retroceso cultural; además de ello, son lenguas de incomprensión y discordia que impiden el entendimiento entre todos y producen continuos malos entendidos.


150. Las ensoñaciones, triunfalismos, inquietudes y desazones que hemos visto reflejados en las citas que he ido aportando a lo largo de este artículo, ponen de manifiesto las dos vertientes del nacionalismo lingüístico español: la que se asocia con el concepto del español como lengua común y la que se asocia con el concepto de lengua propia de las Comunidades autónomas. En ambos casos, estamos ante una fuerte ideología nacionalista que es mucho más influyente y manipuladora que las ideologías nacionalistas habitualmente asociadas con algunas de las Comunidades autónomas que configuran el actual Estado español. Ninguna política lingüística de estas Comunidades bilingües puede dejar de tener en cuenta este nacionalismo, porque desatenderlo sería suicida.

LENGUA/ NACIONALISMO EN EL CONTEXTO ESPAÑOL-Moreno Cabrera

¿Qué entendemos por nación y por nacionalismo lingüístico?

¿Qué entendemos por nación y por nacionalismo lingüístico?

Un comentario de Demetrio Gómez a la entrada precedente nos da pie para aclarar los conceptos de nación y de nacionalismo que manejamos en las notas de este blog sobre asuntos glotopolíticos.

Partiendo del enfoque de B. Anderson (2005) y de la concepción performativa introducida por Bhabha (1990), la idea de nación podría entenderse como la creencia asumida por grupos sociales (e incluso culturales) heterogéneos de pertenecer a una misma comunidad, a la que llegan inducidos por la difusión de un constructo identificador1 que les sirve de elemento cohesivo y marco de referencia para concebirse, distinguirse y actuar como grupo compacto. Un constructo, por otra parte, que, aun cuando se asuma como un axioma, no deja de estar sujeto al conflicto constante que causan sus propias contradicciones y su oposición a los valores y definiciones de los grupos que quedan marginados por la idea hegemónica de nación, y que resulta, por ello, inherentemente inestable y necesariamente recreable.

El hecho de que el lenguaje humano (verbal y no verbal) sea un potentísimo indicador de pertenencia cultural, junto al potencial del código escrito como forma de condensación, delimitación y representación en un solo cuerpo formal de hablas filogenéticamente muy afines, convierten a la lengua en uno de los principales elementos —a veces, en el único— de construcción de una identidad compartida por grupos sociales diversos.

A diferencia de otros identificadores como la raza, el territorio, la religión o la clase social, la lengua tiene, por una parte, la enorme ventaja de no ser necesariamente excluyente —la comunidad que se identifica por lo que considera una lengua compartida puede también aprender otras lenguas e incluso incorporarlas a su identidad—, y, por otra, la desventaja de verse sujeta al efecto disgregador del cambio lingüístico, dado el carácter inexorablemente evolutivo que tiene el lenguaje y que no tienen —o no al mismo ritmo— la raza, el territorio, la clase social y la religión. No obstante, cuando el nacionalismo que toma como base la lengua (nacionalismo lingüístico) se combina con el unitarismo político y el uniformismo lingüístico, es decir, cuando el nacionalismo lingüístico tiene un cariz expansionista y glotofágico, la lengua seleccionada como nacional se convierte en la única lengua políticamente avalada, socialmente digna y difundida, y con ello económicamente rentable en las comunidades del territorio que ocupa la nación, aun cuando no sea la nativa de todos sus ciudadanos.

Según la visión que tenga de las lenguas (especialmente de la que representa a la nación) y según su modo de mover la lengua nacional en el tablero político, el nacionalismo lingüístico puede revestir formas muy diversas, que pueden darse incluso de manera combinada. Puede ser:

 

1. Defensivo-conservacionista, si su fin es proteger y preservar un determinado patrimonio cultural (caso de los nacionalismos de todas aquellas comunidades culturales amenazadas por la expansión de otras).

2. Irredentista, si lo que se pretende es rescatar territorios y poblaciones perdidas, que se consideran propias por razones históricas y lingüísticas (caso, en cierto modo, del nacionalismo vasco).

3. Segregacionista, si su objetivo es distinguirse de otro grupo nacional culturalmente muy afín (caso del blaverismo2 valenciano).

4. Pluralista jerárquico, si lo que se defiende es un marco político (autonómico o federal) donde coexitan las diversas lenguas y culturas territoriales, pero constituyendo una de ellas como lengua común (generalmente, la del poder central), de tal modo que —salvo conflicto con políticas de revitalización y conservación de lenguas minorizadas—3 se conceda a sus hablantes el privilegio de hacer uso de su lengua en todo el Estado en virtud de la atribución del principio jurídico de personalidad, que garantiza al individuo determinados servicios públicos en su lengua independientemente del lugar donde se encuentre. En contrapartida, los hablantes de las lenguas no seleccionadas como lengua común —generalmente minorizadas a consecuencia de una acción política de aculturación y homogeneización— verán restringidos sus derechos lingüísticos a la recepción de servicios públicos en su lengua exclusivamente en su territorio de origen, en virtud del principio jurídico de territorialidad. Este es el tipo de marco político que rige, por ejemplo, en España. Cabe decir que esta situación es particularmente conflictiva y acaba resultando en un proceso enlentecido de homogeneización, en el que la lengua que cuenta con el apoyo político del poder central va desplazando, por una acción combinada de política y mercado, al resto de lenguas de un modo mucho más taimado —por lo imperceptible— que una política de persecución manifiesta. En cierto modo, el nacionalismo pluralista jerárquico es la coartada perfecta del nacionalismo ofensivo-expansionista para aniquilar al «otro».

5. Pluralista igualitarista, si su fin es defender un tipo de organización política de tipo confederal donde las diversas lenguas y culturas vernáculas coexistan en igualdad de condiciones (caso de los nacionalismos gallego y especialmente catalán).

6. Ofensivo-expansionista, si su intención es anexionarse nuevos territorios y expandir su lengua y cultura a otras comunidades culturales, bien erradicando las formas de vida, la cultura y, por ende, las lenguas autóctonas, bien marginándolas y minorizándolas. De existir un sentimiento nacional en los pueblos de los territorios anexionados, incluso se puede promover o forzar a la adopción de la identidad dominadora y al abandono de la propia.

 

En este último caso, en lo que respecta a la lengua, el nacionalismo ofensivo-expansivo parte de tres premisas ideológicas (Moreno Cabrera, 2008 : 109):


1. La primera es la del carácter intrínsecamente superior de la lengua nacional.

2. La segunda es el carácter políticamente unificador de la lengua nacional.

3. La tercera consiste en suponer que, una vez desaparecido el Imperio, se puede mantener la lengua como inductora de un imperio espiritual, que a su vez permite legitimar el mantenimiento del imperio económico, facilitando, dentro del bloque idiomático, un movimiento internacional de capital real y de capital simbólico (lo que incluye la lengua y la cultura, igualmente transformables en bienes tangibles), particularmente beneficioso para la metrópoli.

 

El nacionalismo español pertenece a esta última categoría, y la tercera premisa citada fundamentó, en el siglo XIX, el giro hispanoamericanista del nacionalismo español, la ideología de la unidad del idioma y el actual golpe de timón de la política lingüística de la RAE y la Asale hacia el polimorfismo normativo y hacia un largamente reclamado consenso interinstitucional.



1 Esto es, una elaboración de su imagen colectiva constituida por una serie de principios, conceptos, mitos y símbolos, sustentados algunos de ellos en rasgos compartidos como la lengua, la religión, el territorio, la raza, la clase social, el pasado histórico o las tradiciones culturales.

2 Denominación con la que se conoce el movimiento social regionalista que, desde las postrimerías del franquismo —y merced a una serie de complicidades políticas, económicas y periodísticas—, convierte el anticatalanismo en un elemento de movilización e instrumentaliza la defensa de la lengua valenciana, no sólo como denominación local de las variedades del catalán del antiguo Reino de Valencia, sino sobre todo como lengua que se pretende distinta de la catalana. El movimiento blaverista es el responsable de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana (real sin contar con el apoyo oficial de la Corona [actualización en comentarios, infra]), que ha creado y usa su propio estándar, distinto del estándar oficial del valenciano de la Acadèmia Valenciana de la Llengua, continuista este del estándar catalán y reconocedor de la unidad de la lengua (Acadèmica Valenciana de la Llengua, 2006: 12-15; en línea), lo que ha desencadenado una confrontación abierta entre ambos organismos.

3 Caso de la inmersión lingüística en catalán en el sistema de educación primaria de Cataluña.

 

Silvia Senz

Lengua española, lengua común, lengua nacional: tres denominaciones nacionalistas del castellano

Lengua española, lengua común, lengua nacional: tres denominaciones nacionalistas del castellano

Gregorio Salvador forma parte de la fracción de académicos de la RAE que Arcadi Espada clasificó como núcleo duro del españolismo, un grupo que ha ido ampliándose con los años, aunque el recambio generacional ha hecho que en sus filas sólo hayan permanecido tres filólogos: el propio Salvador, Francisco Rodríguez Adrados y Manuel Seco. Los lingüistas más jóvenes que ostentan el cargo de académico numerario (Ignacio Bosque, Guillermo Rojo, José Antonio Pascual, José Manuel Blecua, Salvador Gutiérrez e Inés Fernández-Ordóñez) parecen entender la lengua y la acción académica sobre el lenguaje desde un punto de vista menos ideologizado y, pese a que esta institución sigue siendo un organismo de política y planificación lingüística cuya principal actividad consiste en la elaboración de una determinada imagen simbólica del español, este grupo minoritario de académicos limita su labor a aspectos aparentemente más asépticos: aplicación de tecnologías lingüísticas, gramática, diccionario histórico y ortografía.

Gregorio Salvador, en cambio, continúa definiendo su papel en la institución desde una postura netamente ideológica e identitaria, que en los foros públicos legitima valiéndose de su condición de «experto» idiomático. A día de hoy, con el gonadal Pérez Reverte como fiel escudero, Salvador sigue haciendo honor a su apellido persistiendo en su condición de paladín de aquello que el nacionalismo español denomina lengua común, término con que tradicionalmente se enmascara (o blanquea, como diría Kate Woolard) el estatus del castellano oficial (y estandarizado), elevado impositivamente a categoría de lengua nacional y supranacional única: de la nación española en España y de la nación hispánica en los países que siguen comulgando con la idea de la hispanidad. Incapaz de admitir que en España o en América pueda existir más posible configuración político-lingüística que la unitarista homogeneizante, Salvador naturaliza esta idea de Estado equiparando el afianzamiento y expansión del español como lengua común con un hecho de sentido común. Así lo expresa cada vez que los nacionalismos periféricos dan un paso en contra de esta idea bajo la que subyace un patrón político-identitario, y así también en todo acto público de defensa idiomática que reúna a lo más granado del nacionalismo y ultranacionalismo español. Véase el vídeo de su intervención en un encuentro de la Fundación Denaes, entidad que lo ha distinguido recientemente como Español Ejemplar.

 

Silvia Senz

Lengua, estandarización y construcción nacional

Lengua, estandarización y construcción nacional

Presentamos uno de los diversos casos que demuestran que, en lo que respecta a la construcción existosa de una nación y de su lengua nacional, puede más la voluntad férrea y sostenida de un pueblo (unidad a menudo culturalmente heterogénea) y la pericia y el acierto de sus planificadores y legisladores lingüísticos que cualquier otra consideración aparentemente de más peso, como el pasado histórico, la realidad sociolingüística o la evidencia científica. Si la nación (y la pannación) es siempre un constructo, la lengua que la identifica puede igualmente ser (re)construida; de hecho, toda forma de estandarización linguística no es más que una (re)construcción idiomática con fines primordialmente políticos e identitarios. La historia de la codificación del castellano y de su elevación a lengua común así lo demuestran, y la revitalización del nacionalismo panhispánico, paralela al cambio normativo académico, nos da nuevas pruebas de ello.

Tomen, de paso, nota del caso noruego los que se escandalizan con los procesos de planificación y oficialización de las mal llamadas «lenguas de España» e incluso con los casos de segregación lingüística en el seno de alguna de ellas; si eso les parece una situación conflictiva y sin futuro, tengan por seguro que las hay peores y aun así sostienen un Estado viable. A fin de cuentas, la construcción de la nación es un proceso siempre conflictivo e inconcluso, incluso en los casos de éxito; una sociedad perpetuamente cambiante e ideológicamente plural así lo impone. Lo único que cabe cuestionar no es la existencia de una nación que se afirma como tal o aquello que configura sus señas de identidad, sino, como decía José del Valle, los valores que subyacen al proyecto de comunidad que propone.

 

Los noruegos perdieron su independencia en el siglo XV y pasaron a formar parte del reino de Dinamarca. Previamente, tuvieron una lengua propia y altamente  desarrollada, que había sido usada durante la Edad Media. Pero después, tras la conquista, fueron perdiendo gradualmente su lengua. El danés se convirtió en la lengua de la alta cultura en Noruega, y también en la lengua de las clases altas noruegas. En consecuencia, un noruego solía escribir danés y pronunciarlo a la manera noruega. Esta diferencia entre escribir correctamente en danés y pronunciar en noruego fue sin lugar a dudas más complicada y remota que la discrepancia entre saber la ortografía correcta del inglés y pronunciarlo. Al contrario, incluso con la ortografía correcta del danés, el noruego estaba mucho más cerca de la ortografía que el inglés o el francés. (Por supuesto, en muy pocas lenguas pueden ir a la par, porque la pronunciación cambia muy rápidamente, y la escritura no puede ser reformada y removida cada siete años.)

En los inicios del siglo XIX los noruegos comenzaron de nuevo a pensar en ellos mismos como nación independiente. Como el siglo progresó, la ideología nacionalista noruega llegó a un momento en el alguien cayó en la cuenta de que era necesaria la ayuda de una lengua para hacer más conspicua y eficiente la idea de una nación separada. Aquí podemos esperar encontrar el síndrome urdu —esta vez, cambiando la ortografía del danés como si fuera hablada por los noruegos para hacerla el vehículo oficial de Noruega, introduciendo palabras de la lengua vernácula, adaptando declinaciones gramaticales para aproximarlas a la lengua hablada, haciendo la pronunciación más llamativamente noruega, y así sucesivamente. En ese momento escritores como Ibsen contribuyeron definitivamente a ‘norueguizar’ su danés, pero moderadamente, ya que no querían perder su público mayor, que era el danés.

Una persona llamada Ivar Aasen pensó que este no era el mejor modo de crear una identidad noruega. Así que construyó una nueva lengua, que él denominó ‘Landsmål’, esto es, ‘la lengua del pueblo’. La construyó realizando una síntesis de los diferentes dialectos noruegos más bien occidentales que él consideraba reliquias de la vieja y auténtica lengua noruega e introduciendo rasgos del noruego medieval escrito. Hizo una nueva lengua del mismo modo que Gottchalk, y Lutero antes que él, hicieron el Hochdeutsch, o del mismo modo que Lomonosov hizo el ruso (aunque, en efecto, Lomonosov sólo introdujo una mayor sistematización en el ruso). Pero Ivar Aasen creó una lengua casi completamente nueva en el sentido de que su nueva lengua escrita estándar no se parecía a ninguno de los dialectos en los que se había basado para hacer su lengua.

Todo esto podría haber sido tomado por la elite noruega como una simple curiosidad, algo sin importancia, el juego de un mero filólogo. Algo así sucedió en Escocia, donde un grupo de escritores liderados por el poeta Hugh McDiarmid construyó un escocés sintético que nunca llegó a obtener mucho respaldo o apoyo de la población o la elite escocesa.

Ivan Aasen, sin embargo, fue extremadamente exitoso reclutando pequeños núcleos de intelectuales. Gradualmente su lengua se convirtió en un hecho social y muy poderoso entre los políticos noruegos. Obtuvo incluso más apoyo después de 1905, cuando Noruega se separó por la fuerza de Suecia. Desde entonces, el caso del Landsmål contra la lengua más antigua no ha devenido sólo un asunto de discusión libre entre intelectuales, filólogos y profesores de lengua, sino más bien un asunto de conflicto político. Varios cientos de horas de discusión y de páginas se han dedicado a la rivalidad entre las lenguas. El estado ha creado todo tipo de comités para decidir qué tipo de lengua debería emplearse.

A finales de los 30, el estado noruego creó un comité que creó una tercera lengua que ellos denominaron Samnorsk —‘noruego unido’— tomando elementos del Riksmål (la antigua lengua Dano-Noruega) que era la lengua de la mayoría, y uniéndolos con elementos del Landsmål, la lengua de Aasen. Un comité formado por dos profesores universitarios, dos políticos y un cura discutió acerca de cómo deberían ser los verbos, cómo debería estructurarse la pronunciación, qué ortografía debería ser aprendida por los niños, y cosas así. Pero antes de que ellos empezaran a tener éxito, la II Guerra Mundial los interrumpió y vino el gobierno de Quisling, que era además más radical en esto que el gobierno anterior.

Desde la guerra, el debate ha continuado; así pues, desde 1907, el noruego ha sido reformado al menos siete veces en lo que se refiere a la ortografía. Ningún noruego sabe hoy con precisión qué lengua debería ser usada y cómo deberían ser escritas las palabras. Los estudiantes universitarios tienen que ser capaces de expresarse en las dos lenguas. Pero cada una de esas lenguas, debido a la proliferación de comités gubernamentales, tiene ahora al menos tres o cinco variedades. Así que existe una variante moderada, una menos moderada, una radical, etc., para cada una de las dos lenguas oficiales de Noruega.

Los comités noruegos han cambiado incluso los nombres de las lenguas. El antiguo Riksmål es ahora llamado oficialmente Bokmål, es decir, ‘la lengua del libro’. Y la otra es llamada Nynorsk, es decir, ‘nuevo noruego’. Si abres el periódico conservador de Oslo, el Aftenposten, estás leyendo una lengua; si abres el periódico de tendencia socialdemócrata, el Dagbladet, estás ante otra. Se ha convertido en un candente asunto político porque, casi inmediatamente después de la I Guerra Mundial, la nueva lengua —esto es, la nueva ‘antidanesa’, anti-alta sociedad, la naturaleza nacional de la identidad— fue apoyada por el partido laborista, que la hizo ir más allá de lo cultural.

La situación hoy es absolutamente desconcertante. He aquí una nación que estaba por ser planificada deliberadamente, con una determinada identidad que, construida deliberadamente, debía ser emparejada con una determinada lengua. Como la lengua no existía, la inventaron. En el momento en el que quisieron llevar algo de paz a esa rota sociedad, el gobierno no tuvo mejor idea que reunir a un comité para formar una tercera lengua, con el fin de dar a la nación un vehículo unificado. Pero hoy en día nadie emplea en Noruega una “lengua común noruega”, y el conflicto lingüístico continúa encolerizando con intensidad intermitente.

Pregunte a un noruego cuántas lenguas conocen, y le dirá: “doce: sueco, danés y diez noruegas”.

[El caso del noruego está detallado en el clásico libro de Einar Haugen, Language Conflict and Language Planning: The Case of Modern Norwegian (1966).]

Itamar Even-Zohar (2007 [1985]): «Conflicto lingüístico e identidad nacional» (trad. de Jorge Mojarro Romero).

 

Silvia Senz

La riqueza de las lenguas, 14: alternativas a la lengua común como vehículo de intercomunicación

La riqueza de las lenguas, 14: alternativas a la lengua común como vehículo de intercomunicación

Con la construcción de los Estados nación, las necesidades de intercambio y movilidad de la población —siempre plurilingüe— se habían resuelto, no sin conflicto y resistencia, mediante la elevación de la variedad cortesana de una de las lenguas del país a la categoría de lengua nacional única. En un mundo globalizado, en el que los Estados nacionales han cedido gran parte de su capacidad de decisión y gestión a las organizaciones supranacionales en las que se integran, las políticas de comunicación interlingüe no quedan restringidas a las necesidades internas del país, sino que asumen también necesidades continentales o internacionales, y, siguiendo las nuevas tendencias de planificación lingüística y de gestión cultural que requiere un mundo cada vez más interconectado y abierto, enfrentan además el reto de desarrollar medios de intercomunicación eficientes y a la vez respetuosos con el patrimonio cultural intangible que son las lenguas y con los derechos de sus hablantes.

Disponer de una lengua auxiliar artificial como medio de comunicación entre comunidades lingüísticas distintas sería, sin duda, la mejor opción si su promoción contara con el apoyo de todas las naciones. Siendo la lengua franca una lengua «neutral», no identificable con ningún grupo y fácilmente planificable por su propia artificialidad, daría las mismas oportunidades a todos los hablantes que la emplearan en sus ámbitos de uso y evitaría la situación que se da hoy con la que se ha erigido como única lengua franca de facto en todo el mundo, el inglés: que todos sus hablantes nativos cuentan con una clara ventaja sobre el resto de comunidades en la comunicación internacional de organismos mundiales, de la ciencia y la tecnología, y del mundo empresarial, lo que los coloca en una situación de privilegio y predominio y los acomoda en un empobrecedor monolingüismo.

La situación del inglés como única lengua franca internacional es, sin duda, fruto del poder económico, militar y político adquirido por el mundo anglosajón (particularmente por los Estados Unidos de América), un estatus que está siendo combatido por algunos de los principales bloques lingüísticos mundiales (particularmente por la Francofonía) surgidos de periodos de expansionismo imperial y colonial, que no se resignan a ver limitado su poderío mundial y a ceder el mando al mundo anglosajón, y que reclaman para sí el respeto, la visibilidad y el espacio que cínicamente niegan, en sus países, a las comunidades lingüísticas que se hallan supeditadas a su propio dominio.

Por fortuna, existen proyectos de comunicación interlingüe menos beligerantes que, desde una renovada perspectiva de planificación lingüística que pone el acento en la capacidad innata de los seres humanos para el aprendizaje simultáneo de lenguas, han desarrollado sistemas de educación pluri o sesquilingüe a partir del estudio de la relación y los elementos comunes entre una determinada familia lingüística. Es el caso del proyecto de intercomprensión románica EuroComRom. Este método, basado en un enfoque comunicativo y en el autoaprendizaje, aprovecha las similitudes entre las lenguas de una misma familia lingüística —en este caso, la románica o neolatina— poniendo ejemplos de una serie de correspondencias que se producen de manera regular entre las diversas lenguas con un origen común. Propone siete niveles (llamados tamices) de comparación, cuyo objetivo es que el estudiante relacione las formas de su lengua con las de las otras lenguas de la misma familia, aplicando unas leyes que permiten deducir el significado de los textos en las demás lenguas.

Los siete tamices o niveles de correspondencia son:

 

1. El léxico internacional, propio del ámbito científico, del deporte, de la política internacional y de las nuevas tecnologías. Una gran parte de este léxico proviene de las lenguas románicas, cosa que supone una ventaja para sus hablantes.

2. El léxico panrománico, constituido por unas 500 palabras que pertenecen al léxico básico y más frecuente de las lenguas románicas. De ellas, 147 son utilizadas en nueve lenguas románicas; otras 260 forman parte del léxico de entre cinco y ocho lenguas románicas, y otras 93 palabras son préstamos del latín culto o bien del germánico.

3. Correspondencias fónicas: este tamiz ofrece los medios para lograr la comprensión de las palabras que, en relación con su lengua originaria, han sufrido una evolución en el sonido que afecta también a la grafía.

4. Grafías y pronunciaciones: la mayoría de las grafías corresponden a los mismos sonidos en las diferentes lenguas románicas, pero hay algunos casos divergentes. En este tamiz se describen aisladamente los sonidos de cada lengua y su representación gráfica.

5. Estructuras sintácticas panrománicas: no hay prácticamente diferencias que dificulten la comprensión en la construcción de las oraciones gramaticales de las diferentes lenguas románicas.

6. Correspondencias morfosintácticas: se estudian la comparación del adjetivo, el artículo, el plural en la flexión nominal, la contracción de preposición y artículo, las marcas de genitivo, dativo y acusativo, y las flexiones verbales (persona, tiempo y modo). La morfología verbal es la más compleja y la que presenta más diferencias en el conjunto de las lenguas.

 

El método EuroComRom forma parte del proyecto EuroCom que, en la línea de una serie de proyectos europeos de intercomprensión lingüística con una clara orientación multicultural, aglutina métodos de intercomprensión en las tres grandes familias de lenguas europeas (románica, eslava y germánica) y rechaza la idea de la unificación lingüística por imposición —legal o de mercado— de una lengua única entre los europeos.

Por desgracia, este tipo de iniciativas no suelen contar con el apoyo de los países que mantienen un sistema educativo en el que la intercomprensión se logra por medio de una «lengua común», generalmente la del grupo etnolingüístico históricamente en el poder, como es el caso del castellano en España. A pesar de ello, con una perspectiva de futuro que apuesta por este enfoque genealógico, en Cataluña se han desarrollado propuestas de enseñanza integrada de las lenguas catalana y castellana.

Esperemos que, algún día, la política europea multilingüe —como la de la «España plural»— decida pasar de las apariencias a la acción y se inicie con ello una difusión y promoción más decidida de estas iniciativas que acabe evidenciando la obsolescencia de la vieja fórmula de la lengua común única (nacional, europea o mundial). Particularmente en los territorios monolingües, este cambio de paradigma en la concepción, la gestión y la enseñanza de las lenguas requiere, previamente, reeducar a la clase política, a los medios de comunicación, a los educadores y, por medio de ellos, a una ciudadanía anclada en una visión jerarquizada y excluyente de las lenguas (y de sus variedades). Pero también exige despertar las conciencias sobre el excepcional valor cultural y científico que atesoran aquellas lenguas que, como el vasco, quedan aisladas del resto de idiomas de su entorno, un valor que, por sí mismo, justifica la más firme e innegociable política de preservación. En España, las constantes proclamas propagandísticas sobre la imparable expansión del español (o castellano), no por megalómanas menos cuestionadas, no nos permiten albergar muchas esperanzas de avance.

 

Bibliografía recomendada:

Ceberio, María Elena (2005): «Descubrir otras lenguas con el espejo de la propia. El caso de la “intercomprensión” en el proyecto GALANET», Salta, Argentina [doc. electrónico].

Clua, E., P. Estelrich, H. G. Klein y T. D. Stegmann (2003): EuroComRom. Els set sedassos: Aprendre a llegir les llengües romàniques simultàniament, Aquisgrán: Shaker.

López Alonso, Covadonga, y Arlette Séré (2005): «GALANET: una plataforma de enseñanza multimedia interactiva para la intercomprensión en lenguas románicas», en Luis Santos Río (coord.): Palabras, norma, discurso: en memoria de Fernando Lázaro Carreter, Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca.

Schmidely, Jack (coord.), Manuel Alvar Ezquerra y Carmen Hernández González (2001): De una a cuatro lenguas. Intercomprensión románica: del español al portugués, al italiano y al francés, Madrid: Arco/Libros.

Vez, José Manuel (2007): «La cultura europea de la intercomprensión», Cauce, Revista Internacional de Filología y su Didáctica, núm. 30.

 

Silvia Senz

 

La riquesa de les llengües, 13: la transcendència de l'extinció d'una llengua

La riquesa de les llengües, 13: la transcendència de l'extinció d'una llengua

La desaparició d’una llengua sempre és un drama: és l’anorreament d’una arquitectura complexa, fruit d’una evolució molt llarga, la pèrdua definitiva d’una cultura, de tota una literatura oral —ja que es tracta sovint de llengües no escrites—, d’una gran quantitat de tradicions, cançons, contes, llegendes... i potser d’idees importants per a la humanitat. I, a més, cal tenir en compte que el vocabulari d’una llengua, la seva gramàtica, contenen nombroses informacions que poden ajudar a reconstruir la història d’una població, les etapes dels seus contactes amb les altres llengües, les seves relacions de parentiu, etc. Des d’aquest punt de vista, la mort d’algunes llengües és una pèrdua enorme per a la nostra comprensió de la història de la humanitat. Estic pensant en el tasmanià: quan els anglesos van arribar a Tasmània al segle XIX van exterminar la població. No només van liquidar els aborígens com si fossin bèsties nocives, sinó que també van esborrar de la memòria del món la seva cultura i la seva història, perquè ningú no va enregistrar la seva llengua. Doncs bé, les quatre paraules que ens en queden no demostren cap parentiu evident amb les llengües australianes veïnes. Amb el tasmanià hem perdut una peça molt important del trencaclosques.

Laurent Sagart, a La història més bonica del llenguatge (trad. d’Anna-Maria Corredor), Barcelona: Edicions de 1984, 2009.

 

Apunts relacionats:

La riquesa de les llengües 2: tots els beneficis de la promoció de la diversitat

La riquesa de les llengües, 4: vida, assetjament, abandonament i mort de les llengües

La riqueza de las lenguas, 5: el miedo de los hablantes de lenguas subalternas (o carta abierta a Mario Vargas Llosa)

La riqueza de las lenguas, 6: el coste del multilingüismo, o la taza de café de cada uno

La riqueza de las lenguas, 7: el mito del castigo de Babel

La riqueza de las lenguas, 8: la diversidad, filón para el estudio científico de la facultad del lenguaje y de la evolución de la especie humana

La riqueza de las lenguas, 12: El aragonés, ¡¿un dialecto?!

Inefable DPD: de étimos y otros timos

Inefable DPD: de étimos y otros timos

Sin salir de la letra a, todo lector atento advierte en poco tiempo la clase de tomadura de pelo que es el Diccionario panhispánico de dudas. Veamos algunos de los múltiples indicios que encontrará:

• Lema áloe:

áloe o aloe. ‘Planta utilizada en medicina y cosmética’. La forma esdrújula áloe es la más cercana a la etimología y la preferida en el uso culto. Pero también se usa, y es válida, la forma llana aloe [alóe].

En lugar de «etimología», acaso se quiso decir «étimo». Sin duda se quiso decir «al étimo latino», puesto que el griego (del cual deriva el latino) dice [alóe] .


Lema ácimo:

 ácimo -ma. Referido a pan, ‘que no tiene levadura’: «El menú turístico de siempre: huevos duros, pan ácimo, té negro» (Leguineche Camino [Esp. 1995]). Es igualmente válida la variante ázimo, más cercana a la etimología (→ c, 2.2): [...].

 

Otra vez con la etimología. ¿Más cercana al étimo en el sentido que la z latina se parece gráficamente a la zeta griega ?


Lemas acuario, armonio y auditorio: 

acuario. 1. ‘Depósito grande de agua donde se conservan vivos animales o vegetales acuáticos’ y ‘edificio destinado a la exhibición de animales acuáticos vivos’: [...]. Es la forma hispanizada de la voz latina aquarium. Su plural es acuarios (→ plural, 1a). Debe evitarse la semiadaptación Marca de incorrección.aquárium, así como la grafía híbrida Marca de incorrección.acuárium, que no es ni latina ni española. [...]

No se aceptan las grafías aquárium (por híbrida, se dice) ni acuárium  (por no ser latina ni castellana, se dice). Sin embargo, se aceptan, aunque no se prefieran, armónium (que no es castellana por la terminación, ni latina por el acento gráfico y por la falta de una h al comienzo) y la forma adaptada auditórium:

armonio. ‘Órgano pequeño que funciona con fuelle’. Es adaptación al español de la voz francesa de grafía latinizante harmonium. Su plural es armonios (→ plural, 1a): [...]. Debe preferirse la variante hispanizada armonio a la forma latinizante armónium. Se desaconsejan, por desusadas, las grafías con la h- etimológica harmonio y harmónium.

auditorio. Además de ‘conjunto de oyentes’, significa ‘sala de conciertos, conferencias y otros actos públicos’: [...]. Su plural es auditorios (→ plural, 1a). Debe preferirse esta forma hispanizada a la variante etimológica latina auditórium.

En resumen, aquárium no vale por no adaptarse al sistema gráfico del castellano y acuárium por no respetar el étimo (pone una c en lugar de una q). En cambio, armónium y auditórium, que no son palabras castellanas ni latinas (la primera no es etimológica porque le falta la h inicial y ambas llevan una tilde impropia del latín), resultan aceptables. Misterios académicos.


Lema agave: 

agave. ‘Maguey o pita’. Aunque es válido su uso en ambos géneros, es mayoritario y preferible el masculino:  [...]. Es voz llana: [agábe]; no es correcta la forma esdrújula Marca de incorrección.ágave. 

En latín científico, la palabra Agave, de la que la planta toma el nombre, tiene la segunda a breve, por lo que se pronuncia esdrújula. La palabra griega de que deriva Agave es aguda: agaué. El italiano, lógicamente, dice /ágave/. Aquí  ya no vale la forma más cercana al étimo, documentada en los corpus académicos.


Lema antediluviano –na:

antediluviano -na. ‘Anterior al diluvio universal’ e, hiperbólicamente, ‘antiquísimo’:  [...]. Este adjetivo está formado con el prefijo ante-, que significa ‘anterior’; no es correcta la forma Marca de incorrección.antidiluviano, pues anti- significa ‘contrario’.

Dicho lo cual, es necesario corregir inmediatamente anticipar y usar el apropiadísimo antecipar; del mismo modo, hay que abandonar antiguo e ir a lo correcto: anteguo.


Lema a posteriori:

a posteriori. Loc. lat. que significa literalmente ‘por lo que viene después’. [...]

Dos observaciones: 1) Esta locución es del latín medieval y está en lugar de a posteriore; 2) literalmente significa otra cosa, a saber, a partir de lo que viene después.


Lema a priori:

a priori. Loc. lat. que significa literalmente ‘por lo que precede’. [...]

 Literalmente significa a partir de lo precedente.


Lema arteriosclerosis:

arteriosclerosis. 1. ‘Endurecimiento de las arterias’. [...] 2. Esta voz está formada sobre el griego artería (‘arteria’) y no debe confundirse con aterosclerosis (→ aterosclerosis), tipo más común de arteriosclerosis, que se debe a la formación de ateromas.

Siendo así, no se entiende por qué en castellano dícese arteria. En realidad, la palabra entró en el castellano a través del latín tardío arterĭa, que impone la acentuación encima de la e.


Lema askenazí o askenazi:

askenazí o askenazi. ‘[Judío] oriundo de Europa central y oriental’ y ‘de los askenazíes’. Tiene dos acentuaciones válidas, la etimológica aguda askenazí (pl. culto askenazíes;plural, 1c) y la llana askenazi (pl. askenazis): [...]. 

¿A qué étimo se refieren? En hebreo estándar se tiene: singular אַשְׁכֲּנָזִי  /ˌaʃkəˈnazi/, plural אַשְׁכֲּנָזִים  /ˌaʃkəˈnazim/. O sea, él étimo tiene acentuación grave tanto en singular como en plural.

 

Jordi Minguell (Roma)


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